Ocio y viajes

A la piscina con un bebé

Este post llega un poco (bastante) a destiempo, porque ya se pasó la época calurosa del verano y de la primavera, incluso de los primeros días de otoño. Pero no quería dejar de reflejar cuál ha sido nuestra experiencia de ir a la piscina con un bebé de 9 meses. Cuando nació la niña yo, que soy muy de actividades acuáticas, estaba deseando que cumpliera los 4 meses para ir a clases de matronatación. Era una primeriza inconsciente y pensaba que eso sería lo más de lo más, que mi bichilla se iría acostumbrando poco a poco al agua y que de cara al verano sería una sirenita en miniatura. Con lo que no contaba era con la oposición del padre de la criatura. Mi bebé cumplió 4 meses en marzo, y aquí en esa época aún no ha entrado la primavera. Él tenía miedo de los cambios de temperatura, de las corrientes de aire en los vestuarios de la piscina municipal, yo tampoco me encontraba aún con mucha soltura para ir a la piscina sola, sin acompañante adulto que me ayudara a manejarme con la churumbelita. Total, que nos quedamos sin clases de natación para bebés y la niña sólo pudo seguir disfrutando del chapoteo en el agua calentita de la bañera. Cuando llegó el verano, la niña no había tenido ninguna sesión de piscina (y sólo una de playa) antes de comenzar las vacaciones. Y este fue el panorama que nos encontramos.

1. Los padres proponen y el bebé dispone. La primera piscina que probamos con la niña era una comunitaria en una urbanización tranquila donde fuimos los únicos bañistas. El pueblo estaba en la sierra madrileña, y la temperatura del agua no es que se pudiera decir que fuese templada. Estaba bastante fría. Aún así, allí que nos plantamos a la una del mediodía (ya sabéis que se recomienda huir de las horas centrales del día para hacer estas actividades al aire libre con niños, pero la vida relajada en vacaciones es lo que tiene: te levantas tarde, desayunas tarde, lo haces todo a cámara lenta y cuando por fin estás dispuesto a empezar la jornada de piscina el horario no es el más adecuado para un bebé) con la niña recién comida y en principio en las mejores condiciones para disfrutar del baño. Un ratito. Porque después de dos chapoteos le entró sueño y tuvimos que ponerla a dormir en una sombra. Durante dos horas. Se acabó la jornada de piscina.

2. En el agua. El rato que el bebé está en el agua, si es como la nuestra y le gustan las emociones fuertes, se pasará el tiempo volando y estará encantado. Ya sea sostenido en brazos, o con un flotador, parece que alucinan con esa sensación de ser mecidos por el agua, de patalear bajo la superficie, dejarse llevar por la corriente y salpicar a manotazos a todo el que se cruce en su camino. Hay que protegerlos del sol incluso entonces, con gorros y hasta con trajes de baño de cuerpo entero que impidan que se achicharren con el sol. Nosotros cumplimos con lo del sombrerito, pero la verdad es que entre el bulto que hace el flotador y que casi todo el cuerpo de la niña quedaba sumergido en el agua, le pusimos una braguita estándar y no nos andamos con más parafernalias. Eso sí, la crema solar hay que renovarla constantemente y siempre tras el baño para que siga manteniendo sus propiedades. Por mucho que disfruten en la piscina, llegará un momento en que los bebés, o bien se cansarán de la actividad o puede que debamos sacarlos a la fuerza cuando empiezan a cambiar de color. Y es que resulta que con los niños más pequeños no deberíamos sobrepasar los 10 minutos de baño al aire libre, sobre todo cuando el agua no está a una temperatura adecuada. Si empiezan a ponérsele los labios morados hay que parar la diversión durante un rato.

