Primer trimestre de embarazo

Al dentista en el embarazo

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Cuando me quedé embarazada por primera vez, hace ya más de 3 años, en el Pueblucho Infernal no se estilaba esto de mandar a las mujeres al dentista en el embarazo. Poco después, empecé a leer cantidad de noticias de diferentes comunidades autónomas que estaban optando por esta práctica para prevenir sobre todo las caries que a veces afectan a las futuras madres durante la gestación. Por suerte, soy de dentadura fuerte y bastante sana, y mi historial odontológico se ha saldado hasta hoy con 4 empastes simples, 3 de los cuales se produjeron después del parto. Yo no lo achaco directamente al embarazo, porque hacía unos 8 años que no pisaba la consulta del dentista, y como eran caries poco relevantes, interdentales, ni me molestaban y ni si quiera me las había visto a ojo, a saber desde cuándo andaban campando por mi dentadura. Sin embargo, no me faltó en el entorno gente que achacara a mi lactancia materna e incluso a la donación de leche para prematuros, el estar sufriendo estos males. Durante la primera visita de este segundo embarazo con la matrona, una de las citas que me concertó fue precisamente con la dentista de la Seguridad Social. Yo estaba saltando en una pat,a porque la matrona me dijo que me harían una revisión y una higiene dental gratis, porque sí, sólo por estar embarazada. Pero en la práctica, no sé cómo serán estas visitas al dentista en el embarazo de otras mujeres, en otras ciudades, pero aquí me pareció bastante decepcionante.

1. La revisión. Será que me he olvidado de lo que se tarda en realizar una revisión dental completa, pero cuando yo me presenté en el centro de salud a las 8:30 de la mañana, en ayunas, por si el trasteo dental me producía náuseas por la preñez, y con mis dientecitos limpitos de casa, la señora dentista invirtió exactamente 10 segundos en revisarme todos los dientes. Mis 29 dientes: aún tengo 2 muelas del juicio que no me han salido y un colmillo me falta porque mi madre, en mi tierna infancia, se enfrentó al dentista negándose a pagarme una ortodoncia para recolocarme un canino que me había salido casi a la altura de la nariz. Ella veía muy claramente que nunca tendría hueco en la boca para él, y por unas módicas 3.000 pesetas de las de entonces me lo arrancaron. Por ahí lo tengo de recuerdo, guardado en el joyero, con su raíz enorme. Bueno, pero esto no viene al caso. Lo que importa es si de verdad, en 10 segundos mirándome con ese instrumento metálico que tiene una pieza redonda y plana en la punta, pudo esta mujer tener datos suficientes para determinar que tengo la dentadura estupendamente. A mí me parece que no, pero bueno.

2. La fluorización dental en el embarazo. La técnica parece sencilla y consiste en llenar un molde con una pasta rosa, de sabor a fresa, que debes morder para que tanto los dientes superiores como inferiores permanezcan en contacto con la pasta al menos 3 minutos. No debes tragarla, lo cual es difícil, porque en esos 3 minutos vas a estar salibando, y o tragas o babeas… El sabor es bueno, pero el molde era una especie de poliespan suave que al rato me empezó a dar asquete. Aún así, aguanté el tiempo estipulado, escupí los restos y acabamos la visita. No puedes aclararte con agua, ni beber, ni comer nada al menos durante una hora tras el tratamiento, para que logre ser lo más efectivo posible. La ventaja de la fluorización dental es que ayuda a prevenir las caries que se puedan producir durante el embarazo. Y eso es todo. No va a obrar ningún milagro más.

3. El trato a mi bichilla. La dentista era sosa de narices, pero bueno, a principios del mes de julio, tan temprano y teniendo que trabajar, no pido yo que fuera la alegría de la huerta. Sin embargo, como esta visita al dentista en el embarazo se produjo cuando aún estaba preñadita sólo de 5 semanas, no tuve con quien dejar a mi bichilla para mantener el secreto. No tenía nada de confianza en que se comportara bien, sobre todo porque no sabía cuánto rato duraría la visita. Si llego a saber que iban a ser menos de 5 minutos no me habría preocupado. El caso es que como mi churumbelita le tiene algo de respeto a las consultas médicas, entró con su tablet, se sentó en el suelo, apoyada en la pared, y sólo se dedicó a preguntar de vez en cuando “Mami ¿qué estas haciendo?”. Oye, pues hasta esto le molestó a la dentista. Que si la niña no se podría sentar con las piernas recogidas y no estiradas (vale que es de percentil tremendo, pero allí había metros de sobra alrededor de mi sillón y ella solo transitó por esa zona una vez), que si le podía quitar volumen a los dibujos… De verdad, yo no sé si es que los sanitarios que me tocan últimamente no tienen hijos propios, ni niños conocidos cercanos, porque no entiendo que todo lo que haga esta niña, cuando se está comportando de la forma más civilizada que conoce, les pueda molestar.

¿A vosotras os hicieron esta revisión gratuita del dentista en el embarazo? ¿La recordáis así de escasa o la vuestra fue más completa?

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2 Comentarios

  • Responder
    Cris
    19 septiembre, 2017 at 07:38

    A mi me hicieron 3 revisiones en cada uno de mis dos embarazos. No fueron muy largas pero lo suficiente para ver y hacer todo lo que debía, además, la doctora fue muy agradable porque como me daban náuseas con el molde del fluor en la boca, me fue untando todos los dientes con una espátula.

  • Responder
    Madre Agua
    19 septiembre, 2017 at 13:01

    A mi con el mayor si, vamos, que yo iba a todo lo que hubiera que ir. Con el pequeño ya no tenía tanto tiempo y no fui. Aunque total, para lo que me hicieron la primera vez que fue darme un enguaje bucal…

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