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El feto olvidado. No tengo tiempo para ti

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¡Qué bonito texto para este día prenavideño! La historia de mi feto olvidado comienza en el momento en el que decido que ya no me fío de los consejos ajenos, ni de las opiniones de la gente sobre embarazos y crianza. Creo que la mayoría de las veces solo me topo con personas que quieren preocuparme porque sí, o a quienes el recuerdo les ha distorsionado la memoria. Mi primer embarazo, parto y post parto fueron tan buenos en comparación a lo que todo el mundo me había contado, que en este segundo se dedicaron a explicarme de nuevo todo lo que podría salir mal. Porque dos embarazos nunca son iguales. Ni siquiera en la misma mujer. Y de momento, en eso también se equivocan. Vamos, hasta un ebook para desdramatizar preñeces elaboré tras mi primera gestación y esta segunda está siendo prima hermana de aquella. Pero si hay algo que no quería creer pero que se me está revelando como una certeza, es que mi nuevo churumbel va a pasar a la historia de nuestras vidas como el feto olvidado. Es un bebé buscado, programado, cronometrado y casi encargado con una precisión milimétrica. Pero tiene una hermana previa, cuya presencia en el mundo es ineludible y cuyos requerimientos y exigencias van en aumento según crece. Por eso, cuando me acuesto cada noche y antes de caer en la duermevela, me doy cuenta de que efectivamente, vuelvo a estar embarazada, y me apena pensar en mi hijo relegado, que no molesta, que no se queja, que no demanda y que por lo tanto no se está llevando ni un minuto de nuestras atenciones.

1. La comparación con el primer embarazo. Hace 3 años solo existíamos mi panza y yo. Desde que me levantaba hasta que me acostaba mis pensamientos giraban en torno a mi preñez, mis mini síntomas, mis planes de futuro como madre, el bienestar de mi churumbelita, si sería buena madre, si ella sería una niña de buen dormir, buen comer, con salud y que nos hiciera la crianza fácil y feliz. Ahora, ¡ay ahora! Ni un segundo libre me deja mi primera criatura para ensimismarme con estos pensamientos. Al principio del embarazo, cuando aún lo llevábamos en secreto, yo creo que debió notar algo raro en mí, o en la leche de la teta, o en el ambiente, porque fue cuando explotó su peor etapa de rabietas. Entre gritos y revolcones por el suelo, intentos de agresión y dramas por doquier ¿creéis que estaba yo como para sentarme a recreare con mi recién descubierta preñez? Pues no. Bastante tenía con llegar viva al final del día y no haber intentado matarla a ella tampoco durante la jornada. En cuanto empezó el colegio, todos los desvelos se me fueron en este sentido: su mal periodo de adaptación, su cambio de actitud en casa, acostumbrarnos a madrugar a la vez, las rutinas a todo correr, el horario de recogida, la demanda de atención por las tardes y hasta la hora de acostarse. Ya no tenía niña durante cantidad de horas al día, pero tampoco me sobraba tiempo para pensar en mi nueva maternidad. Y como el feto olvidado tiene este comportamiento asintomático y tranquilo, no se hace notar más que cuando vamos a verlo en ecografías.

2. Los avances y las sensaciones. Eso de pensar si este tirón que siento aquí, este peso en la vejiga o esos aleteos en el interior de la panza estarán relacionados con mi feto olvidado, casi que tampoco me ocurre. Con los meses lógicamente he ido tomando conciencia de mi estado de preñez. Por el jamón serrano prohibido, por los kilos que he ido perdiendo y ahora recuperando… y poco más. Incluso en lo que se refiere a malestares propios del embarazo, como no tengo ninguno, podría estar embarazada o no estarlo. Y hasta para los primeros movimientos mi nuevo churumbel ha sido más lento que su hermana, o más calmado, o yo no he sabido ni siquiera darme cuenta de que ya estaba intentando dejar patente su presencia en este mundo. Pensad que hace 3 años, siendo primeriza, yo supe en la semana 17 que lo que notaba eran los movimientos de la niña, y ahora que sé lo que debo esperar sentir, aquello no lo tuve claro hasta la semana 20 y no empezaron a hacerse inconfundibles y muy frecuentes hasta casi la semana 23.

3. El futuro que vislumbramos. A veces, creo que cuando el feto olvidado nazca, yo me ocuparé de él durante las 24 horas del día y mi bichilla pasará a ser propiedad exclusiva de su padre. No por nada, ni siquiera porque desee compensarle entonces por esta falta de mimos durante la preñez, sino porque los primeros meses de un bebé con lactancia a demanda son así. El padre es un pilar fundamental, pero ese contacto y apego que no cesa durante un segundo al día solo se tiene con quién lleva la teta colgando. Y mi bichilla será feliz de tener a su papá en exclusiva, porque es el más divertido y molón de nosotros dos (casi siempre). Pero temo que note que la dejo de lado o verme incapaz de atenderlos a los dos según sus necesidades concretas. ¡Todo se andará!

Supongo que son sensaciones habituales, y que en este sentido la primera maternidad no se parece a las siguientes, porque ya hay en el mundo otros churumbeles que reclaman toda tu atención. ¿Vosotros lo vivisteis de forma similar? ¿O lograsteis que todos los embarazos se hicieran notar y quedaran para el recuerdo?

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3 Comentarios

  • Responder
    La maternidad de Krika en Suiza
    23 diciembre, 2016 at 08:34

    Yo este tercero sí he estado un poco más pendiente porque sabía que era el último y quería disfrutarlo a tope pero del segundo…del segundo embarazo casi ni me acuerdo, como para estar pendiente del embarazo con un bebé que todavía no había ni cumplido su primer añito! Pobre monstruitopequeño, él sí que fue mi feto olvidado!

  • Responder
    marigem
    23 diciembre, 2016 at 10:29

    ¡¡¡¡Hola!!!! Pues yo como Krika, a pesar de mis nauseas y vomiteras hasta el último momento con una niña de meses no tenía tiempo de recordar que estaba embarazada, al no tener casi tripa ni nada, es que se me olvidaba.
    Luego llegó él, sin dormir, comiendo mal y haciéndose querer porque en lo demás era y sigue siendo la típica persona que intenta hacer más fácil la vida de los demás, y a veces creo que es porque fue un pobre feto olvidado.
    Un besito, que tengáis muy felices fiestas y claro que as a atenderlos a los dos de maravilla, una cosa es imaginarlo y otra vivirlo, cuando los tenemos aquí nos arreglamos estupendamente. Pasa de lo que digan los demás.

  • Responder
    nosoyunadramamama
    24 diciembre, 2016 at 16:05

    Yo te entiendo, una vez me subí a los coches de choque en el embarazo de Gabriel sin acordarme que no es nada recomendable, se me había olvidado!!! como además tengo esas mini barrigas que me permiten una movilidad asombrosa… Yo la verdad es que nunca hice mucho caso a agoreros, quiero decir, si tiene que pasar algo malo, por estar pensándolo, no lo vas a evitar asi que… mientras todo vaya bien, para qué preocuparse! Feliz Navidad!

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