Crianza

Cuando tu hijo ve llorar a su madre por primera vez

hijo ve llorar a su madre

Hoy dramatizamos. Bueno, intentaré no hacer mucha tragedia del episodio, que no es propio de mí, pero jamás pensé en lo que ocurre cuando un hijo ve llorar a su madre por primera vez. Los hechos se remontan allá por el mes de junio de 2016 (hace cuatro ratos, vamos) a los pocos días de saber que estaba embarazada de nuevo. Era un día laborable normal, mi bichilla y yo habíamos pasado la jornada en casa, habíamos hecho nuestro paseo, su padre había llegado del trabajo, habíamos cenado, hecho tareas del hogar, cuando de pronto estalló la tormenta. Y no precisamente en la calle por el mal tiempo. Había una lavadora que estaba finalizando su ciclo, y este hombre me dijo que él se ocuparía de tender la ropa, para que yo no me tuviese que agachar tanto (ya ves tú, si con mis preñeces asintomáticas casi que me noto más agilidad durante el embarazo que en mi vida de gorda normal). Y así quedó la cosa, con ese compromiso que no llegó a materializarse nunca. Cuando en una de mis idas y venida a la cocina em di cuenta de que la ropa seguía allí dentro del bombo, toda arrugadita y perdiendo la oportunidad de estar venteando en la calle ¡mi paciencia se agotó! Dice este hombre que me perdona, y que no tendrá en cuenta el espectáculo que monté porque lo achaca a las hormonas del embarazo. Pero la verdad, yo no estoy segura de que fueran estas las desencadenantes del espectáculo. Lo cierto es que me sentí agotada de repente, desbordada por mi hija, la de las rabietas constantes, por un marido quebrado de trabajar fuera de casa que nunca ve el desorden de dentro, y con la mente puesta en un futuro bebé que sólo vendría a dificultar más la situación. Y así se produjeron los hechos.

1. La violencia y los gritos. Literalmente ¡me volví loca! ¿Sabéis esas escenas de telenovelas latinoamericanas en las que ellas son engañadas y pegan puñetazos contra el pecho del galán, mientas chillan, y lloran, y menean la cabeza poseídas? Pues igual, igual, pero en versión talla grande, vestida con el pijama y con acento andaluz. Oye, unos golpes en el pecho que le daba a este hombre en medio de la cocina, mientras le gritaba lo hartita que me tenían los dos, él y la niña, lo cansada que estaba de todo y lo impotente que me sentía porque no tenía esperanzas de que la situación fuese a mejorar (todo esto con vocabulario menos fino y más abundancia de insultos graves y de palabrotas). Y mi bichilla allí de pie, presenciando esa primera vez en la que un hijo ve llorar a su madre sin entender nada de lo que pasa. Se nota que esta niña debe llevar mis genes, y llorar de pena o de miedo no va con ella. Así es que se quedó tan pancha, observando la escena (verás tú como la haya dejado traumatizada de por vida) para después convertirse en la actriz invitada de la función. A saber.

2. La niña apaciguadora de fieras. Al ver la carita que ponía mi criatura, decidí encerrarme en el dormitorio porque era la habitación más apartada de toda la casa, y seguir allí con mis penas y mis lamentos y mi quejas de vida desgraciada. Pero como en Cataluña no se estila poner cerrojos en las puertas, aquello parecía el camarote de los hermanos Marx. Mi bichilla no paraba de venir a decirme “Mami no pasa nada, no llores, mami. Tranquila mami, que soy yo, soy Bauba. No llores más”. Y claro ¡más me hizo llorar! Si que no podía controlar el llanto anterior, pues peor aún al darme cuenta de que mi hija de dos años y medio estaba tratando de consolarme. ¡Para que me matasen, vamos!

3. Indagando en los motivos. Este hombre tenía clarísimo que todo esto sería un episodio pasarejo y hormonal (su dejadez con la lavadora no le parecían agravante necesario), y que en cuanto se pasara la marea de llanto todo quedaría en nada. Yo me visualizaba ya como madre que abandona el hogar, preñada y sin mirar atrás a la hija y al marido que deja en el camino. ¡Es que no soportaba ni mirarlos! Y mi mochuela seguía con sus pesquisas de hijo que ve llorar a su madre por primera vez y que no entiende por qué se ha puesto así de loca. “Mamá ¿qué te pasa?, ¿Te has hecho daño?, ¿Tienes pupa mami?” Y mamá, o sea, yo, venga a llorar y a esconderme en la almohada para que dejara de fijarse en mí.

