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Los niños que se crían en el bar

niños que se crían en el bar

Cuando nos mudamos hace año y medio a este piso, lo único que me generaba desconfianza es que el portal se encuentra en medio de 2 bares y delante de un parque. Sí, los parques infantiles son preciosos, divertidísimos cuando tienes hijos, pero cuando es la tuya la que no entiende por qué no podéis parar una hora en él cada vez que entráis y salís de casa, el parque pierde su gracia. Sin contar con que en las noches de verano, niños muy pequeños trasnochan una barbaridad jugando en los columpios. Pero volviendo a lo de los bares, no nos dan ruido alguno, porque este pueblo es poco festivo. En invierno ni siquiera tienen terraza y en verano son 4 días mal contados en los que un murmullo de gente sube hacia nuestras ventanas y poco más. El caso, es que con la llegada del buen tiempo, descubrí una especie infantil muy singular, la de los niños que se crían en el bar. No porque los padres sean los dueños y no tengan más remedio que llevárselos allí, de cuerpo presente, durante toda la jornada, para poder echarles un ojo, no. Me refiero a hijos de los clientes, que ni están preocupados por las leyes anti tabaco, ni por los derechos de admisión, ni porque sus hijos no conozcan otra cosa. Igual, a ojos de estas familias, nosotros somos los raros y huraños, que sí, pisamos cafeterías, helarías, restaurantes con los niños, para comer, para tomar algo, pero ¿os visualizáis con vuestros hijos apoltronados en un bar desde las 8:30 de la mañana hasta pasada la medianoche? Digo yo que esta gente tendrá casa, y esos niños alguna que otra inquietud. En fin, que me he convertido sin quererlo en la vieja del visillo, y el paso del buen tiempo bajo mi ventana me ha dejado reflexionando.

1. Soy cotilla, pero no tanto. Juro que no me he asomado a ver a estos niños ni una sola vez por la ventana. Más que nada porque sé cómo son, porque los conozco personalmente y porque son compañeros de la clase de mi bichilla. Ya veis, gente que durante el curso yo veía de lo más normal, como solo coincides en la puerta para dejar y recoger a los chiquillos, y hablas de cosas de familias y de niños unos minutos, no pensé que de puertas para afuera (sí, para afuera, porque la casa no la pisan) el panorama sería así. Nada más acabar el curso, con la ola de calor y las ventanas abiertas de par en par, ya escuché a 2 madres conocidas llamando a sus mochuelas. Bueno, habrían quedado para desayunar, tendrían la mañana libre. Yo qué sé, lo mismo me da que la gente desayune en su casa o que haga gasto en los bares. Pues así, durante 88 días seguidos. Que también me da igual, pero a la vez, me da pena por las criaturas. Seguro que a ellas les da pena la mía, encerrada en casa mientras su madre cría al bebé y le da a la tecla intentando conciliar. Son diferentes puntos de vista, pero voy a lo que voy. 3 meses completos en esa terraza del bar, mañana, tarde y noche. He ido al pediatra, hemos salido a comprar, hemos bajado de paseo, hemos ido al parque, la niña se me ha puesto mala y hemos ido a urgencias a medianoche y siempre, siempre, siempre han estado ahí.

2. Los niños que se crían en el bar molestan. ¡Ay, qué cosas! No se trata de niñofobia, ni de ser un estorbo para los propios clientes, ni siquiera de entorpecer el trabajo de los camareros. ¡Molestan a sus padres! Claro, a lo largo de tantas horas del día, estos niños de 3 años y medio están hasta la coronilla de su entorno. Que sí, que están al aire libre, y la mayor parte del tiempo circulan libremente por el parque frente al bar, pero no se dejan de oír gritos como: no te vayas a la carretera; quítate de ahí que hace sol; siéntate en la silla; no me toques el móvil; cómete lo del plato; bájate del columpio; ahí no; ahí tampoco; vaya mañana-tarde-noche que me estás dando… Que digo yo, que ya que se dispone de una flexibilidad de horario envidiable para no tener que hacer nada más, igual podrían idear algún que otro plan para que las criaturas no se pasen 3 meses de calores en los mismos metros cuadrados del pueblo. Otros parques ¡y hasta otros bares con terraza! Que vean mundo, que conozcan a otros clientes, otras baldosas de la calle… No sé, por variar.

3. Mi problema con los niños que se crían en el bar. No he tenido muchos, pero sí algunos en relación a mi bichilla. Por ejemplo, uno de ellos se aferra a la puerta de nuestro portal, pidiéndonos que lo dejemos subir a casa y venirse con nosotros para jugar con mi mochuela (o para estar un rato a la fresca, o echarse la siesta si tiene ganas, a saber). Se me ha quedado arrodillado y ha sido como ver a un perrillo abandonado a quien estoy dando de lado. Y mi padre, testigo de la escena, preguntando cómo estaba esa criatura tan pequeña sola por la calle. Que no está sola, papá, que aunque el ángulo de visión desde aquí sea nulo, hay alguien de su familia supuestamente vigilándolo. Y no lo subo a casa porque ya sólo me faltaría trabajar bregando con mis 2 mochuelos y con uno ajeno, mientras sus familias al completo alternan en el bar. Esto me supone tener que explicarle a mi bichilla continuamente por qué sus amigos no van a venir a jugar a casa todos los días y a todas las horas. Y si somos nosotros los que la bajamos al parque, vuelta a las explicaciones y a la negociación, porque claro, por suerte o por desgracia, la diversión de mi hija tiene una hora de inicio y una de fin, pero nunca, jamás, se va a recoger la mía antes que sus compañeros de cole, porque ellos siempre seguirán callejeando hasta que cierre el bar. Literalmente. Porque es escuchar la persiana del negocio y oír a algunas madres llamarlos para que vuelvan a casa. En fin…

