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Cómo piensa un bebé (IV) Escatología, comidas y orden

cómo piensa un bebé

Como primerizos que somos, estos razonamientos de mi bichilla desde que era bebé y buscaba por dónde entraban y salían los personajes de la tele, entre otras gracias propias de la edad, nos siguen sorprendiendo pasados los 2 años y medio. Aunque más que con sus poses y su forma de investigar, el hecho de que ya sepa muchas palabras y pueda expresar prácticamente todo lo que quiere logrando hacerse entender, es aún más alucinante que la etapa anterior. Con 2 años y medio, aún nos parece pequeña para tener esa soltura con la lengua, aunque pecando de falta de modestia diré que tiene a quien parecerse, porque yo no callo ni debajo del agua y además nunca le he hablado como si fuera un bebé o como si hubiera palabras que no pudiera entender. Por ejemplo, el extractor de humos de la cocina se llama así, y no porque me pareciera demasiado pequeña iba a inventarme un nombre más alegre y florido. Así es que la niña va detectando extractores, ventiladores y otros aparatos de fuera del mundo infantil sin problemas. Y así, con todo lo que la rodea. Lo que me ha costado más es no usar diminutivos, no porque ella sea niña y los padres tendamos a la cursilería en este aspecto, sino porque en mi vida de adulta normal los uso muchísimo, y claro, me tengo que contener un poco para que aprenda las palabras tal y como son, y no siempre empequeñecidas. Sin más divagaciones, os expondré las expresiones y descripciones de las situaciones cotidianas que más me sorprenden de mi churumbelita.

1. La caca. Desde que estamos con la operación pañal, y una vez superada la fase de “¡qué divertido es mearse por la pata abajo y hacer charcos en el suelo como Peppa Pig!” mi bichilla ha pasado a deleitarse, y mucho, con la contemplación de su caca. Lo primero que opinó de ella al verla fuera del pañal es que era claramente un bizcocho de chocolate, y que lógicamente quería comer un poquito. Por lo visto, el pestazo del pastelón no le daba nada de asco, porque ¡ay lo que me costó quitarle la idea de la cabeza! Ahora ha entrado en una fase en la que en cuanto la caca cae al agua salta de la taza del váter para contemplarla gritando ¡”Mamá, mamá una caca muy grande. Gigaaaaaante!”. Y ay como se haya desmigado la porcada en el agua: “¡Mamá mira, mira los bebés con su mamá, como pececitos! ¿De dónde saca esas comparaciones?

2. Los mocos. Creo que la chiquilla quedó algo traumatizada tras el par de resfriados de este invierno. Como no está acostumbrada a los males, eso de tener congestión nasal y estar obligada a pararse a respirar sin poder seguir con su frenético ritmo habitual, la traía por la calle de la amargura. Además, como no quería hacer uso de los pañuelos, trataba de disipar la mocarrera dándose manotazos a diestro y siniestro y esparciéndose los mocos desde la barbilla hasta la coronilla. ¡Qué ascazo y qué poco higiénica estaba! Desde entonces, ha decidido que los mocos son un asco, lo que no le impide meterse el dedito en la nariz y rebuscarse todos los que pilla, hacer sus pelotillas y… ¡deshacerse de ellos pegándolos en los brazos de los demás! Al grito de “¡Qué asco, un moco!”, echa a correr en dirección al ser humano que tenga más cerca y le planta la bola pegada a un brazo o a una pierna, mientras se aleja exclamando “¡Puaj, moco qué asco, qué asco!”.

3. No quiero dormir. Es de día. Empiezo a entender a esas familias que en pleno verano bajan las persianas a las 7 de la tarde, para crear una noche artificial y que sus churumbeles se vayan a la cama sin rechistar y sin saber que la vida continúa tras a ventana. A nosotros, nunca se nos ha pasado por la cabeza esta opción, porque así sea invierno cerrado o plena época estival, si mi mochuela pone un pie en la cama antes de las 11 de la noche ¡hacemos palmas hasta con las orejas! Pues aún así, en cuanto acaba de cenar dice que quiere asomarse a mirar por la ventana, y ver los árboles, los aviones, la montaña, los coches y la gente, pero dejando claro que no quiere dormir porque aún es de día. A la hora de la siesta es peor, porque ella dice “buenas noches. Se va a dormir la Laura” ya sea por la mañana, a mediodía o de madrugada, y como ha entrado en esa fase en la que si hay claridad no quiere echarse a descansar, este nuevo razonamiento nos desquicia un poco.

