Crianza

Revisión pediátrica de los 3 años

revisión pediátrica de los 3 años

Unas semanitas después de su cumpleaños, mi bichilla fue a su revisión pediátrica de los 3 años, con unos días de retraso, porque como cuando le correspondía yo me largué de sarao bloguero al Efluent 5 tuvimos que posponer la cita. Sin embargo ¡la de sorpresas que nos llevamos en la consulta! A estas alturas de la vida infantil de un niño, las revisiones ya no son tan estrictas, y no ponen el grito en el cielo por no ir a la visita el mismo día del aniversario del parto. De hecho, en su libro pone algo tan variable como “revisión de los 2-3 años”. ¡Y olé! El caso es que desde que ve los dibujos de La doctora de juguetes ¡mi mochuela se ha transformado por completo a la hora de ir al médico! Antes entraba con un resquemor y unas dudas, desconfiando de todo, echándose a llorar en cuanto alguien la miraba fijamente entre esas cuatro paredes ¡y ni qué decir de cuando le ponían la mano encima! Y ahora ¡es la reina del mambo! Estaba jugando al escondite en la sala de espera cuando escuchó que la enfermera decía su nombre y antes de que pudiésemos buscarla ya estaba ella dentro de la consulta saludando al personal y subiéndose a la báscula. Cuando la enfermera me hacía preguntas acerca de su alimentación, del sueño, de últimas enfermedades, etc. ella respondía por mí a todo. Y cuando se cansaba de la conversación se iba de ruta por la sala. Un disfrute igualito al que hubiera vivido si la llevan a protagonizar uno de los capítulos de esa serie de dibujos animados. En la revisión pediátrica de los 3 años, esto es lo que han mirado de su crecimiento.

1. Percentiles de peso y altura. ¡Faltaría más! Con lo que gustan los datos a los profesionales y lo que suelen inquietar las estadísticas a los padres. A nosotros siempre nos ha dado más miedo que mi bichilla se salga de la tabla de percentiles por la parte de arriba y no que se quede corta. Y sí, sigue siendo una niña grandota, pero parece que se va moderando. Con 3 años mide 1,01 metros y pesa 16,4 kilos. ¡Está bien crecidita, vamos! Estos datos equivalen a estar en percentiles del 91,9 en cuanto a altura y del 90,3 en cuanto a peso. Grande pero proporcionada. Así es que nos dejan seguir criándola como hasta ahora sin plantearnos más dilemas.

2. Oídos, nariz, boca y genitales y forma de caminar. A esta niña le falta tiempo para despelotarse en público. Fue escuchar a la enfermera decir que tenía que quitarse la ropa, y ya estaba luchando con la cremallera del jersey y bajándose los leggings y las braguitas hasta los tobillos. Así la pesaron y midieron, la pusieron a caminar por la consulta (supongo que miran cómo apoya los pies, porque otra cosa…) y le pidieron que se subiera a la camilla para mirarle los oídos, la garganta, la boca (donde por lo visto despuntan dos nuevas muelas) y la entrepierna. Todo normal, y ella siguiendo las instrucciones con una soltura y una buena predisposición que la podría haberla mandado sola a la revisión pediátrica de los 3 años ¡con lo trasto que suele ser! La enfermera se reía porque para verle el fondo de la garganta no necesitó ni el palito ese de madera depresor, del ahínco que puso mi mochuela en decir el “aaaaaaaaa” ese mientras sacaba la lengua.

3. Vacunas. Con los vaivenes que han dado las familias peregrinando al extranjero en busca de la vacuna de la varicela, y pagando lo que fuera necesario arriesgándose a no mantenerla en buenas condiciones durante su traslado a España, resulta que ahora, a los 3 años ¡me vacunan a mi bichilla gratis! Con otra dosis que le pondrán a los 6 años. Total, que sin tener ni idea, salimos de la consulta con un pinchazo en cada brazo: uno para el recordatorio de la triple vírica y otro con el de la varicela. Preparándonos para lo peor, la enfermera nos hizo vestirla y dejarle al aire sólo el trocito de brazo imprescindible, a fin de poder salir huyendo de la consulta en cuanto los aguijonazos estuvieran dados. Pero casi nos da un parraque cuando después de recibir en sus carnes tremenda agresión, mi churumbelita se quedó en silencio, encantada con sendas tiritas en ambos brazo y encima le dijo a la la enfermera: “¡Gracias por curar, doctora!”.

Y así salimos de la consulta, incrédulos por completo debido al comportamiento exageradamente civilizado de mi mochuela y expectantes por ver si las vacunas le hacían reacción y nos alegraban la noche. Sin embargo, ya nos informaron de que si lo hacen, los síntomas suelen aparecer entre 7-15 días después de haber recibido las dosis. La siguiente revisión obligatoria ¡será a los 4 años! Así es que si los mocos, las toses y el resto de enfermedades derivadas de la entrada en el colegio nos dejan avanzar de forma medio normal ¡qué pocas visitas nos esperan este año!

¿Qué tal fue la revisión pediátrica de los 3 años con vuestros churumbeles? ¿Les pusieron vacunas en vuestras ciudades? ¿Les valoraron algo más que no hayan hecho con la mía? Como esto del calendario pediátrico es tan cambiante dependiendo de donde se viva…

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5 Comentarios

  • Responder
    La Hobbita
    29 diciembre, 2016 at 09:58

    Ay! Q ganas de llegar a esta etapa! La mía la metes en la consulta y se pone como un gremlin mojao y recién cenado ????

  • Responder
    Almudena
    5 enero, 2017 at 05:04

    Hola!!! Nosotras también hemos tenido l de los 3 años y pensaba que tendríamos vacuna porque te leí justo un día antes pero nada, ni varicela ni recordatorio. En cada comunidad va distinto? Nosotras somos de Madrid. Muchas gracias de antemano 🙂

    • Responder
      Lucía, Planeando ser padres
      5 enero, 2017 at 11:03

      Sí, cada comunidad tiene su propio calendario de vacunas. Una cosa que nadie entiende, pero no aplican el mismo en toda España y tampoco subvencionan las mismas en cada una de ellas.

  • Responder
    Itziar
    9 enero, 2017 at 15:34

    En mi consultorio han quitado la revisión de los 3 y la de los 4, que han quedado en una revisión a los 3 años y medio, asi que hasta junio no hay revisión. Mi hija pequeña tiene terror a las batas blancas, todo lo contrario a su hermano mayor.

  • Responder
    Patricia
    11 octubre, 2018 at 14:42

    Al mío nunca le ha molestado ir al médico. Mientras le hace el reconocimiento se queda callado mirando cada cosa que hace y cada aparato que usa. Luego vuelve a modo torbellino y va describiendo a gritos todos los dibujos y peluches que ve en la consulta.

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