Parto y postparto

Parto respetado (I) ¿Cómo han sido los míos?

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Quizás yo sea poco delicada para parir y para todo en general, me queje poco, sea muy sufridora en silencio y dé poca tarea al personal sanitario. Cuando tuve a mi bichilla, tuve claro que a mí lo del parto respetado se me había cumplido en unos puntos sí y en otos menos, pero de forma general no estaba descontenta con los profesionales que me atendieron, aunque a toro pasado y de cara a este nuevo parto, ya tenía alguna idea más de lo que podía pedir y aspiraciones nuevas para que todo fuese más natural. Pero tan mal no me iría cuando en ningún momento me pasó por la cabeza cambiar de hospital. Lo de sufrir violencia obstétrica creo que sólo lo he vivido en una ocasión, así a las bravas y sin pedirme opinión, ni permiso, pero en el resto de casos no me he sentido mal. Quizás porque en ese momento he depositado mi confianza casi ciegamente en los profesionales que me han atendido, y como no me he visto mal tratada, ni humillada, si al final hemos acabado pariendo como ellos querían en lugar de como yo había pensado mientras estaba cómodamente preñada y sentada en mi casa, tampoco lo he vivido como un drama. Os voy a relatar algo sobre algunos de los puntos que caracterizan a un parto respetado, para que veáis que incluso dentro del mismo hospital fueron diferentes en mis dos maternidades.

1. Vía. El primer parto fue inducido, así es que la vía me la colocaron nada más llegar y me acompañó durante 48 horas. No podía renunciar a ella porque la oxitocina tenían que introducírmela de alguna forma, además del antibiótico por el positivo en el cultivo anal y vaginal de estreptococo. Estuve atada a ella de principio a fin. No me quejé, pero no podía moverme a mis anchas con todo el aparataje. Por lo que no bajé de la cama de la sala de dilatación hasta que mi bichilla hubo nacido. No me trataron mal en ningún momento, pero sí creo que hubiera estado más cómoda pudiendo moverme un poco. No lo consideré violencia obstétrica, pero sí tuve la impresión de que acataba las órdenes de la matrona porque era lo que había que hacer y punto. En este segundo embarazo, este aspecto creo que ha sido más acorde con el de un parto respetado. La vía la he tenido que tener, porque aún no me habían hecho el cultivo del estreptococo (me tocaba justo en la cita con la matrona 3 días después de que me pusiera de parto) y al ser un bebé prematuro y tener riesgos mayores si se contagiaba con la bacteria y cogía una infección, me tuvieron que administrar 2 dosis de antibiótico antes del parto y algunas más durante las primeras 24 horas de vida del niño. Pero sin problemas. Me conectaban el gotero cuando lo necesitaba y me desconectaban cuando se acababa la dosis. Nada de cables cruzando por todos lados, ni brazo medio inmovilizado para no engancharme con la vía por todas partes. Ha sido mucho mejor esta segunda experiencia.

2. Conexión a monitores y movilidad. Con mi bichilla estuve enganchada a esas máquinas durante todo el proceso de parto, desde que llegué al hospital hasta que pasé al paritorio. Al ser inducido, no dejaron de controlar cómo eran las contracciones y si había sufrimiento fetal. Aquello era de incómodo como el cableado de la vía, porque en cuanto te mueves un poco se pierde la señal, la máquina deja de recoger datos y vuelta a recolocar el aparataje. Con mi churumbelito, pese a llegar con la bolsa rota y ser un parto prematuro, los monitores me los conectaban y desconectaban a ratos, por lo que me podía revolver alegremente en la cama, levantarme, ir al baño, caminar y bailar una sevillana si me hubiera dado la gana. Mucha más libertad, pese a que las contracciones me dolían tanto que prefería estar tumbadita en la cama. ¡Voy al revés del mundo!

3. Dilatación en bañera y otros métodos alternativos para evitar la epidural. Mi hospital ofrecía algunas de estas cosas como música, pelotas de pilates, duchas de agua caliente y bañera de dilatación. En el primer parto, yo lo quería todo, pero no puede usar nada porque la matrona dijo que al ser una inducción y estar conectada constantemente a la oxitocina y los monitores no estaba la cosa como para chapotear o dar saltos sobre una bola. Me pareció que me ignoraba y no me quería complacer, pero no estaba en situación de discutir con ella y le hice caso. Esta segunda vez ¡yo quería mi bañera y todos los demás complementos! Pero todo fue tan deprisa que no me dio tiempo ni de acordarme de ellos. Así es que ni los reclamé, ni me los ofrecieron, supongo que porque me veían sobrellevar el dolor muy dignamente y pensaron que tampoco necesitaba más apaños.

