Crianza

Cosas que desconocía de mi propio nacimiento (III): mi primera palabra

primera palabra

Ignoraba que de pequeña…

¿Cuándo empiezan a hablar los bebés? ¿Cuándo dicen su primera palabra? Parece que en torno al primer año de vida se produce ese gran acontecimiento en la vida familiar. Yo fui bastante precoz y antes del año ya me había hartado de decir y repetir hasta la saciedad mi gran primera palabra. ¿Será papá ¿Será mamá? ¿Será agua? O puede que sigan siendo sólo balbuceos o sílabas enlazadas sin ton si non pero que para nosotros quieren decir exactamente eso. Pues no, está visto que para esto yo también fui bastante especial y mi primera palabra no fue ni más ni menos que: Puta. Así, tal cual, a lo bruto y sin paños calientes. Pero como todo en esta vida, la efeméride tiene una explicación más que lógica.

1. Padres malhablados. Este no era mi caso. Vamos, en contadísimas ocasiones he escuchado yo a mis padres soltar alguna palabra gruesa (no como yo, que tengo una boquita cuando me pongo…). Ellos eran, y son, bien educaditos, comedidos, no decían palabras fuera de tono. Así es que imaginad la sorpresa (léase vergüenza) que provocó la primera palabra de la niña. Como era lo único que repetía a todas horas no sabían si regañarme (no fuesen a coartar mis ganas de hablar y me retrasase en esta faceta de mi desarrollo como bebé) o dejarme gritarla alegremente a los cuatro vientos. No adoptaron una posición clara, y yo creo que dependiendo del día me regañaban o me dejaban a mi aire.

2. Las culpables. Tampoco fue mi nanny de 16 años la responsable de que me iniciara en esto del lenguaje humano con semejante exabrupto, no. La culpa la tuvieron mi tía paterna y la madrina de mi hermano (que en paz descanse). Mi madre trabajaba fuera de casa y mi padre también, por lo que ambas señoras, solteronas de por vida y sin mayores entretenimientos vespertinos tras sus jornadas laborales, gustaban de pasarse cada día, cada día, cada día (y cada día se quedaban a cenar) por mi casa a entretenerse a mi costa. Sí, sí porque además de enseñarme semejante vocabulario, mi tía (mujer de vicios graves donde los haya) me acercaba el cigarro para que yo simulase que estaba fumando, o el vaso de cerveza y me dejaba beber un poquito… en fin, salvajadas a las que hoy no estamos acostumbrados (que ríete tú ahora de quienes dicen que dar el biberón no es criar con apego… ¡si mira lo que hemos llegado a vivir en nuestra generación!). El caso es que estas señoras mayores no solían gustarme, y mi reacción cuando intentaban manosearme, cogerme en brazos o chincharme, era arañarles en la cara, a lo que ellas solían exclamar “¡La tía puta!”. Y así fui adquiriendo yo mi destreza lingüística.

3. Situaciones embarazosas. Esta era la única palabra que me pasé meses repitiendo sin cesar. A la gente normal casi que le hacía gracia que una niña tan pequeña dijese una palabrota tan grande. Pero había un par de casos en los que se lo hacía pasar realmente mal a los adultos de mi familia. A mi padre: que me llevaba con él a recoger a mi madre del trabajo (en el sanatorio de monjas) y cuando estas me hacían una caricia, o se acercaban para darme de merendar bizcochos y chocolate, cuando mi padre me preguntaba eso de “¿Qué se dice cuando te dan algo?, mientras él esperaba verme pronunciar un educadito gracias, yo espetaba “Putas, putas, putas” y así hasta que me quitaban a las señoras de los hábitos de mi vista. El otro sufridor era mi abuelo materno, porque vivía en un mini pueblo y en su calle sólo había 5-6 casas. Lógicamente todos los vecinos se conocían. Cuando los visitábamos durante el fin de semana, mi afición preferida era coger una silla de enea, las típicas de los pueblos, y sentarme cual maruja común a ver pasar las vecinas, que muy atentamente me saludaban diciendo “Buenas tardes L. qué vestido más bonito llevas” o “Qué guapa estás hoy” o “¡Qué niña más bonita!”, a lo que yo respondía con mi famosa palabra repetida hasta la saciedad, para vergüenza de mi abuelo. Una de las vecinas tenía una motillo con la que pasaba de camino a casa de su hermana, y bien que me gustaba agazaparme detrás de un muro para esperar a que pasase y después perseguirla un trecho del camino gritándole puta hasta que se alejaba de mí. Lo peor es que pronto aprendí a derivarla: a los hombres los llamaba putos y dependiendo del tamaño de la mujer también diría putita, putota, putona…

