Crianza

Mi hija pega, muerde y araña. ¡Es un primor!

mi hija pega muerde y araña

Además de la pérdida de rutinas, el verano ha arrasado esta familia con el nuevo comportamiento de mi bichilla. Sí, ahora mi hija pega muerde y araña ¡el pack completo! De acuerdo en eso de que los 2 años pueden ser muy terribles (pero mucho mucho) a causa de las rabietas, y encima la poca o nula tolerancia de mi criatura a la frustración, nos pone las cosas aún más difíciles. Sin embargo, hasta ahora, todos estos comportamientos que estarían fuera de lugar para un adulto, o que hacen que encasillemos a los niños como malos, se limitaban a gritos, enfados airados y alguna que otra pataleta revolcándose por el suelo. Pero lo de este verano ya pasa de castaño oscuro, porque mi hija pega, da mordiscos y saca las uñas cada vez que se topa con una situación que la disgusta, que la enfada, que no le hace gracia, en la que no consigue su objetivo… En fin, que sus motivos son poderosos, muy diversos y sus ataques muy dañinos. Y muy dolorosos para quienes los recibimos, que por lo general somos su padre y sobre todo yo. Estamos probando todo lo que nos ocurre, y reconozco que en algunas ocasiones la desesperación me ha hecho actuar de forma irracional y nada productiva, pero no sé si será por mi nueva preñez, la revolución hormonal, el desgaste veraniego o por qué motivo, pero desde que mi hija pega me ha empujado al límite de mi paciencia y de mi cordura en cantidad de ocasiones. Os cuento cómo comenzó todo, cómo se ha ido desarrollando la situación desde que mi hija pega y qué estamos intentando hacer para solucionarlo.

1. Las primeras veces. Supongo que hacía muchísimo tiempo que mi bichilla lanzaba un manotazo por un enfado, y con la puntería que tiene la puñetera, siempre acababa causando una herida grave y sangrante. Así de burra es. Le decíamos que eso no se debe hacer, que le ha hecho daño a papá, a mamá o a quien quiera que hubiese resultado agredido y ahí quedaba la cosa. Solía lanzar el ataque en un momento concreto y ahí se paraba todo, hasta que la cosa empezó a ir a más.

2. La vergüenza pública. En julio su furia empezó a desatarse de mala manera, y lo peor es que había momentos en los que mi mochuela pegaba de forma completamente inesperada. Estábamos jugando, o viendo dibujos o comiendo, y de pronto empezaba a manotear, a arañar o a dar mordiscos porque sí, sin que aparentemente nada la hubiera alterado. Y claro, así no había forma de anticiparse. Lo peor, es que lo que antes era un ataque aislado, ahora se convertía en una lluvia de palos que no había forma de controlar. No se cansaba de repartir tortazos hasta que la aislábamos en su habitación o en algún sitio a solas. La peor escena desde que soy madre y mi hija pega, la viví a bordo del AVE, cuando mi madre, mi bichilla y yo fuimos a pasar unos días de vacaciones a Madrid. 3 horas y 15 minutos de viaje, que pasaron estupendamente durante el camino de vuelta hasta llegar a Zaragoza, pero pasada esta estación la niña se puso hecha una fiera: ni pintar, ni dibujos animados en la tablet, ni pasear entre vagones o en la cafetería, ni mirar por la ventana en busca de molinillos (aerogeneradores), ni zamparse la cantidad de chucherías con las que se había aprovisionado la abuela. Y allí no tenía dónde encerrarla a solas hasta que le le pasara el mal humor. Así es que después de intentarlo todo y debiendo permanecer sentadas mientras los pasajeros subían y bajaban en la estación de Zaragoza, me pegó y arañó tanto, que acabó enganchada a mi cuello dándome un mordisco en la yugular, mientras mi madre tiraba de ella y yo ya me visualizaba muriendo desangrada en aquel vagón. La gente que estaba de pie nos miraba, los que estaban sentados se levantaban para mirar. Yo no sé si se compadecían de mí o me juzgaban como la peor madre del mundo, pero aquello colmó mi paciencia y de verdad quise renunciar a su crianza de por vida.