4. Epidural. Creo que el asunto de apreciar los deseos de la embarazada respecto a la anestesia es fundamental para un parto respetado. En ambos casos, no han tratado de metérmela hasta por los ojos, sino que me han ido preguntando si la querría o no. El anestesista del parto de mi bichilla fue el único que me acusó de quejica cuando llegué a los 9 centímetros de dilatación con un catéter mal colocado que impidió que la anestesia me hiciera efecto. En esta segunda ocasión, como yo quería intentar parir sin epidural, la matrona me dijo que lo meditara cuando no estuviera en medio del dolor de una de ellas, porque así las cosas las vería de otra manera. Pero luego llegaba el dolor y ¡no tenía dudas de que la quería! Sí eché en falta información acerca de cómo iba el proceso de dilatación, porque si llego a saber que media hora después de ponerme la epidural iba a estar en dilatación completa para expulsar a mi churumbelito, me la hubiera ahorrado. Pero por lo poco que me contaban, tenía la impresión de que estaba algo estancada y me parecía mucho dolor para soportarlo durante un número de horas que podrían ser infinitas.

5. Inicio de la lactancia. No sé cómo será el tratamiento si decides que quieres dar biberón, pero si te lanzas con el pecho el protocolo es sencillo, y tras envolver al mochuelo en una toalla y ponerle un gorrito hecho con una malla para que no se le vaya el calor, ya no te lo tocan mucho más. Y eso que en el caso de mi churumbelito, al tener que ser evaluado primero por un neonatólogo por ser prematuro, se lo llevaron unos 5 minutos para pesar, medir, comprobar respiración y no sé qué otras cosas, pero nada más. El resto del tiempo a hacer piel con piel, a sacar la teta a cada instante y a propiciar la juntera entre la madre y el bebé sin interrupciones médicas.

¿Cuáles son los puntos a favor más importantes de vuestros hospitales a la hora de defender el parto respetado? ¿Creéis que habéis sido víctimas de alguna práctica de violencia obstétrica? La semana que viene os cuento el resto de valoraciones de mis partos, con algunos de los temas más serios que creo que sí podrían mejorar.




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5 Comentarios

  • Responder
    Mamá de un prematuro
    3 abril, 2017 at 09:11

    En mi primer embarazo, cuando le llevé a mi ginecóloga el plan de parto (uno que tiene el ministerio) casi se ríe en mi cara y me soltó eso de muy bonito, pero los partos no se planifican. Así que pocas opciones tuve. Sí que es cierto que luego el parto fue rápido: unas 6 horas de dilatación y una hora de parto.
    Con mi segundo embarazo, por causas que no vienen al caso dejé de ir a esta ginecóloga, y al ser todo tan precipitado, fue cesárea y yo estaba tan asustada que ni tiempo a pensar en cómo iba a ir la cosa. Pero no cabe duda que en este segundo hospital, habría tenido un parto más respetado que en el primero. Además, en este segundo hospital también tienen lo de la bañera y la pelota y todo eso, que me habría encantado probar, pero que solo llegué a ver en el catálogo.

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    Nosoyunadramamama
    3 abril, 2017 at 11:02

    Yo he tenido tres partos bastante distintos, aunque rápidos y vaginales, y no me he sentido maltratada en ninguno. Desconozco si en el primero realmente hubieran tenido que hacer o no la episiotomía, pero quién soy yo para valorarlo? Es cierto que se hace más de lo que se debería pero también tengo una amiga que, por esto de no querer hacerlo, al final acabó con una fisura anal de tanto esfuerzo y tiempo…

    Y aquí, hasta en el parto de Rafa, que llegué ya para parir, te ponen siempre la vía, ya en Urgencias..y mira, yo soy de las que cree que más vale prevenir; que un parto sí, es un proceso para el que estamos preparadas pero en el que no hace tanto tiempo morían mujeres y bebés, así que cualquier tontería se puede complicar..
    En mi hospital sí que las matronas te dicen que mejor no te pongas la epidural, jajaja… porque es verdad que puede ralentizar el parto aunque a mí no me ha pasado!

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    Mamá en Bulgaria
    3 abril, 2017 at 14:15

    Los míos como fueron sencillos realmente no me puedo quejar de nada. La vía me molestó la primera vez, pero porque no sabía que me la iba a poner y no me explicaron nada, sólo me la pusieron y se fueron. Pero las matronas,un amor.

  • Responder
    Mar
    3 abril, 2017 at 14:45

    Como buena primeriza tenia mi plan d parto debidamente cumplimentado, aunque siempre tuve claro q me dejaria aconsejar por los profesionales. Llegué con 5cm de dilatacion y rompi alli la bolsa.todo fue muy rápido y a la hora de la verdad el matrón me aconsejó que a las altura en q estaba, no merecía la pena la epidural. Me lo explicó todo tan bien que confié en todo el equipo y en menos de una hora estaba mi pequeña en el mundo. Me alegro profundamente de la decisión que tomé y cómo me trataron en el hospital, mirando siempre por mi bienestar y el del bebe

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    Paqui. Mami esto está chuli
    3 abril, 2017 at 15:56

    Yo con el primero estuve conectada al monitor así como unas 9 constantemente porque me tenían puesta la oxitocina. Si usé la pelota. Me hizo sobrellevar las contracciones. Mi parto fue largo, muy muy largo y acabo en cesárea. No se si respetado pero me ignoraban mucho.

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