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Museo Aboca ¿A la farmacia con niños?

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En mi último viaje a la Toscana, nos llevaron de visita a conocer las instalaciones del Grupo Aboca, una industria relacionada con los productos sanitarios y los complementos alimenticios. Además de ser un negocio impresionante, tienen su propio Museo Aboca en el pueblo toscano de Sansepolcro. Fue un recorrido guiado, en italiano y muy breve, porque ya era la hora de cerrar y en 20 minutos se acabó la ruta cultural. Pero me pareció un lugar entrañable, que permite transportarnos muchos años atrás en el tiempo para conocer cómo funcionaba la medicina tradicional y los inicios de la farmacia en otros tiempos. Para viajar con niños, lo bueno del Museo Aboca es que lo realmente valioso está tras un cristal ¡así nos evitamos disgustos! Pero por otro lado, tiene partes interactivas en las que se pueden tocar y oler diferentes tipos de plantas o ver muy de cerca el instrumental de la época. El recorrido reconstruye lo que sería un laboratorio relacionado con la herboristería y la botánica. Ubicado en un palacio renacentista del siglo XVIII, no da la sensación de ser una antigua botica, y mucho menos un laboratorio experimental como los que tenemos en mente hoy en día. Esto hace que la vista resulte aún más curiosa, a la vez que tratamos de imaginar cómo se llevarían a cabo estos procedimientos para lograr el bienestar a través de las propiedades naturales de las plantas.

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1. Los venenos. Seguro que para los niños de cierta edad, esto de visitar una sala recóndita, con una reja cerrada con llave a través de que cual pueden ver (y casi tocar, si estiran la mano sin vergüenza) esos tarros y contenedores con venenos de otros siglos ¡ay, es súper emocionante! A pesar de ser una sala diminuta y situada casi al final de recorrido del Museo Aboca, a mí fue la que más me impactó. Se te pasan unas ideas por la cabeza… Vamos, y si vuestros hijos tienen afición por Harry Potter, les parecerá un entorno completamente mágico propio de sus novelas y películas.

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2. La biblioteca. ¡Es una preciosidad! Actualmente, sirve como sala de consulta de libros sobre botánica e hierbas para el estudio de quien esté interesado en acceder a este conocimiento. Pero para el turista normal, será una pequeña biblioteca preciosa, con sus estanterías de madera antigua y esos casi 2.000 volúmenes de libros enormes, gruesos, antiguos y bien cuidados. Lo mejor de cara a los niños es que los libros siempre estaban ilustrados, por lo que sólo viendo los dibujos de las diferentes plantas, los esquemas de las técnicas que se utilizaban y demás, ya se entretendrán un rato. Eso sí, sólo podrán ver los que se encuentran expuestos en vitrinas de cristal, y no acceder a los manuales de consulta para el estudio. ¡No olvidemos que son niños! Y suelen ser poco cuidadosos.

3. Los aparatos. En cada sala destacan algunos elementos utilizados en la preparación de remedios naturales a base de plantas. Existe la sala de los morteros, la de las urnas, las balanzas, las botellas de cristal… Luego hay pasos intermedios en los que se pueden ver otro tipo de material relacionado con la salud en esa época, como por ejemplo sacaleches antiquísimos (casi parecen decantadores de vino que se calentaban, hacían el vacío y lograban recoger la leche materna) o pequeñas farmacias de viaje, con muestras de plantas medicinales que los médicos transportaban con ellos cuando tenían que hacer visitas a domicilio. Vistas desde nuestra perspectiva actual, y más si quienes las ven son los niños, parecen herramientas antiguas e inservibles, pero en realidad cumplían su función a la perfección hasta que la técnica fue avanzando y se plantó en los métodos que conocemos ahora.

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La mayor parte de la experimentación del Museo Aboca la tendremos en la sala de las hierbas. Simula un secadero en el techo, de cuyas vigas cuelgan cantidad de plantas medicinales, sacos y recipientes etiquetados con planta concretas, que se pueden tocar y oler sin problemas. El alambique y los calderos puestos al fuego, la sala que hacía las veces de laboratorio fitoquímico y la farmacia original para la venta de los productos en el siglo XIX, son también otros de los aspectos más destacables del Museo Aboca.

Para ir con niños, la ventaja es que es de pequeñas dimensiones y se puede ver en pocos minutos. ¡A no ser que ellos se entusiasmen y quieran permanecer más tiempo investigando! La entrada de adulto cuesta 8 euros (no es que sea barata), y 6 si vamos en grupos de al menos 5 personas. Los menores de 10 años entran gratis si van acompañados de un adulto o de un guía.

¿Habéis visitado alguna vez un museo parecido con niños?




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