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Taberna Alhambra en Madrid. La cantidad lo es todo

Sigo con nuestros descubrimientos navideños en la capital. Si os dijera que en Nochebuena solo nos comimos un bocadillo de jamón serrano en el hotel, porque el menú de mediodía nos dejó para reventar por muchas horas ¿cómo se os queda el cuerpo? Bueno sí, aparte del hecho de que resulte raro sacrificar la Nochebuena por un bocadillo cualquiera, el caso es que almorzamos en la Taberna Alhambra, en la calle de la Victoria y ese menú de 11,50 euros no hay ser humano que pueda metérselo entre pecho y espalda sin tener que hacer dieta a conciencia durante las siguientes horas (o días) de su vida. La Taberna Alhambra, es junto a otra situadas en la misma acera como “Fatigas del querer” (al fondo, en la misma calle) un restaurante de comida típicamente española, con cocina de mercado, buenos platos, raciones muy abundantes y un precio asequible a escasos metros de la Puerta del Sol, la Plaza Mayor y otros de los principales atractivos turísticos de Madrid. Fue una suerte encontrar un lugar así, ya que en nuestros viajes familiares el mayor quebradero de cabeza reside en la elección diaria del restaurante: no queremos pagar demasiado porque hay que hacer muchas comidas al día, pero tampoco queremos estar comiendo hamburguesas y bocadillos durante una semana. Lugares como la Taberna Alhambra deberían existir por ley en todas las capitales turísticas del mundo.

1. El menú del día. La Taberna Alhambra ofrece unos 5 primeros platos y 5 segundos, que junto con el pan, la bebida y el postre te permitirán coger reservas para hacer turismo durante días. Entre quienes la visitamos, triunfaron los judiones de la granja, el rabo de toro, las gambas con gulas, el pudding y la tarta de queso. A cada cual más abundante y rico. De hecho, cuando vi que ponían mi plato hondo de judiones en la mesa, lo encontré tan desproporcionadamente enorme que pensé que era la olla para compartir con mi padre, que había pedido lo mismo. Pero no, él tenía otro exactamente igual. Y claro ¡estaban muy buenos! Y tanto me comí que cuando llegó el segundo ya tuve que hacer un esfuerzo importante para no dejar el rabo de toro, que también estaba riquísimo. En algún momento pensé que me iba a poner mala por atiborrarme de esa forma, pero es que mi odio a desperdiciar comida, unida a esas ansias insanas de darnos un festín por navidad, acabaron por convencerme para ponerme las botas y prácticamente ayunar hasta el desayuno del día siguiente. El menú del día suele ser muy variado, por lo que a la carta no le echamos ni un vistazo. Por 11,50 euros, la comida es excesiva ¡y eso que nosotros somos de comer en abundancia!

2. El local. Está decorado con cosas típicamente españolas, un poquito más orientado al turismo extranjero que al patrio, pero a la cocina no se le puede poner ni una pega. Es un local no muy grande, con unas 10 mesas, en un comedor algo oscuro e íntimo. Los camareros eran jóvenes y muy atentos y agradables. La música estaba bastante alta, lo que puede molestar a quien busque tranquilidad, pero para los que viajamos con bebés es casi un punto a favor, porque así los enfados y gritos de mi bichilla no perturbaban la paz de nadie.

3. Facilidades para familias. Ninguna. A parte de que los platos son tan grandes que probablemente quienes tengan hijos podrían compartir su ración con ellos sin tener que pagar los menús de los churumbeles, y asegurándose de no quedarse ninguno con hambre, la Taberna Alhambra no tiene tronas para bebés, ni cambiadores en el baño. El local es pequeño y tampoco permite que los niños puedan moverse de la mesa y corretear por el restaurante. Si lo hacen estorbarán el paso de los camareros. El carrito aparcado junto a la mesa puede estorbar un poco, pero es soportable. Creo que todo se les puede perdonar porque sales de allí con la panza tan llena que lo que menos te importa es tener que cambiarle el pañal a tu churumbel al aire libre. Comiendo bien, la vida se ve de otro color y parece más fácil.

Si tenemos en cuenta que el hecho de tener que hacer toda las comidas fuera de casa es la partida que más suele encarecer nuestras salidas vacacionales, creo que la Taberna Alhambra y el resto de locales similares situados en la calle de la Victoria en Madrid, son una muy buena opción para hacer una comida copiosa al día y subsistir de las reservas durante el resto de la jornada turística. Me gustan estos restaurantes porque te permiten huir de las cadenas de locales de comida rápida y conocer la gastronomía de cada lugar a un precio razonable. Cada día suelen variar el menú, por lo que incluso aunque reincidiéramos durante nuestra estancia en Madrid en el mismo lugar, podríamos alimentarnos de forma variada. Todo sea por ahorrar, comer bien con alimentos de mercado y vivir la ciudad en todo su esplendor.




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