¡Ay, feliz infancia despreocupada! De momento no me preocupa pasar por esto con mi bichilla porque no hay quien la saque del “agú, agú”, pero yo ya voy previniendo a su papá porque vista la herencia genética que le habré legado, miedo me da lo que pueda salir por esa boquita cuando aprenda a articular palabra. No sé si todos los niños dicen primero papá y mamá o si habéis conocido otros casos de bichillos cuyas primeras palabras no tuvieran nada que ver con el apego a sus familiares más cercanos. En tal caso, y si uno de vuestros bichillos saliese tan malhablado como yo ¿qué haríais para evitar que os avergüencen en público? Porque quieras que no las apariencias siempre conviene guardarlas, y más hoy en día, que te pueden quitar el carnet de padre ante un mínimo contratiempo.

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28 Comentarios

  • Responder
    tania g.g
    19 marzo, 2014 at 07:29

    jajajajajajaaj que palabra mas bonita y a las monjas se les tenia que quedar una cara ajajaja besitos

    • Responder
      planeandoserpadres
      19 marzo, 2014 at 22:58

      Aquello era un festival de desconcierto cada vez que me daba por abrir la boquita.

  • Responder
    mamapuede
    19 marzo, 2014 at 08:37

    Sin querer ofender, pero me he imaginado a tus tías como a las tías de los Simpson… me ha venido esa imagen…
    También tú… mira que aprenderte esa palabrita… que no la digo ni yo a mis 33 años!!!

    • Responder
      planeandoserpadres
      19 marzo, 2014 at 22:59

      ¡Jajaja!Pues nunca se me había ocurrido la semejanza pero eran exactamente así ¡Qué bueno!

  • Responder
    Gestando una idea
    19 marzo, 2014 at 08:45

    ¡¿Pero esto va en serio?! Jajajajajajajajaja. ¡Qué fuerte! Esas dos solteronas, no sé porqué me han recordado a las dos malas de Cenicienta, cuando has dicho que no te convencían y que las arañabas. Pero por favor, decir puta delante de una niña tan pequeña y sobre todo, que fuera lo único que decías, jajajajajajaja. Y lo de salir corriendo detrás de la de la moto diciéndole puta?!?!?!?!?! Jajajajaja.

    Pero sin duda, lo mejor, lo de las monjas, que te daban magdalenas y tú les decías putas putas, putas, jajajajajajaja.

    Creo que ha sido de los post con los que más me he reído.

    • Responder
      planeandoserpadres
      19 marzo, 2014 at 23:02

      Sí, sí es en serio de verdad, o al menos eso me han contado diferentes personas y la versión siempre coincide así es que no me queda otra que reconocer que ya nací siendo una perlita para esto del vocabulario a lo bruto. Y para cada persona se me ocurrían técnicas diferentes pero el insulto central siempre era el mismo, aunque con variantes.

  • Responder
    Ana
    19 marzo, 2014 at 08:48

    Jajajajajaja tus tías me han recordado a Pati y Selma, de “Los Simpsons”
    Mi padre también es de darle a probar todo lo que tenga en su plato a cual crió pequeño tenga en brazos (comidas o bebidas) bajo el pretexto “estos bichos comen de todo” y mi suegra le da vino con agua a mi sobrino! (más agua que vino, eso si)
    Aiiiis! Qué palabra tan sonora!! Yo creo que todos los niños que conozco alguna vez les ha dado por decirla durante un tiempo, y no porque sepan lo que significa, si no porque suena mucho y causa reacciones de lo más diversas en la gente, lo mejor ignorarla, si no reaccionas ante ella perderá el interés pronto!! (Si alguna vez le da por ello)

    • Responder
      planeandoserpadres
      19 marzo, 2014 at 23:07

      Si es que la gente de otra generación no tienen miramientos con estas cosas, pero tienen razón en que los niños parecen estar hechos a prueba de bombas y lo resisten todo. Desde luego es una palabra bien sonora y seguro que alguna vez me rieron la gracia y después no hubo forma de quitarme la mala costumbre. Espero no tener que pasar por esto con la bichilla, aunque dados mis antecedentes igual el universo se vuelve contra mí.

