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¿Un restaurante en Salou donde NO comer?

La verdad es que como la bichilla es aún niña de teta, el tema de buscar un restaurante en Salou adecuado para comer con niños era un tema secundario, pero al ir con el carrito, también tenía cierta importancia. Huyendo de los chiringuitos y los restaurantes a pie de playa, donde por un refresco pagamos 3 euros, decidimos callejear por las avenidas interiores en busca de precios más asequibles y un ambiente más relajado. Esto sí lo encontramos, pero el trato que recibimos dejó bastante que desear. Y mira que yo soy de “contento fácil” pero es que hay ciertas actitudes que nunca entenderé entre la gente que se dedica a la hostelería, de ahí que no recomiende el Restaurante Aragón, que fue el que por (mala) suerte encontramos nosotros durante nuestra estancia en Salou.

1. Precio. Nos dejamos seducir por el menú de mediodía, con platos comunes y corrientes pero que incluía un primero, segundo, postre, bebida y pan por 10,50 euros. El precio era razonable y al estar situado en la Calle Mayor nos quedaba de paso de cualquier cosa que quisiéramos seguir visitando por la tarde. Además, ya eran casi las 2 y media y en esta familia todos nos ponemos de muy mala leche si se retrasa mucho el horario de la comida, aunque estemos de vacaciones, por lo que decidimos darle una oportunidad. Si el resultado no nos convencía, con no volver a este restaurante en Salou tendríamos suficiente.

2. El local. El Restaurante Aragón es bastante amplio, porque además del salón interior tiene una terraza exterior pero cerrada. Al llegar apenas había 5 o 6 mesas ocupadas, y como hacía muy buen día preferíamos comer en la terraza. Mientras nos atendían decidimos situarnos en una mesa en la que daba la sensación de que estorbaríamos menos con el carrito. El problema es que era para 6 comensales, y como somos muy razonables y entendemos que, por mucho carrito de bebé del que hagamos gala, un negocio es un negocio y hay que mirar por la economía de cada uno, accedimos a escuchar la sugerencia de la camarera. Nos ofrecía un par de mesas para 4 comensales, bien de espacio para el carro y en la terraza, si no fuera porque estaban a ambos lados de otra mesa ocupada por varios fumadores (no sé hasta dónde llega la ley antitabaco pero con un bebé de 5 meses esta no es la situación más deseable para comer). Educadamente le indicamos el contratiempo a la camarera y le dijimos que como las mesas de la terraza eran todas para muchas personas, no nos importaría ocupar otra más pequeña en el interior. A la chica le pareció buena idea, pero según entrábamos en el salón, una señora (no sé si la dueña o alguna encargada) le espetó a la camarera que dentro no podía ser porque “estaba todo ocupado”. Prometo que en aquel instante estaba el salón desierto, sin ninguna mesa en funcionamiento, pero era cierto que esperaban una excursión enorme (detalle que podrían habernos explicado para que no nos hiciéramos mala sangre). Yo, como soy de armas tomar, le dije a la chica que si no había solución pues nos iríamos a otro restaurante y todos felices. El papá de la bichilla, más diplomático, decidió darles otra oportunidad. La señora “jefa” accedió, casi como si nos perdonara la vida, a que ocupáramos la mesa de 6 personas, momento en el que los fumadores acabaron de comer y se fueron. ¡Ya teníamos mesa pequeña para deleite del personal!

Interior vacío, pero supuestamente lleno…

3. Menú. Era comestible. La verdad es que lo mío parecía un menú infantil, porque pedí pasta de primero y pollo asado con patatas fritas de segundo, así es que si vais con niños y no hay fumadores ¡éxito asegurado! El papá de la bichilla pidió gazpacho (él cree que en todas partes lo sirven con tropezones como en Andalucía) y lenguado. Como suele pasar, el gazpacho parecía de tetra brick (no puedo asegurar que lo fuese, pero lo parecía) y lo de que sirvan lenguado de verdad en un menú playero de 10,50 euros también está por ver, porque ese bicho tenía unas aletas desconocidas en los lenguados de toda la vida. De postre pedimos helados (tarrinas envasadas) y café.

La niña estuvo bastante tranquila durante toda la comida y sólo tuvimos que turnarnos para cogerla en brazos casi en los postres. La camarera era un chica joven y muy agradable, por lo que una vez superado el encontronazo inicial con la “jefa”, como no volvimos a tener contacto con esa señora desagradable, todo fue bien. Al poco de llegar nosotros apareció esa marabunta de gente para la que estaba reservada la parte interior del local. Sigo pensando que les hubiera costado bien poquito explicar esta coyuntura en lugar de tratarnos con la punta del pie e insistir en que nos sentásemos junto a la mesa de fumadores.

Si volviese algún día a  Salou, no elegiría este restaurante simplemente por el mal trato inicial que nos dieron. Seguro que si hubiésemos caminado un poco más hubiéramos encontrado otro local similar y regentado por dueños o responsables más agradables. Ahora, que la culpa es nuestra. ¡Esto nos pasa por apurar tantísimo la hora cuando sabemos lo desesperados que nos ponemos si la glucosa en sangre empieza a brillar por su ausencia! A ver si vamos escarmentando, porque como la bichilla salga de zampona como nosotros, cada vez que hagamos turismo tendremos que empezar a buscar restaurante para comer en horario europeo.



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4 Comentarios

  • Responder
    Marta
    2 junio, 2014 at 10:40

    Qué importante es el trato que se recibe. Incluso más que la propia comida. Yo soy de las que guarda ese «sentimiento» para tener en cuenta en futuras ocasiones.

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      3 junio, 2014 at 07:57

      Es que a mí ya me pasaba eso desde siempre, pero ahora que vamos con la niña aún más. Si ya desde que legas da la sensación de que estás estorbando y que te sirven casi por hacerte un favor, pues nos vamos a otro sitio y todos contentos. Que digo yo que las familias con niños también tendrán derecho a comer.

  • Responder
    Ana
    5 junio, 2014 at 23:36

    Me encanta este nuevo blog!! Una cosa he aprendido de mi maridito, (que ha viajado mucho con el camión) y es que cuando un restaurante en hora punta no está muy lleno….. ¡Desconfía y sigue andando! Que algo falla…

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      6 junio, 2014 at 16:46

      ¡Muchas gracias por tu comentario! Mi padre es de la misma idea que tu marido ¡eso me pasa por no hacer caso!

    ¡No te cortes, deja un comentario!

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