Crianza

Tengo instinto maternal y sí quiero a mi hija

quiero a mi hija

Finalmente ha pasado. Después de pasarme las casi 42 semanas del embarazo y 2 años y medio ejerciendo como madre en busca del instinto maternal ¡creo que lo he encontrado! Como las declaraciones amorosas y ñoñas no son lo mío, a ver si logro transmitir las últimas vivencias que me han hecho descubrir que mi bichilla es lo más valioso del mundo, sin dar a entender tampoco que hasta estas alturas de la crianza he sido un bicho malo, la he tenido desatendida y algún alma susceptible me envíe a casa a los asuntos sociales para que me la quiten. Hoy sé que sí quiero a mi hija, hasta el infinito y más allá. Más vale tarde que nunca. Hasta ahora, yo envidiaba mucho este sentimiento que socialmente es el aceptado como normal: esas madres y padres a los que se les cae la baba con sus criaturas, que los anteponen a todo, que no les ven defectos, a quienes la paternidad les ha revolucionado por completo la existencia y siempre para mejor. Y yo, por no parecer una psicópata desapegada que nada a contracorriente, me esforzaba por sentirme igual, pero no me salía. Ojo, que en ningún momento he pensado que no quisiese a mi mochuela, ni que desde su nacimiento me hubiera hundido en una existencia miserable, ni mucho menos me he arrepentido jamás de haberla tenido ¡con lo bien que lo planeamos todo su papá y yo antes de meternos en faena! Pero esos sentimientos almibarados y ese mundo rosa, y ese amor infinito desde el primer minuto tras ver el test de embarazo… Yo no los he vivido así. Me he ocupado de ella lo mejor que he sabido, porque mi sentido del deber y la responsabilidad es muy grande, y lo que se tiene que hacer se hace, sin pensar en nada más allá. Y la había querido mucho, a mi manera pero sin hacer esa exaltación de la maternidad. Sin embargo, hace cosa de dos meses, algo ha cambiado radicalmente nuestra relación.

1. La carta. Un buen día recibimos en casa una carta de la oficina de escolarización del ayuntamiento, informándonos de que como mi bichilla había llegado al mundo en 2013, podríamos ir pensando en tramitar todo lo necesario para elegir colegio. Y después de leerla, y pese a que el año pasado ya empezamos nuestra ruta de puertas abiertas escolares para elegir el mejor colegio posible, me derrumbé. Se me saltaron las lágrimas de la forma más tonta y se me encogió el corazón y la barriga (como gorda que soy, yo guardo muchos sentimientos también ahí, porque tengo espacio de sobra). Este hombre empezó a decirme que me dejara de tonterías, que no me iba a quedar con la niña en casa hasta los 6 años, por mucha ley que lo permitiera. Que ella se lo pasaría bien, que en casa ya empieza a aburrirse de pasar tantas horas encerradas, que quiere contacto con otros niños y durante más tiempo que en el parque… Pero el colegio era lo de menos. Lo que me pasó con la carta es que descubrí que de todos los tópicos e historias de sabiduría popular que rodean la maternidad, eso de que los hijos crecen muy rápido iba a ser la única verdad universal. Y a mí se me habían pasado ya los 2 primeros años casi sin enterarme.

2. La empatía. Desde hace más o menos un mes, mi bichilla ha empezado a parecer una niña mayor. No solo por el cambio brutal que ha experimentado en el lenguaje, que le permite nombrar todo lo que le rodea y hacerse entender, sino que pese a provenir del vientre de una madre nada sentimental, comienza a darse cuenta de la tristeza ajena, del sufrimiento, del daño. Empezó a exteriorizar este conocimiento al ver a bebés que lloraban por la calle. No dejaba de exclamar “¡oh, pobrecito bebé! Está llorando. No pasa nada, bebé, no pasa nada”. Al principio me hacía mucha gracia, porque curiosamente ella considera bebés a todos los niños que van en carrito, aunque claramente sean mayores que ella. Y un buen día, mientras teteábamos, me arañó de mala manera la teta contraria. Oye, me dolió, me sobresalté y ella se fue llorando, para volver en seguida pidiendo perdón y diciendo que lo sentía. No fue para tanto, pero me pareció un avance tremendo que entendiese el daño que había causado, y que se retuviese para no causar más. De vez en cuando, se acerca para darme besitos porque sí, para decir que me quiere, que quiere que haga con ella cualquier cosa, que le dé la mano, que la acompañe a buscar lo que no encuentra, o que le haga muchas cosquillas. Y claro, esto acaba enamorando a cualquiera.

