Parto y postparto

Parto respetado (II) ¿Es esto violencia obstétrica?

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Hoy os cuento los temas más escabrosos de un parto que pueden dar al traste con tu plan de parto respetado en un abrir y cerrar de ojos. A mí algunos no me parece que sean agresiones graves, aunque si se cuestiona su eficacia por algo será. Pero en otros asuntos sí creo que el desconocimiento por parte de las futuras madres y la posición de superioridad en la que se instalan algunos profesionales sanitarios, hacen que se junten el hambre con las ganas de comer y que el terreno quede abonado para que te lleves más de un disgusto grave. Ojo, que yo quejas así, a lo grande, y que me hayan dejado con ganas de matar literalmente a una de las personas que me hayan atendido en los dos partos, sólo tengo una. Con las otras podía estar más o menos de acuerdo, pero las explicaciones del personal me acabaron de convencer y cedí ante puntos que inicialmente, o bien ni siquiera me había planteado o eran contrarios a mis primeras intenciones.

1. Enema. Se dice que esta es casi la primera agresión que sufre una madre al llegar dispuesta a parir. En el primer embarazo, yo tenía redactado mi plan de parto y especificaba que no la quería. Nunca me habían puesto ninguno, pensaba que era algo que dolía, pero la matrona estaba a favor de ella, me dio sus argumentos, me parecieron razonables y lo acepté. Oye, ni tan mal, ni mucho menos me sentí violentada por ella. Con el enema se me quedaron los interiores relucientes y sin nada durante 4 días y pujé todo lo que hubo que pujar en el parto de mi bichilla, sin contenerme pensando que igual salía un trozo de niña que un trozo de caca. Sin embargo, al ingresar para el parto de mi churumbelito, ni tenía plan de parto ni nada ¡si aún estaba de 35 semanas! Pero allí nadie mencionó la lavativa, así es que no iba a pedirla voluntariamente. Eso sí, cuando llegué a la dilatación completa y tuve ganas de pujar, sí que le dije a la matrona que notaba que algo iba a salir del cuerpo y no tenía muy claro que no fuera a defecar durante el proceso. Pero vamos, que a esas alturas la vergüenza ya la tenía perdida y aunque no salió materia fecal, me pasé el rato con la sensación de que sí podría hacerlo.

2. Rasurado. Una cuestión que también va en contra del parto respetado, pero a mí no me parece mal plan. ¡Depilación gratis para todos! Que luego vas a estar en cuarentena y nadie va a tener accesos a tus bajos, pero por pedir… En ambos partos este tema no salió a relucir. Aquí no adecentan a nadie por cuestiones estéticas si el desarrollo del parto no lo requiere.

3. Maniobra de Hamilton. Eso es el mal, se mire por donde se mire. Yo sufría una, sin saberlo, pensando que era un tacto vaginal doloroso, cuando pasé de las 40 semanas de embarazo con mi bichilla. Aquella matrona me dijo que no me preocupara por no tener contracciones ni dilatación, que me iba a hacer ella “una cosa” que lograría que me pusiera de parto por mí misma, sin tener que inducirlo. Mentira todo. Me hizo daño, me harté de llorar, sangré un poco, empecé a expulsar parte del tapón mucoso, pero el tiempo pasó y al final casi llego a la semana 42 y no hubo forma de evitar la inducción. Eso sí que me pareció violencia obstétrica: por el engaño en la información, por lo doloroso del acto y por lo poco recomendado de la maniobra. Con mi churumbelito, me hicieron varios tactos para comprobar la dilatación durante esa fase del parto, pero ninguno doloroso y tampoco cada media hora. Así es que creo que en esta segunda ocasión he vivido un parto más respetado.

4. Episiotomía. Nada de hacer cortes a traición por mero protocolo. En mi primer parto, llegamos a un punto durante el expulsivo en el que la matrona me dijo que igual mi bichilla podría venir al mundo sin desgarrarme nada, pero que ella no terminaba de verlo claro y prefería hacer una pequeña incisión que sería de un par de puntos. Ante la duda, la dejé hacer y me quedé agradecida porque igual no lo hubiera necesitado, pero nunca supe dónde estuvieron aquellos puntos. Ni me dolió el corte, ni la recuperación posterior. Con mi churumbelito ¡ni un punto me llevé de recuerdo! Alguna ventaja debía tener sacar a una criatura de sólo 2,8 kilos, así es que la palabra episiotomía ni salió a relucir en el paritorio. En ambos casos, creo que las decisiones fueron las adecuadas para un parto respetado.

