Crianza

Cosas que desconocía de mi propio nacimiento (II)

mi propio nacimiento

Ignoraba que cuando nací…

Hoy vamos a seguir con las historias de mi nacimiento. Y es que como ya os comentaba en este post de la semana pasada, mientras he estado embarazada he ido descubriendo una serie de anécdotas y otros datos que desconocía acerca de cómo fue el embarazo, el parto y el post parto de mi madre hace 30 años. ¡Y de mi propio nacimiento!

1. Colecho paterno. Sí, sí, resulta que mi propio padre fue un adelantado a su época y ya le dio por practicar el colecho conmigo, aunque sólo a la hora de la siesta. Mi madre vivía atemorizada porque por aquel entonces mi progenitor masculino rondaba los 90 kilos de peso en un cuerpo no muy alto, y ella pensaba que si se quedaba profundamente dormido podría girarse y caer sobre mí, aplastándome por completo. Vamos, uno de los miedos más habituales que suelen asaltarnos a todos los primerizos antes de colechar por primera vez.

2. Pañales de tela. Yo era de culete sensible, y aunque no  lo hubiese sido, en los 80 lo habitual era usar pañales de tela. No eran como los de ahora sino que en el interior se ponía una gasa doblada (como las muselinas que tan de moda están hoy pero más pequeñas y blancas) y se sujetaban con otro trapo anudado a ambos lados de la cintura, o incluso con una especie de bañadores de plástico, que también se sostenían con nudos. Nada de materiales elásticos, ni súper absorbentes, ni tiras adhesivas, ni velcros ni ninguna de estas modernidades que conocemos hoy. La gasa se lavaba a mano, o en la lavadora y andando. Los pañales desechables ya existían pero eran caros y como mucho se tenían algunos en casa para ocasiones especiales (salidas a la calle de muchas horas, etc.) pero no para su uso cotidiano. ¡Casi me muero al descubrir lo vieja que soy y cómo pudo soportarme mi madre sin este invento!

3. La nanny. Esto sí lo sabía anteriormente pero siempre me olvido de contarlo. Y es que yo en los 80 vivía como los ricos y tenía una niñera privada. Es más, vivía interna en nuestro piso y su única ocupación era encargarse de mí: alimentarme, bañarme, peinarme, ponerme los mejores modelitos y sacarme a lucir tipín por el barrio. ¡Ay, soy una rica venida a menos! Mi nanny era en realidad hija de una prima de mi madre. Una adolescente de 16 años con inquietudes por salir de su pueblo y con pocas ganas de estudiar, así es que mi madre la trajo a nuestra casa para que se ocupase primero de mí y después también de mi hermano. Cuando el sanatorio en el que trabajaba mi madre cerró y nosotros nos mudamos al chalet de un pueblo residencial, la nanny dejó de ser una figura necesaria en mi casa pero con la experiencia adquirida se hizo toda una carrera en el cuidado de niños ¡y hasta hoy sigue viviendo de eso! ¡Cómo cambian los tiempos! Anda y que iba a dejar yo mi bichilla y mi casa en manos de una quinceañera de hormonas revolucionadas mientras yo me voy al trabajo…

4. La rubeola. Mi hermano y yo sólo nos llevamos 20 meses y cuando mi madre estaba embarazada de él yo enfermé de rubeola. Los médicos la obligaron a alejarse de mí, así es que con 15 meses me exiliaron junto a mi nanny en casa de mi abuela materna. Allí me tuvieron abandonada en el campo durante 15 días, hasta que se aseguraron de que no contagiaría a mi madre ni tulliría al nuevo bebé con mis virus. Vamos, que pusieron 50 kilómetros de por medio para salvaguardar a mi hermano, mientras a mí me dejaban a mi suerte asalvajándome en un pueblucho sin entretenimientos. Supongo que de tanto ir con mi abuela a regar las macetas, el huerto y sacar agua del pozo ¡cuando me recogieron mis padres me había convertido en una niña conguito, morena y asilvestrada como Mowgli!

5. Cambio a la cama por nacimiento de mi hermano. Hasta que nació mi hermano yo seguía durmiendo en mi cuna. No en el cuarto de mis padres, sino en mi propia habitación junto a mi nanny, pero bien protegidita por mis barrotes. Cuando nació mi hermano yo tenía 20 meses, poco más de un añito y medio y me vi obligada a pasar por el traumático cambio de la cuna a la cama, no porque ya me considerasen suficientemente mayor para dormir en una cama normal, sino porque necesitaban la cuna para que durmiese el nuevo bebé. Entiendo la decisión de mis padres, ya que yo tampoco hubiese comprado otra cuna para unos pocos meses, pero mi reacción no se hizo esperar. Cada noche esperaba a que la nanny se durmiese, me bajaba de la cama, iba a la habitación de mis padres, metía la mano entre los barrotes de la cuna, le quitaba el chupete a mi hermanito, y si esto no era suficiente para que se despertase ¡le pegaba 2 tortas y salía corriendo de la habitación mientras el niño lloraba desconsolado! Me metía en mi cama chupando su chupete y me hacía la dormida. Claro, este plan tenía lagunillas y mis padres optaron por poner un cerrojo en su habitación, y así se aislaban de mis ataques nocturnos. ¡Vivían atemorizados por una bichilla de 20 meses!

