Ocio y viajes

Museo del jamón. Más barato y ambientado imposible

No, no vamos a hablar de actividades culturales en Madrid, sino que vamos a seguir con esta tanda gastronómica que tan útil me parece. Lo que daría yo por saber de antemano en qué sitios se recomienda comer a buen precio cuando salimos a ver el mundo. Y más cuando uno comienza a organizar actividades familiares con niños: que si tendrán tronas, que si será espacioso el restaurante, que si dispondrán de cambiadores para bebés, de menú infantil… Lo de tener microondas para calentarnos el potito o el puré de turno, de momento no me ha dado nunca un quebradero de cabeza, pese a que a veces no les quiten la tapa al tupper y me lo rompan, o lo calienten tanto que achicharre a la bichilla y además el contenido se ponga a hervir y hasta se salga del tarro. ¡Ver para creer! Estas navidades paramos en uno de los afamados restaurantes, que ya son legión, llamados Museo del jamón. Sí, jamones hay para dar y regalar, hasta el punto de que por 0,70 euros te puedes tomar una caña de cerveza acompañada de un pincho de tortilla o de algo de jamón. En plan pobretón, con mucho pan y poca chicha, pero el hambre se te quita seguro. Por eso no es una mala opción para comer en la capital con niños. Los locales son grandes, abarrotados de gente y ruidosos a más no poder, así es que aquí las travesuras y salidas de tono de vuestro churumbeles también pasarán completamente desapercibidas.

1. Menú. Típico, típico español. Desde paella a cocido madrileño, demás potajes, jamón con melón, cochinillo asado, trucha, vamos, platos tradicionales, elaborados de forma sencilla, servidos con rapidez y en reaciones grandes. Tan grandes que probablemente haya quien coma sólo con el primero. El menú incluye además el postre (fruta, pudding, mousse de chocolate…) y la bebida.

2. Precio. No creo que ningún comensal del Museo del jamón coma a la carta. Tiene un par de menús, uno que no llega a 10 euros y otro de algo menos de 12, con los que se puede comer de forma variada y con raciones hasta reventar. En días festivos suelen hacer platos especiales con menús de 16 euros ¡tirando la casa por la ventana! Por otro lado, si vais con prisa y no queréis perder tempo en esperar mesa, en la barra se pueden comer bocadillos de jamón, queso, y demás embutidos por nada de precio (un euro si son normales y 2 euros si son ibéricos). Con lo cual es una mezcla de restaurante de comida rápida con otro de comida tradicional. Tienen para todos los gustos y para todos los presupuestos.

3. Ubicación. Nosotros comimos en el Museo del jamón de la Puerta del Sol, esquina con la Calle de la Victoria, pero todos son muy similares y repartidos por varias ubicaciones de Madrid. A ojo, puede recordar un poco a los típicos bares de carretera, siempre atestados de gente, con variedad de comida y con lotes de productos preparados para que los turistas se encaprichen con la gastronomía local y se vayan cargados a casa con los jamones y quesos a cuestas. Al estar en zonas muy céntricas, en fácil tropezarse con uno de estos restaurantes incluso aunque no los vayas buscando.

Es una charcutería y a la vez un bar, restaurante y tienda de souvenirs ¡Museo del jamón!

Es una charcutería y a la vez un bar, restaurante y tienda de souvenirs ¡Museo del jamón!

4. Escaleras y trona. Para ir con niños, el Museo del jamón de la Puerta del Sol tenía unas escalera algo complicadas, en las que además la gente hacia cola a lo largo de toda ella para coger sitio en el comedor superior. Entiendo que la comida que sirven está bien por el precio que cuesta, pero tanto como para hacer cola… El caso es que con el carrito del bebé, subir y bajar se hacía una mijita complicado, ya que la gente estrechaba el espacio. Una vez en el salón, no puedes tener el carrito junto a tu mesa, sino que hay que dejarlo en la entrada del comedor. O sea, que debes deshacer todos los bártulos para no dejar nada de valor, puesto que no va a estar vigilado, y allí entra y sale cantidad de gente. Tienen tronas para bebés, pero debió diseñarlas un loco en una mala noche de insomnio. Son de madera, altas y sin ningún tipo de seguridad: ni arnés de sujeción, ni un diseño que evite que el bebé la vuelque si se balancea (mi bichilla estuvo a puntito de irse al suelo dos veces), ni que se salgan del asiento por la parte superior, porque no tienen bandeja y la abertura es enorme. Vamos, que creo que hubiésemos sufrido menos dejándola campar a sus anchas o sentándola a comer en nuestras rodillas, pero ya que la habíamos pedido, nos aventuramos a utilizarla. ¡Eso es un suicidio!

En definitiva, para salir del paso el Museo del jamón es una buena opción para comer en familia. Tienen mesas grandes, se puede hacer ruido sin molestar al resto de la clientela y sirven raciones generosas para poder compartir con los niños sin tener que pedirles un menú a parte. Por el precio del menú, se pueden perdonar algunos inconvenientes como las escalinatas (en el caso de que el local que escojáis las tenga) o las pésimas tronas. ¡Todo sea por hartarnos de jamón barato como cualquier guiri que visite la capital!

Fotos: Facebook Museo del jamón




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3 Comentarios

  • Responder
    mamaenbulgaria
    19 enero, 2015 at 15:04

    Lo que describes es un paraíso para una expatriada! Vamos que si pusieran un Museo del jamón en Sofía estaría yendo cada dos por tres.. El jamón me pirra y aquí es difícil de encontrar y bastante caro. ¿También hay croquetas? Ñammm!

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      25 enero, 2015 at 12:36

      ¡Jajaja! Sí, croquetas también había. Ahora han empezado a extenderse por Barcelona, y o sé si por alguna otra ciudad española, pero lo de dar el salto a Sofía, igual les queda algo fuera de sus planes.

  • Responder
    Que ver y hacer en Madrid de vacaciones - Mi Mundillo
    30 enero, 2017 at 20:27

    […] Museo del Jamón – Es un lugar de batalla, únicamente para estar de pie con precios muy económicos 0,80€ la copa que va con micro-tapa, bocatas de jamón a 1€ y ricas raciones de embutido. […]

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