• desdramatizando el embarazo semana a semana
    Enseñanza/Colegio

    Vivir el periodo de adaptación. Mi hija odia el cole

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    Retomo los temas escolares para contaros el drama del periodo de adaptación a P3 de mi mochuela. Como madre primeriza, puedo tener más o menos arte, pero de verdad, no me consultéis el número del Gordo de Navidad, porque como adivina os aseguro que salgo a pagar. El papá de mi bichilla y yo hemos tenido pocas cosas claras durante la paternidad, sin embargo, que mi churumbelita empezaría P3 siendo la reina del mambo, encantada de alternar con mini seres de su especie y viviendo a tope sus casi 3 años, era algo de lo que no teníamos ninguna duda. Pero ahí estaba la realidad, esperándonos a la vuelta de las vacaciones para hacernos pasar por la semana más complicada que hemos vivido desde que nos estrenamos como padres. Cuando hicimos las infinitas jornadas de puertas abiertas por casi todos los colegios del Pueblucho Infernal durante los últimos 2 años, ya descartamos aquellos que eran muy estrictos en temas como el control de esfínteres de las criaturas y también los que tenían un periodo de adaptación muy rígido o prácticamente inexistente. Conseguimos plaza en este, que era nuestra primera opción en la solicitud, caracterizado por ser una comunidad de aprendizaje en la que la familia, la escuela y el barrio entero interviene en la formación de los niños. Tan libre y abierto a todo el mundo, que el periodo de adaptación escolar podía durar 3 días o 3 meses. Lo que cada niño necesitase. O lo que cada familia pudiese adecuar a sus circunstancias particulares. Nos pareció una gran idea, y tras superar esta fase, creo que es todo un acierto hacer así la adaptación de este segundo ciclo de la educación infantil. Sinceramente, sin este periodo de adaptación, y poniéndome en plan extremo y dramático, o mi bichilla hubiera muerto de estrés e inanición, o nosotros desquiciados por la incertidumbre. Sé que hay padres que prefieren no hacer adaptación y escolarizar a los niños de 9 a 5 desde el primer día, para que se acostumbren a la nueva rutina lo antes posible. Pero nosotros no hubiésemos sido capaces dada la experiencia vivida. Y esto lo sabemos ahora, porque antes de que empezara el curso, el colegio para nosotros solo era tema de gozo y felicidad, pero entonces…

    1. Día 1 del periodo de adaptación escolar. A clase con los padres. El viernes anterior al comienzo del curso, hicieron una especie de jornada de puertas abiertas en todo el colegio, aunque las únicas familias que acudimos fuimos las de los niños de P3, algunos de P4 y casi ninguno de P5. El resto del colegio estaba desierto. El plan era dejar que los niños jugaran y toquetearan todo lo que había en el aula, en los rincones de los pasillos, que se asomaran a otras clases, que charlaran con los compañeros, con las maestras, pero teniendo a los padres allí, a mano y a la vista para que no se sintiesen extraños en un lugar nuevo. La experiencia con mi bichilla fue genial. No nos hizo ni caso, no nos reclamó en ningún momento y sólo se arrancó a llorar cuando le dijimos que ya se estaban yendo los demás nenes y que debíamos volver a casa. Y claro, esto nos hizo confiarnos.

    2. Día 2 del periodo de adaptación. La clase estaba dividida en dos grupos, de forma que dos maestras se ocupaban de 12 niños durante 2 horas. Mi bichilla fue de 9 a 11 de la mañana. Salió de casa contenta, con su mochila, y entró en el colegio tan feliz. Empezó a investigar entre los juguetes que le habían gustado el primer día, pero cuando le dije que yo me iría a casa y luego pasaría a buscarla, se negó a separarse. Empezó a llorar, decía que se venía conmigo, que la cogiera en brazos… Yo era incapaz de dejarla así, y como las maestras permiten la presencia en clase de los padres que necesiten hacerlo, me quedé media hora más con ella. El problema es que cuando lograba calmarla y distraerla jugando, otra niña se arrancaba a llorar y mi churumbelita se contagiaba de nuevo. Eran 5 las niñas que peor lo estaban pasando durante el periodo de adaptación y la mía era la peor de todas. ¡Jamás lo hubiera pensado! Total, que pasado este rato, una de las maestras la cogió en brazos, parecía que se quedaba conforme y yo me despedí. La oía llorar desde la calle, y el estrés llegó a tanto que cuando volví a buscarla, una hora después, la encontré dormida en una colchoneta.