Yo era muy pequeña y no recuerdo ninguna de estas cosas pero ahora que me he estrenado como madre ¡me da miedo pensar que mi bichilla pueda ser tan imaginativa y maquiavélica como lo era yo de bebé! ¡Ay, qué de anécdotas nos quedarán por vivir cuando empiece a hacer estas travesuras!

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34 Comentarios

  • Responder
    Adormir
    4 marzo, 2014 at 07:29

    Ostras!! Vaya planes trazabas con tan solo 20 meses! Jeje!

  • Responder
    matronaonline
    4 marzo, 2014 at 08:31

    jajajaja menuda chunga estabas hecha!!! cómo me he reído!!!

  • Responder
    luisa
    4 marzo, 2014 at 08:47

    Pues no es por quitarte la ilusion pero seguro que tu bicho ingenia cosas similares y te reiras como la que mas
    jejjejejeje

  • Responder
    Gestando una idea
    4 marzo, 2014 at 08:51

    Pues yo soy de los ochenta y llevaba pañales de los de ahora. ¡Que tan viejunas no somos! Y mis primos mayores que yo, también los llevaban. Pero claro, si tenías una nanny interna y había que pagar a la chiquilla (que aunque fuera prima, supongo que tendría una paguita), se iría la pasta en eso, ¿no? En vez de en pañales. Lo digo porque mis padres no me han hablado nunca de que los pañales fueran tan caros en aquella época. Una cosa normal, vamos. Igual que ahora.
    Lo de quitarle el chupe a tu hermano….¡Muy mal! Jajajaja, ¡¡¡qué petarda!!! Normal que pusieran un cerrojo, jajaja.

    • Responder
      planeandoserpadres
      4 marzo, 2014 at 13:04

      Pues en Málaga se ve que no había costumbre de usar pañales desechables porque los míos no estaban económicamente tan apretados como para que pensaran así. Bueno, y mi suegra (en Barcelona) también dice que estos pañales se usaban sólo puntualmente como algo especial. Ahora, si me cambiaron los pañales por la niñera, eso ya no me lo han contado.

  • Responder
    Layla
    4 marzo, 2014 at 09:00

    Me imagino la carita que se te quedaría la primera noche que fuiste a quitarle el chupete al hermanito y te topaste con el cerrojo…! jaja Cómo somos… 😛

    • Responder
      planeandoserpadres
      4 marzo, 2014 at 13:04

      Seguro que me entraría una mala leche por lo imprevisto de la situación… ¡conociéndome nada bueno haría!

  • Responder
    mamapuede
    4 marzo, 2014 at 09:03

    No me digas eso que nosotros también hemos pasado a Leo a la cama para dejarle la cuna a Gonzalo con 23 meses… jaja
    Mirala, con nanny para ella… aunque yo como tu, pronto me iba a fiar de una adolescente de 15 años…. ni loca!!

    • Responder
      planeandoserpadres
      4 marzo, 2014 at 13:06

      Piensa que no todos los niños tienen “el demonio en el cuerpecito” como lo tenía yo, así es que a lo mejor Leo se lo toma mejor y no te hace estas faenas. Pero por si acaso ¡avisada quedas! De todas formas, las quiceañeras de hace 30 años no eran como las de ahora: esta estaba bien espabilada y ahora tienen un pavo…)

  • Responder
    Esther
    4 marzo, 2014 at 09:16

    Jajajaja…no veas con las excursiones nocturnas! Lo que puede maquinar un niño tan pequeño! 🙂

  • Responder
    Rural Baby Project
    4 marzo, 2014 at 11:45

    Jajaja qué tía! Menuda eras 🙂
    Qué lujazo lo de la nanny! Yo no se… viendo lo que se me avecina casi que no decía que no, aunque tuviera 15 años!
    Besos!

    • Responder
      planeandoserpadres
      4 marzo, 2014 at 13:12

      Mi madre dice que era de lo más apañada y que mira qué bien me crió y lo pronto que me espabiló para caminar, para andar… así es que por lo que parece no lo hizo nada mal.

  • Responder
    Flordeliss
    4 marzo, 2014 at 13:07

    http://flordelissquierosermama.blogspot.com.es/2014/03/premio-al-blog-mas-tierno.html

    Tienes un premio para recoger en mi blog!!

    Huy cuando la bichito ingenie cosas similares nos lo cuentas!!!! =)

    • Responder
      planeandoserpadres
      4 marzo, 2014 at 13:15

      Ahora me paso por tu blog. Y descuida que como la bichilla me haga estas trastadas desde luego que tendré posts de sobra para contarlo.

