• desdramatizando el embarazo semana a semana
    Crianza

    Mi hija se cree el centro del universo

    Mi hija se cree el centro del universo

    ¡Empezamos la semana por todo lo alto! A los dos años y medio dw mi bichilla hemos descubierto algo que seguro que a Freud ya se le ocurrió antes que a mí, pero como este hombre me aburre y me parece una mijita obsesionado con las cuestiones sexuales (no creo yo que toda a existencia humana gire en torno al mono tema) me he puesto yo misma a observar los comportamientos de mi churumbelita, y sin tener un dictamen psicológico, ni psiquiátrico, ni científico, no me ha hecho falta fijarme mucho para determinar que mi hija se cree el centro del universo. Pero no es que se vea en un lugar destacado de la humanidad, no, no. Ella es el centro mismo. Vamos, si Galileo Galilei estuviera a su vera estudiando el heliocentrismo, seguro que acabaría confundido y pensaría que la tierra y los demás componentes del sistema solar giran en torno a mi bichilla. Supongo que serán actitudes normales, porque se está reconociendo a sí misma. Sin embargo, yo pensaba que los niños anteponían a su padre o a su madre, o incluso a la teta, a cualquier cosa, y no que vinieran de serie con esos aires de grandeza y con la moral tan subidita. Hasta que no ha hablado con mayor fluidez, creía que algunas de las expresiones que me han llevado a pensar que mi hija se cree el centro del universo, eran fruto de su vocabulario limitado y de su falta de coherencia al usar algunas oraciones. Pero a estas alturas, en las que es un papagayo que no calla, no me cae duda de que los usa refiriéndose a sí misma como el elemento central del mundo conocido y del más allá. Os explico algunas.

    1. Primero La Bauba y después… Lo que sea. Para adelantarnos a las escandalosas rabietas, os comenté que una de las técnicas que utilizábamos era la de enumerar las acciones que vamos a hacer, para que sepa que después de vestirse viene la calle, o que después de ver a la abuela podremos ir a los columpios, etc. Pues en las últimas semanas, cuando al fin ha comenzado a entender lo profundo de este razonamiento, nos cambia nuestras expresiones para anteponer sus deseos al plan que nosotros hemos trazado. De forma que si le decimos, por ejemplo, primero te pones los zapatos y después bajamos al parque. Ella lo reinterpreta como “Primero La Bauba al parque y después los zapatos”. La Bauba es ella misma (de verdad que es de lo más curioso que su propio nombre no lo pronuncie bien, con la de palabras complejas que vocaliza a la perfección). Con lo cual, la negociación acerca del orden de las cosas se nos estanca a menudo. Ella tiene que ser siempre la primera, y sus deseos deben pasar por delante de los de los demás. ¿Se me estará convirtiendo en una hija única malcriada?

    2. ¿Quieres conmigo? Es peculiar que cuando mi bichilla se enfada, llora, patalea, o sólo quiere estar cogida un poquito, o llevarnos de la mano para enseñarnos algo, no se refiere a la situación para dar a entender que ella quiere algo de nosotros. No. Ella se muestra magnificente y su pregunta es si tú ¿quieres conmigo? O sea, ella te da la posibilidad de que pases tiempo con su persona, que la consueles, que la cojas, que la pasees y que la acompañes. Pero el favor no se lo estás haciendo tú a ella, sino que es ella la que te permite pasar esos minutos con “La Babuba”. ¿Cómo se te queda el cuerpo? En cuanto crezca y se dé cuenta de que no vive con la realeza y en palacio, y que su magnanimidad está bastante más limitada, verás el trauma que le va a entrar.

    3. Mi hija es el centro del universo en el parque. Y esto es un problemón, porque hay hijos de otras familias que luchan por arrebatarle a ella su centralidad planetaria. Si llegamos a los columpios y los que ella quiere utilizar están ocupados, es capaz de ponerse a obstaculizar el uso de los demás, porque ha llegado “La Bauba” y “La Bauba quiere icí.” (Icí es una mezcla que se ha inventado para referirse a “ese” y “aquí” al mismo tiempo. ¡La economía del lenguaje es lo suyo!). Y ahora empieza tú la retahíla de explicaciones acerca de que el columpio está ocupado, y de si no quiere ir al tobogán, o al arenero de los castillos mientras se queda libre. Y nooooooooooo. Ella quiere su columpio habitual y no tiene planes de entretenerse con otro mientras tanto, y mucho menos de venirse a un banco a esperar conmigo. Si es necesario incomodar a otra familia con su cercanía y sus peticiones, no le pesa nada el bochorno y las exigencias. Es que empieza a gritar que ella quiere ese columpio, que el nene no, que La Bauba, La Bauba y no atiende a razonamientos acerca del inventor de las colar y la petición de turno.

    Todo se pasará (digo yo), pero anda inmersa en un mundo en el que ella tiene un protagonismo absoluto y ¡ay de aquello que no se adapte a sus deseos! Tiene gracia ese sentimiento de reinona con el que se pasea por la vida, excepto cuando choca con alguien que no admite someterse como súbdito. ¡Ay! ¿Pasaron vuestros hijos por una fase de endiosamiento similar?

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