5. Presencia del acompañante. En este punto creo que deberían mejorar para lograr que las parturientas y los padres nos sintamos más a gusto, porque si echas cuentas te pasas muchas horas a solas sin tu pareja, tu madre o quien quiera que sea que haya acudido para apoyarte en este momento. En mi caso, las experiencias han sido prácticamente calcadas en el parto de mi bichilla hace 3 años y ahora, de lo que deduzco que es un punto en el que el hospital no ha avanzado a la hora de facilitar el tema del parto respetado. Al hacer el ingreso te pasas una hora a solas mientras te evalúan. Tu pareja estará en la sala de espera de la sala de partos y deberá aguardar hasta que le den permiso para entrar. Al pasar a monitores, le permitían estar presente siempre y cuando no hubiera otra paciente en la otra camilla. Si había alguien, más debían irse los acompañantes de ambas. Creo que esto lo solucionarían fácilmente poniendo una cortinita entre ambas camas y santas pascuas. El acompañante también debe desaparecer en el momento de poner la anestesia, y al pasar al paritorio. Lo de la anestesia lo entiendo, porque dicen que hay que buscar el ambiente más estéril posible, y total, te pasas los minutos siguiendo instrucciones entre contracciones para no quedar minusválida y ni te enteras de la gente que hay a tu alrededor. Pero lo de que se tenga que ir unos minutos mientras paso de la cama de dilatación a la camilla para ir a la sala de partos y tumbarme allí ¿es para que no obstaculice por el camino? Estas ausencias no las comprendo.

Tras valorarlo todo, me siento afortunada con los partos que he tenido y si alguna matrona o ginecólogo ha logrado imponer su voluntad sobre la mía, yo no lo he sentido así, como si fuera una pelea para determinar quién impone su criterio, sino que he confiado en que elegíamos unos procedimientos sobre otros a fin de que el parto se desarrollara de la mejor forma posible ¡excepto en el caso de la maniobra de Hamilton! Me hubiera gustado cambiar pequeñas cosas, como recibir más información de cómo iba avanzando la dilatación, pero puedo pasarlas por alto si valoro la experiencia de forma global. ¿Vosotras guardáis buen recuerdo de los profesionales que os atendieron? ¿O creéis que se aprovecharon de vuestra situación de parturientas indefensas para hacer su voluntad sin contar con vosotras?




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4 Comentarios

  • Responder
    Mamá en Bulgaria
    18 abril, 2017 at 12:17

    A mi me hicieron alguna de esas cosas con la mayor, pero porque fue necesario y me informaron y consultaron primero. Con el pequeño ná de ná, fue tan rápido que casi se cae el niño al suelo jiji! Ay, ahora me río pero en ese momento no me hizo tanta gracia. XD

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    Maria
    18 abril, 2017 at 12:43

    Pues nosotros (mi marido igual) salimos encantados del hospital, solo hubo una enfermera que si o si me queria poner el enema y le dije 10 veces que nooo, luego en paritorio otra enfermera me dijo q si o si me lo tenia que hacer y la matrona dijo q si no queria no pasaba nada. Luego todo de lujo, nos lo explicaban todo detallado antes de hacerme o ponerme algo, termine con episotomia porq se quedo enganchado con el hombro y mi marido estubo conmigo en todo momento, la gine le dijo que se pusiera a su lado, solo salio para la epidural y porq la matrona el dijo que fuera a comer que todavia tenia para un ratito y q ella quedaba conmigo. Tenemos un recuerdo super bonito!

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    Teacher Nerea
    18 abril, 2017 at 13:12

    Leyendo esto veo que tuve mucha suerte en el parto de mi macaca. Ni maniobras dolorosas, ni episiotomía ni separación del acompañante en ningún momento. Desde que entré hasta que salí pudo estar conmigo en todo momento. Debe de ser un hospital muy respetuoso! Ahora que cambio de hospital en el segundo parto, espero que sean igual de majos.

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    Saray
    18 abril, 2017 at 13:50

    A mí también me hicieron la maniobra de Hamilton en el segundo embarazo sin explicarme qué era aquello. Le dije que me estaba doliendo mucho y el doctor me pidió que aguantara porque eso me iba a ayudar a ponerme de parto, ya que estaba de 41 semanas. En aquel momento no tenía ni idea de lo que era esa maniobra…y encima no sirvió para nada…

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