  • Responder
    Entrepapis
    4 marzo, 2014 at 13:29

    Los hijos superan a los padres, la bichilla te va a hacer buena, ya verás 🙂

    • Responder
      planeandoserpadres
      5 marzo, 2014 at 15:41

      ¡Jajaja! Con lo atravesadilla que yo he sido ¡mucho se me tiene que espabilar esta para pillarme!

  • Responder
    El rincón de Mixka
    4 marzo, 2014 at 14:11

    ¡Pero bueno!

    ¡No sabía yo que eras tan brujilda! Jjajajajjajaja… Lo que tenías eran unos ataques de celos en toda regla. jejejeje. Tus padres muy astutos por cierto. Creo que temían por la integridad de tu hermano… 😉

    ¡Un besote!

    • Responder
      planeandoserpadres
      5 marzo, 2014 at 15:43

      Un bicho malo, es lo que era (no te creas que me he enmendado mucho con el tiempo, que aún tengo mis días chungos). No sé si serían celos (yo creo que sí pero mi madre no me aclara mucho). Ellos temían por la integridad de mi hermanito ¡y creo que hasta por la de ellos mismos!

  • Responder
    Un Papá en Prácticas
    4 marzo, 2014 at 16:47

    Eras toda una malota de barrio! Pobrecico tu hermano… 😛 ¡Cómo molan estas historias!

  • Responder
    Futura Mamá
    4 marzo, 2014 at 18:03

    Las disfrutarás mucho, ya verás, jajajaja.

  • Responder
    Sandra_Uky
    4 marzo, 2014 at 18:34

    Jejeje, sí que lo pasabas bien por las noches! Tú di que sí, que te estaba quitando el sitio… Jaja
    Yo también utilicé pañales de tela, los de usar y tirar eran muy muy caros y en mi casa no había esos lujos, a no ser como bien dices, cuando salíamos fuera y por no estar limpiando la gasita y tal. Yo soy de los 80 pero de muy al principio.
    Pd. Gracias a ti he creado un blog para contar mi experiencia y que mi mini moni sea mayor lo pueda leer 🙂 Muchas gracias!

    • Responder
      planeandoserpadres
      5 marzo, 2014 at 15:46

      ¡Yo también soy de principios de los 80, del 82 para ser exactos! Menos mal que en mi casa no éramos los únicos raritos que seguíamos usando pañales de tela en lugar de desechables. ¡Me alegro mucho de que te hayas animado con el blog! En cuanto pueda me paso a echar un vistacillo.

  • Responder
    Una mama muy feliz
    4 marzo, 2014 at 21:07

    Vaya ocurrencias no???? si tienes pinta de haber sido una niña muy buena, jejejjeje

    Mirala y con niñera y todo…qué nivel!!!!!!!!!!!

    • Responder
      planeandoserpadres
      5 marzo, 2014 at 15:50

      Ideas sí que no tenía ni una buena, pero en el fondo a mi hermanito lo quería. Lo de la niñera interna fue algo circunstancial ¡hasta a mí se me hace raro contarlo!

  • Responder
    Constance & Mireille
    6 marzo, 2014 at 12:10

    Ja, ja… Que bueno, ¿quién no ha pasado la rubeola?. En mi casa, somos cinco hermanos y en aquella época pasábamos todos juntitos la rubeola, la baricela, las paperas…..Y menos mal que no coincidieron con un embarazo de mi madre porque también nos habrían exiliado, seguro.

    • Responder
      planeandoserpadres
      6 marzo, 2014 at 15:36

      Menos mal que sólo pasé la rubeola porque si llego a contagiarme de todas las demás prácticamente me hubieran acabado de criar en casa de mi abuela.

  • Responder
    Marta
    6 marzo, 2014 at 19:22

    Yo recuerdo con “cariño” las siestas en las nunca conseguía dormirme. Mi padre venía a comer, para irse al rato de nuevo al hospital, y ese rato, me echaba en su cama. Era una obligación. ÉL leía un libro un rato y apagaba la luz, yo permanecía siempre con los ojos abiertos.
    Y por las noches… Echaba un colchón al suelo, y esperaba a que me durmiera. Pero siempre lo despertaba yo. Qué buenos recuerdos.
    Ahora son mis hijas las que no duermen siestas…

    • Responder
      planeandoserpadres
      6 marzo, 2014 at 20:13

      Yo sí he sido muy de siestas (será la sangre andaluza que no lo podemos evitar). Pero cuando salí de la región ¡perdí la costumbre! Y pensé que en el post parto, como dormiría poco por las noches, haría un montón de siestas por el día ¡y tampoco! La bichilla duerme como un lirón, descansamos mucho pero de día apenas cierra un ojo por lo que no ha oportunidad para recuperar esta tradición. ¡Qué mala suerte he tenido con eso! Aunque puestos a elegir, mucho mejor que duerma de noche y no se las pase de fiesta.

  • Responder
    Cosas que desconocía de mi propio nacimiento (III): mi primera palabra - Planeando ser padres
    26 febrero, 2015 at 14:17

    […] Las culpables. Tampoco fue mi nanny de 16 años la responsable de que me iniciara en esto del lenguaje humano con semejante exabrupto, […]

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