Parto y postparto

Crónica de mi parto XII: las comidas del hospital

comidas del hospital

La comida del hospital

La fama de la comida que se sirve en los hospitales nunca ha sido buena. De hecho, hace unas semanas en un hospital de Murcia, una paciente denunció que le habían puesto una porquería de sándwich de atún (podéis consultar la noticia completa aquí). Ella reclamó ante el hospital, pero creo que todos tenemos asumido que de por sí la comida que se sirve es pésima y ni siquiera nos planteamos poner una queja para ver si así se mejora el servicio. Yo iba con esta idea a la hora de ingresar para el parto y tenía bien aleccionado al papá de la bichilla: si no me gusta la comida que me ponen tendrás que traerme bocadillos de la cafetería, o de la casa de mi madre o incluso un menú del Burger King que acababan de abrir a la vuelta de la esquina del hospital. ¡Todo por tal de no empezar la lactancia con mala leche a causa de la alimentación! Sin embargo, mi experiencia no fue tan mala.

1. Dieta normal. Mi compañera de habitación, que se recuperaba de una cesárea, se pasó días con dieta blanda pero yo que había tenido un parto vaginal tenía una dieta normal (basal, según la llamaban en el papelito). Solía desayunar pan o galletas, con mantequilla, mermelada, aceite de oliva, jamón de york, leche, zumo o yogur. A mediodía y en las cenas me sirvieron estofado, patatas guisadas con costillas, lentejas, merluza y otros pescados, algo de ensalada, purés de zanahoria y de calabacín, sopas, tortilla de patata, hamburguesa. De postre siempre había yogur o fruta (macedonia, uvas, melón, piña natural, naranjas). Vamos, que había bastante variedad y si no te gustaba algo, siempre podías hartarte con el bollito de pan que traían en cada comida. La merienda siempre era un yogur de coco. ¡Esto si me parecía muy pobre y poco original!

2. 4 comidas al día. El desayuno lo servían sobre las 8:30 de la mañana. La comida a las 12:30. La merienda a las 17:00 y la cena súper temprano ¡a las 19:30! Con estos horarios a las 9 de la noche ya estábamos deseando acostarnos ¡y esperar la llegada del nuevo desayuno! Reconozco que alguna vez de madrugada, al despertarme para darle el pecho a la bichilla, exigí al papá de la niña que me arrimase algún donut, o cualquiera del surtido de dulces de la pastelería que mi tía me llevaba cada mañana. Ella, muy espléndida, solía traerme 9 dulces diarios (entre donuts, cañas de chocolate, tartas de manzana). Mi madre se me plantaba con merengues y croissants de chocolate y claro las 4 comidas del hospital se podían convertir en 8 o 9 porque yo me pasaba el día comiendo dulces entre horas. También me trajo mi madre mi deseado surtido de jamón serrano, lomo y queso, en una bandeja enorme, y cada día me subía una barra de pan para acompañar. O sea, que yo me metía entre pecho y espalda el menú del hospital y luego lo completaba con unas tapitas hasta que ya me sentía llena para reventar. ¡Ay, qué días tan buenos pasé allí! Creo que mi estreñimiento tuvo que ver algo con la panzada de dulces que me comía a diario. Seguro que si me hubiese limitado a los platos del hospital mi organismo se hubiese regulado antes.

3. Abundancia. Lo mío del picoteo de dulces entre una comida y otra era ya por gula y avaricia, porque las raciones que servían en el hospital eran buenas y abundantes. No era la mejor comida del mundo pero todo estaba sabroso, bien condimentado, cada plato llevaba su guarnición. Vamos que yo me había generado unas expectativas tan malas respecto al menú del hospital que todo aquel despliegue de alimentos me sorprendió gratamente.

4. La vajilla. Esto sí que era un auténtico desastre. Todos los platos, tazas y vasos eran de plástico rígido y la higiene parecía bastante dudosa. Mi peor impresión siempre me la llevaba con la taza de café del desayuno: parecía que todos los internos del hospital hubiesen rechupeteado el borde antes que yo, porque siempre llegaba con unos cercos de manchas de café muy poco atrayentes. Pero como lo que no mata engorda, y a primera hora de la mañana yo estaba hambrienta ¡para dentro sin miramientos! Entiendo que tratarán de limpiarla con lavavajillas industriales y los resultados son muy penosos. Los cubiertos, pese a venir precintados en una bolsita de plástico, también dejaban mucho que desear en cuanto a la limpieza.

