Consejos

Primer día de playa con un bebé

El pasado domingo nos aventuramos a la costa del Maresme para pasar nuestro primer día de playa con la bichilla. Con 7 meses y medio ya está suficientemente madura para que ir a la playa no suponga un riesgo, siempre y cuando tomemos las precauciones adecuadas para protegerla del sol y del calor. Aún así, en la orilla se estaba bastante bien, corría una brisa agradable y no tuvimos en ningún momento esa sensación de sofoco bochornoso propio del Mediterráneo en julio. Si vuestras vacaciones familiares incluyen viajar a la playa con niños, hay que tener en cuenta una serie de recomendaciones para mantenerlos hidratados, bien protegidos del sol con cremas de un factor alto, con camisetas y gorritos, bajo la sombrilla, evitando las horas centrales del día, con esas radiaciones solares tan directas y perjudiciales para cualquiera pero más para los churumbeles pequeños. Estos consejos nos los dan cada año desde multitud de fuentes, por eso hoy de lo que quiero hablar es de cómo fue realmente el primer día de playa con mi bebé, de las expectativas que podemos tener antes de emprender el viaje y de la realidad que puede que nos encontremos.

1. El agua y la arena. Siempre se dice que a todos los niños les encanta la playa, hacer castillos de arena y pozos, enterrarse vivos unos a otros, chapotear y refrescarse en el agua, nadar, bucear, jugar a las palas, hacer el cafre… Y yo comparto esta afirmación si hablamos de niños, pero cuando el centro de la discusión es un bebé de pocos meses la cosa cambia por completo. Para empezar, antes de los 6 meses puedes llevar a un bebé a la playa, pero las molestias serán muchas y su disfrute y tu gratificación personal muy escasa. La bichilla pisó la playa con más de 7 meses y la experiencia no le ha gustado nada. Cuando le dábamos arena para jugar o para que tocase con los pies, ponía unas caras de asco y desagrado que estaba hecha un cromo. Hacía mohines como para llorar y recogía los pies sobre la toalla todo lo que podía. Para no matarla de la impresión, pusimos un poco de agua del mar en una regadera y le echamos un poquito sobre sus juguetes, salpicándole los pies. ¡Cosa más desagradable de reacción! Es que no le gustó nada de nada. Aún así, yo seguí insistiendo (no puede ser que teniendo una madre malagueña a esta niña no le guste la playa) así es que la llevé en brazos, sólo con su gorrito y el pañal, a la orilla para que viese romper las olas. Incluso me agaché para que el agua pasara justo por debajo de ella pero sin mojarla. El ir y venir del agua ya le hizo más gracia, pero en cuanto su dedo gordo del pie entró en contacto con el líquido frío, replegó las 2 piernas completas hasta debajo del culo y ahí acabó la experimentación acuática.

2. El equipaje. Nosotros fuimos sólo 3 horas a la playa, a 15 minutos de casa, y ya íbamos cargaditos. Decidimos no llevar el carrito, porque nos da pereza meterlo en la arena, aunque hay a quien le resulta útil para acarrear con todos los demás bártulos. Fuimos con la mochila de porteo, pero podíamos haber ido sin nada porque la verdad es que le dimos poco uso. Lo imprescindible son las cosas para el bebé: sombrilla, gorro, gafas de sol, crema, camiseta fresquita, su chupete, pañales, todos los accesorios habituales para el cambio del pañal Aunque parezca mentira, el bañador puede ser opcional porque si os pasa como a nosotros ¡no lo llegaréis ni a estrenar! Y si no necesita bañador, tampoco flotador, ni piscinita ni nada porque puede que pasen meses hasta que el agua empiece a hacerles gracia. Para entonces a lo mejor ya no es tiempo de veraneo y tendréis que esperar hasta la próxima temporada para disfrutar de verdad de una jornada de playa con vuestros bebés.

3. Tiempo para ti. Como persona adulta y responsable que seguro que eres, creerás que ir a la playa con un bebé te va a impedir realizar cualquier otra actividad que antes te apasionaba: bucear, jugar a las cartas, al fútbol, a las palas, leer la prensa deportiva o las revistas del corazón… Pues si vuestros bebés son como mi bichilla, tranquilos, al menos hasta que desarrollen ese gusto por el tiempo playero vas a poder hacer lo que te dé la gana. La bichilla llegó a la playa, inspeccionó la zona en busca de marujas que le dijesen 4 monerías, rechazó el agua del mar, rechazó jugar en la arena, se tomó su dosis de teta y se puso a dormir encima de una toalla como si se encontrase en su propia cuna. Su padre estaba preocupado por si la niña podría descansar con el trajín del resto de domingueros de julio en la costa y esta roncando a pierna suelta, panza arriba y sólo tapada por su pañal. Ver para creer.

En definitiva, con este post sobre nuestra primera vez en la playa con un bebé, sólo quería dejar claro que las cosas pueden no ser exactamente como las habíamos planeado. Aunque en un primer momento podamos frustrarnos al pensar que nuestros bebés no van a disfrutar nunca de la playa, no sufráis. Se dice que en torno al año de edad empiezan a cogerle el gusto a este tipo de actividad familiar. Por lo que si aún es pequeño ¡vuestras vacaciones con niños tienen esperanza! ¿Qué tal fue vuestra primera experiencia playera con vuestros hijos? ¿Hubo flechazo a primera vista o se resistieron a ponerse en remojo?




