Parto y postparto

Crónica de mi parto prematuro (VII) Pruebas a un prematuro tardío de 35 semanas

Pruebas a un prematuro tardío de 35 semanas

A pesar de que ya os he contado todo el parto y hasta el momento del alta a las 48 horas, hay una parte especial que me falta en relación a la realización de pruebas a un prematuro tardío de 35 semanas, desde que nace, mientras dura el ingreso hospitalario y después de haber recibido el alta tras el nacimiento. Lo primero es que nada más nacer puedes verlo y cogerlo un instante antes de que el neonatólogo lo evalúe y determine si necesita cuidados especiales, incubadora, respiración asistida y demás parafernalia, o si al ser un prematuro tardío puede hacer una vida normal fuera de la madre, como la de cualquier otro recién nacido. No viví ese momento de separación como algo traumático, porque estaban en una sala justo al lado de mi paritorio, y veía cómo lo manejaban por allí, el papá de mi bichilla estaba con él mientras lo pesaban, realizaban el test de Apgar, etc. y la revisión fue súper breve, tanto que yo no había ni alumbrado la placenta cuando me lo devolvieron. A partir de ese momento, tuvimos que volver a separarnos en ocasiones puntuales por las pruebas médicas que por protocolo debían realizarle y que no siendo complejas sí que requirieron de muchos pinchazos y pupas desagradables para la pobre criatura.

1. Análisis de sangre. Desde que nació, le extrajeron sangre de un brazo, a las 12 horas del otro, y a las 24 horas vuelta a pinchar por última vez. Ni idea de lo que buscaban en estos análisis, pero yo no estaba presente en esas pruebas. En la primera de ellas, lo metieron un rato en una incubadora para que estuviese calentito y la sangre saliese con más facilidad. Mi churumbelito iba con su padre, pero como tardaban tanto en volver ya empecé a preocuparme y a pensar que le habrían detectado alguna anomalía. Pero no, por suerte andaba durmiendo al calorcito del invernadero para bebés. En las otras dos pruebas, nos pillaron solos, sin acompañantes en la habitación y como yo estaba estupendamente de movilidad insistí en ir con él hasta la zona de las extracciones, pero me dijeron que mejor me quedara en la habitación, que me lo devolverían enseguida. Los minutos se hacen muy largos cuando esperas, y ese “enseguida” de casi media hora me pareció eterno la primera noche. Más teniendo en cuenta mi obsesión con no separarme de él para que no me lo cambiasen por otro, porque no estaba yo muy convencida de haberlo memorizado bien y de no confundirlo con cualquier otro bebé. Eso, y que dejaran ya de hacerle cardenales con las agujas en los bracitos.

2. Control de la glucemia. ¡Más pinchazos para mi mochuelo! 3 veces al día un pinchazo en el talón para comprobar los niveles de azúcar. Resulta que esta es una típica prueba para prematuros tardíos de 35 semanas (y de menos también) y para bebés que pesan mucho al nacer, ya que ambos están en riesgo de padecer bajadas de azúcar por distintos motivos. Al segundo día sólo 2 pinchazos y se acabó su sufrimiento, porque siempre tuvo índices de glucosa en sangre buenos. Cosa que nunca comprenderé, porque yo estaba convencida de que apenas mamaba nada, pero por lo visto algo sí que le llegaría a ese mini cuerpo. Y ojo con que te toque un enfermero torpe para esto, porque una en prácticas le pinchó al pobre 3 veces en el talón para conseguir una mísera gotita de sangre, con la excusa de que eso a él no le dolía. ¡No qué va! Con lo que lloraba mi miniaturita.

incubadora prematuro 35 semanas

3. Control de la temperatura. Más o menos cada 6 horas venían con el termómetro para comprobar que mi churumbelito estaba bien abrigado. Todos los bebés se autorregulan mal y pierden el calor a lo loco, pero los prematuros se llevan la palma y se enfrían a una velocidad exagerada. Vamos, he visto como este pasaba de tener las manos normales, a blancas y moradas en menos de un par de minutos. Nosotros no tuvimos problemas, porque me pasaba el día con él en brazos, pegado al cuerpo, y con mantas, y con calor humano maternal y de teta, y vivía en una temperatura ideal de entre 36,5 y 37 grados. Pero ojo con no descuidarse el gorro (la mayor parte del calor corporal se les escapa por la cabeza) ni ninguna capa de ropa para no tener que acabar en la incubadora.