4. Vamos a desayunar puré con pescado, con lechuga y con zanahoria. Sé que la cocina no es lo mío, ni mis menús los más espectaculares y variados, pero si a esta niña le dices que vamos a desayunar, a comer o a cenar, siempre te pregunta: “¿Puré con pescado, con lechuga y con zanahoria?” Bueno, y con queso y con ketchup y con todo lo que se le vaya pasando por la mente. Lo curioso es que da la sensación de que eso es lo que quisiera encontrarse de verdad en el plato, cuando en realidad la lechuga no quiere ni verla y las zanahorias sólo las tolera en purés y potajes. Con estas mezclas, no la veo yo participando en un futuro en Master Chef Junior.

5. Orden en el caos del universo. Desde hace un tiempo, a raíz de las rabietas enormes porque en esta vida no todo sale como ella se lo espera, tratamos de enumerar lo que vamos a hacer en cada momento, para que sepa qué actividades vienen antes, cuáles después e intentar que desarrolle algo más de paciencia. Lo que ocurre es que al principio este invento nos funcionaba muy bien, pero ahora ella quiere cambiar el orden de todo. Si le decimos que primero hacemos un pipí, luego nos cambiamos de ropa y luego vamos a la calle, ella hace una contra oferta inaceptable que empieza por la calle. Y no puede ser, porque no vamos a bajar sin orinar y con la ropa porcachona de andar por casa. Otras veces sí podemos ceder (da igual si se quiere peinar primero y vestir después, o lavarse primero los dientes y luego hacer pipí) pero cuando no hay acuerdo empieza a gritar sus normas y su propio orden, detallando perfectamente cuáles deberían ser nuestros pasos. Y prepárate como pienses en alterarle el orden y le dé el ataque de frustración.

Es genial que razone y se exprese así, que diga que tiene hambre en la panzota, o pupa en el pie, o que la comida está deliciosa, pero ¡qué tremenda es cuando quiere imponer sus deseos! ¿Qué expresiones graciosas recordáis del razonamiento de vuestros hijos cuando empezaron a dominar el lenguaje?

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2 Comentarios

  • Responder
    Una mamá muy feliz
    18 julio, 2016 at 09:48

    Jajajajajjajaj están graciosísimos!!!! bueno venga, y un poco asquerosetes también jejejej. Yo era de las que hacían noche artificial para poderlo acostar a las 9 los últimos días de cole…y estuve a punto de poner cartones de huevos para insonorizar a los niños jugando en la calle, si es que hacía un soletrón todavía!!! qué relajación ahora que nos hemos vuelto trasnochadores!!

  • Responder
    marigem
    18 julio, 2016 at 19:51

    Jajaja, lo de los mocos me lo hacía mi hermana a mí y aún me dura el trauma, jejeje. Yo tenía a mis hijos en la calle todo lo posible, y al llegar a casa los metía directos en la bañera y bajaba las persianas para que durmieran pronto, aunque era un pronto relativo porque el baño les espabilaba que no veas, después de cenar tocaba un juego, luego ir al baño, beber, volver al baño, cuento, uno que le pregunta al otro y el otro le contesta, vuelta al baño… incluso pensé en dejarlo para por la mañana pero llegaban tan sucios, llenos de arena, churretones y yo que sé qué que no me atreví.
    Respecto a vocabulario, los míos tampoco hablaban como bebés, y mi hijo conocía todos los nombres de excavadoras, cargadores, Dumper, Zendich y demás cosas de las obras y desde la silla de paseo, si me paraba un segundo a mirar(me lo suplicaba a gritos, jeje) preguntaba a los obreros que veía todas sus dudas, si era una Zendwich de gasolina o diesel, si la rueda de repuesto estaba en el taller, unas cosas que no sabemos de donde las sacaba, jejeje. Y ella era más de razonamientos en plan el arco iris se forma cuando el sol lanza destellos del agua de la lluvia, que vale, no es que sea así pero con dos años no está mal, y se lo contaba al que quisiera escucharla.
    Lo de los pececitos me ha matado, eso tengo que contarlo, jejeje.

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