Esto de la comida que se sirve a los enfermos en el hospital sí que no podremos generalizarlo, porque seguro que habrá sitios con un servicio de catering mejor y otros que serán un verdadero desastre. La ventaja es que como un parto es una cosa natural, tampoco debéis preocuparos tanto por seguir estrictamente la dieta que os pongan durante vuestro ingreso ¡que no parimos todos los días y algún gusto para el cuerpo nos podremos dar! Siempre habrá almas caritativas (madres y otros familiares) o parejas convenientemente aleccionadas que estarán deseosos de complacer nuestros deseos durante el ingreso. ¡Se me olvidaba! Respecto a las comidas os recuerdo que en este hospital no sirven agua, ni una gota, ni siquiera para tomarte los calmantes que te ofrecen, así es que tenedlo en cuenta porque además de comer mucho yo recuerdo que durante mi estancia bebí una exageración de agua. Aunque puede que también fuese por la lactancia, que dicen que da tanta sed…

¿Qué tal recordáis la calidad de la comida del hospital en el que disteis a luz?

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35 Comentarios

  • Responder
    mamapuede
    3 marzo, 2014 at 08:59

    Yo tampoco la recuerdo especialmente mala, y lo mío fue cesárea y la dieta no era tan variada como la tuya, pero no pase hambre y tampoco puedo decir que estaba asqueroso.
    O bien, porque la lactancia da hambre y todo te viene bien, o yo comí mejor de lo que esperaba.

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 17:52

      ¡Jajaja! También puede ser que con esto de la lactancia hay días que me comería hasta las piedras.

  • Responder
    Nara
    3 marzo, 2014 at 09:03

    Yo di a luz después de las campanadas y al ingresar el 31 por REBA me ofrecieron la cena con gulas, merluza en salsa, consomé, langostinos, turrones varios… todo un despliegue que no quise ni probar entre contracción y contracción pero que tuvieron el detalle de ofrecerselo al padre para no desperdiciarlo. Al día siguiente tb tocó menú especial por ser año nuevo así que yo la pésima comida del hospital la “disfruté” poco. Lentejas, san jacobo y cremas y pescados varios pero la verdad es que no me quejo. Para desayunar un día hasta nos dieron un bollo suizo!

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 17:53

      ¡Ay pero qué lujazo! Alguna ventaja tenía que tener eso de parir en plenas navidades y pasarte la noche dilatando y con contracciones. Bueno, al menos lo pudio aprovechar el papá de la criatura, que por cierto, también pasan un hambre los acompañantes de las parturientas… ¡y nadie se acuerda de ellos!

  • Responder
    pequeboom
    3 marzo, 2014 at 09:23

    Dí a luz en La Paz y la comida está muy rica. Tuve una dieta normal y recuerdo que aunque tenía hambre siempre y eso podía hacerme no ser muy objetiva, estaba todo muy bueno. Salmorejo, sopas, pollo asado, el pescado no tanto, de lo que recuerdo, estaba todo muy sabroso y también con buena presentación.

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 17:55

      Ya estoy sospechando que el parto y la maternidad nos dan un hambre que vamos a resultar ser las únicas ingresadas que alabamos las excelencias de la comida de hospital. ¡Jajaja! Como se enteren los dueños y señores de los recortes acabarán por empeorar los menús para las parturientas.

  • Responder
    sradiaz
    3 marzo, 2014 at 09:33

    Cuando el Sr. Díaz estuvo ingresado la comida no estaba mal. Además, cenaba pronto pero antes de dormir le ofrecían un zumo o una infusión. No es lo mismo que estando en la mutua, pero era bastante pasable.

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 17:56

      Ves, anímate que cuando te toque a ti seguro que coges el menú con unas ganas como si no hubiese un mañana.