3. La interacción. Con 2 años y medio, es increíble cómo se puede interactuar con ella. Dejando de lado los juguetes, sabe lo que quiere y toma decisiones, nos busca a nosotros porque quiere jugar en grupo, o contarnos los dedos de los pies, o ponernos crema, beber de un vaso normal como nosotros, ayudar a montar muebles de Ikea, cargar con bultos de la mudanza… Parece que quisiera pasar más tiempo con adultos, pero a la vez imitándonos y ayudando en todo. Y en uno de esos momentos en los que esáabamos las dos poniéndonos nuestros respectivos tratamientos faciales, descubrí que me había enamorado de mi hija. Que me encanta que se suba detrás de mi silla y me arranque la coleta de un manotazo para revolverme la pelambrera y peinarme a su estilo. Que me persiga con la lima de uñas para hacerme la manicura y quiera que se las pinte a ella de rosa, como mamá. De lo resuelta que es, de lo independiente que parece y de la gracia con la que hace todo lo que se propone. De que ahora sí, todo lo que haga por ella será lo único que de verdad merezca la pena. Vamos, que quiero a mi hija al estilo tradicional del resto de madres del mundo.

Entiendo que no os estoy descubriendo nada nuevo, porque seguro que la mayoría estaréis viviendo esta experiencia de la maternidad desde el primer instante de vuestro embarazo, o desde el primer segundo de contacto con vuestros churumbeles tras el parto. Pero a mí ¡el conocimiento me ha llegado muy tarde! Así es que me siento mamá primeriza ¡otra vez! Y hasta aquí la súper confesión del día. ¿Existirán más madres como yo, que hayan sido una mijita lentas para descubrir este gran secreto de la maternidad? ¿Es posible querer más a los hijos cuanto más tiempo se pasa con ellos?

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11 Comentarios

  • Responder
    marigem
    26 mayo, 2016 at 09:18

    Ayyyyyyyyyyyy qué preciosidad!!!!!! Mujer, tampoco eres tan lenta, lo que pasa es que no todos somos iguales y a lo mejor al principio estabas tan centrada en las cosas cotidianas en plan comer, dormir, pañal, bañarla que no te centrabas en estas cosas y ahora te demuestra cuanto te quiere y claro, te derrites.
    Recuerdo que ella era despegada y a lo mejor eso ralentizó tu enamoramiento, pero lo importante es que la quieres más que a nada y ya está.
    Lo de los bebés y niños de carro les pasaba a los míos, si un niño va en carro es un bebé, independientemente de la edad,jejeje.

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    Una mamá muy feliz
    26 mayo, 2016 at 09:33

    Ohhhhhhhhhhh qué bonito!!! a mí me pasa como a ti, según mi madre soy un poco cohete en est de expresar mis sentimientos y demás y aunque me vino la vena melosa antes que a tí, reconozco que al principio tampoco era una cosa…yo creo que todo empieza cuando nos empezamos a dar cuenta de que son personas con sentimientos y esas cosas, al principio los vemos más como, no sé como dice marigem, como que solo comen, cagan, mal duermen…y cuando empiezan a interactuar llega nuestro pavazo maternal y nos derrite ainssssssssssss

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    La mama fa el que pot
    26 mayo, 2016 at 11:20

    Yo reconozco que he sentido el flechazo desde el principio. Sinceramente no pensaba que se pudiera querer a alguien tanto. Pero que adore a mi hija no quiere decir que no vea sus cosas menos buenas.
    Pero también te digo que a medida que va creciendo me doy cuenta que cada díala quiero más

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    Gema
    26 mayo, 2016 at 12:58

