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Hotel Mas Ros. Conociendo la comarca de La Selva en Girona

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Nuestra llegada al Hotel Mas Ros en Cassà de la Selva fue apoteósica. Era la primera salida familiar en octubre, tras las vacaciones de verano en Tenerife, y claro, al explicarle a la niña de menos de 3 años que nos íbamos otra vez a dormir a un hotel, ella se figuró que todos serían como el Olé Tropical, con cientos de habitaciones, turistas, piscina, actividades… Total, que cuando aparcamos el coche y se bajó, empezó a girar sobre sí misma preguntándonos dónde estaba el hotel. Al señalarle la masía de Mas Ros, espetó que ese no era y que no lo quería, pero por suerte intentó razonar de forma calmada y no entró en un bucle de rabietas, lo que la llevó a renombrarlo como el hotel pequeñito. El Hotel Mas Ros es un establecimiento de paso, al pie de la carretera, para quienes tengan que hacer camino en su ruta hacia otro destino. Sinceramente, no es un lugar ni para veranear ni para pasar una larga estancia, pero para hacer un alto en el camino resulta cómodo y muy práctico. Nosotros creíamos que sería buena opción para el turismo rural, y no teníamos nada que hacer en la zona de La Selva, pero nos habían regalado uno de esos bonos para pasar una noche con desayuno en algún alojamiento modesto y este fue el que más nos convenció. No teníamos muchas pretensiones, pero debo reconocer que fue mejor de lo esperado. Os cuento un poco de nuestra experiencia en el Hotel Mas Ros de Girona.

hotel mas ros habitación 9

1. Habitaciones. Son muy simples, sin nada de lujos pero tampoco pasaréis necesidades en ellas. La nuestra era una habitación triple, la número 9. Al llegar, había 4 camas y estaban montando una cuna para la niña. No entendieron bien que seríamos 3 y que ella dormiría en una de las camas. Esto os servirá para haceros una idea del espacio que había. Al final, nos quedamos con las 4 camas y fuimos rotando por todas. Pese a que el Hotel Mas Ros está al borde de una carretera comarcal, no se escucha ni un ruido de noche. Y eso que siempre hay tránsito en esa zona, pero descansamos estupendamente. El baño también era completo y espacioso, incluso con un banco que nos sirvió para que la niña alcanzase a lavarse las manos y gestionarse ella sola. La habitación era algo oscura, porque tenía una pequeña ventana con un simulacro de balconcito de 5 centímetros de ancho al que obviamente no se podía salir. La tele también era diminuta, pero como se podían sintonizar algunos canales infantiles, con eso tuvimos de sobra. El wifi es gratuito y funciona bien.

hotel mas ros restaurante cena

2. Restaurante. El desayuno estaba incluido en el precio (50 euros por noche en habitación docle, con la niña gratis) y teniendo en cuenta las dimensiones del hotel y sus 9 habitaciones, podemos decir que sería mejorable. Mucho producto de bollería envasado, pocas opciones ed comer algo que no fuera pan y embutido… Se podía salir del paso con él, pero no era como para tirar cohetes. La cena tenía un precio de 22 euros por persona. Los platos eran originales, pero por ese precio igual hubiéramos esperado algo más de cantidad. No puedo opinar muy crudamente porque al estar embarazada mi entrecot tenía que estar muy hecho y claro, se quedó bastante seco. Lo pedí con salsa de roquefort y me lo trajeron a la pimienta, pero esto es lo de menos. El primer plato de croquetas era escaso para ser un primero, más bien parecía un aperitivo. El postre muy rico, crema catalana y tatín de manzana, pero ¡nos quedamos con hambre! Pensábamos poder compartir nuestros platos con la niña, y menos mal que llevamos comida a parte para ella, porque si no nos hubiera salido por un ojo de la cara la cena.

hotel mas ros alrededores

3. Entorno. Además de la carretera, alrededor del Hotel Mas Ros no hay nada de nada. Algo de campo y un polígono industrial. Creíamos que estaría en el centro del pueblo (así de bien miramos el mapa) pero lo cierto es que en Cassà de la Selva ¡tampoco hay nada de nada! Fuimos a merendar una tarde y el dependiente de la cafetería no hacía más que lamentarse de lo muerto que estaba el pueblo y de la falta de actividad. Y si lo decía él que era de allí de toda la vida… Siendo sábado por la tarde, casi todas las tiendas y comercios estaban cerrados y pese al buen tiempo, se veía poca gente en la calle. También visitamos Llagostera, porque curiosamente, pese a estar el Hotel Mas Ros al pie de la carretera, el acceso te obliga a ir a una y otra rotonda a kilómetros de distancia, con lo cual, fuimos tan lejos que ya decidimos quedarnos a ver este pueblo. Llagostera ni fu ni fa. Pequeñito, pocas opciones de restauración, con un casco antiguo bien conservado pero con poca relevancia.

En definitiva, no es que el Hotel Mas Ros sea mala opción para ir con niños (ojo, que hasta tiene un par de columpios y podrían salir a jugar a la zona de campo alejada de la carretera), pero es que si no estás de paso no creo que sirva para nadie. Si tenéis que hacer una parada por necesidad, el alojamiento es más que correcto.




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