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11 Comentarios

  • Responder
    mamaenbulgaria
    10 Julio, 2014 at 07:46

    Vaya lo de tu bichilla es una pasada! Yo fui el año pasado con los niños, cuando el peque tenía 7 meses, y fue horrible… No paraba de gatear por la arena, comersela a puñados, coger los objetos de otras personas… Se puso perdido por dentro y por fuera y yo no pude ni descansar un segundo ni atender a la mayor. Ojalá se hubiera quedado frito como tu bichilla! Cómo lo haces?

    El mes que viene repetimos, a ver qué pasa este año 🙂

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      10 Julio, 2014 at 18:54

      ¡Eso esperaba yo! Que se diera un hartón de arena y hasta de agua salada, así es que me frustré al ver que mostraba tan poco interés por la playa. ¡Yo no hago nada! Lo hace ella solita. Yo iba dispuesta a no parar y perseguirla por todos lados y al final hasta me dormí panza arriba tomando el sol porque no tenía nada que hacer con ella.

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    Nuria
    10 Julio, 2014 at 10:33

    Me ha gustado mucho el post!
    Lo de los trastos es una pasada, ahora ya vamos menos cargados, pero la peor época fue cuando el mayor tenía 3 años y el peque 1, que además de la sombrilla, toallas, merienda, agua mil y ropa de recambio también llevábamos los cubos y las palas, la piscinita y los pañales. Un show!! Y también estamos a 15 minutitos de la playa, pero da igual, las cosas son las misma si te quedas aquí cerquita como si te vas a 1 hora de camino.
    Lo mejor son las siestas que se pegan (este año que ya son más grandes a ver si tenemos la misma suerte…. ) y lo relajados que están. Los míos son dos torbellios y la playa los relaja un montón.
    Un abrazo!

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      10 Julio, 2014 at 18:57

      La mía parece que volvió con más hambre pero en lo de la relajación no noté diferencias porque era su hora de dormir y quedó claro que le daba igual hacer la siesta en casa que la playa ¡es de gustos fijos! Como es muy pequeña, le llevamos sólo una regadera y un patito para jugar ¡y menos aún teníamos que haber llevado, visto el caso que le hizo al nuevo entorno.

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    creciendoconmicachorro
    10 Julio, 2014 at 18:57

    Esta y Cachorro harían buenas migas… Comen como osos y duermen igual… Cachorro ha estado en la playa un día sólo y paseando que el buen tiempo no ha llegado todavía. Con los pies escarbaba y bien pero con las manos cogía arena lloraba,la soltaba y se reía… Jaja ya veremos cuando pruebe el agua. Beso

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    Marta
    11 Julio, 2014 at 14:32

    Sí, pensamos una cosa y luego resulta que hacen una cosa distinta de la imaginada. Recuerdo los primeros días de playa de las Genovevas al ser pequeñas, el agua no la podían ni ver. Y ahora, les apasiona. La mayor no le gustaba nada pisar la arena. Y ahora no para de pedir playa.

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      13 Julio, 2014 at 09:57

      Pues eso es lo que me ha pasado, que yo iba con la idea de que a todos los niños (grandecitos) les gusta el agua y al final me llevé la sorpresa de mi vida al ver que esta le hacía ascos a todo y que no dudó en ponerse a dormir como si tal cosa, porque no le interesaba nada de lo que nos rodeaba. Todo será cuestión de seguir haciendo nuevos intentos.

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    Paula
    11 Julio, 2014 at 16:42

    Ay, esas primeras veces. Tú tuviste suerte que se quedó dormida debajo de la sombrilla y pudiste darte a la vida loca. Mopito no se queda dormido así como así y yo sabía que lo de las siestas en la playa iba a ser un rollo. Así que nosotros sí que le sacamos partido a la mochila portabebés, orilla arriba orilla abajo, bien tapadito con un pareo, para que el niño hicera sus siestas. Por lo menos pudimos pasear.

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      13 Julio, 2014 at 09:59

      Pues al verdad es que yo me quejo de que no interactuara nada con el entorno, pero bien pensado ¡para nosotros fue casi como un día de playa sin el bebé! Porque yo me bañé, lo que quise, tomé el sol, me quedé dormida como de costumbre… Y su padre ya tenía la excusa perfecta para no salir de debajo de la sombrilla porque tenía que vigilarla. Así es que ¡todos contentos!

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    Madre Primeriza
    14 Julio, 2014 at 16:05

    Emma a esa edad chupó unas doce o quince piedras saladas. Una detrás de otra. Menos mal que la playa era de piedras, pensé 🙂 Para mi fue un contacto muy bonito y desde entonces la playa es su lugar favorito (y ahora ya vamos a las de arena). Castillos, agua, helado, ser una croqueta, ¡felicidad en estado puro! Un besazo preciosa y disfruta de la tranquilidad playera!!!!

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      Planeando viajar con niños
      14 Julio, 2014 at 20:34

      ¡Eso fue un día de playa bien aprovechado! Yo hubiese esperado una reacción similar de mi bichilla pero ya ves ¡me ha salido fina la niña! Haré como me recomendáis: disfrutaré ahora de la tranquilidad de estos primeros días de playa a la espera de que se le despierte la afición a la niña y ya no me de tregua.

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