4. La puesta en escena. Como sólo me salía decirle que se fuera, que no me pasaba nada, y esta versión a llanto “pelao” no parecía convencerla, mi bichilla se dedicó a correr por todos los pasillos y habitaciones de la casa, encendiendo todas las luces y corriendo desorientada e imparable de un lado a otro. Su padre no podía entretenerla en el salón, porque ella sabía que yo seguía allí, con mi trauma, e iba y venía de un sitio a otro, para acariciarme y tranquilizarme. ¿De dónde habrá sacado estás técnicas de persuasión?

No sé qué sentiría ella (nada bueno, seguro). Nunca la había visto tan nerviosa y actuando de esa forma. Claro que a mí misma ¡tampoco me reconocía! Cuanto más me irritaba más me daba la sensación de estar viéndome como desde fuera de mi cuerpo, como si fuese una espectadora más y no la protagonista de la tragedia. ¡Cosa más rara! Cuando lo cuento ¡todo el mundo le da la razón a este hombre y lo fundamenta en cuestiones hormonales de la nueva preñez! Pero en mi primer embarazo a mí no me pasaron estas cosas. Y por suerte, en todos estos meses posteriores, tampoco he vuelto a recaer de semejante manera (pese a que cuando no es la lavadora, es el lavavajillas y cuando no la ropa sucia tirada en cualquier lugar… Vamos, que detonantes los sigo viendo a diario).

En casa ¿habéis vivido una situación similar que achaquéis al embarazo? ¿Recordáis esa primera vez en la que vuestro hijo ve llorar a su madre? ¿Creéis que es un episodio más de la crianza o que les puede afectar de por vida? De momento ¡la mía sigue siendo igual de terremoto que siempre!

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11 Comentarios

  • Responder
    mamá puede
    21 noviembre, 2016 at 07:40

    Visto desde fuera te imagino como en las telenovelas y se me hace divertido jaja (insisto desde fuera)

    Mis peques si me han visto llorar alguna vez, pero recuerdo una especialmente, yo estaba superada por la toma de la decisión de dejar el trabajo y me derrumbé sin más, me puse a llorar pero de una manera muy tranquila, como para calmar nervios y lo que hicieron los niños fue sentarse conmigo en la cama y abrazarme sin decir nada, lo que me hizo llorar más

    Creo que los niños también tienen que vernos llorar

    Y me imagino que tu episodio fue de un “hasta aquí” como les que yo tengo muchos sin estar embarazada, a lo mejor ves 5 días los pantalones en el suelo y no dices nada pero llega el sexto y ves un calcetín encima de la silla y armas la marimorena jaja

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    marigem
    21 noviembre, 2016 at 07:52

    Jajaja, te imagino en pijama y con acento andaluz. A mí no me pasó, tuve embarazos malos pero el tema hormonal me respetó, y en el posparto también, así que no pude ser protagonista de tal drama.
    Ayyyy, pues no sé cuando me vieron llorar por primera vez, supongo que ya de mayorcitos, con alguna muerte de alguna persona o de algún animal, por algo así.
    Besos y lo que me he reído, ya sé que para ti en el momento no tenía gracia pero lo cuentas genial.

  • Responder
    Nuria
    21 noviembre, 2016 at 09:04

    Te entiendo perfectamente, y yo no creo que haya sido por el embarazo (a mi me pasa y no lo estoy) . Es que tragamos mucho, quedarse en casa con los niños no es la opción más fácil. No sólo son ellos si no la casa también. Y cuando llegan los maridos sólo pretendes descansar un poco que ya toca, y que no hagan lo que nos gustaría hace que no nos sintamos respetadas. En mi caso, la cosa ha ido a mejor, pero muchas veces todavía siento sola e incomprendida. Llevar dando pecho 2 años 8 meses también es que agota una locura, no dormir… En fin, que somos humanas y de vez en cuando normal que nos sobrepasen las cosas. Besos.

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    Ester
    21 noviembre, 2016 at 09:38

    Buenos días, en realidad aún no he sido mami asi que no puedo poner deescusa las hormonas del embarazo, pero si se llega a extremos de decir: pero quien me mandaría a mí meterme en estos fregaos.. quien???

    Lo de verte llorar, creo yo actuaría de diferente manera, por que esconder el llanto? Sea de furia, de alegría o de tristeza la vida no es perfecta y un camino de rosas,

    Ellos y ellas deben saber que los sentimientos se expresan, unos llorando, otros callando…otros sin comer o cenar (esa a veces soy yo) jajajajaj

    Creo que forma parte del día a día y de la convivencia.