3. El entorno. Dicen otros padres de bebés más comunes, que cuando un bichillo descubre el césped de una piscina o la arena en la playa trata de experimentar, meterse puñados de tierra en la boca, cortar y arrancar las hierbecitas… En nuestro caso la experiencia fue radicalmente distinta. Esta niña detesta tanto el tacto de la arena de la playa como el de la hierba, por lo que a pesar del gateo, mantenerla vigilada y bajo control fue bastante fácil: su mundo exterior terminaba donde acababa el borde de la toalla. Una vez allí sacaba la mano, tocaba la hierba o la arena, y reculaba con cara de asco y sacudiendo la mano por si algún resto de ambas sustancias desagradables se le hubiera quedado adherido a ella. ¡Qué tranquilidad!

Desde luego, la niña disfrutó bastante pese a los temores de su papá a un enfriamiento ¡en agosto! No obstante, aún sigo pensando que haber ido previamente a una piscina climatizada habría facilitado las cosas, aunque también es cierto que hay determinados clubes de natación en los que el ambiente excesivamente cálido y el olor del cloro, o lo que sea que le echen ahora a las piscinas, tampoco me convence en exceso para poner allí en remojo a un bebé de pocos meses. ¿Qué experiencias acuáticas tenéis vosotros con vuestros bebés? ¿Sois más de piscina climatizada o de piscina de exterior? ¿Qué edad tenía vuestro bichillo cuando decidisteis darle el primer chapuzón?

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6 Comentarios

  • Responder
    marichollos
    10 noviembre, 2014 at 19:41

    Bueno yo hice un post también sobre eso así que mi opinión ya la tienes jaja.
    La primera vez de chollito en el agua fue también con 9 meses. ¿por qué? fácil.. nació en agosto, ese verano quedaba descartada, aquí no hay piscinas climatizadas, por lo que la matronatación descartada, y abren de nuevo las del pueblo en junio..con casi 9 meses. He de decir que han sido un éxito rotundo, le encanta el agua y estar a remojo. tanto es así que este año casi las he odiado porque yo tenía frío y él me hacia estar todo el puñetero rato en el agua jaja.

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      12 noviembre, 2014 at 12:28

      ¡Jajaja! Mi bichilla quiere estar en remojo, pero tanto rato no sé yo. La verdad es que no nos ha dado tiempo de comprobar cuánto tolera el agua porque su papá, en 10 minutos ya está diciendo que el agua está muy fría para la niña y la saca para liarla en la toalla (pero si pudiera lo haría en una manta polar). Es que él no tiene capa de grasa, y creo que no tolera bien el frío. Pero mira, por no discutir, que la saque cuando quiera. Cuando sean algo mayor como el tuyo y se resista a salir ¡me tomaré la revancha!

  • Responder
    mamaenbulgaria
    11 noviembre, 2014 at 10:29

    Yo veo que en estos temas tengo más en común con el papá de la bichilla que contigo jaja!
    Mis hijos se han iniciado en el baño al aire libre poco antes del año. Al principio les daba repeluco, luego ya se lo pasan bomba. Pero para mí no es muy relajante, hay que estar en alerta permanente, cuando no zampan arena rechupetean colillas ajenas, ufff!

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      12 noviembre, 2014 at 12:31

      Con mi bichilla este verano ha sido más fácil porque aún no hace esas guarradas, e incluso se ha echado sus siestas de 2 horas bajo la sombrilla. Pero en nada empezará a caminar y la tranquilidad se habrá acabado en este aspecto.

  • Responder
    Rosa
    14 noviembre, 2014 at 23:02

    Jajajajaja me suena la sensación de asquito al tocar la arena!! La nuestra fue a la playa con un añito y le pasaba igual. De hecho la intentaban poner en la arena y encogía los pies que daba gusto! Así que igual que tu la teníamos súper controlada 😀 pero el agua le chiflaba!! Menos mal porque yo soy más acuática jeje

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      17 noviembre, 2014 at 12:42

      Es que yo iba con otras expectativas, pensando que trataría de comerse la arena, que se achicharraría al gatear por ese suelo caliente, pero me llevé una sorpresa al ver que no salía de los límites de la toalla o de la hamaca¡ay, qué verano más descansado! Para el siguiente creo que ya perderemos la tranquilidad.

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