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Actividades musicales con niños

La música amansa a las fieras, y esto no lo he descubierto yo, pero lo he experimentado en mis propias carnes desde que me convertí en madre. Ya desde el embarazo, uno de los momentos que podíamos vivir de una formar relajada, alejados de las prisas y el estrés del día a día, era el de poner algo de música que nos gustase para que mi bichilla se fuese acostumbrando a las preferencias musicales de sus papás. Leímos acerca de estudios que han demostrado que la familiaridad con ciertas canciones desde antes de nacer, podría ayudar a calmar al bebé recién nacido, y como primerizos temerosos íbamos aplicando todo lo que nos pudiera solucionar alguna de las difíciles papeletas de nuestra primera crianza. No niego que hay canciones que relajan más a mi bichilla que otras, pero de un tiempo a esta parte hemos notado que la música es una aliada increíble para lograr que se entretenga sin depender de nuestra presencia e incluso que tenga ganas de bailar. Por eso, he recopilado algunas de las actividades musicales que parecen ser una buenísima opción para pasar ratos en familia con niños.

1. Música clásica para jugar en casa. No es que sea una cultureta de manual, ni que esté especialmente involucrada con la corriente de la estimulación temprana. Esta afición de mi bichilla por la música clásica ha surgido de una forma casual y completamente inesperada. A raíz de su pasión por los dibujos para bebés de Baby Einstein, comenzamos a ponerle esas mismas melodías pero sin imágenes, para que hiciera más cosas y no se quedara cada día embobada durante horas con la pantalla. Pues ha sido todo un acierto. Al principio, en cuanto escuchaba las primeras notas musicales, se extrañaba de que la pantalla de la televisión estuviese apagada, y rondaba por allí como esperando a que de un momento a otro empezasen a desfilar las marionetas de cada capítulo. Pero en pocos días se ha dado cuenta de que el sonido procede de otro lugar y, sin embargo, sigue mostrando el mismo interés por esta música mientras se dedica a correr por la casa, jugar con los bloques de construcción, vaciar armarios y cajones… De vez en cuando se para delante del altavoz y hace aspavientos festivos, o se balancea al ritmo de la música de compositores clásicos como Mozart, Beethoven, Vivaldi y demás compañeros de faena. Logra entretenerse mucho rato jugando a solas, y cuando no hay música de fondo se descentra más de los juegos y busca nuestra compañía.

2. Talleres musicales. Ya comenté hace un tiempo que en las bibliotecas municipales organizan actividades para bebés, y casi todas ellas giran en torno a la música, las primeras palabras o el primer contacto con el inglés. Tienen pocas plazas, son gratuitas y las listas de espera son enormes. Pues hace un par de semanas conseguimos sitio para una de estas sesiones, destinadas a bebés de 6 a 14 meses. Mi bichilla era la niña más grande, con 14 meses recién cumplidos, pero el experimento fue un fracaso. Nada más llegar, y antes de que comenzase la sesión, sí iba de lo más campante correteando por las colchonetas, intentando echarle mano al material que se utilizaría durante el experimento (cascabeles, campanitas, sonajeros, lazos de colores). Pero cuando empezó la primera actividad, entró en modo llanto y tuvimos que salir corriendo del lugar. El ejercicio trataba de tocarles la espalda con los dedos, como si estuviésemos tecleando en una máquina de escribir, al compás de la música. Y cuando sonaba la campanita (que recordaba mucho al timbre de estas máquinas cuando el rodillo llegaba al final de una línea), teníamos que darles un toque en la cabeza, como si estuviésemos pasando al siguiente renglón. Esto del golpecito en la cabeza ya estaba mosqueando a mi bichilla, pero la peor parte llegó cuando al acabar la música, los papás en la sala comenzaron a aplaudir. ¡Qué poco le gusta a esta niña el reconocimiento artístico! Así es que se desató su furia interior y tuvimos que regresar a casa. Pese a nuestro fracaso con estas actividades musicales para niños, yo sigo creyendo que son un buen entretenimiento para otras familias con churumbeles menos escandalosos que la mía.

3. Concierto. Pasando por alto esa mala primera experiencia, no hemos perdido la esperanza, y en mayo tenemos pensado ir a un taller concierto para bebés de 0 a 36 meses en el Palau de la Música Catalana. Ahí. A lo grande. Y casi más por nuestros deseos de conocer la arquitectura del edificio por dentro que por entretener a mi bichilla, vista la pésima primera experiencia que hemos tenido con este tipo de eventos. Es algo bastante exclusivo, ya que sólo se realizan 3 pases para familias al año. Como para entonces tendrá ya un año y medio, a ver si se entusiasma más con el concierto clásico.

¿Habéis experimentado los efectos de las actividades musicales con vuestros bebés? Vuestras fieras, se dejan amansar o se rebelan aún más con la música?



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