    Yo tenía mucho instinto maternal desde siempre ya que durante muchos añose dediqué a cuidar niños. Cuando nació mi hija me enamoré de ella desde el minuto 1 pero esa super conexión de la que habla la gente los primeros días como que no la sentía del todo (solo a ratos). Por desgracia con 20 días nos dio un gran susto y estuvo ingresada 5 días en el hospital y ahí cambió todo. Solo de pensar que me podía quedar sin ella hizo que todo el instinto maternal se agolpara y ya nunca se fue

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    La maternidad de Krika en Suiza
    26 mayo, 2016 at 13:16

    Bueno dicen que más vale tarde que nunca no?? Pues eso, enhorabuena por tu reciente enamoramiento, jeje

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    Emma
    26 mayo, 2016 at 13:55

    Yo ya tenía instinto maternal sin tener niños. De pequeña mis juguetes preferidos eran los bebés, me encantaba jugar a mamas. Siempre me han encantado los niños y los bebés. Y siempre supe que quería ser madre.
    Para mi fue un subidón desde que supimos que seríamos padres por primera vez. Y fue tenerla y no soltarla, y a su Hermana igual. Soy muy madre koala y me derrito con ellas (que no te digo que no tengan sus cosas, como todos) Pero sí que sentí la conexión desde el primer momento y ellas están muy enmadradas y yo muy “enhijada”. jajaja.

    Pero oye, a cada uno le llega cuando le llega! ¡A disfrutarlo!

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    Barbara Vazquez Barge
    26 mayo, 2016 at 14:06

    Yo desde luego el embarazo lo viví como el incordio que había que pasar para tener un hijo, no era de esas madres que le ponen nombre antes de que se seque el pis del test de embarazo. Pero si te sirve de algo, hace tiempo leí una frase que me llamó mucho la atención, en “El amor en los tiempos del cólera”, de Gabriel García Márquez. Decía: ” A los hijos no se los quiere por ser hijos, sino por la amistad de la crianza”. ¿A que es bonito?

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    srajumbo
    26 mayo, 2016 at 20:08

    Ay maja… yo entiendo perfectamente lo que dices. Yo siempre tuve un instinto maternal bestial, tenía claro que quería ser madre. Pero cuando di a luz y lo tuve encima me sentí fatal, porque no sentía el amor ese inmenso que dicen que se siente nada más verlo. No se, me sentia rara. Claro que lo quería por dios, pero tenía tantas expectativas! Yo si creo que el amor va creciendo dia a dia.
    Espera un año más, que con 3 y medio ya tienes auténticas conversaciones, piensan y actúan por si solos, tienen golpes buenisimos..ahi te la vas a comer.

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    Annabel y V
    27 mayo, 2016 at 11:05

    Ay, ese momento ya de ser que interactua, y que te enamora (yo lo siento si que tengo esa ñoñería desde que nacío, ahí no te puedo entender) pero es cierto que esa nueva etapa suya me re-enamoró y como dice la jumbo desde los 2-3 años que encima tienen conversaciones, ideas, te cuentan sus cosas y sus pensamientos es lo más…

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    La Hobbita
    27 mayo, 2016 at 11:05

    Jijiji. Yo si he sentido ese enamoramiento desde el principio así que no puedo opinar. Pero seguro que no eres la primera ni la ultima a la que le pasan estas cosas 😉

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    nosoyunadramamama
    27 mayo, 2016 at 15:25

    jajaja, me parto contigo!!! ojo, que yo tengo instinto maternal desde que tengo uso de razón y si por mi fuera tendría 6 churumbeles porque me fascinan pero no soy de esas de mundo rosa (o azul celeste en mi caso) porque ya para empezar, no creo que mis hijos sean los más guapos ni más listos del universo… sé de sobra quién es el más gupo de mi casa o el más simpático, eso sí, jajaja… De todas formas, hay gente a quienes les gusta más un niño que un bebé, yo conozco muchos casos, por eso empiezan a disfrutar de la maternidad cuando sus hijos son más mayores…a mí es que me fascina un recién nacido!!! y lo poco que dura!

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