Ocio y viajes

El bebé en el coche ¡Señor, dame paciencia!

No, no me estoy repitiendo. ¿Recordáis mi anterior entrada acerca de viajar en el coche con niños? Yo era un dechado de buenos consejos, de recomendaciones de paciencia, veía la vida de color de rosa y todo un mundo de posibilidades a nuestro alcance para esas primeras vacaciones en familia. Yo era una inconsciente entonces, porque hasta ese momento el trayecto más largo que habíamos hecho con la niña era de poco menos de hora y media. Pero esta vez nuestro destino estaba a 1.000 kilómetros de casa, y pese a tener una parada de varios días programada en el camino, a mí los desplazamientos se me hicieron eternos. Cierto es que no soy nada amiga de los coches, que me aburren soberanamente y me veo extremadamente limitada en mis movimientos. Porque en el coche no puedes darle el pecho al bebé mientras vas circulando, y ya no es que haya que parar cuando el bichillo lo necesite ¡es que me daba la sensación de que hemos pasado más tiempo en áreas de servicio que rumbo al lugar de vacaciones! En medio de toda esta vorágine infernal y de sentimientos negativos, surgieron varios contratiempos que hicieron el periplo aún más accidentado.

1. Pipí y media hora más tarde teta. Del viaje de ida no tengo quejas. 6 horas de trayecto para un adulto normal que con el bebé se convirtieron en 7 y media, y porque nos pilló una retención a la entrada de la capital, porque si no hubiésemos batido récord de tiempo. La niña se pasó horas durmiendo ¡muchísimas! Y claro, aprovechamos las paradas habituales de estirar las piernas para revisar todas sus necesidades. Ya se sabe: teta, pipí o caca, un poquito de juego. El problema viene cuando en una de esas paradas no logras satisfacerlo todo, porque le cambias el pañal pero se niega a mamar, mientras que media hora después comienza a lloriquear en el coche porque ahora sí ha llegado su momento y el hambre la acosa. El caso es que entre unas cosas y otras, las paradas, además de muy frecuentes, pueden hacerse muy largas. Y si encima sumamos a esto el hecho de que el papá de mi bichilla no es que no soporte el llanto, sino que no aguanta ni un ¡ay! de la niña… las paradas a cada instante están más que aseguradas.

2. Los asquerosos cambiadores del camino. Ya os hablé el lunes de la mala situación en la que se encontraban todos los cambiadores públicos que hemos ido encontrando por el camino. Esto incrementa el tiempo de cada una de las paradas técnicas, porque hay que hacer 1.001 malabarismos para no tocar nada mugriento, y un cambio de pañal de un minuto puede convertirse en una odisea de más de 10. Y esto es tiempo de viaje que se va incrementando e incrementando, y yo tengo poca paciencia para estas cuestiones. Eso ha quedado más que demostrado.

3. Parar para dar la teta y volverte al coche sin haberlo hecho. ¡Cosas que pasan! Y por lo visto a los primerizos aún más. Esa parada innecesaria, que haces exclusivamente para atender a tu bebé porque sabes que por horario, y por la forma de quejarse, es la hora de darle el pecho. Y tú te instalas cómodamente en una mesa, y te pides un refresco y haces tus cabriolas en el baño para cambiarla y después te montas en el coche y cuando echas a rodar descubres que no, que el fin último de esa parada ha pasado a la historia y tienes que volver a parar en el siguiente área de servicio porque tú te has olvidado, pero tu bebé sigue teniendo hambre, por mucho que hayas tratado de despistarlo con esa parada inútil.

4. Caravanas justo cuando vislumbras el final. ¿Qué le vamos a hacer? Unas vacaciones sin tu puñadito de atasco correspondiente ni son vacaciones ni son nada. Pero cuando confiabas en llegar a tu destino como muy tarde para la hora de la merienda, y ya estabas esperanzado en no tener que cortar la marcha, te encuentras un atasco a la entrada de la capital y a tomar viento también el último tramo del viaje.

5. Comer y no llevar algo para el bebé. Pues eso, que son bebés pero se enteran de todo. La mía tenía 9 meses cuando realizamos este primer viaje y no se me ocurrió otra cosa que comprarme una bolsa de patatas con sabor a ketchup para hacerme más llevadero el trayecto. Y allí estaba mi bichilla, mirándome de reojo y viendo cómo me zampaba la bolsa sin compartir ni una sola, cuando se lió a gritarme como una loca demandando su ración. Y como lo de darle patatas fritas a los bebés no está en ningún manual de crianza pediátrica, al ver que con 2 unidades para calmar el gusanillo no se conformaba, tuvimos que parar para comprarle algo de pan (o que se le pareciese) bajo pena de que se acabase la bolsa completa.