  • Responder
    Gestando una idea
    3 marzo, 2014 at 09:46

    Yo, sea como sea, es que no aguanto el olor de las comidas del hospital. ¡Me dan un asco! Me huelen todas iguales. Espero no tener que ir nunca a uno, jajajaja. Y bueno, si es para parir, que me lleven bocatas de jamón 😛
    En serio, soy muy tiquismiquis con la comida. Por ejemplo, no como en comedores, porque me sabe mala la comida. En los bares es diferente, porque tú vas al bar que sabes que te gusta su comida y su higiene. Pero ir y que te impongan un menú….Lo pasaría fatal…. A mi madre le pasa igual. Ella, por ejemplo, estuvo ingresada y casi no comía, de lo mala que le parecía la comida allí. Pobre.

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 17:58

      ¡Uy qué delicadita! Verás que la maternidad te cambia, porque parece que todas las que hemos estado ingresadas por el parto hemos cogido la comida con unas ganas fuera de lo normal. Tú vete bien predispuesta, o como yo, predispuesta para comerte cualquier cosa, y al final seguro que te sorprende, que la calidad y la variedad no es tan mala como la pintan.

  • Responder
    Gema
    3 marzo, 2014 at 10:18

    A mi me pareció muy buena la comida del hospital, también tengo que decir que soy de buen comer! Aunque eso de no servir ni una gota de agua…
    Lo mejor para mi el jamon ibérico recién cortado que me trajo el papa del peque cuando nos subieron a la habitación jeje

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 18:00

      Lo del agua debe ser una cosa sólo de por aquí, porque mucha gente se sorprendió la primera vez que lo comenté. Veo que todas o casi todas acabamos reclamando el jamón del que nos hemos privado durante todo el embarazo en cuanto finaliza el parto. ¡Jajaja! ¡Qué antojadizas y qué mala es la privación del jamón!

  • Responder
    nosoyunadramamama
    3 marzo, 2014 at 10:25

    En el hospital de Gijón la comida tampoco estaba mal, todo con muy poca sal pero pasable… Pero como bien dices, si te traen bombones (yo empecé con donuts a las tres horas de dar a luz) y cosas varias… pues la verdad es que no llegas a las comidas con mucha hambre… Eso sí, los horarios infernales, tenías una visita a las 12,30 y ya te estaban trayendo la comida, en fin…

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 18:03

      Pues mira que a mí me gusta la sal y ni siquiera noté la ausencia de sal en el menú. Yo también me harté de donuts, galletas, chocolate, bombones, embutidos ¡ay quién los pillara de nuevo así, en atracón! Los horarios de comidas sí los veo rarunos. Todos demasiado tempranos para el tipo de vida que hacemos aquí en España.

  • Responder
    Rural Baby Project
    3 marzo, 2014 at 14:02

    Yo quiero mi bocata de jamón, salchichón, fuet o que sea, que estoy pasando unas ganitas….
    La comida del hospital no sé, pero la de los aviones la odio. Hago ayuno voluntario. Sólo como pan y/o galletitas de los que vienen en el menú. Sólo la bandeja esa que ponen encima de la comida ya me da cosilla… Una que es escrupulosa-obsesiva… 🙂

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 18:14

      Uy pues como la bandeja y los cubiertos estén de guarretes como los míos sí que no comerás nada. Así es que se vayan preparando las visitas para llevarte de todo.

  • Responder
    Una mama muy feliz
    3 marzo, 2014 at 15:31

    Pues mi experiencia no fue mala, además tengo a una prima trabajando en la cocina y nos ponian de comer a los dos, los yogures los teníamos de sobra, dulces…

    Además de lo que me llevaba mi madre y mi tata…ese bocadillo de chorizo me supo a gloria!!!

    En general bastante bien!!!

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 18:15

      ¡Eso de que den de comer también al acompañante es un lujazo! Y lo mejor siempre es lo que traen las madres y tías ¡que tiran la casa por la ventana para cuidarnos!

