Opiniones

¿Cómo se plantean las mujeres la maternidad?

madresA raíz del post anterior sobre cómo se plantean los hombres la paternidad, no me queda más remedio que realizar un breve resumen de cómo he planeado yo, como mujer, mi decisión de convertirme en madre. El trance que supondrá el embarazo y el temor por no poder predecir cómo serán nuestras circunstancias laborales, económicas e incluso familiares en un futuro me hicieron retrasar una toma de decisión que había tenido clarísima durante toda mi vida. Pero, tras mucho pensarlo, el momento es ahora. Ambos tenemos ganas, nos sentimos preparados y seamos realistas ¡las condiciones físicas no nos van a ser favorables para siempre! Ya tenemos 30 años, y puede que siempre sigamos siendo jóvenes de espíritu pero la biología sigue su curso, por más que nosotros queramos resistirnos, y puede que si postergamos la decisión sea entonces cuando nuestro cuerpo nos diga: ¡STOP! Ya es demasiado tarde.

¿Por qué las mujeres quieren ser madres?

1. Desde que nacemos nuestra condición genética y nuestro entorno social nos predisponen a la maternidad: jugamos con muñecas a las que consideramos nuestros bebés, nos encandilamos con las películas románticas, las novelas de amor y disfrutamos rodeadas de niños pequeños ajenos. Puede que esto esté cambiando, pero para mi generación la infancia era así. Y eso te marca y te pasas la vida deseando que llegue el día de conocer a tu hombre ideal, que te proponga matrimonio y que decidáis tener hijos. ¡Convertirse en mamá es el sueño de toda niña! Y en ocasiones ¡de treintañeras que ya no somos tan niñas!

2. Al igual que los hombres, las chicas de mi generación hemos luchado por tener estudios, una carrera profesional consolidada, independencia económica y tiempo para poder disfrutar de nuestro tiempo libre y de nuestras aficiones preferidas. Esto nos obliga en muchos casos a dejar para otro día la maternidad: nunca tenemos suficiente dinero, suficiente tiempo o un trabajo suficientemente satisfactorio. Anteponemos todos los logros materiales y profesionales, puede que porque aún no nos encontremos psicológicamente preparadas para dar el paso, y la consecución de otros objetivos vitales nos excuse ante nuestra conciencia por no arriesgarnos. Pero un día surge el tema con tu pareja, o tienes una conversación con las amigas o ves un programa en televisión y de pronto, tu instinto maternal, que había estado escondido durante años, hace acto de presencia y la maternidad se convierte en el epicentro de tu vida. Ya no tienes ninguna otra prioridad, sólo quieres quedarte embarazada y ser madre.

3. Las relaciones familiares y de amistad también ejercen una influencia importante, como en el caso de los hombres. Está claro que todos queremos pertenecer a un grupo que nos de apoyo y nos comprenda, con el que compartir las situaciones personales, los buenos y los malos momentos. Cuando los amigos comienzan a tener hijos ¡la epidemia puede ser imparable! Hasta hace unos meses, yo era la más feliz del mundo con mi sobrinita, pero poco a poco comencé a darme cuenta de que la veo muy poco, de que me gustaría que viviese más cerca, poder comprarle más cosas y ocuparme más de ella. ¿Qué me estaba pasando? Pues creo que lo que realmente quería era tener un bebé propio, al que manejar de aquí para allá y del que no tuviera que separarme cuando se acabara la tarde de visitas en casa de la abuela.

4. En cuanto al sexo del bebé, las mujeres pensamos más en la salud del niño, en las posibles dificultades que se puedan presentar durante el desarrollo del embarazo y son muchas las que ni siquiera planean cómo será su vida al tener un niño o una niña. Mientras los hombres buscan un nuevo y rejuvenecido compañero de juegos, las mujeres desarrollan un instinto de protección de la nueva vida. Por supuesto que podemos tener preferencia por un sexo (¡yo quiero una niña!) pero la cuestión no tiene tanta relevancia como para los hombres, porque nosotras vamos viviendo el día a día del embarazo, mientras ellos parecen haber saltado en el tiempo y vivir las situaciones que se darán cuando el niño aprenda a sostener el mando de la videoconsola. Las mujeres queremos ser madres para dar vida y crear algo trascendental desde el principio.

5. Las mujeres desarrollamos preocupaciones que los hombres no se plantean, a menos que les hagamos partícipes de ellas. Tememos todo lo que desconocemos del embarazo, las posibles dificultades que deberemos sobrellevar, el doloroso momento del parto, el postparto y la recuperación de nuestro propio cuerpo. Los hombres se limitan a depositar la “semillita” y esperan pacientemente 9 meses hasta que llegue el bebé como por arte de magia, con lo cual las preocupaciones y sensaciones nunca pueden ser las mismas para las madres y los padres. Aunque también es cierto que los papás más dedicados invierten mucho tiempo y esfuerzo en compensar a las embarazadas, satisfaciendo sus antojos y tratando de hacerles el embarazo más llevadero. Y cuando no lo hacen ¡entonces ya nos encargamos nosotras de quejarnos para que sepan exactamente por lo que estamos pasando! En esos momentos de tortura masculina el sentimiento y las sensaciones ¡sí que son compartidas! Sólo por verles a ellos ponerse en nuestro lugar, ya merece la pena querer ser madre.