4. Bilirrubina. Es una prueba que también se hace al resto de recién nacidos pero con los prematuros es aún más insistente. Mi churumbelito siempre estuvo al límite de los niveles normales, aunque a ojo se le veía amarillento de la cabeza a los pies. No es que fuera un tono muy intenso, pero color normal no tenía. De hecho, es uno de los puntos que tuvimos que controlar más al darnos el alta, puesto que encima el nacimiento le pilló en una semana súper nublada, con apenas sol y por más que lo teníamos el día entero bajo la claridad de la ventana, el color amarillo le fue remitiendo muy poco a poco, y con más facilidad cuando empezó a alimentarse por sí mismo y a orinar y hacer cacas más generosamente.

Tras el alta, hemos tenido que ir al hospital a pesarlo cada 48 horas y a medir los niveles de bilirrubina. Así hasta que cumplió una semana del nacimiento y después seguir con las revisiones cada 48 hora en el centro de salud, hasta la tercera semana, cuando nos la programaron cada 7 días y cada 15 en cuanto empezó a coger peso a lo grande (400 gr. por semana cuando un buen resultado hubiera sido 600 gr. en todo el mes). De pronto el tono amarillento comenzó a remitir. Primero se le blanquearon las piernas entre los tobillos y las rodillas después entre las rodillas y la cintura y así hasta que la cabeza y el blanco de los ojos fue lo último en perder ese color.

Como veis los prematuros, incluso siendo tardíos, tienen más revisiones que un recién nacido a término, pero bueno, nunca esta de más que nos los cuiden en exceso antes de que se queden cortos en prevención. ¿Vuestros hijos tuvieron revisiones especiales tras su nacimiento y tras el alta hospitalaria por algún motivo?




Esto te puede interesar

4 Comentarios

  • Responder
    Mamá de un prematuro
    27 Marzo, 2017 at 08:36

    BUfff… Ni te cuento a la de análisis de sangre y controles de glucemia que se llevó el mío. Claro que el mío nació con 31 semanas. Al principio le hacían análisis de sangre cada 3-4 días. Luego cuando cogíó un par de infecciones. algunas exrtracciones de control, tuvo anemias que hubo que controlar. Lo peor fue cuando nos dijeron que nos lo podríamos llevar a casa en unos días y empezó a hacer glucemias que por su edad ya no tendría que estar haciendo. Tardó 15 días en regular el azúcar, y aún así yo me fui a casa con dudas. Hasta le hicieron pruebas metabólicas para descartar. Después de estar ya de alta en casa, le hicieron otro análisis por el tema del hierro…

  • Responder
    mamagnomo
    27 Marzo, 2017 at 08:39

    La mía fue de 4 kilos así que glucosa también y luego se puso con tanta bilirrubina que a la mañana siguiente del alta le sacaron sangre y a neonatos. Casi me muero porque mi parto fue de 12 horas de un lechón enorme y yo estaba fatal. No me subía la leche y tenía los tobillos de elefante de la silla de la uci. No sé qué coño hago repitiendo maternidad… 😂😂😂😂

  • Responder
    La Hobbita
    27 Marzo, 2017 at 17:23

    La mía sigue con revisiones por la malformación renal así que no nos libramos pese a haber nacido a término. Lo bueno es q son ecos. No hay pinchazos de por medio!

  • Responder
    Mami esto está chuli
    27 Marzo, 2017 at 21:59

    Yo he tenido suerte y han nacido en sus semanas pero la peque si que se puso amarilla justo cuando nos íbanimabamos a dar el alta. Tuvimos que controlarla pero aun recuerdo sus ojitos.
    Yo he tenido la misma obsesión de no separarme con cada uno de ellos.

  • ¿Quieres añadir algo? ¡Comenta!