  • Responder
    Esther
    3 marzo, 2014 at 15:58

    A mi ni fu ni fa…algunas cosas bien y otras no estaban muy finas. Pero bueno, como tenía en la despensa un buen surtido de ibéricos con pan…todo perfecto jejeje…

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 18:18

      No, si con los surtidos ibéricos familiares al final no necesitamos ni comer lo que nos ponen en el hospital pero aún así ¡yo todo para adentro! Si no comía lentejas desde que mi madre dejó de obligarme de niña y en el hospital hasta me las comí más contenta…

  • Responder
    Kath
    3 marzo, 2014 at 16:09

    Yo tuve cesárea y no tuve dieta blanda, sólo que el pan me lo ponían integral. Recuerdo q mi primera “comida” recién parida, cuando se me fue el efecto de la anestesia y me dejaron comer fue un bocadillo de jamón, con zumo de naranja y un croasán…mmmm…q rico… Más tarde vino una chica con una carpeta para q eligiera las comidas y las cenas de los 5 días q iba a pasar allí…elegí entre 3 primeros y 3 segundos cada comida y cada cena. La verdad es q todo riquísimo!!! El postre era fruta, yogur o flan y sí teníamos agua.
    La merienda siempre era un yogur de macedonia de Danone y unas galletas integrales que estaban deliciosas!!! Ahora no recuerdo la marca pero tengo q buscarlas en algún supermercado grande. Otro detalle es q en el desayuno me cambiaron el café con leche por bebida de soja ya q soy intolerante a la lactosa, no lo pedí yo porque pensé que sería como un capricho y q no tendrían pero, al dejar el café con leche intacto el primer día la enfermera me lo ofreció, qué maja!
    Mi experiencia con la comida estupenda la verdad, nunca había estado ingresada y me esperaba un trauma con la comida por la fama que tiene la comida de hospital, y lo especial que soy yo para comer, que no me vale cualquier cosa, ya le dije a mi marido que se preparara para traerme comida pero…tuve una grata sorpresa.
    Lo mejor era el extra que comía cada vez que se me antojaba…un brownie hecho por una amiga que es una crack con los postres…hecho con todo el cariño para mí. Me lo trajo el primer día e hice lo imposible para no zampármelo yo solita esa misma tarde… Era mi tupper del tesoro…q rico…

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 18:25

      ¡Hala! Eso sí que es nuevo. Aquí elegir no podíamos elegir nada pero menos mal que todos los días servían menús variados y decentes. Mira lo de completar tus meriendas con galletas me parece buena idea, porque la verdad es que mi yogur a secas me parecía bastante poca cosa. Si no te gustaba algo no te lo cambiaban, aunque supongo que si llega a ser por cuestiones de alergias o intolerancias algo hubiesen hecho. Yo también hubiese escondido los dulces que me traía mi tía si no llega a ser porque me traía tantas cosas que no daba abasto para comérmelas yo sola. Si hasta cuando me dieron el alta, aún pude llevarme pasteles a casa que congelé y me fui comiendo poco a poco.

  • Responder
    Sandra_Uky
    3 marzo, 2014 at 17:35

    Bueno pues en mi hospital la Fundación Jiménez Díaz por la seguridad social también compartía habitación. Cada día venían y nos daban a elegir entre dos opciones de cada comida. Yo para desayunar siempre colacao con cruasán con mermelada y mantequilla. Yo es soye de dulce para desayunar. Para comer me daban a elegir entre dos primeros, dos segundos y dos postres. Para merendar también te daban al igual que con la cena.
    Por lo que yo no tengo ninguna queja respecto a las comida, parecía un buffet!
    Respecto a la vajilla tan poco tengo queja. La taza del desayuno de plástico, pero en buen estado. Para comidas y cenas vajilla de porcelana o cubiertos de acero. Además en todas las comidas me ponían una botella de agua mineral con un vasito.
    Por lo que mi opinión es muy positiva!

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 18:29

      El agua se echa mucho de menos, pero menos mal que íbamos avisados y ya llevábamos nosotros y las visitas también nos iban trayendo botellitas. Yo estaba muy satisfecha con mi comida, pero ahora que veo que algunas podíais elegir los platos ¡para la próxima vez yo también quiero comer a la carta! En casa siempre tomo cola-cao pero allí me aguanté con el café para no molestar, a lo mejor me lo hubieran cambiado…

  • Responder
    El rincón de Mixka
    3 marzo, 2014 at 20:05

    Bueno… Veo que lo de la comida fue genial!! Yo creo que como tú dices también influye el motivo por el que estás ingresada. No es lo mismo dar a luz que una intervención quirúrgica.