3. Lo que hemos intentado desde que mi hija pega. Primero optamos por ignorar este comportamiento, pero cuando empecé a parecer un cristo por la de arañazos, moratones y heridas sanguinolentas en los brazos, se acabó lo de simular ignorancia. Esta niña tenía que entender que lo que hacía estaba mal, que dolía un huevo y que estábamos teniendo mucha paciencia con ella, porque somos sus padres y no nos queda otra, pero como llegase al colegio con esta actitud, le lloverían los palos de otros niños que seguramente no pensarían en quedarse de brazos cruzados. Así es que si me tiraba del pelo, yo le pegaba un tirón parecido (menos fuerte); si me daba un puntapié yo otro; y si me arañaba yo le clavaba las uñas. Pero esto no sirvió de nada, porque se ponía aún más violenta y atacaba aún más fuerte, con lo cual no podía seguirle el ritmo si no quería matarla a palos de verdad. Lo de razonar con ella en ese momento quedaba descartado, e incluso lo de razonar una vez pasado el episodio de agresividad, porque parecía que lo recordaba y le entraban ganas de volver a iniciarlo. Por ahora, lo que parece que nos funciona mejor es lo de decirle que nos ha hecho daño, que eso no se hace y que se vaya a su habitación. Generalmente, se encierra allí por su propio pie y no hace falta ni que la llevemos nosotros. Permanece un rato a solas, unas veces tranquila y otras desordena y lanza por los aires todo lo que tiene a mano. Pero después suele salir cabizbaja y pidiendo perdón por haberse portado mal. La disculpa le dura unas horas o un minuto, por lo que no me queda muy claro que este sistema acabe por hacerle comprender que si pega se va a quedar sola y sin hacer nada de lo que le gusta, y cuando no estamos en casa no es tan fácil aislarla en la esquina de un restaurante o en un parque al aire libre.

En definitiva, desde que mi hija pega me he sentido por primera vez impotente en la maternidad. Notar que no hay forma de que razone, de que comprenda por qué no debe atacar a los demás, sentir que me pongo violenta y como loca porque no hace caso, llorar de impotencia e imaginarme maltratada y sin haberla podido civilizar cuando tenga 15 años… Sólo me faltaría que empezara el colegio convertida en la matona de la clase. ¿Vuestros churumbeles pasaron por episodios similares a esta edad? ¿Qué trucos usasteis para que dejaran de pegar?

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12 Comentarios

  • Responder
    Emma
    13 septiembre, 2016 at 09:49

    Ostras, la bichilla, qué carácter…

    Mi hija pequeña tuvo una época de pegar, pero no a nosotros, eso nunca lo ha hecho, al menos por el momento. Ni pegaba como para hacer daño como el que cuentas. Le soltaba manotazos y tirones de pelo a los niños de su clase de la guarde, y algún que otro mordisco. Por suerte se le pasó, y ahora alguna vez se le va la mano con su hermana, pero nada del otro mundo.

    ¡A ver si alguien te puede dar algún consejo, debe ser complicado!

  • Responder
    Aprendemos con mamá
    13 septiembre, 2016 at 10:34

    Mi hijo mayor pegaba y mordía sobretodo cuando llegó su hermana, él tenía dos años.

    Yo creo que hay que tener mucha paciencia, entretenerle y despistarle en vez de regañarle constantemente porque sino se enfatiza mucho en lo malo y es un nunca acabar.

    Llegará un día en el que deje de hacerlo e irá disminuyendo lentamente.

    Mi hijo con 4 y 5 años ha hecho cambios enormes.

    Mucho ánimo!!

  • Responder
    nosoyunadramamama
    13 septiembre, 2016 at 10:36

    ufff, vaya tela!!!!! no sé decirte!!! seguramente se le pasará, digo yo… estos no nos han salido pegones; Alfonso pegó a un compañero al empezar el colegio un día pero fue solo eso, puntualmente… Rafa fue insoportable con las rabietas pero la mano no la tiene larga, la verdad! Gabriel sí que este verano empezó con manotazos a niños de su edad, y la verdad que yo me preocupé, pero en la guarde estos dos días nos han dicho que va bastante a lo suyo y que no molesta a nadie.. asi que cruzo los dedos. Es cierto que al ser el pequeño, con sus hermanos juega a lo bruto y su interacción es más «salvaje» pero vamos, no son niños pegones… Mucho ánimo, que veo que es guerrera!

  • Responder
    mireia
    13 septiembre, 2016 at 10:39

    Hola Lucía,

    Mi hija es más pequeña (20 meses), pero también ha tenido y tiene épocas que me pega, solo a mi. Me siento identificada, por que esa actitud te deja descolocada, y no sabes como reaccionar para reconducir el comportamiento de forma adecuada. He comprobado que lo hace cuando esta alterada, cuando tiene el ritmo ya pasado, es decir, si esta cansada y ha hecho poca siesta o ninguna, tarde, etc.
    He probado ignorando, riñendo, hablando con paciencia, aislando, etc. Parece que apartarla de la actividad y decirle que no le hago más caso por que me ha pegado parece funcionar, aunque en ocasiones, no siempre. En muchas ocasiones directamente se ríe y lo toma como el juego, hasta que me voy. En fin, creo que esto es ensayo y error, ir probando la estrategia que funciona. Mucha paciencia, y ánimo!