Cada uno en su casa que críe como quiera, y que disfrute d de los bares, que alguien tiene que levantar la hostelería en España. Pero ¿cómo hacéis para que vuestros hijos entiendan que eso no es lo normal, sin echar por tierra el tipo de crianza de otras familias? ¿Cómo hacerles comprender que lo mejor no es estar las 24 horas del día en un negocio, sino tener la oportunidad de aprender y de disfrutar de su infancia de 1.000 formas diferentes?

Foto vía Shutterstock.




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8 Comentarios

  • Responder
    mamá puede
    11 septiembre, 2017 at 07:38

    Me parece muy triste.
    Hace años, (muchos), cuándo yo ni quería ser madre ni me atraían los niños en absoluto siempre me llamó la atención una niña que prácticamente vivía en un bar al que nosotras íbamos a veces al pincho, otras al café de por la tarde, otras a las cañas de media tarde y también a tomarnos las primeras copas, es decir íbamos bastante y a horas diversas, pues esa niña siempre estaba allí, con sus padres en la barra y allí no había ni terraza!

    Siempre sentí muchísima pena, cuándo entraba algún niño literalmente se abalanzaba sobre él.

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    Ana M
    11 septiembre, 2017 at 09:05

    Qué lástima y que difícil… A mi me ha pasado de ir de pequeña al parque y darme una envidia esos niños que se tiraban las horas en el parque! Y mi madre, la pobre la que tenía que pelear conmigo y decir que a casita mientras los niños se quedaban allí con cara mustia… De echo la primera vez me acuerdo que eran las 4 de la tarde y una niña se quedaba sola y fue mi madre bar por bar preguntando de quién era esa.niña, que no era hora ni temperatura para que se quedará en la calle SOLA y el padre le montó un pollo a mi madre que dijo mi madre que una y no más, y a ese parque prácticamente ni volvimos…

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    Madre Agua
    11 septiembre, 2017 at 09:20

    Qué pena! Y qué poca cabeza esos padres. A ver si ahora, con la vuelta al Cole dejan de salir tanto y los niños se crían en su casa.
    Por cierto, que aquí también los hay, no te vayas a creer.

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    La Hobbita
    11 septiembre, 2017 at 10:33

    Pues simplemente explicar,sin dar mayor importancia, q en nuestra casa no se hace así. Sin decir q la opción de lis otros es peor. Que a mi tampoco me parece pero el sentido común me dice q como des largas explicaciones a tu bichilla, lo va a largar sin filtro alguno en la escuela xD.

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    miren | de lunares y lunas
    11 septiembre, 2017 at 10:42

    pues no lo entiendo, la verdad, no sé cómo no ven que ése no es sitio para tenerles, pudiendo estar en otra parte.. distinto es si el bar es tuyo y no te queda otra, pero así porque sí…

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    unamamaarquitecta
    11 septiembre, 2017 at 13:11

    Estoy flipando…Ahora que lo pienso mi tía tenía una merceria y mi prima se iba al bar con mi abuelo, pero había un parque justo al lado y mi prima jugaba allí mientras mi tía trabajaba y mi abuelo la cuidaba, la tarde que iba yo de vista estábamos las dos pero no estaba todo el santo día en el bar..Me parece una barbaridad la verdad..en fin, tiene que haber gente para todo..

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    La Moleskine de Mamá
    11 septiembre, 2017 at 18:49

    Nosotros tenemos un problema similar: cada viaje a España y mi hijo lo único que conoce son bares y más bares. Y claro, los abuelos se la pasan a puta madre atendiendo a los amigos en los bares. Ya fueron varios viajes con el mismo panorama hasta que en este último nosotros cambiamos la rutina y limitamos los bares.

    Y es que para los suegros eso de ir a lugares con niños o hechos para los niños no les gusta, así q no hijo se tiene que adaptar a andar de bar en bar. Pero ya te digo…. eso poco a poco se va acabando

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    María.M.
    14 septiembre, 2017 at 22:53

    Pues ahora con la ley antitabaco, ni tan mal… yo viví toda mi vida encima de una sidrería y en frente de una cafetería, y daba pena y dolor ver bebés en capazos a las dos de la mañana rodeados de humo, mientras sus padres estaban de parranda. O escuchar: “mamá, tengo hambre” y su madre darle los pinchos de encima de la barra para cenar…

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