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Mi hija no tiene ilusión por los regalos. ¿Suerte o desgracia?

Mi hija no tiene ilusión por los regalos.

Creo que ya lo he insinuado en más de una ocasión por aquí, por allá, en el blog, en las redes sociales, al natural… El caso es que mi hija no tiene ilusión por los regalos. Y no creo que pase nada. Es más, pienso que en nuestra sociedad es un mal que sufren muchos niños y que somos los adultos los que no queremos darnos cuenta del asunto, pensando que cuanto más gasto hagamos en ellos mejor, que cuanto más caro sea lo que tengan, mejor, y cuanto más perjudiquemos nuestra economía por esa supuesta ilusión, mejor que mejor. Pues reconozco que no le he comprado nunca un regalo a mi hija. Llamadme mala madre o lo que queráis, pero por unas cosas o por otras en esta casa han entrado ya demasiados juguetes. No puedo decir que de todos haya pasado olímpicamente, pero me sobran dedos en ambas manos para contar los que de verdad le han llegado al corazoncito. Supongo que puede que le ocurra esto porque aún es pequeña, y que conforme vaya creciendo se le despertará el interés por el consumismo (o no) pero es que con su edad hay padres que afirman que sus hijos quieren todo lo que ven en la tele, o en las jugueterías. Y oye, nosotros podemos entrar y salir sin comprar y tan panchos. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Pues no tengo ni idea, porque no hemos hecho nada especial, más bien nos hemos quedado cortísimos en cuanto a presentes.

1. No siempre les hace más ilusión lo que piden con especial vehemencia. Esto lo tengo más que comprobado. La bicicleta iba a ser lo mejor de su vida y no la mira si no se lo recordamos. Ya desde bebé no ha tenido apego por sonajeros, mordedores, doudous, peluches o muñecos de cualquier tipo. Los bloques de construcción siempre han estado a su alcance y unas épocas tienen más éxito que otras, pero podríamos decir que sí ha jugado mucho con ellos. Igual que con la mesa de actividades ¡y los disfraces! Esta sí que es su gran pasión y eso que nunca lo hubiéramos sospechado. Pedir, pedir, sólo podemos decir que ha pedido la bicicleta y el patinete. Una de cal y otra de arena. Porque al menos, el hecho de que mi hija no tenga ilusión por los regalos viene acompañado de un comedimiento sospechoso que nos viene de lujo: nada le gusta demasiado y casi nada la entretiene, pero al menos tiene el detalle de no encapricharse prácticamente con nada. Por lo que no nos incita a comprar cosas que luego va a ignorar a los dos minutos.

2. Prefiere el tiempo con nosotros a cualquier juguete. Por caro que sea, y por sosos que seáis como padres. Esto me ha costado entenderlo, porque yo no soy una madre excesivamente festiva: no hago DIY, no bailo, no canto, no me invento juegos molones, no soy creativa y no me desvivo buscando ideas para que mi bichilla se entretenga. Si se tiene que aburrir, que se aburra, pero si tengo un ratito para dedicarle, ya desde pequeña prefería perseguirme y recogerme las pinzas de la ropa o ayudar a meter platos en el lavavajillas ¡qué fiestón! Total, que aunque me propusiese sentarme con ella a jugar con sus cosas, ella desviaba la atención a actividades de adultos y prefería estar implicada en lo que me veía hacer a mí, acompañarme en mis tareas, en lugar de tener que involucrarme yo en las de ella. Ahora, sigue comportándose de forma parecida y desde que empezó a ir al cole sólo demanda atención y compañía, pero como mi hija no tiene ilusión por los regalos, lo que quiere es que finjamos que estamos en el cole y ella es la maestra y nosotros alumnos; que es La doctora de juguetes de los dibujos de la tele y que yo necesito un chequeo; o que su papá es un perrito al que tiene que llevar de paseo por la casa, guiarle para que no se haga pipí en la alfombra, para que no ladre y moleste a los vecinos, etc., etc. Vamos, que nos sale barata, barata. Con 15 años seguro que no cambiará el móvil por un rato con nosotros, pero ahora sí. ¡Hay que aprovecharlo!