    Un saludo!

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    Una mamá muy feliz
    21 noviembre, 2016 at 09:47

    Jajajajajajaj perdona hija pero mi imaginación vuela. Pues yo si recuerdo cuando UNMF me vió llorar por primera vez y el pobre mío se pilló un berrinche…Fíjate que ni recuerdo porque fue (si tengo claro que no por las hormonas de la preñez jajaja), seguramente por algo sin importancia, la verdad es que soy muy llorona, pero para él parecía que se acababa el mundo.
    Bueno, lo cierto es que este niño mío me oye medio suspirar y ya está encima haciendo pucheros “mamá que te pasa?”…más sensible es!!!
    Oye aun mantienes el acento andaluz!?

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    Tere lafuente
    21 noviembre, 2016 at 09:49

    Como te entiendo…..y no estoy embarazada y me pasa. El otro día fue el primer día que me vio llorar mi niña, bueno….la primera no, pero creo que fue la primera que se dio cuenta que la mama lloraba. Se quedó parada y me miraba con una pena…???????? y también fue por acumulación de tareas, por agobio, por querer desaparecer un poco o para descansa, un cúmulo de cosas que exploté! Le miré a mi hija y le dije….mama ta bien llora como tú y no pasa nada. Y luego a jugar tan pancha! No creo que le perjudique en un futuro, creo que se normaliza un echo que también pasa, las mamás somos humanas!????

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    Arusca
    21 noviembre, 2016 at 09:52

    Quizás las hormonas fueran la gota que colmó tu vaso, pero si sigues viendo “detonantes” es que motivos tenías. Lo que cuentas de la lavadora también me pasó a mí una vez. Y también he montado pollos si no por los zapatos tirados por el salón, por el pis fuera de la taza (con tres polluelos ya imaginarás que raro es el día que aciertan los tres)…
    No recuerdo la primera vez que lloré delante de mis hijos. Pero desgraciadamente de un tiempo a esta parte lloro más. La primera vez ellos siempre hacen lo que nos ven hacer a nosotras (la pupa, si estamos malitas, que no pasa nada, que ellos te quieren mucho, que no te pongas triste…). Ahora creo que ellos saben que me desbordo y me respetan ese ratito de lágrimas. Afortunadamente, no es algo que pase a diario. Pero tampoco creo que debamos ocultarnos de ellos. Ellos lloran cuando les pasa algo. Nosotras también. Y no pasa nada. Al menos así lo veo yo 🙂

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    nosoyunadramamama
    21 noviembre, 2016 at 11:27

    jajajajaja, estoy imaginándome la escena, que obviamente no tiene nada de graciosa… porque a veces las situaciones son así y te desbordan. Pues mira, yo también estaba embarazada la primera vez que recuerdo llorar delante de los niños. Estaba de 7 meses en el tercer embarazo, pero te aseguro que no lloraba por el embarazo, porque soy lo menos hormonal que existe y no noto ningún cambio en los embarazos. La razón era un niño, llamada Rafael, de casi dos años en plena fase de rabietas que un día decidió que no bastaba con llorar 10-20 minutos, sino que decidió hacerlo durante más de una hora… A ver, yo creo que la bichilla no se acordará, Alfonso no lo recuerda y tenía casi 4 años… Pero creo que no pasa nada por llorar, y la verdad es que no creo que los niños le den mucha importancia porque fíjate que si verán niños llorar en el cole, les causa preocupación un minuto pero luego, tan contentos…

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    Mami esto está chuli
    21 noviembre, 2016 at 15:25

    Recuerdo una vez que yo tenía un berrinche que pá que. Venga a llorar sin poder callarme y como tu dices ellos me consolaban y yo más lloraba.
    Supongo que ellos siempre nos quieren ver felices y se afligen. Además no es malo crearlos esa empatia pero vamos que les dura dos momentos. Por cierto la imagen de los puñetazos en el pecho se me ha grabado en la imaginación jejeje

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    Anónimo
    22 noviembre, 2016 at 19:24

    Yo

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    Letrasyvolteretas
    22 noviembre, 2016 at 19:27

    Yo no me río buf en el embarazo y recién parida también. Las hormonas asquerosas oye si no es una lavadora es una mosca, y si no un estornudo,… el mío el pobre se queda paralizado a saber lo que les pasa por la cabeza. Me encanta lo de Bauba ❤️️❤️️ ánimo

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