6. Que la tablet no admita el formato de vídeo de los dibujos animados. Sed previsores y no os lancéis a la aventura como yo. A última hora decidí pasar algunos capítulos de Baby Einstein y Pocoyó a la tablet, presuponiendo que si se veían en el ordenador se verían también en el invento portátil. Pues llegada la hora de la verdad… nada de imagen. Todo rayado pero con sonido. Bajito, pero al menos se oía.

De todo esto he deducido que puede que estas hayan sido las primeras y las últimas vacaciones en las que me aventuro a salir tan lejos de casa en coche. Porque si vamos en tren, avión o nos subimos al barco, estaremos disponibles para atender a la niña los dos, pudiendo levantarnos y movernos con total comodidad. Que otros conduzcan por mí, que yo ya me centro en el cuidado de la bichilla.




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10 Comentarios

  • Responder
    mamaenbulgaria
    25 septiembre, 2014 at 07:40

    Entiendo tu odisea porque pasé por lo mismo este verano para cruzar Bulgaria en coche…
    Lo más útil, en mi opinión, es un tupper con galletas o palitos de pan. Se quedan la mar de entretenidos royendo, aunque obviamente no funciona todo el viaje. Y juguetes pequeños sujetados a su silla con la típica cadenita de chupete.

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      26 septiembre, 2014 at 16:24

      Yo al final hasta inflé un globo para jugar, pero hubo que descartar la idea porque se nos iba para los asientos delantero y eso era lo que le faltaba ya al papá de la bichilla para hacer el viaje más difícil. Desde ese primer trayecto ya voy surtida de galletas y pan, pero ahí me pilló como primeriza novata y no sabía cómo salir del paso.

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    marichollos
    25 septiembre, 2014 at 17:56

    Mi problema es otro…mareos y vomitos. Este finde teniamos una boda a media hora de aqui y sin exagerarte vomitó unas 8-10 veces. Así que cuando viajamos lo hacemos de noche, que va durmiendo, o a la hora de la siesta..idem. Me niego a llevarlo despierto por que se que nada le calma, va a llorar y yo que también me mareo..acabo malisima y de mal humor. Por ahora, es la única forma de viajar.

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      26 septiembre, 2014 at 16:26

      Dicen que hasta los 2 años más o menos no se marean en el coche. Yo no sé si será verdad o no porque la verdad es que la bichilla no ha mostrado signos de malestar y todos los viajes los hemos hecho de día. Yo también soy de marearme, y en el viaje de ida me tomé una pastilla y fui medio drogada ¡dormí yo más que ella!

      • Responder
        marichollos
        26 septiembre, 2014 at 16:40

        Ya te digo yo que mienten jajaja. El mio se ha mareado siempre y acaba de cumplir ahora los 2. Es cierto que de bebé se mareaba menos pero era por que iba siempre dormido.
        Me dieron unas ampollas de eso que dan para los mareos y cuyo nombre no recuerdo, para niños,pero nada mas dársela la vomitó entera (otro fracaso) asi que por eso nuestra única forma de viajar es que sea de noche o a la hora de la siesta. Creo que el pobre ha heredado eso de mamá.

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    Esther
    25 septiembre, 2014 at 20:56

    Nosotros este veranos hicimos unos 900 y pico km de ida, otros tantos de vuelta y por el país cada día hora y media o dos de coche para hacer turismo. Los viajes de ida y vuelta los hicimos en unas 9-10 horas con dos paradas la ida y tres la vuelta. En cada parada comíamos, le dejábamos corretear un rato, cambio de pañal y al lio de nuevo. Si que tuvimos algún momento tenso dentro del coche pero por suerte sobrevivimos, jejeje…
    El próximo reto es en un mes…3h de viaje en avión…que miedito! Con lo que se mueve el niño!

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      Planeando viajar con niños
      26 septiembre, 2014 at 16:28

      Pues mira que yo creo que trenes y aviones son mejores que el coche porque nos podemos turnar la faena y se hará menos monótono. Es que el coche es un aburrimiento, todos ahí quietecitos sin poder hacer nada. Estas navidades nos estamos planteando 5 horitas de AVE que seguro que se me hacen mucho más cortas que las 6 de coche.

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    Una sonrisa para mamá
    25 septiembre, 2014 at 22:38

    Menuda faena lo de la tablet!! Iris se entretiene un montón en el coche con ella. A nosotros nos pasa cómo a Marichollos, que Iris a veces se suele marear y vomita aunque afortunadamente no tanto como su peque, así que no puedo darle nada de comida para que se entretenga,

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      Planeando viajar con niños
      26 septiembre, 2014 at 16:43

      Pues de momento nos quedaremos sin saber si le servía de entretenimiento o no, porque no pudimos hacerla funcionar en todo el viaje, así es que pusimos en práctica en antiguo método de cantar canciones infantiles a grito “pelao” para salir del paso.

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    - Planeando viajar con niños
    26 enero, 2015 at 11:02

    […] sabéis que este verano el viaje en coche con mi bebé de 9 meses se me hizo eterno y a ratos bastante insoportable. Por eso creí que cualquier otros medio de […]

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