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    3. Días 3-4 del periodo de adaptación. El sistema era el mismo: con solo 12 niños, para dos maestras, durante hora y media de 15 a 16:30 de la tarde. Mi bichilla ya salió de casa diciendo que al colé no quería ir. Sin embargo, caminaba a buen paso, no parecía negarse de forma rotunda y al ver el edificio del colegio y a los niños, parecía motivarse y querer entrar la primera. Una vez dentro de la clase todo cambiaba. Se pegaba a mí, quería que la llevara en brazos de un juego a otro, no interactuaba con ningún niño, no quería que las maestras le hablasen, y rompía a llorar en cuanto otra de las niñas lo hacía. Total, que me pasé 40 minutos hasta que parecía que todo quedaba controlado, y la jefa de estudios se quedó a su cargo para que no alterase al resto de la clase. Porque incluso con 12 niños, las dos maestras no eran manos suficientes para atender tanto llanto, y por allí he visto desfilar a la directora, la jefa de estudios, la encargada de piscomotricidad, la técnico de apoyo del otro curso de P3, la conserje y yo no sé a cuánta gente más que se acercaba para coger a niños en brazos y lograr que al menos estuviesen tranquilos y no llorasen. Volví 50 minutos después y volví encontrarla durmiendo. Ya no aspiraba a verla jugando con otros niños o sentada tranquila, sólo a que respirase y siguiera con vida.

    4. Días 5-6. Comienza la jornada completa. Pero vuelve a casa comer, porque en tal estado no estábamos por la labor de separarnos durante tantas horas. No se duerme en casa y tampoco en el cole. Sigue llorando para que no la deje allí sola, insiste en venirse a casa con mamá, a comprar conmigo a la tienda o a casa de la abuela. Pero cada vez es más entusiasta a la hora de entrar en clase. Voy reduciendo el tiempo que permanezco con ella, e incluso la última tarde antes del primer fin de semana, logro dejarla feliz y que le dure la alegría hasta que vuelvo a recogerla. Empieza a encontrar en el cole cosas que le gustan: el patio, canciones, la plastilina…

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    5. Días 7-8. De una forma casi increíble, sigue diciendo en casa que no quiere ir al cole, pero en cuanto baja a la calle y ve a otros niños con mochilas, se anima y camina a buen ritmo. Si cambio de ruta para ir al colegio, me pregunta dónde vamos y me pide que por favor, vayamos un ratito al cole. Enfila la puerta la primera, coloca sus pertenencias al llegar y ¡prácticamente se olvida de mí! Ni beso de despedida, ni explicación de que en un rato volveré a buscarla, ni nada. Durante la jornada, me dicen que tiene algún enfado puntual cuando finalizan una actividad que le gusta (como jugar en el patio) para pasar a otra de estar sentada que le interese menos. Pero ni punto de comparación con las escenas de los días anteriores. El resto de la clase se ve también más calmado, si bien noto que ahora lloran niños diferentes, de los que empezaron muy tranquilos y se han ido alterando con el paso de los días.

    A partir aquí, creo que la adaptación al colegio la hemos superado. Sale de casa contenta sabiendo que va al cole y se queda encantada. Vuelve feliz y resumiendo lo que hecho durante el día. Han sido días de nerviosismo tremendo y de cambios de comportamientos en la calle y en casa que os detallaré la semana que viene. A la espera de que no suframos una regresión y siga yendo alegre al cole, reconozco que esta fase ha sido completamente diferente a como me la imaginaba. Aunque una vez pasada la tormenta, me alegro de que los días en esta situación de llanto y de nervios no se hayan eternizado, y estoy convencida de que esta forma flexible de dejar a los padres presentes y adaptarnos al ritmo que cada niño ha necesitado, ha favorecido mucho que el proceso sea relativamente corto. ¿Cómo recordáis el periodo de adaptación infantil de vuestros hijos? ¿Fue un camino de rosas o un sendero tortuoso? ¿Muy largo o sorprendentemente breve?

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