3. Me niego a comprar juguetes a lo tonto. Desde que nació, así por iniciativa propia, creo que le hemos comprado un patinete este verano, porque lo quería mucho, mucho, mucho y faltaba demasiado tiempo para su cumpleaños o para cualquier otra celebración (y fue un acierto, todo hay que decirlo) y de valor ¡nada más! En 3 años de vida. Antes, porque era muy bebé y no lo necesitaba, por lo que nos negábamos a gastar dinero cuando todo el mundo pasaba de nuestras peticiones y acababa regalándole juguetes que escondíamos para ir dosificándolos durante el año. ¿Qué ganaba con tener uno más de nuestra parte? ¿Iba a recordar el día de su boda que yo no fui la que pagó su muñeca preferida? Pues eso, que decidimos guardar el dinero para lo verdaderamente importante y si alguien le quería regalar un juguete, era libre de hacerlo, e incluso estábamos dispuestos a orientarles según lo que creíamos que podría gustarle más a la niña, pero nada de pagarlo nosotros.

No creo que seamos peores padres por no comprarle nada en ninguna fecha especial, sobre todo porque mi hija no tiene ilusión por los regalos, y además ¡no suele pedir nada! Esto tiene una parte compleja para la logística familiar y es que como la gente asocia a los niños con juguetes, hemos llegado a ponerla delante de varios catálogos de diversas tiendas para esta navidad, y hasta a darle un lápiz para sentarnos a ver las fotos y que marcase lo que quisiera que le trajesen los Reyes. Pues te dice claramente que no quiere nada. Se aleja del catálogo y se va a buscar sus libros y sus cosas. Adora ¡dile que la llevas a un hotel, una playa, una piscina o a echar la tarde en la tienda gigante (Ikea)! Y se vuelve loca. O sea, que a día de hoy, yo no tengo la más remota idea de los juguetes que le podrían gustar a mi hija. Otro motivo más para no invertir dinero a lo loco. ¿A vosotros os supone un trauma no regalar cosas materiales a vuestros hijos? ¿Que no sean los que más reciben en cada celebración? ¿Eran así de pequeños y cambiaron radicalmente al crecer?

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4 Comentarios

  • Responder
    mamá puede
    28 diciembre, 2016 at 07:53

    Yo creo que es así y es genial!
    Nos empeñamos a que a los niños les tienen que gustar los juguetes y no, o no siempre.

    Creo que ya he contado alguna vez que Leo el año pasado ni siquiera abrió el último regalo y lo devolví empaquetado. Este año me pedía un solo juguete, una cosa que él no quería más me decía.
    Hay tendré yo la culpa porque tendrá más regalos que creo que le harán ilusión, tampoco muchos tres más de los que él ha pedido repartidos por todas las casas (abuelos) pero en el fondo sé que me estoy equivocando, si no quiere, por qué tiene que tener más?

  • Responder
    Muxu Neko
    28 diciembre, 2016 at 10:14

    Pues no se si con los años cambian… Supongo que si. Pero el mío va a cumplir 5 y sigue exactamente igual que tu hija. Un familiar le ha regalado algún juguete carísimo y ni lo ha tocado. En cambio no se separa de una minicajita de música con manivela del Tiger que costó 2€ y que le “cagó” el tió…
    También le he puesto el catálogo delante y sólo me dijo un muñeco de unos dibujos de aviones que apenas costó 15€. Otra cosa no, pero el niño nos sale barato, barato. Jajajajjajaja!!!!

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    La Hobbita
    28 diciembre, 2016 at 12:12

    Ahora mismo tengo a la Habichuela al lado jugando a pasarse un collar por la cabeza. Lleva 10 minutos de lo más entretenida! También adora las pinzas, el comedero de la Perrucha Chucha y, por supuesto, nuestra compañía.

  • Responder
    La mama fa el que pot
    29 diciembre, 2016 at 05:35

    Yo creo que los adultos nos volvemos un poco locos con el tema de las compras y hacéis bien en dosificarlo. Yo también intento hacerlo en casa aunque es dificil.
    El tema del éxito de los regalos también es algo sorprendente. Mi hija el año pasado queria una bici de frozen. Se subia a la bici cada vez que iba a la jugueteria y al final resulta que la bici lleva ahí muerta de asco un año.
    En cambio este año le han regalado una muleca de esas de papel magnetico que se cambian los vestidos y es todo un éxito, se pasa horas jugando con ella.

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