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Soy mejor bimadre que madre primeriza ¡y olé!

Soy mejor bimadre que madre primeriza ¡y olé!
Madre de dos hijos vía Shutterstock

Hoy he debido despertarme con el ego desbordado o algo me ha debido pasar, porque definitivamente yo, la criatura humana que se veía como una madre primeriza algo incapaz, con muchos más defectos que virtudes, con una crianza en la que por suerte no había depositado grandes expectativas que luego pudieran no cumplirse y venirse abajo por completo, me he descubierto a mí misma como mejor bimadre que madre primeriza. ¿Cómo puede ser? Pues la verdad es que no tengo mucha idea de cómo he llegado a esta conclusión, pero lo cierto es que sin ser una madre ejemplar, modélica, perfecta, ni tampoco la mejor del mundo, creo que tras el parto prematuro de mi churumbelito la gestión de tiempo, de los niños, de las responsabilidades y hasta de las emociones ha mejorado como por arte de magia. ¿El truco? No lo sé, pero supongo que el disponer del mismo número de horas al día para atender al doble de niños hace que el ingenio salga en nuestro auxilio, y todo lo que antes te parecía inabarcable e imposible ahora sea real como por arte de magia. Y en esta relativa facilidad con la que me enfrento a esto de ser mejor bimadre, creo que influye el hecho de que, en el fondo una aprende a relativizar y priorizar, lo que da como resultado una extraña ecuación en la que para ser una buena madre de dos, debes convertirte un poco en mala madre en algunos aspectos.

1. Que tu hijo mayor crezca de golpe. Esto no he querido que pasara nunca y era uno de los motivos principales por los que decidimos retrasar algo más la segunda paternidad, para que mi bichilla, al convertirse en hermana mayor, no tuviera que hacerse adulta prematuramente. Pero es algo que ha pasado de una forma completamente insospechada. Desde que nos vio volver a casa con el bebé, empezó a asumir obligaciones que nosotros no le habíamos encomendado, como por ejemplo, ir al váter sin pedir ayuda (hasta entonces la ayudábamos a desvestirse, a subir a la taza, a limpiarse después), recoger su plato tras las comidas y tirar los desperdicios a la basura, o poner en el fregadero sus enseres y hasta recoger un juguete antes de pasar al siguiente. Con la llegada del churumbelito, empezó a hacer todo esto por sí misma, sin que nadie la incitase y al grito de “no vengas mamá. Puedo yo solita”. También se ha interesado por cambiar los pañales del bebé, bañarlo, ayudarnos a despertarlo para comer durante sus primeros días de prematuro súper perezoso. No dramaticemos, que no creo que le estemos robando la infancia, pero algo ha cambiado en ella ¡y mucho!

2. El orden y la limpieza, sólo lo justito para sobrevivir. Esto es más de mala madre que de buena bimadre pero bueno, cada una llega hasta donde puede y si me pilla la noche con los bajos de la mesa del comedor llenos de virutas de plastilina, no se me va a quitar el sueño al irme a la cama sabiendo que a la mañana siguiente aquello nos estará esperando allí. Las lavadoras van cayendo de 2 en 2 casi a diario, pero la plancha pasó a la historia cuando nació mi bichilla y desde luego no va a volver a entrar ahora que somos 4. Los juguetes por todos lados yo ya no los considero suciedad, en todo caso algo de desorden, y conseguir que los pañales sucios del churumbelito no se se acumulen junto al cambiador, sino que lleguen justo después de ser cambiados a la basura, es prácticamente mi mayor meta diaria. ¿Que tengo el listón una mijita bajo? Igual sí, pero ¿y lo descansada que vivo mentalmente? Eso no tiene precio.

