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El Palacio de La Granja de San Ildefonso

Mientras preparábamos nuestro viaje veraniego, el primero en familia, mi madre no paraba de repetirme que el Palacio de La Granja, en Segovia, era conocido en España por ser un Palacio de Versalles en miniatura. Como sospechaba de su tendencia a la exageración, traté de verificar si esto era cierto consultando la web oficial de La Granja y debo admitir que tiene razón. Hace unos años, cuando el papá de la bichilla y yo éramos jóvenes y nos queríamos, fuimos de viaje en verano a visitar París. La estancia fue larga, y tuvimos tiempo de salir de la ciudad para conocer Versalles. Desde luego que es un palacio impresionante con unos terrenos para que los niños correteen y se desfoguen a gusto, que ya lo quisiéramos para criar a nuestra prole allí. Pero lo malo de los palacios es que son muy grandes y hay mucho que limpiar, ya se sabe, por eso me conformo con seguir viviendo en mi piso actual y visitarlos en vacaciones. Para entonces ya están bien adecentado de cara al turismo y yo sólo tengo que deleitarme recorriendo sus estancias e imaginándome cómo sería la vida en ellos. Con el Palacio de La Granja me pasó algo parecido.

1. Ubicación. El Palacio de La Granja está a 10 kilómetros de Segovia capital, en el pueblo que le da el nombre. Todo el municipio no son más que unas poca calles de casas bajitas que ya te trasladan a otra época antes de realizar la visita al palacio. Esto es ideal para que si vais con niños, no se cansen de recorrer grandes distancias. Es un pueblecito en miniatura, cuya vida gira en torno al palacio, lo mismito que debería ocurrir en la época es que este fue construido.

Parte trasera del Palacio de La Granja vista desde el jardín

Parte trasera del Palacio de La Granja vista desde el jardín

2. Lindezas. El Palacio de La Granja está bien conservado, con unas estancias espectaculares, aunque en los palacios siempre me llama la atención lo austeros que eran para el mobiliario con la cantidad de espacio de la que disponían. Lo contrario que hoy, que nos afanamos por meter a presión una abundancia ingente de mueble en pisos minúsculos. ¡Viva el minimalismo de la realeza antigua! Aunque como decimos actualmente, tenían poquitas cosas pero de calidad. Esas camas, y muebles de dormitorio, tan grandotas y ornamentadas, esas paredes que nunca estaban desnudas y cuando no estaban cubiertas de mármol lo estaban de sedas y otras ricas telas… Lo que me resulta peculiar es que nunca enseñen las cocinas, las habitaciones del servicio ¡que yo tengo mucha curiosidad histórica por saber cómo vivían y trabajaban las clases meno favorecidas!

3. Jardines y fuentes. Este creo que es sin lugar a dudas el punto fuerte del Palacio de La Granja. Además de las evidentes similitudes con el propio Palacio de Versalles, (esa escultura de Poseidón, con los caballos que salen del agua) los parterres de flores bien cuidados y la exageradas dimensiones de unos jardines que se convierten en bosque por momentos, son un gran atractivo para visitarlo en familia. Los caminos están despejados y son amplios para que los niños corran sin molestar. Aunque he de decir que son de tierra y dependiendo de qué modelo de carrito de bebé tengas te puedes quedar estancado en algún punto. El río discurre por esos jardines y las fuentes son un espectáculo digno de admirar, aunque para eso hay que tener en cuenta que sólo las ponen en funcionamiento para las visitas vespertinas. Como nosotros lo visitamos por la mañana, nos quedamos con las ganas de ver danzar el agua. Además, era la hora de comer de la niña y no vimos ni la décima parte de la extensión de los jardines. También es verdad que al ser agosto no estaban las temperaturas para dar un agradable paseo a mediodía, ni las flores en su máximo esplendor.

La espectacularidad de las fuentes y el tamaño de los jardines del Palacio de La Granja

La espectacularidad de las fuentes y el tamaño de los jardines del Palacio de La Granja

4. Facilidades de movilidad. El interior del palacio es llano (sólo faltaría) y recorrerlo con el carrito de bebé estaría desprovisto de toda dificultad si no fuera porque las zonas visitables por los turistas están en 2 pisos diferentes y el ascensor se encuentra en el extremo opuesto del palacio. Como son pocos tramos de escaleras (aunque con más escalones de lo que nos habían comunicado inicialmente) decidimos armarnos de valor y subir y bajar el carrito a pulso para hacer el recorrido normal de la visita. Otra cosa que os puede suceder es que si vuestro carrito es algo más ancho de lo normal, no quepa por algunas puertas, de las que sólo tienen abierta una de las hojas. Esto tiene fácil solución si encontráis un vigilante cerca que os haga el favor de abriros, aunque en ocasiones estos se despistan y podéis encontraros atrapados dentro de una preciosa habitación de la que no podréis salir.

La visita completa al Palacio de La Granja cuesta 9 euros, pero si compras la entrada combinada con el Palacio de Riofrío, como ya os explicamos hace unos días, el total será de 10 euros para poder visitar ambos recintos en un periodo de 48 horas. Por ahora se acabó lo de recorrer palacios reales ¡que después la vuelta a la cruda realidad de clase media es muy triste!




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