Ocio y viajes

Fallos del AVE para viajar con niños

Ya sabéis que este verano el viaje en coche con mi bebé de 9 meses se me hizo eterno y a ratos bastante insoportable. Por eso creí que cualquier otros medio de transporte público, en el que tanto su papá como yo pudiésemos estar disponibles para atender las necesidades de la niña en cualquier momento, iba a ser la perfección hecha vehículo. Viajar en tren me encanta incluso desde que el Talgo tardaba 13 horas en ir desde Barcelona hasta Málaga. Cuando probé el AVE por primera vez, aún sin ser mamá, no daba crédito al invento en el que me estaba desplazando. Tanto es así que lo prefiero antes que el avión, siempre que la ruta exista y que los precios no se hayan disparado. La verdad es que con antelación a viajar en AVE por primera vez con la niña, no se me pasó por la mente ningún tipo de inconveniente ni incomodidad que pudiésemos vivir allí dentro. Pero tras hacer el recorrido desde Barcelona a Madrid para pasar las navidades, debo decir que algunos fallos sí que tiene, por lo que tampoco va a ser este el medio de transporte vacacional ideal para bebés. Puede que sea poca cosa, pero por si sirve de ayuda a alguien, más vale ir prevenido desde antes de subir al tren.

1. Logística para subir y bajar del tren. Nosotros llevábamos un par de maletas de cabina y la sillita de paseo ligera de mi bichilla. En Barcelona dividimos la tarea en dos partes. El papá subiría al AVE para dejar nuestras maletas colocadas sobre los asientos y posteriormente volvería a bajar para hacerse cargo de la sillita mientras yo me instalaba en el asiento con la niña. Nos parecía un gran plan hasta que lo vivimos en nuestras carnes. Lo primero es que una vez que este hombre estuvo dentro del vagón, ya fue casi misión imposible poderse bajar. El resto de pasajeros atoraban el pasillo, él iba en contradirección y nadie colaboraba ni lo más mínimo. Tardó una eternidad en poder volver hasta nosotras. Una vez que él se hizo cargo del carrito, la idea era plegarlo (ocupa muy poco) y dejarlo en el maletero que existe entre vagón y vagón. Pero la gente ya lo había llenado de mini maletas, abrigos, bolsas… Total, que tuvimos que dejarlo plegado y tirado en el suelo entre los vagones, vigilando para que cuando parase en otros destinos no estorbase para la subida y bajada del resto de pasajeros. Creo que el personal de Renfe debería preocuparse por el buen uso de esta zona para bultos especiales, y no dejar que cada cual coloque lo que le dé la gana, desaprovechando el espacio e incomodando al resto del pasaje. A la hora de bajar, lo de hacerlo en dos tandas estaba descartado, así es que nos levantamos unos 15 minutos antes de llegar a nuestro destino, recogimos nuestros bártulos y nos colocamos con todo en la puerta de salida.

2. El baño y el cambiador. Recuerdo que un par de veces de las que he montado en el AVE he viajado en clase preferente. Y os puedo asegurar que el baño de esos vagones es el paraíso en comparación con los de la clase turista. Mira que el trayecto entre Barcelona y Madrid es cortísimo, de 2 horas y media, pues aún así el servicio estaba en un estado deplorable. La cisterna no funcionaba, no había limpieza ninguna, ni papel, ni jabón… Lo peorcito que os podáis imaginar. Si viajáis con niños que ya hacen sus necesidades solos, esto también es incomodísimo, porque entre la suciedad y lo minúsculo del habitáculo, el sufrimiento para no tocar nada que pueda parecer infeccioso es mayúsculo. En nuestro caso, teníamos que utilizar el cambiador de bebés. No me parecía adecuado hacerlo en los asientos, porque aunque la niña sólo tenía pipí, nunca sabemos cuándo se le va a escapar un chorro, y no era cuestión de mojar el acolchado. Otra cosa no, pero civilizados lo estamos bastante en esta casa. El cambiador del baño del AVE está situado sobre el nauseabundo váter que he descrito anteriormente. Es una tabla de plástico que se baja y no tiene nada más. Ni correas de seguridad, ni sabanitas deshechables ¡ni centímetros suficientes. Debe medir unos 60 centímetros de largo. Mi bichilla por navidades medía 80, por lo que ya os podéis imaginar el panorama de la niña encajada en el hueco, con la cabeza aprisionada contra la antihigiénica pared, y las piernas para arriba porque no había espacio para que pudiese bajarlas. Tampoco había lugar para soltar la bolsa de los pañales, toallitas, etc. (bueno sí, la tapa del váter, pero cualquiera se atrevía a dejar nada allí). Así es que su papá desde el pasillo del tren nos iba dando el material necesario, porque lógicamente allí dentro no caben dos adultos ni montados uno encima del otro.

3. La tele. Que las pantallas de televisión del AVE son diminutas era algo que ya sabía de antes. Y además nosotros tenemos la pésima suerte de que suelen tocarnos los asientos que están justo debajo de una de las pantallas, por lo que no puedes verla sin retorcerte el pescuezo, y a la vez, demasiado alejados de la siguiente, por lo que es imposible seguir el hilo de la película ya que a duras penas se distingue a los personajes. Y si el film es un poco oscuro, mejor dedícate a otra cosa porque con lo reflejos de la luz exterior no vas a ver nada de nada. Con un bebé, éramos conscientes de que ni nosotros íbamos a poder distraernos con el cine, ni a ella le íbamos a colocar los auriculares en el caso de que la cinta elegida hubiera sido de dibujos animados. Optamos por llevarnos una tablet con sus dibujos de Baby Einstein y Pocoyó. Pero no contamos con que el volumen que ella necesita para verlos a gusto es tan alto que si lo poníamos así volveríamos locos al resto de pasajeros. Y si lo poníamos bajito ella se frustraba porque sólo veía las imágenes conocidas. Con lo cual, es mejor optar por llevar un libro u otro tipo de distracciones si viajáis con niños con los que aún no se puede razonar en este aspecto.

Pero pese a todo ¡me gusta mucho más viajar en AVE que en coche! A ver qué planes vamos urdiendo para este verano.




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2 Comentarios

  • Responder
    mamaenbulgaria
    26 enero, 2015 at 11:59

    Alguna vez que vaya a España me gustaría hacer una escapadita a Madrid, así que tomo nota de todo lo que cuentas. Sobre todo, recordaremos pasar por el lavabo antes de salir, a ver si evitamos tener que usar el WC del tren!

    • Responder
      Planeando viajar con niños
      26 enero, 2015 at 12:05

      Eso pensé yo, pero claro, entre que hay que coger otro tren antes para llegar a Barcelona, el tiempo de espera y el trayecto, al final no nos quedó más remedio que cambiar el pañal. ¡Y vaya suplicio!

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