    Yo ya tengo avisado a mi marido… Que es de muy buen comer. La comida del hospital para él y a mí que me traiga algo de fuera, Jajajajajajaja. La otra vez dije lo mismo y me comí religiosamente lo que me pusieron aunque no sin algo de repelús… Rara que es una…

    • Responder
      planeandoserpadres
      3 marzo, 2014 at 21:07

      ¡Jajaja! A mí lo que me desagradaba era el estado de la vajilla de plástico pero la comida me pareció genial. ya no sé si es porque me la ponían cómodamente por delante, por el hambre que había pasado durante el parto o por el ansia de comer que la lactancia y la maternidad habían despertado en mí, pero el caso es que no le hice ascos a nada. Creo que al papá de la bichilla no le dejé ni los restos de los platos (alguna que otra fruta que no me gustaba, como las uvas, pero el muy zángano no las quiso porque también se aficionó a hartarse de dulces).

  • Responder
    mamadediaydenoche
    3 marzo, 2014 at 23:13

    Yo también comí muy bien! El día que nació mi peque me pusieron paella (uno de mis platos favoritos!) y estaba todo fenomenal. Además me dejaron elegir comidas y cenas! Y mi marido también comía conmigo…

  • Responder
    matronaonline
    4 marzo, 2014 at 18:48

    Está genial que den a elegir varios platos, porque si da la casualidad de que no te gusta nada de lo que ponen… ¿te quedas sin comer? en teoría no se debe comer nada de fuera, por si algo sienta mal, saber bien por qué ha sido, pero cuando no dan a elegir, es muy habitual que se consiga comida de fuera… Yo de los hospitales que conozco, el mejor en cuanto a comida, el de Denia, sin duda. Maaadre qué rico estaba todo allí!!

    • Responder
      planeandoserpadres
      5 marzo, 2014 at 15:49

      ¡Para haberlo sabido! El próximo parto me traslado a Denia para que me pille por allí y aprovecharme del menú. Ya supongo que esto de comer lo que traen las visitas no será del todo reglamentario pero tras tantos meses sin jamón ¡eso no podía sentarme mal!

      • Responder
        matronaonline
        5 marzo, 2014 at 16:16

        Reglamentario nada, habitual… mucho!!! jeje

        • Responder
          planeandoserpadres
          5 marzo, 2014 at 23:04

          Y tanto que es habitual pero no sólo en el caso de los partos, sino de todo tipo de ingresos hospitalarios.

  • Responder
    Ser Educadora
    4 marzo, 2014 at 21:33

    Hija hay que ver lo que da de si tu parto jajajaja!!!
    Pues yo tuve cesárea y solo tuve dieta blanda el primer día y parte del segundo, el resto de los 7 días que estuve ingresada tuve menú basal, eso sí.. el día del parto, que llevaba 24h sin comer y casi sin beber solo me dieron una sopita a las 2 del medio día y ya hasta la cena nada de nada…. porca miseria…

    • Responder
      planeandoserpadres
      5 marzo, 2014 at 15:51

      Pues yo fue salir del paritorio y hacer todo lo posible por comer. Yo creo que a mi compañera de habitación debieron de despistarse con su menú porque la pobre ya llevaba unos 5 días con dieta blanda y se le iban los ojillos detrás de mis menús.

  • Responder
    Marta
    6 marzo, 2014 at 19:04

    Yo la recuerdo bien. Era variada y siempre caliente, cosa que era de agradecer. Eso sí, el café con leche de la mañana y de la merienda no se podía beber, parecía agua manchada. Pero no me disgustaba nada. Eso sí, la vuelta a casa con l’aînée, agradecí un montón que la tía viniera con platos preparados para la comida. Si hubiera tenido que hacer yo la comida y cena esas primeras semanas, me hubiera dado un síncope.
    Besos especiales!

    • Responder
      planeandoserpadres
      6 marzo, 2014 at 20:10

      El café era malísimo pero como yo no entiendo porque soy de Colacao me estaba bien ya que era suavecito. En la merienda sólo había yogur de coco (no sé por qué todos los yogures eran siempre de coco, todos los días en en todas las ocasiones en que los servían). Yo había dejado comida congelada para muchos días antes del parto, pero como cuando regresé me encontraba bien y mi madre también nos arrimaba alguna que otra cosa de vez en cuando, eso se me hizo más fácil de lo que pensaba.

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