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    Aceptación del hermanito. ¿Más fácil de lo que imaginábamos?

    aceptación del hermanito

    Sí, soy de poco dramatizar pero en esta cuestión tampoco quisiera echar las campanas al vuelo demasiado pronto, confiarme y pensar que la aceptación del hermanito por parte de mi bichilla de 3 años ha sido todo un éxito y que ya no hay posibilidad de que la cosa se tuerza. Pero claro, tampoco quiero vivir sufriendo a lo tonto, pensando que un día los celos aparecerán para hacernos la vida imposible, y empezar a preocuparme ya por una situación que quizás no vivamos nunca. El caso es que más que al trabajo que me pudiera dar la bimaternidad o a la vuelta atrás para criar a un bebé, mis temores giraban en torno a cómo se produciría la aceptación del hermanito por parte de mi mochuela, con la etapa tan tremenda de rabietas que tuvo justo cuando empezaba el embarazo, los episodios de violencia posteriores y los pésimos primeros días de colegio. Cuando todo esto parecía estar bajo control, llegó mi churumbelito prematuro a nuestras vidas, a las 35 semanas de gestación, sin previo aviso y robándonos 5 semanas para mentalizarnos e idear trucos para que la niña lo viviera todo de una forma más natural. Pues a pesar de que ella renegaba del futuro heredero casi desde que supo la noticia, resulta que cuando vio al personaje en carne y hueso su idea acerca de él cambió ¡y mucho! Así ha vivido la niña la llegada y posterior aceptación del hermanito en estas primeras semanas.

    1. En el hospital. El interés de mi bichilla estaba más en la cama de la paciente de al lado, con un despliegue de globos, cestas de regalos y dulces, caramelos y bombones por doquier, que en nuestra zona, donde la única novedad era el churumbelito y unas botellas de agua. Lo conoció, tenía interés por tocarlo, por darle un beso, pero en segundos pasaba a otros quehaceres, y tampoco queríamos insistir en el tema. Por suerte, dormí sola las 2 noches que estuve ingresada tras el parto y su papá pudo volver a casa con ella, lo que quizás ayudó a que no se sintiese dejada de nuestra mano por completo durante días.

    2. El vínculo con el padre. Durante el embarazo, no tuvimos mucho tiempo de planear cómo sería nuestra segunda paternidad, pero había cuestiones que no admitían discusión, como que a la fuerza yo debería pasar más tiempo con el churumbelito nuevo a causa de la lactancia. Cuando fuese creciendo, ya encontraríamos la forma de despegarme algo más, pero los primeros meses esta unión iba a ser indisoluble, y allá a donde yo vaya la criatura tendrá que venir conmigo y con la teta. Por suerte ¡siempre he pensado que mi bichilla quiere más a su padre que a mí! Así es que no ha empezado a tener comportamientos extraños, y si yo salgo a la calle solo con el niño y ella no va a venir, no se lo toma a mal. Su papá es una fiesta constante y yo siempre he sido mucho más sosa en este aspecto, así es que asunto solucionado.

    3. La lactancia. ¡Ay, mi pánico a la lactancia en tándem! Pues resulta que uno de los pasos de la aceptación del hermanito es que mi bichilla ha decidido unilateralmente que la teti es para el bebé. ¡Increíble pero cierto! No se la he negado ni durante el embarazo ni tras el nacimiento de mi churumbelito. En las contadas ocasiones en las que ella la ha reclamado (a las 2 semanas de nacer el otro pasó la niña por una gripe de 8 días de la que creímos que ninguno saldríamos con vida, y claro, se volvió a unir a la teta) se la he dado sin mayores problemas y sin hacer comentarios. Bueno, miento. Si la ha pedido mientras el otro mamaba, como los inicios de la lactancia con él fueron tan complicados, sí le pedía que esperase a que terminara uno para empezar ella. Y claro, se ponía a hacer otras cosas y se olvidaba por completo. Lo único que le he explicado es que el bebé sólo puede comer de la teta, pero no para que ella la rechace, sino para quitarle las tentaciones de arrimarle al otro los trozos de galletas, de fruta o las chucherías que ella quiera compartir. Y sorprendentemente se ha vuelto de un generoso que creo que el destete está a puntito de producirse.

    4. Ayuda con el bebé. No se trata de tener al bebé en la boca a cada segundo, porque esto puede saturarlos y lograr el efecto contrario, sino de dejarlos participar si se interesan en estas cuestiones. Por ejemplo, mi bichilla es escatológica por naturaleza y deseaba estar presente en los primeros cambios de pañal del churumbelito, queriendo ver cacas, pipís y ropa manchada si era posible. También llevar los pañales sucios a la basura y participar en el momento del baño. Y digo el momento porque pocos ha tenido esta segunda criatura. A las 2 semanas la niña dejó de interesarse por estas faenas y listos. No se las hemos recordado, ni insistido para que siga siendo ella la que atienda al bebé. Si quiere venir a mirar cómo trasteamos con él, lo hace y si no, se vuelve a sus cosas y como mucho va a verlo en la minicuna, o le canta al lado cuando lo oye llorar y a mí no me ha dado tiempo a llegar hasta él. ¡Es mucho mejor madre que yo!

    5. Ignorar al niño todo lo posible. No desatenderlo, pero si se queda tranquilo en la cuna, o en el trapo de porteo, hacer como que no existe y dedicarle tiempo a ella, o bien realizar actividades cotidianas (tareas del hogar, juegos, comidas) como hacíamos antes de que él naciera. Los primeros días, al volver del colegio, ni se acordaba de que tenía un hermanito hasta pasadas 2 horas de estar en casa si este no lloraba o reclamaba atención.

    En definitiva, que todo está yendo mucho mejor de lo que imaginábamos en nuestro pensamientos más positivos. Mi bichilla tiene menos rabietas, ha empezado a ser autónoma en aspectos como el levado de manos, ir al baño, intentar desvestirse y vestirse (no lo consigue del todo pero va progresando), prepararse lo que se come (esto de cocinar juntas es un show…) poner la mesa y recogerla…. Casi todo el rato presume de lo grande que es en comparación con el churumbelito, aunque esporádicamente afirme que ella también es pequeña (que realmente lo es, y mucho). Hay quien dice que los celos pueden surgir más adelante, cuando el otro empiece a interaccionar, a ser gracioso, a tocarle sus pertenencias y quitarle protagonismo. Pero bueno, esperaremos a que llegue ese momento, y nos relajaremos mientras tanto. ¿Vuestros hijos mayores sintieron celos de los pequeños en cuanto los conocieron o según fueron creciendo?

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