3. Los llantos y los gritos. Hay que tolerarlos y aprender a convivir con ellos. Ojo, que yo no soy nada fan de Estivill y no quiero que se me traumatice ni el bebé que no sabe expresarse de otra forma y debe ser atendido lo antes posible, ni la hermana mayor que puede pensar que paso de ella porque ando centrada en el otro. Pero si la niña grita porque está jugando a lo bruto, como suele hacerlo todo ella, o porque se ríe o acosa al otro que duerme para crecer, tampoco voy a hacer un drama. Y si llora como una magdalena, porque me ha salido con esta vena dramática y teatrera tan tremenda, y sé que no le pasa nada (más allá de un enfado, una frustración y esas cosillas que a sus 3 años son importantes pero que no son de vida o muerte) ya veremos cómo puedo calmarla y en qué momento. Y para el pequeño, no puedo decir lo mismo, pero sí reconozco que no acudo con tanta celeridad a atenderlo como lo hacía con su hermana. Tampoco es que este haya llorado mucho hasta ahora, entre la pereza de prematuro que ha tenido, lo que ha tardado en despertarse y que suele tener sus necesidades básicas de teta, pañales y contacto materno cubiertas antes de que pueda elevar su queja, lágrimas suelta pocas. Pero es que a la niña no dejábamos ni que dijera ¡ay! Antes de correr a su lado como si nos fuera la vida en ello. Y este puede exclamar el ay al menos 3 veces hasta que logro dejar lo demás para ocuparme de él.

4. Relativizar lo importante. En este punto, con quien tengo más problemas es con el padre de mis criaturas. Porque parece ser que desde que la bipaternidad se ha instalado en nuestras vidas priorizamos cosas diferentes. Por ejemplo, si mi bichilla hace amago de dormirse antes de cenar y corro para ir a hacerle la cena y su padre, en lugar de sentarse con ella a vigilar que coma algo antes de caer rendida, decide que es el momento ideal para recoger el tendedero, o los juguetes del suelo, o para ponerse a consultar mails el trabajo…. Claro, así luego pasa lo que pasa. Mientras tanto, yo me veo viviendo un poco al estilo de El último superviviente y mientras tenga tiempo para que en esta casa los 4 podamos comer, dormir e higienizarnos ¡aquí paz y después gloria! Todo lo demás, tooooodo, ha pasado a ser secundario.

En realidad no sé si seré mejor criando a dos churumbeles que a uno, pero lo que sí puedo asegurar es que a pesar de los inicios difíciles con el premaurito esto nos lo estamos tomando con más filosofía y calma que la primera vez. ¿Será verdad que la experiencia es un grado? ¿A vosotros os desbordó más el primer hijo o la convivencia de este con los siguientes?




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5 Comentarios

  • Responder
    Marta | La agenda de mamá
    27 Julio, 2017 at 10:26

    jajajaja. Me río porque me suena punto por punto todo. No se si es de buena bimadre, malamadre, o qué, pero como dices prima la supervivencia y todo lo demás puede esperar 🙂 Me alegro leerte tan feliz.
    Un beso

  • Responder
    miren | de lunares y lunas
    27 Julio, 2017 at 10:36

    pues no sabes cómo me consuela, yo que estoy decidida a convertirme en madre de nuevo en cuando el nomarido me lo conceda… fundamental relativizar y priorizar, eso seguro, y el orden y limpieza, jjajaja, ¡me ha encantado tu listón!

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    Mama Puñetera
    27 Julio, 2017 at 10:57

    Hombre, yo creo que la experiencia de la primera vez tiene que servir de algo… O al menos eso espero que pase aquí, jajajajaja… Ya veremos como va luego la cosa.

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    marigem
    27 Julio, 2017 at 16:58

    Jajaja, esto lo he vivido. Los míos se llevan un año y el segundo es prematuro así que yo creía que se me iba a ir la vida en ello y al final fuimos sobreviviendo y si hay un poco de plastilina en el suelo, pues mira, como dice mi marido, a lo mejor lo ponemos de moda.

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    Sandra
    1 Agosto, 2017 at 13:11

    Pues yo con una Peke de 22 meses y un prematuro de 2 meses o un mes de edad corregida siento que no llegó a nada. Estoy agotada y mis manías de limpieza siguen estando intactas…pero estoy doblemente feliz eso es indiscutible.

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