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    No entiendo los test de ovulación ¡y no me gustan!

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    Hala, pues ya lo he dicho. Durante mi primer embarazo, pasé olímpicamente de comprar test de ovulación. Había leído tanto que lo mejor es no obsesionarse con el tema de la búsqueda, que me daba la sensación de que tener la obligación de orinar a diario en una de estas tiras, para ver si estaba más o menos fértil, me volvería loca de remate. De hecho, sólo hacer lecturas de maternidad y querer comentarlas con mi marido ya acabó por empujarme a abrir este blog, porque él no soportaba nuestras conversaciones monotemáticas ¡como para andar enseñándole palitos con rayas a diario! Como el embarazo tampoco tardó tanto tiempo en llegar, no caí en la desesperación por saber cuándo se producía mi pico de fertilidad mensual. Por lo que nunca hice uso de ellos. Sin embargo, en este segundo embarazo me picaba la curiosidad: tanto leer blogs de maternidad y tantas experiencias conocidas, me llevaron a comprar 15 test de ovulación, al módico precio de 7,50 euros con el envío incluido, para experimentar alguna vez con ellos y entender su funcionamiento, aunque sólo fuera para compartir mi experiencia. Y si encima resultaba que me ayudaban a encontrar el mejor momento para procrear, ahora que nuestra vida como padres es radicalmente diferente a la de hace unos años ¡todo serían ventajas! Reconozco que los he usado poco, que no sé interpretarlos y que me parecen de uso complicado ¡nada que ver con la sencillez de los test de embarazo!

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    1. No entiendo los test de ovulación. Me parecen súper difíciles de interpretar. Más allá de que durante esta segunda búsqueda del embarazo mis ciclos eran completamente irregulares, decidí usar test de ovulación durante un sólo mes, recogiendo orina siempre a la misma hora y volviéndome loca de remate para comparar los resultados. En un test de embarazo, o ves una segunda línea que te confirma que estás preñada, o no la ves y debes seguir probando suerte con tu pareja. Por el contrario, los test de ovulación siempre muestran dos líneas, y debes saber que tu ovulación se va a producir en el momento en el que la segunda línea aumente su intensidad respecto a los días previos. O sea, que lo lógico sería que cada día fuese aumentando y aumentando su color, según te aproximas al momento de ovulación, hasta que de pronto empezaría a atenuarse, lo que indicaría que el momento de la ovulación ya ha pasado. ¡Genial! Porque según estas instrucciones no sabrás que has ovulado hasta que haya pasado la fase buena. ¿De qué me sirve entonces saber que ovulé ayer y no hoy? Y luego está el misterio de las tonalidades, porque la línea de control tiene un tono intenso al que probablemente tu positivo ni siquiera se vaya a acercar nunca. Lo que aún dificulta más saber en qué fase del ciclo te encuentras.

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    2. Mi experiencia con los test de ovulación. Ha sido pésima, hasta el punto de no ver ninguna ventaja en su uso y decidir echarme en brazos de la suerte y fijarme en otros síntomas mucho más fiables, como la textura del moco cervical, o la contabilidad de los días del ciclo en los que seguramente podría producirse la ovulación. Y ¿por qué no decirlo? Hacer pruebas a lo loco y sentarme a esperar haber acertado. De hecho, mi nuevo churumbel fue concebido así, en un día que supuestamente ya ni era fértil ni nada, en un ciclo con un desarreglo monumental causado por la lactancia, que me puso el día de ovulación casi 2 semanas después de lo que le hubiese correspondido por el calendario menstrual. El caso es que usé los test de ovulación en el tercer mes de intentos en busca de la nueva preñez. Dejé pasar mi periodo, y una semana más para empezar a experimentar con ellos. El resultado fue un desbarajuste de cuidado en el que cada día obtenía unas rayas de colores de intensidad variable, unas más fuerte y otros más flojas sin criterio alguno. Cuando llegué al momento en que supuestamente debería estar ovulando, esta alternancia de tonalidades seguía igual, por lo que dejé de lado el invento para siempre y me volví a los métodos tradicionales.

    3. No me gustan los test de ovulación. Me parecen un método muy esclavo, porque tienes que usarlos al menos una vez al día (cuando no más) y es imposible que así no acabes obsesionándote con el tema. Si yo hice una mini prueba de varios días, y ya me sentía fatal cuando se me pasaba alguna recogida de orina ¿qué hubiera sido de mi cordura si hubiese perpetuado su uso durante meses? Además, dan la sensación de ser baratos a primera vista, pero con la cantidad de ellos que hay que usar en cada ciclo ¿cuánto presupuesto necesitamos hasta acertar? Y eso suponiendo que realicemos sólo una prueba al día, pero hay quien se obsesiona midiendo hormonas casi cada hora, y eso no hay bolsillo ni salud mental que lo aguante.

    En definitiva, mi experiencia con los test de ovulación ha sido desagradable. También es verdad que no me he visto en la desesperación de buscar un embarazo que no llega, porque seguro que en esas circunstancias me habría agarrado a un clavo ardiendo y no hubiera sido capaz ni de salir de casa sin mis test de ovulación bajo el brazo. Pero por mis circunstancias personales, me parecen un engorro y un motivo más de los que te empuja a obcecarte con la búsqueda del embarazo, más que una verdadera ayuda.

    ¿Vosotros habéis hecho uso de los test de ovulación alguna vez? ¿Los recomendaríais o creéis que es más ventajoso y menos agobiante ir por libre?