  • Responder
    Esther
    19 marzo, 2014 at 08:58

    Jajajajaja…menuda boquita! Vaya verguenza que pasarían tus padres. Pues cuidado con la bichilla que si tenéis familia así de pesada como tus tias (yo también me imaginé a las de los Simpson), que me da que si, al igual les suelta alguna palabrota para que la dejen en paz!
    Yo no se que haría, pero verguenza pasaría un rato jajaja

    • Responder
      planeandoserpadres
      19 marzo, 2014 at 23:10

      La que me queda de este dúo de mal habladas vive bien lejos, así que contactará poco con la bichilla y no tendremos ese riesgo. Del entorno más cercano, hombre alguna palabrota dicen pero no de esa forma tan exagerada ni repetida tantas veces.

  • Responder
    Marta
    19 marzo, 2014 at 09:58

    Jajajaj, tú apuntabas maneras!! Pero cuando se es pequeño, sólo tenemos unos cuentos fonemas, y el “pu” puede ser “gu”, “lu”, etc… Y en vez de querer decir puta, querías decir “luna”, o “Pepito”.
    Con mis hijas no he pasado por esos momentos de tierra trágame con alguna palabra mal pronunciada, salvo una vez, que la esquivamos con bastante soltura.

    • Responder
      planeandoserpadres
      19 marzo, 2014 at 23:13

      Es que según dicen la pronunciaba muy claramente y no dejaba lugar a dudas. Si es que yo cuando me planteo hacer algo bien… Qué suerte no haber vivido estas situaciones con frecuencia porque dependiendo en qué casos se debe pasar fatal.

  • Responder
    matronaonline
    19 marzo, 2014 at 11:16

    jajajajajajajaja estoy hasta llorando de la risa!!!!!

  • Responder
    Operacion Mama
    19 marzo, 2014 at 14:50

    jajajaja… qué bueno!!!! Anda que tus padres no se han tenido que inventar excusas tontas para disculpar esa “salida de tono”…. jajajaja

    • Responder
      planeandoserpadres
      19 marzo, 2014 at 23:17

      Pues montones, y mucho regañarme en público para ver si la vergüenza hacía mella en mí…pero no funcionó en poco tiempo. W

  • Responder
    MamaUniversitaria
    19 marzo, 2014 at 15:17

    Te he dejado un ragalo ayer en mi blog!… pero viendo la boquita que tenias nose ahora… jajajajaja… hay que ver tus tias que malas!!!…

    • Responder
      planeandoserpadres
      19 marzo, 2014 at 23:18

      En cuanto pueda me paso y te digo si es compatible o no este premio conmigo. ¡Gracias por adelantado!

  • Responder
    Futura Mamá
    19 marzo, 2014 at 15:34

    Culpable no eras, ni es el bichillo que decida tener esa primera palabra o similares. Yo por lo visto me gustaba repetir cuando iba de paseo con mi padre “Puto, Cabrón”. Mi madre me preguntaba que dónde aprendí eso (tenía ya 2 años) y le decía que de Papá, así que le pedía a mi padre que me dijera que esas palabras no se dicen. Y como Papá era Dios Supremo de TODO… yo hacía caso hasta el siguiente paseo.

    • Responder
      planeandoserpadres
      19 marzo, 2014 at 23:21

      ¡Jajaja! por fin conozco a alguien que tuvo palabras iguales o peores que las mías. Desde luego los bichillos son inocentes y sólo repiten lo que oyen a los mayores con lo cual realmente es injusto regañarles por esto.

  • Responder
    Cristina
    19 marzo, 2014 at 15:52

    Siempre te leo, me gusta que compartas tu experiencia y nos cuentes estas historias tan graciosas. Hoy después de leerte me he decidido a escribirte porque me he reído mucho y casi parece un monólogo! Tengo una hija de casi 5 mesecitos y por el momento no sale de decir cosas en su “idioma”. Por cierto, que malas tus tías diciéndote eso, tu madre seguro que estaría muy enfadada. Ha sido muy divertido leerte.
    Bss!

