Ocio y viajes

Monasterio de las avellanas y bodegas Raimat

monasterio de las avellanas

Más de 2 años después de haber realizado esta escapada, os voy a hablar del Monasterio de las avellanas y nuestra ruta guiada por las Bodegas Raimat. Estaba yo embarazada de 8 meses y este fue mi último viaje de fin de semana antes de explotar como madre. Yo me sentía genial del todo, sin molestias, sin cansancio y preparada para recorrer todo el mundo que fuera necesario. Sí es verdad que un poco (bastante) fatigada estuve callejeando la población de Balaguer, con esa cuestas empedradas para subir hasta la iglesia y ese laberinto de calles empinadas para volver hasta el centro del pueblo. Pero luego encontramos una especie de taberna vasca muy económica para comer (en Balaguer hay poquísima variedad de restauración) y ya se me pasaron todos los disgustos ocasionados por la falta de oxígeno del turismo. Balaguer fue sólo una parada en el camino antes de llegar a nuestro destino, Os de Balaguer, y más concretamente a nuestro alojamiento, el Monasterio de las avellanas. De hecho, fue durante el mes de setiembre y eran las fiestas del pueblo, pero si algo tuvo mi embarazo fue la prontitud con la que me acostaba cada día,así es que no estaba para trasnochar por las verbenas populares.

1. Ubicación. El Monasterio de las avellanas se encuentra al pie de una pequeña carretera, por lo que es súper fácil de localizar. La población a la que pertenece está alejada unos cuantos kilómetros y a su alrededor sólo hay viñedos, campo y poco más. Desde luego, es un sitio ideal para descansar y desconectar de la rutina y de la vida en la ciudad. Silencioso, recóndito pero muy confortable, con aire libre y un paisaje especial. Es un alojamiento muy recomendable y muy pintoresco al poder dormir dentro de un monasterio real, ocupando las que antiguamente eran las celdas de los monjes.

claustro monasterio de las avellanas

2. Habitación. Era súper espartana y sencilla. Cuando nos alojamos, no existían las habitaciones con cama de matrimonio, por lo que todas eran individuales o dobles con camas twin. ¡Y sin televisión! Pensé que no sobreviviría a un fin de semana con tamaño aislamiento, pero la verdad es que desde aquella vez me he dado cuenta de que han aumentado ezponencialmente los hoteles en los que nos alojamos y en los que ni siquiera tenemos la oportunidad de encender este aparato. ¡Ver para creer! Suelos rústicos, decoración escasísima y ningún lujo ni exceso en el ambiente, pero súper agradable, con unas vistas campestres idílicas y un entorno tranquilísmo y en paz. El precio en fin de semana fue de 100 euros por noche.

3. Restaurante. Hicimos el desayuno, tipo bufet con productos típicos de la zona, y la cena. Para cenar, hay que reconocer que los monjes fueron poco frugales porque nos endosaron tremenda parrillada de carne y verduras a la brasa con raciones de un tamaño descomunal para una persona. Y nosotros somos de comer mucho, pero no hasta esos límites… La cocina es sencilla, pero con ese toque especial que da el horno de leña, por lo que con poca elaboración y sin complicaciones el menú fue memorable. No estaba incluido en el precio de la habitación y costó 25 euros por persona, con el iva incluido.

vistas monestir de les avellanes

4. Visita al monasterio. Como hace ya un tiempo, no recuerdo el precio, pero por una cantidad no muy disparatada uno de los monjes, ya jubilado, hacía una ruta turística por el monasterio y su entorno. Cantidad de datos históricos y de curiosidades, con un grupo de huéspedes que al final termina hasta unido en amistad de los ratos que pasan juntos en el Monasterio de las avellanas. Descubrir los secretos del edificio en el que vas a pernoctar tiene su encanto, sobre todo cuando tiene tanta historia como este.

Elegimos el Monasterio de las avallanas por estar a una distancia razonable de las bodegas Raimat. Yo no soy nada aficionada al vino, pero me gusta este tipo de experiencias, aunque acabo catando agua o mosto con los niños. Las bodegas merecen mucho la pena, tanto por la localización como por su extensión y trato personalizado. De hecho, habiendo reservado con bastante antelación, sólo estábamos el guía y nosotros en la visita, así es que no tuvimos ningún tipo de prisa para caminar entre las viñas, desplazarnos en todoterreno para divisar la propiedad desde lo alto y conocer todo el proceso de elaboración de los vinos Raimat desde el inicio hasta su distribución. Lo de visitar bodegas puede parecer una actividad nada familiar, pero si tenemos en cuenta que se pasa mucho tiempo al aire libre, y trajinando con máquinas gigantescas, hasta los niños podrían interesarse por realizar este tipo de salidas. Quedaros con el nombre y animaos a visitar esta zona del Segre y de la provincia de Lleida pasando por el Monasterio de las avellanas.




Esto te puede interesar

No hay comentarios

¿Quieres añadir algo? ¡Comenta!