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    Cómo conseguir que un niño duerma solo. Mi experiencia

    conseguir que un niño duerma solo

    Si empezase este post diciendo que para conseguir que un niño duerma solo no hay que hacer nada de nada ¿seguiríais leyendo? Pues ya podéis parar aquí, porque lo cierto es que en nuestro caso así es como han sucedido los hechos. He hablado muchísimas veces del sueño de mi bichilla: era un bebé que nació durmiendo del tirón hasta los 7 meses de edad, que empezó a requerir colecho a partir de entonces, que estuvo en nuestra habitación, entre su cuna y nuestra cama, hasta poco después de cumplir los 2 años, para posteriormente irse a dormir a su propia habitación, pero ni mucho menos del tirón, sino con varios despertares nocturnos y alternando ratos en su cama y colecho con nosotros. Y así transcurrió su historia hasta principios de este verano, cuando comenzó a dormir toda la noche sin despertares nocturnos. Bueno, esto habitualmente, porque sí hay ocasiones en las que se nos ha desvelado por tener sed, por un moco atravesado que no la dejaba respirar, por un golpe de tos, porque quería teta o porque estaba buscando su reloj, sus gafas de sol o su disfraz de princesa de madrugada. Sí, ya veis que mi churumbelita tiene múltiples motivos para desvelarse de noche. Pero, más o menos desde junio, lo más normal es que duerma sola, en su habitación y toda la noche de golpe.

    1. Nuestros trucos para conseguir que un niño duerma solo. Absolutamente ninguno. La hemos criado completamente asalvajada y respetando sus ritmos, adaptándonos nosotros a sus necesidades y no obligándola a seguir horarios de adultos. Casi siempre, porque claro que hemos vivido momentos en los que la niña estaba despierta a la 1 de la mañana y había que forzar la situación, ya que nosotros nos arrastrábamos por el suelo y de mala leche pensando en la jornada del día siguiente. Pero desde que leí el libro de Rosa Jové, Dormir sin lágrimas, y acudí a su charla, deposité mi confianza ciegamente en ella y me senté a esperar a que el tiempo pasase, que la niña madurase, sus necesidades cambiasen y se adaptase por sí sola a nuestro ritmo de vida. ¿Qué decía la gente? Pues que sin ser estrictos con las rutinas todo nos saldría mal y la mochuela tendría unos horarios y costumbres alterados de por vida. Mentira todo. Esta sabe cuándo tiene hambre y cuándo tiene sueño y por mucho que hubiéramos ideado no habríamos logrado convencerla de lo contrario.

    2. ¿Sirvió de algo intentar imponer rutinas de sueño? No me refiero al método Estivill de abandono de niños enrabietados encerrados en habitaciones a solas para que se duerman sin ser escuchados, sino a métodos menos drásticos como quitar la tele, hacerle ver que fuera ya es de noche, que papá y mamá están cansados, que ya no se oye el ruido de los vecinos y crear un ambiente plácido que la incitase a relajarse. Ni baño anti estrés, ni masajes, ni cuentos, ni entorno tipo spa sirvieron hasta que no cumplió los 2 años y medio. Por supuesto, en algunos momentos de desesperación máxima probamos estos cuatro trucos, y tratamos de mantenerlos durante algunos días, para recuperar un rato de vida de pareja, acostarnos más temprano (sí, esas grandes aspiraciones teníamos para nuestro tiempo libre) ver algo juntos en la tele. Pero ella se resistía a dormir hasta que no caía literalmente muerta de cansancio. Y este nuevo ambiente relajado parecía excitarla más, por lo que la hora de ir a la cama se convertia en una lucha constante. Por ese motivo, seguimos respetando sus horarios naturales para el sueño.

    3. Nuestra situación actual. Desde hace unos meses, lo normal era que a una hora más razonable que en su época de mayor apogeo de bebé, pero nunca antes de las 11 de la noche, la convenciésemos para ir a la cama. Y ella se dormía con un poco de teta unos días, con paseos en brazos de su padre otros… y así, para toda la noche. Pero desde que empezó a ir al colegio, no es que vivamos en nuestras carnes lo que significa conseguir que un niño duerma solo sino ¡que se duerma prácticamente sola! Me explico. La primera semana del periodo de adaptación al colegio fue una época infernal, con constantes despertares nocturnos, en los que pensamos que ya habíamos retrocedido todos esos avances que habíamos logrado en verano. Suerte que en el colegio nos informaron de que este tipo de regresiones son frecuentes y, por lo general, temporales. Pues así ha sido en el caso de mi churumbelita y desde hace unas semanas, entre las 9 y las 10 de la noche, llega un momento en que deja lo que esté haciendo, nos dice que quiere dormir, empieza con su ruta de pipí, lavado de dientes y subida a la cama; elige si quiere que seamos su padre o yo quien le cuente un cuento durante unos minutos (unas veces 2 minutos y otras 20, dependiendo del día) y de pronto demanda que se apague la luz, o que me arrime yo unos segundos con la teta ¡y a dormir! ¡Toda la noche! ¡Todaaaaaaa!

    Debo reconocer, que además del grupo de agoreros que nos predijeron una pésima etapa infantil por no haber establecido rutinas del sueño, también hubo gente caritativa que se apiadó de nuestra situación y nos confesó que estas cosas pasan, y que de la noche a la mañana, sin intervenciones divinas, tu criatura pasa de ser un Gremlin fiestero y noctámbulo a una niña de bien que se civiliza ella sola. ¿Nos lo creímos en su momento? Pues no sé qué decir, porque la verdad es que casi estábamos más convencidos de que viviríamos la situación apocalíptica de la gente gafe, que esta etapa idílica de la maduración del sueño sin haber tenido que hacer nada. Bueno, nada más que esperar. Con paciencia infinita. Que no es poco.

    Y vosotros ¿qué hacéis para conseguir que un niño duerma solo? ¿Sentaros a esperar para que la naturaleza siga su curso y esta etapa llegue lo antes posible? ¿O inventáis tretas y lo ponéis todo de vuestra parte para anticiparla?