    • Responder
      planeandoserpadres
      19 marzo, 2014 at 23:26

      Me alegro de que seas seguidora del blog y de que hayas disfrutado del post tanto como para lanzarte a comentar. Mi bichilla tiene ahora 4 meses y también se pasa el día hablando en una lengua extraña, por lo que de momento no voy a tener que preocuparme porque nadie la entiende. Mi madre es que es muy paciente, porque a mí me llega a pasar algo así y le restrinjo las visitas a esta gente.

  • Responder
    Un Papá en Prácticas
    19 marzo, 2014 at 16:52

    A tus tías las han comparado con unos cuantos personajes de ficción. Pobres mujeres… 😉

    La verdad es que no sé lo que haría si me pasase a mi con la peque. Igual al principio me hacía gracia. Pero luego a ver dónde te metes cuando se lo empiece a soltar a todo el mundo… 😛

    • Responder
      planeandoserpadres
      19 marzo, 2014 at 23:29

      La verdad es que han dado de pleno con una descripción muy realista de cómo eran ¡y a mí no se me había ocurrido! Tendremos que estar pendientes del vocabulario de quienes rodeen a nuestras bichillas para no vernos en semejante situación.

  • Responder
    newlymami
    19 marzo, 2014 at 19:21

    Jajajaja, me puedo imaginar la cara de tus padres ante los momentos embarazosos. Pobre peque con esas tías que no paraban de incordiarte, creo que tu primera palabra tenía mucho sentido al lado de ellas.
    Un besazo!

    • Responder
      planeandoserpadres
      19 marzo, 2014 at 23:34

      Ya dicen que todo lo malo se acaba pegando y más entre los bichillos que lo copian todo. Es una situación compleja porque al oirselo a adultos el niño cree que hace bien repitiendo esas palabras y luego es difícil hacerles comprender lo contrario.

  • Responder
    madremaya
    22 marzo, 2014 at 01:07

    Jaaaajajajaja,,, hay que ver lo que me he reído jajajaja. Las caras de las monjas tienen que haber sido pa’ grabarlas, y la señora de la moto… jajajajaja, es que me lo imagino y no paro de reír.

    Reconozco que yo también soy un poco malhablada a veces, y temo mucho, muchísimo que Principe termine diciéndolas, porque claro, basta que uno sólo le ría la gracia pa que no deje de decirlas.

    Ahí tengo una conocida que le enseñó tu misma palabra a la niña por hacer la gracia y ahora tiene casi dos años y no hay quien se la quite de la boca, que si fruta que si esto y lo otro, pero la niña lo dice bien alto y claro, a gritos si insistes en que está diciendo otra cosa y no eso.

    Así que me veo en ese reflejo y me da algo si mi Principito bello y con ojazos pa enamorar al mundo me suelta esas perlas por esa boquita de pájaro que tiene. ¡Es que no le pega!

    Por su bien, tendré que aprender a cortarme…aunque otra cosa sí que te digo, mi padre es un malhablado que no veas, y bastaba un solo golpe que se diera para empezar a nombrar santos con intención de hacer caquita en ellos, aunque no dicho así jaja. Y yo jamás y nunca, jamás de los jamases repetí nada. Todo el mundo se asombraba con eso.

    Así que ahí tenemos la esperanza, quizás aunque no podamos controlarnos nosotras, ellos no tengan interés en repetir. ¡Crucemos dedos!

    • Responder
      planeandoserpadres
      22 marzo, 2014 at 21:06

      Lo de reírles la gracia es lo peor que podemos hacer, pero entiendo que a veces es inevitable porque bichillos tan pequeños con una lengua tan sucia ¡eso no se ve todos los días! Eso me decían a mí: que si no estaría realmente diciendo otra cosa parecida, pero mi entorno dice que lo pronunciaba tan clarito que por mucho que quisiesen disimular ¡no dejaba lugar a dudas! ya sabes, a controlarte con el lenguaje por si al Principito se le pega alguna de estas palabrotas, que dependiendo de cómo seáis de vergonzosos lo podríais pasar muy mal.
      ¡Jajaja! Lo de tu padre me ha recordado al carácter de mi abuelo, que era muy devoto de la Virgen pero la ponía de vuelta y media a ella y a todos los santos cada vez que se cabreaba. Vete tú a saber si de él no se me pegaría también alguna de estas cosas. Yo confío más en que trate de imitar a su papá, que es más comedido que yo para estas cuestiones.

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