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Restaurante L’arcada: mal sitio para comer en Besalú

En esta casa ya nos conocemos todos, y sabemos que cuando salimos de turismo es obligatorio ir fijándonos en las opciones de restaurantes para comer al mismo tiempo que nos deleitamos mirando los monumentos. Porque de lo contrario, cuando el hambre aprieta, estaremos en medio de ninguna parte, de mala leche y sin saber dónde parar para recargar fuerzas. Ya os conté que Besalú es tan pequeño que en un par de horas le dimos tres vueltas completas, por lo que nos dio tiempo a comparar los precios de todos los menús del municipio. Pues aún así, creo que debimos hacer una de las peores elecciones posibles. En la Plaça Sant Pere había bastante ambiente, varios restaurantes con terraza seguidos, unos detrás del otro, el día era caluroso y bueno y los precios del menú estaban a 13,50 euros en esa zona, por lo que no nos quedaba más remedio que elegir un poco a ojo. Todos estaban bastante llenos, pero L’arcada se llevaba la palma porque era el que menos huecos libres tenía. De hecho, entre que nos decidimos por él y llegamos a su terraza ¡ya no quedaban mesas en el exterior! Nos ofrecieron ubicarnos dentro, y como no somos muy exigentes accedimos. Pero es que deberíamos habernos dado la vuelta de inmediato.

1. El salón interior. Ni era salón ni nada. En L’arcada tienen 3 mesas puestas delante de la barra del bar, en la zona de paso de los camareros hacia la terraza. Y no hay más. No sé por que decidí quedarme en ese rincón horrible, pero me llevo la lección aprendida: si un lugar me vuelve a dar mala espina desde el primer momento no debo tener reparos en abandonarlo rápidamente. Y eso debimos haber hecho. Pero no, nos quedamos, sentados en una mesa con un hule de plástico mugriento que me daba repelús hasta que la niña lo tocase.

2. El servicio. Pésimo no, lo siguiente. Tardaron 20 minutos en tomarnos nota, otros 20 en servir el primer plato y otros 20 en servir el segundo, después de que ya hubiésemos acabado el primero. Total, casi hora y media con el postre. Un despropósito, porque la niña ya había comido antes que nosotros y estaba tranquila en el carrito, pero claro, esa cantidad de tiempo era imposible que aguantase sentada y sin moverse. Y con el dichoso mantel a la vista no me fiaba ni de darle a probar el pan. Encima tenía una lucha encarnizada con ella por tratar de que no tocara nada de lo que había a su alcance. Vamos, que la hora de la comida fue agotadora.

3. El menú. Esto no estaba mal. Si el local y el servicio no nos hubiese parecido tan desagradable la comida no fue mala. Había bastante variedad de primeros y segundos platos para elegir. Yo probé las patatas de Olot rellenas de carne y el bistec a la brasa. Y mi marido una ensalada normal y corriente y el arroz negro. Eran platos correctos aunque la cantidad no fuese muy abundante. De postre crema catalana y helado. Pero la tardanza entre un plato y el siguiente hizo que acabásemos con la digestión después del primero y que el resto nos lo comiésemos casi por compromiso.

4. ¿Y los niños? Si puedes sentarte en la terraza, ya tengas carrito o niños inquietos que quieran corretear, L’arcada está bien situado porque se ubica en medio de una zona peatonal, por lo que puedes despreocuparte del peligro de los coches. Pero al tocarnos esa horrible zona interior ni siquiera tenía espacio para mover la sillita y lograr que mi bichilla se durmiese, o se quedase tranquila, porque entorpecía el paso de los camareros. Para los niños disponen de menú infantil con el consabido pollo con patatas y macarrones. En cuanto a las posibles facilidades del baño en lo referente a cambiadores de bebés, no os puedo aportar datos, porque aunque la niña necesitaba un cambio de pañales, estaba tan indignada con la tardanza y lo feo del lugar que preferí cambiarla en la calle.

¡Qué mala suerte tuvimos! No entiendo como pudimos elegir tan mal, o como la elección pudo acabar complicándose tanto. Si a ojo, desde el exterior, todos los restaurantes de Besalú parecían más o menos iguales, con precios muy similares y terrazas del mismo tamaño… Pues fuimos a dar de bruces en L’arcada, arruinando la que se suponía que iba a ser la mejor experiencia gastronómica de nuestro viaje. Porque con la niña tan pequeña, las cenas románticas han pasado a la historia, y es la hora del almuerzo donde normalmente podemos disfrutar de un rato más tranquilo para comer. Al menos creo que he ganado en experiencia y valor para no sentarme en un restaurante que no me convenza. Es que no sé qué me pasa a veces, que cuando pongo el pie en un local ya siento que tengo la obligación de quedarme aunque no esté a gusto. Y mira que el papá de mi bichilla insistía en que nos fuésemos y cambiásemos de restaurante. La próxima vez le haré caso sin pestañear ¡por mucha hambre que sienta!




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3 Comentarios

  • Responder
    rocio
    6 agosto, 2015 at 17:30

    Yo he comido hace unos días en ese restaurante y no solo me pareció que la comida estaba buenisima además el servicio fue rápido y los camareros muy amables.
    A mi me encantó! De hecho he encontrado este comentario buscando un sitio para recomendar este sitio a todo el que visite Besalu! Un pueblo precioso por cierto!!!

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      6 agosto, 2015 at 17:35

      ¡Gracias por comentar! Pues les pillaríamos en un mal día porque no nos quedaron ganas de volver y menos con niños. De los peores simios en los que hemos estado. Marginados y parecía que hasta nos hacían un favor al servirnos tarde y mal. Me alegro de que vosotros lo vivieseis de forma tan diferente.

  • Responder
    Laia
    13 noviembre, 2018 at 17:35

    He estado en este restaurante hace dos semanas y me encantó! Trato muy bueno por parte de los camareros y comida excelente y a muy buen precio!!

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