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    Mi hija quiere ser princesa. ¿Un drama moderno?

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    No, no vengo a hablar de disfraces y carnavales a destiempo ahora que ya se pasaron las fiestas. Aunque bueno, de disfraces sí voy a hablar, pero es que desde hace año y medio en esta casa todos los días son adecuados para que mi bichilla se ponga todos los trajes, complementos y abalorios de los que dispone en casa para convertirse en otra ¿persona? Y por muy poco moderno que resulte declarar esto, creo que mi hija quiere ser princesa. ¡Horror! Sí, porque hoy en día lo novedoso es que tu hija diga que quiere ser mecánica, y pringarse de grasa de la cabeza a los pies, o conducir un tractor. Oye, yo encantada si tuviese esas aficiones, pero por muy bruta que sea para unas cosas, resulta que tiene una idea en la cabeza de lo que son las princesas y de lo que es estar guapa y aún más ¡preciosa! Y ella quiere estar preciosa siempre. ¿Qué le hago? De mí no lo habrá copiado, que no soy nada princesil ni ando de punta en blanco todo el día. Sin embargo, igual que no me parece correcto encasillarla en actitudes y juegos que tradicionalmente se han asociado a las niñas, me parece igual de forzado intentar obligarla a que descubra y disfrute con aficiones que socialmente son aceptadas entre los niños. Así es que a sus 3 años (bueno, o incluso antes) he decidido darle libertad absoluta para que elija todo lo que se le antoje en relación a sus gustos personales, en relación a asuntos que no requieran de la supervisión de un adulto. A saber.

    1. Ropa. Desde antes de nacer, el papá de mi bichilla era muy contrario a encasillarla con el color rosa, las prendas de volantes, los vestidos etc., etc. De hecho, casi hasta los 6 meses de vida, su ropa era tan unisex que hemos podido rescatarla prácticamente toda para mi churumbelito. Pero a partir de esa edad se nos fue la mano con la moda “femenina”. Hace meses que mi bichilla está pendiente de lo que entra en su armario hasta el punto de hacer distinciones entre la ropa para el colegio y la de fin de semana. Algo que no sé de dónde se ha sacado, porque su padre y yo vestimos igual de lunes a domingo. Por comodidad, al cole va con leggings, pantalones confortables y vaqueros, principalmente. Así es que el fin de semana pide exclusivamente vestidos y faldas. Se niega a salir a la calle con ropa “del cole” y con los zapatos de diario (botas tipo Ugg y zapatillas de deporte). El peinado también lo quiere diferente, porque mi hija quiere ser princesa y no una cualquiera ¡una muy preciosa! Eso sí, solo los fines de semana.

    2. Juegos. En este punto, mi mochuela tiene gustos completamente unisex, incluso más masculinos que femeninos. Le gustan los bloques de construcción y pringarlo todo de plastilina. Las motos, el patinete y chutar balones de fútbol en plan destroyer. No juega habitualmente con muñecas, cocinitas o bebés. De todo tiene, pero el uso que le da es muy esporádico. A la hora de imitarnos a nosotros, le da igual calzarse mis zapatos que los de su padre, si bien a mí me persigue para ponerse cremas como yo, o ayudar a hacer la cena, y con su padre juega un poco a la videoconsola, pero tampoco es que tenga estas aficiones demasiado marcadas. Le apasiona el maquillaje ¡y los disfraces! Y es en este punto donde no cabe duda de que pese a este revoltijo de intereses mi hija quiere ser princesa. Tiene un armario completo con vestidos de Elsa y Anna de Frozen, Blancanieves, Bella, Bella durmiente, Sirenita, hada, zapatos de tacón y brilli brilli. También se ha vestido de pirata, de mono y de médico, pero si le pongo un catálogo delante siempre elige el vestido más pomposo que vea. Los usa a diario, de la mañana a la noche y a veces hasta se va a dormir con ellos puestos. Leyendo el I Estudio Imaginarium sobre la educacion sin género, he descubierto que el 80,7% de los padres ha comprado alguna vez juguetes a sus hijos que se suponía que eran del género contrario, lo que me confirma que estamos rodeados de padres como nosotros, que al final lo que quieren es que sus hijos tengan una infancia feliz y desvinculada de los roles de género.

    3. Dibujos animados. Películas completas ha visto pocas, pero Frozen y La Bella y la bestia se llevan la palma. Hemos intentado poner otras menos “femeninas” como Aladdin, El rey León, Bolt, El libro de la selva… Ni caso les hace. Las mira 10 minutos y se va a otros quehaceres. Sin embargo, para los dibujos animados es completamente diferente. Le gusta La patrulla canina, Blaze y los Monster Machine, y hasta el horror de Bob Esponja o Doraemon. De Dora la explorador y La doctora de juguetes también es fan, pero con menos ahínco que con los dibujos animados que podrían considerarse más de niño. Y no pasa nada ¿no?

    A mí todo esto no me molesta. Pero leyendo las teorías de las nuevas corrientes educativas, parece que si mi hija quiere ser princesa algún drama futuro vamos a vivir. No creo que por ir disfrazada de reina ahora vaya a ser una mujer menos válida en el futuro. Es una niña, igual de fantástico es querer ser princesa que dirigir una patrulla de perros parlantes que salvan vidas. Digo yo que no se es más tonta porque te guste el color rosa más que el verde. Con lo cual ¿es esto de demonizar a las princesas una moda pasajera? ¿Igual que antes se ridiculizaba a las niñas a las que les gustaba el fútbol? ¿No se trata de dejarles escoger lo que deseen? Y si la mía quiere ser una señoritinga con vestido repollo ¿qué gano yo obligándola a vestirse de Cristiano Ronaldo? ¿Vosotros dejáis que vuestros hijos elijan sus juegos y actividades de ocio con libertad? ¿O andáis detrás reorientándolos para que sus gustos cuadren con lo que se espera de ellos?