  • Responder
    Anónimo
    13 septiembre, 2016 at 10:43

    Hola. Yo creo que se irá pasando. En serio. Me parece estupendo lo que haceis. No soy una experta pero creo que, en la crianza, las etapas van pasando por sí mismas y, con vuestra actitud, pasará esta como otra más. Elisa también pega a veces y le decimos lo mismo que vosotros. Y creo que es lo que funciona. Que vea que hace daño a la gente que quiere. Ya verás como pronto se le pasa!

  • Responder
    Una mama mas
    13 septiembre, 2016 at 11:41

    Pues debe ser la edad, el mío que tienen 4 días más que la tuya el otro día me soltó dos bofetadas! Me entro una impotencia tremenda además de ganas de llorar! Qué mal rato. También he de decir que dentro mío tenía ganas de mostrarle lo que dolía, pero no actúe. Lo que hice fue ponerme a su altura (literalmente!) y decirle que me dolió, que me tenía que pedir perdón, y hasta que no me pidiera perdón estaba castigado. Acto seguido se fue con su padre llorando, y su padre le explico más o menos lo mismo. Y después de 10 minutos me pidió perdón, yo lo perdone pero también le expliqué que ahora estaba castigado no sólo por lo anterior, sino porque además me había pegado. Para el estar castigado es no poder jugar con la videoconsola (padres gamers, hijos gamers!), así que ese día no pudo jugar.
    Hace poco días volvió a levantarme la mano, pero esta vez fue el solo quien vino a pedir perdón y darme un beso en la pupa!
    Hace poco escuche que lo de pegar y dar gritos (esto también le da al mío! Pegar gritos de enfado!), es porque no pueden expresar su enfado por otro lado, así que intento que cuando se enfada me lo explique antes de que escale, porque realmente no me apetece nada la situación!
    Animo… ????

  • Responder
    yolandalopezlopez
    13 septiembre, 2016 at 14:42

    Hola Lucía, esa etapa la pasé yo también. De forma más débil pero también. Creo que pocos niños no han mostrado algún signo de agresividad, si te consuela. A mí me funcionó el rechazo. Sí, cuando hacía algo malo le decía que me había decepcionado y que sólo podría ser su madre-amiga cuando dejara de hacerlo. Empezó con buen pie, pidiendo perdón al compañero, a la profe y a mí … y aunque ocasionalmente se le escapaban, se reprimía y aprendió a canalizarlo.
    Sólo un consejo, muéstrate segura y tranquila, a él le vencerá tu seguridad, tu firmeza pero también tu comprensión.
    Un beso

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    1sapito
    13 septiembre, 2016 at 16:24

    Ostras, qué situación tan difícil! Creo que en tu caso yo también habría probado el… Si lo haces te la devuelvo, pero visto que no funciona… Por lo que leo de otras madres la época de los 2 años es durisima. Ay… Que dios nos pille confesaos, yo no se qué haré con little alíen!

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    Mamá arcoíris
    13 septiembre, 2016 at 18:42

    Madre mía, mi hija solo tiene un año así que no puedo ayudarte pero me estas dando miedo porque ella también tiene 0 tolerancia a la frustración así que no se por donde puede salir.

  • Responder
    I.
    17 septiembre, 2016 at 11:37

    Estoy de acuerdo en que muchos niños pasan por fases de pegar, pero lo que cuentas es más preocupante que soltar una bofetada de vez en cuando. Yo, al contrario de algunos comentarios, no creo que se resuelva de forma espontánea. Deben aprender que es algo intolerable, y aunque estáis a tiempo de solucionarlo, si continua, no tardes en pedir ayuda. Es muy importante trabajar la tolerancia a la frustración y la paciencia, decirles NO desde que son muy bebés. Ánimo, lo importante es buscar soluciones.

  • Responder
    María - Mivi Mamá
    20 septiembre, 2016 at 05:25

    Madre mía con la bichilla, menudo genio.
    Mi niña tiene 14 meses así que poco puedo ayudarte, pero miedo me da ella porque cuando se enfada saca la mano a paseo que no veas. A lo loco, pero como te cace…
    Espero que sea algo pasajero y dure poco. Mucho ánimo guapa!

  • Responder
    La Hobbita
    24 septiembre, 2016 at 19:54

    Espero que esta fase se pase pronto y que en breve nos des la solución para las que venimos detrás. Que miedo!

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