Embarazo semana a semana

Semana 39 del embarazo

Semana 39 del embarazo¡Ay! La semana 39 era la elegida por el futuro papá y por mí como el momento ideal para que se produjera el parto de forma espontánea. No sobrepasaríamos la fecha probable de parto, la gente no se pondría ansiosa ni pesada con preguntas como “¿y todavía nada?”. Y nosotros podríamos empezar a disfrutar de la bichilla lo antes posible, porque ya teníamos muchas ganas de conocerla. Pero como el embarazo no fue ideado para que se ajustase a nuestros deseos y necesidades, obviamente la bichilla no quiso venir al mundo durante la semana 39 del embarazo, así es que no me queda otra cosa que detallaros los síntomas que fui acumulando durante esos días.

1. Hacer la cama=200 abdominales. ¡Por lo menos! Y mira que nuestra cama es de esas altas con canapé, nada de estilo oriental tipo tatami pegado al suelo y que tanto debe hacer sufrir a las lumbares y los riñones. Pues aún así, hacer la cama y estirar correctamente el ropaje se me estaba complicando por segundos, y cuando acababa de hacerla, más o menos decentemente, me sentía ya sin fuerzas, como si me hubiese sometido a una intensa sesión de ejercicios y sobre todo ¡de abdominales! ¡Ay mi poquita forma física! ¿Dónde había quedado a esas alturas de la preñez?

2. Vuelven los pequeños dolores como de la regla. Con este síntoma me entusiasmé a lo grande, porque muchas mamás comentan que poco antes de que se desencadenase su parto habían comenzado a sentir molestias parecidas a las de la regla, con pinchazos en esa zona… vamos lo que son los típicos síntomas de la menstruación. Por un momento pensé que ya al final mi embarazo se estaba normalizando y que por fin empezaba a tener achaques parecidos a los de otras mujeres, pero no. Aquellas molestias desaparecieron y del parto aún no teníamos noticias.

3. Pechos más sensibles a la presión. Lo mismo iba a tratarse de que se estaban preparando para la subida de la leche y por eso se habían puesto de lo más sensibles, de forma que cualquier mínima presión que se ejerciese sobre ellos me molestaba. El calostro que había comenzado a perder desde el sexto mes del embarazo aparecía y desaparecía como el Guadiana, y ahora sobre todo solía salir del pecho izquierdo, porque el derecho parecía haberse vuelto más vago. No era un dolor desagradable pese a la sensibilidad, y tampoco notaba nada que me permitiese predecir en qué momento iba a segregar calostro, ya que este salí siempre por sí solo, en los momentos más inesperados y de forma completamente indolora. La subida de la leche tardaría semanas en llegar, así es que no sé por qué los notaba más sensibles.

4. Muchas contracciones cada hora (sin dolor). En la semana 39 del embarazo, las contracciones de Braxton Hicks y yo ya éramos amigas íntimas y bien conocidas. Esa tensión en toda la barriga que me la ponía más tirante que el elástico del tanga de una gorda (la cual bien podría ser yo) empezaba a notarla varias veces cada hora. Pero por muy preparatorias que fuesen estas contracciones, lo cierto es que aún no se parecían nada a las del inicio de un parto, con lo cual sólo me quedaba esperar a que estuviesen cumpliendo adecuadamente su trabajo y estirando todo lo necesario por ahí dentro, ya que sólo con ellas no podría traer a la bichilla al mundo.

5. Un kilo más. ¡La báscula iba a volverme loca! Me cambiaba el peso cada semana, un kilo arriba o abajo según le viniese en gana. Al menos me mantenía más o menos estable dentro de la pérdida de peso que había sufrido durante los primeros meses del embarazo, pero eso de que en las últimas semanas es cuando más se engorda porque es cuando el bebé comienza a acumular la mayor parte de la grasa corporal que necesitará tras su nacimiento, en mí no es que se haya cumplido tal cual. Porque si una semana subo de peso y la siguiente vuelvo a bajar ¿quién estaba adelgazando? ¿Yo o la bichilla? Eso no lo sabríamos hasta después del parto.

6. Sigo durmiendo algunas noches de un tirón. Está visto que mi sangre andaluza y mi pereza natural han resultado ser más fuertes que las incomodidades provocadas por el embarazo. Con un panzón de 39 semanas con el que casi no cabía por los pasillos de casa, resultó que era tumbarme en la cama y daba lo mismo la posición en la que cayese que conciliaba el sueño de lo más rápido. Ni despertares nocturnos con molestias, ni porque me estorbasen los movimientos de la bichilla, ni siquiera tenía que ir al baño algunas noches. Vamos, que menos panza abajo que no me ponía para no salir rodando de la cama como una pelota, el resto de posturas no tenían inconveniente alguno para mí. ¡Ay, al menos estaría bien descansadita cuando naciese la bichilla por si había de pasar con ella muchas noches en vela!

En la semana 39 del embarazo cada bebé mide y pesa lo que le da la gana, de ahí que tras el nacimiento cada uno sea de un tamaño diferente. Si tu embarazo tiene alguna peculiaridad que haga necesario la programación de una cesárea, debes tener en cuenta que seguramente esta será la semana elegida para realizarla. El bichillo ya tiene hambre y ha comenzado a tragarse el líquido amniótico, lo que dará lugar al meconio, esas primeras cacas pastosas cual petróleo que expulsará durante sus primeros días de vida. Otra cosa que le gusta hacer en esta etapa es jugar con el cordón umbilical ¡Mira que graciosillos! Para que luego se enreden en él y tengamos un disgusto el día del parto.

Si como en mi caso, esta semana no ha sido la definitiva para el nacimiento de vuestro bichillo ¡que no cunda el pánico! De la semana 42 es seguro que no va a pasar.

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4 Comentarios

  • Responder
    sradiaz
    24 diciembre, 2013 at 10:16

    Eres el famoso «unicornio del embarazo» cero síntomas, pérdida de peso… Jejeje

    • Responder
      planeandoserpadres
      24 diciembre, 2013 at 13:41

      Pero ya me advirtieron que no me entusiasmase con lo del peso, porque tras el parto mi metabolismo volvería a estar como siempre y me pondría otra vez redonda como una peonza. Aunque de momento ¡sigo pesando menos!

  • Responder
    Una mamá muy feliz
    24 diciembre, 2013 at 10:35

    Pues a la bichilla le quedaba aun muuuuuucho tiempo ahí dentro…salió cuando quiso!!! jajajajaj

    • Responder
      planeandoserpadres
      24 diciembre, 2013 at 13:43

      ¡Digo! como que le faltaba un par de días para la semana 42 cuando me la sacaron obligándola. ¡Cosa más larga de embarazo! Menos mal que fue llevadero, porque si no esas 3 semanas supongo que habrían sido infernales.

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