6. Si nos fijásemos en las condiciones laborales, el instinto de maternidad desaparecería de todas las mujeres trabajadoras sobre la faz de la tierra (o al menos de las españolas, porque en otros países la cuestión está bastante mejor encarrilada). Actualmente, con la precariedad laboral que afecta a los jóvenes ¿quién puede atreverse a dar el paso de tener hijos? Si no tienes trabajo fijo, un sueldo medianamente decente, si sigues viviendo con tus padres o a penas llegas a fin de mes ¿crees que se te va a pasar por la cabeza traer un hijo a este mundo? Mis reflexiones sobre este punto pueden resultar muy negativas, pero no quiero desanimar a nadie. Entre bajas por maternidad, empresas que no renuevan los contratos, compañeros o jefes que te hacen la vida imposible antes, durante y después del embarazo, la creencia generalizada de que si un hijo enferma es la madre la que debe faltar a su puesto, la verdad, en este punto mejor no pararse mucho porque acabará con vuestra motivación para ser madres. Así que seamos positivos y pensemos: si somos 7.000 millones de habitantes en el planeta ¿qué relevancia puede tener que mi insignificante persona se lance a la maternidad? Ninguna, así que como nadie se va a dar cuenta vamos a avanzar con nuestro feliz proyecto.

Desafortunadamente hoy en día no basta con desear ser madre sino que también hay que poder pagárselo. Hasta el punto de que bien os podría decir:

7. Las mujeres queremos ser madres ¡porque podemos permitírnoslo!

Mi recomendación es que si de verdad deseáis tener un hijo de forma responsable valoréis fríamente los sacrificios que va a suponer ¡y los euros que os va a costar! Al menos calculad el primer año, porque para el segundo ya habréis aprendido a apretaros el cinturón y a no gastar más de la cuenta. Nosotros decidimos renunciar a viajes caros, escapadas de fin de semana, cenas en restaurantes, salidas al cine y al teatro, etc. para lograr un pequeño colchón de dinero que nos ayudase en caso de imprevistos. Cada uno sabrá cómo tiene su economía y sus necesidades, así como los lujos que va a querer para su bebé, pero se estima que el primer año de vida del niño requerirá una inversión media de 6.000 euros, por lo que pensad con claridad y organizad vuestro presupuesto para no pasar apuros. Se trata de ser felices ejerciendo como padres y no de complicarnos la vida contrayendo deudas.

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2 Comentarios

  • Responder
    La New
    5 febrero, 2013 at 19:27

    Parece un paso tan natural para dar y sin embargo, una vez que ha llegado, uno se da cuenta de lo complicado que es. Todo en la pareja debe estar estable para recibir a un miembro más de la familia que llega a cambiarlo todo: la vida, la rutina, los horarios, el ánimo, la economía.
    Es sorprendente el cambio que hay en la mujer con el embarazo y todo lo que no nos han dicho que incluye, más allá de las náuseas matutinas. Sin embargo es aún más sorprendente el cambio a la pareja… Ahora, un par de gemelas después, me queda clarísimo que ser padres es una vocación y quien se lanza a tener hijos por presiones externas o porque «ya es tiempo», no sabe la de sorpresas que le esperan!
    Yo te deseo una búsqueda de ese nuevo ser que esté llena de luz, que tu cuerpo esté preparado y listo para dar vida y para sentir lo que nadie más en el mundo tendrá el privilegio de sentir, más que tu: cómo tu bebé crece y se relaciona contigo desde adentro…
    Te deseo el mejor de los embarazos, las mayores bendiciones para esa nueva familia y que sigas actuando con consciencia y con amor para recibirlo.
    Y una vez que esté aquí, que tu bebecito o bebecita te llene de amor con su mirada y de paz con su sonrisa… Desde México estaré pendiente del momento de la noticia!!
    Mucha suerte!!

    • Responder
      planeandoserpadres
      5 febrero, 2013 at 19:47

      Agradecemos muchos vuestras opiniones ¡y más viniendo de alguien que ha tenido que lidiar con la experiencia de ser madre de gemelas! Si un sólo bebé ya cambia nuestras vidas por completo, no nos imaginamos cómo debe ser la llegada de dos a la vez. Como bien dices, la vocación de ser padre es algo que se tiene o no se tiene pero que no se puede aprender. Puedes aprender a sobrellevar los cambios pero si no te ilusiona la paternidad, o si te has visto forzado a ella en un momento imprevisto de tu vida, no podrás disfrutarla tanto como aquellos que se lanzan de una forma consciente a la búsqueda de un bebé. Aunque cuando este llega ¡todos quedamos igualados y hasta los papás menos predispuestos seguro que logran disfrutar de un acontecimiento tan grande!

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