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¿Nuevo periodo de adaptación infantil en P4?

periodo de adaptación infantil en P4

Mi bichilla ha empezado su segundo curso de educación infantil, o P4 en Cataluña (que en Instagram me preguntáis todos por qué se le llama así y ni yo lo tengo muy claro). Pero vamos, que va al curso al que le corresponde por sus 4 años, aunque aún no los haya cumplido. El caso es que si llegamos a vivir de nuevo el periodo de adaptación del año pasado ¡la hubiera dado en adopción! O la hubiera desescolarizado, porque yo no estoy para más sufrimiento innecesario. Sin embargo, a finales de agosto y principios de septiembre, cuando toda España estaba perdiendo la cabeza con los preparativos de la vuelta al cole, nosotros no teníamos nada que preparar. Pero nada de nada. Será que este colegio es muy hippie, pero como no tenemos libros, sólo se paga una cuota de material y excursiones al año y del resto nos desentendemos los padres por completo, un par de días antes nos pidieron llevar el primer día 2 paquetes de toallitas húmedas y 2 cajas de tisús y nada más. Estresarse por tan poca cosa sería de gente aún más apretada que nosotros. Sin embargo, yo andaba dándole vueltas a si viviríamos un nuevo periodo de adaptación infantil en P4. Mi bichilla se había pasado todo el verano echando de menos el cole, pero justo la semana antes de comenzar, empezamos a retomar el tema de las clases y ella se dedicó a dejar claro que allí no quería volver. ¡No podía ser! ¡Otra vez no!

1. Primer día de clase. Para el inicio de P3, a estas alturas habíamos tenido ya 2 reuniones con las tutoras y la dirección del colegio y un manual de instrucciones con todo lo que debíamos hacer y saber. Para este nuevo periodo de adaptación infantil en P4 ¡ni una palabra! Se sobreentiende que los niños ya están adaptados, que irán al cole más o menos felices, pero que van a hacer la jornada completa sin más inconvenientes. La noche anterior al primer día de clase, mi bichilla se acostó bastante contenta ante la perspectiva de volver, pero al levantarse para el desayuno empezó con una retahíla cansina de que no quería ir al cole. Muy bien, pues te quedas en casa con mamá. Uy, eso no, al cole, al cole. Total, una hora entre que sí, que no, que sí, que no hasta llegar a la puerta del colegio, volverse loca de contenta, sentarse la primera en la clase y hacerme un gesto despectivo para que su padre y yo nos marcháramos mientras me gritaba “Vete a casa, mamá, vete”. A la recogida estaba entusiasmada: le habían hecho fiestas por comérselo todo en el comedor, les habían dado un globo a todos los de la clase, habían leído un cuento de un gato que hacía marramamiau. Feliz, feliz. Esto iba a estar chupado.

2. Segundo día de clase. La noche anterior siguió un proceso similar, muy cansada del día de cole, se durmió pronto. En el desayuno ¡vuelta la burra al trigo! Yo no quiero cole, el cole no me gusta, no quiero ir. Le digo que si nos quedamos en casa y se viste deprisa y corriendo. Pero esta vez va a peor: empieza a dar gritos porque no quiere ir, no obedece a la hora de cerrar las puertas, llora por el camino… A cada queja, le digo que no me importa si no quiere ir, que nos volvemos a casa con el hermanito y todos contentos. ¡Pero no quiere ir a casa! Quiere ir al cole, que ya lo sé yo, pero tiene que liar lo más grande por el camino, quejarse durante todo el trayecto, resistirse a entrar al patio. Y ante cada escena dramática, vuelta a decirle que si quiere nos volvemos. ¡Y no quiere! Quiere cole. ¿Por qué me hace esto, señor? ¿Por qué? Decido echarle la culpa a mi madre, que ha venido a acompañarnos para saber por dónde tiene que entrar al edificio en caso de tener que recogerla ella, y ubicar dónde está su nueva clase. Esta niña, cuanto más público tiene más espectáculo monta. En la puerta, el maestro le da un abrazo y se van tan campante a sentarse. ¡Ver para creer!

3. Tercer día del nuevo periodo de adaptación en P4. Salimos solos de casa por primera vez en este curso, con mi churumbelito claro. Alguna queja suelta, pero ni remotamente el show del día anterior. En cuanto divisa el edificio del cole se pone feliz y corre. ¡A mí me mata de un derrame cerebral como siga comportándose así!

4. Cuarto día. No va a clase. No por nada, sino porque teníamos escapada familiar al Verneda Camping Mountain Resort (os lo conté hace unos días) y total, a ver si la desconexión campestre le sentaba mejor. A la semana siguiente ¡nuevos dramas! Cada vez de menos intensidad pero no sé por qué ha entrado en esta espiral de tener que proclamar que no le gusta el colegio si está deseando ir. La segunda semana ha tenido altibajos, pero bastante moderados y no hay día que no vuelva encantada con lo que ha hecho en el cole.

En definitiva, le gusta el cole muchísimo. Se lo pasa fenomenal, porque a la vuelta no para de explicar todo lo que hace, lo que aprende porque ya es una niña grande, pero de repente le cambia el chip y comienza con estas quejas constantes, que como no encontremos modo de controlar, van a más, y a más hasta que se desbocan en una rabieta innecesaria. Si le damos la opción de volver a casa ¡ella quiere ir al colegio!

¿Vuestros churumbeles son así de complicados? ¿No pueden ir felices al colegio sin más? ¿O que lo odien, sin más también? De verdad, a mí me faltan recursos de psicología para saber manejar estas situaciones.

Foto vía Shutterstock.




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5 Comentarios

  • Responder
    Mamistarsblog
    26 septiembre, 2017 at 07:08

    Mis hijos han empezado bien, se quejan que quieren dormir más pero una vez en el cole ven a sus amigos y se les.pasa

  • Responder
    Cris
    26 septiembre, 2017 at 07:31

    La mía está haciendo exactamente lo mismo que la tuya 😅 Y ya no sé qué hacer!

  • Responder
    sradiaz
    26 septiembre, 2017 at 09:46

    Es para vivir con el corazón en un puño… ay. Yo no digo nada que luego la tortilla da la vuelta…

  • Responder
    Marta
    26 septiembre, 2017 at 09:47

    Mi hija ha empezado el cole este año, primero de infantil, a pesar de que va a la guarde desde los cinco meses, no las tenía todas conmigo, porque este verano ha estado un poco irresistible, llorica, empachosa … en fin, cada día de una manera. El primer día se quedo llorando, cuando fui a recogerla me dijo la profesora que en cuanto desaparecí dejó de llorar, el segundo día, haciendo pucheros y lo mismo me dijo la señorita, a partir de ahí esta super contenta, la lleva mi madre y la recojo yo y la encanta, pero todas y todas las noches monta lo mismo porque no se quiere acostar, ya que no quiere madrugar para ir al cole, que no la gusta dice, a pesar de que esta emocionadisima todas las mañanas, pero ya estoy acostumbrada, tambien vamos a la piscina dos veces a la semana y alli me monta lo mismo, hasta que entra y se lo pasa pipa. Estos niños y sus cambios de humor …. Nos van a volver locas.

  • Responder
    mamá puede
    27 septiembre, 2017 at 07:14

    Yo creo que lo hacen por llamar la atención y tú haces muy bien diciéndole “pues venga vamos para casa” sabiendo que ella está deseando volver.
    Estos míos también lo hacen a veces, son complicados pero mientras vaya bien y este tan contenta no hay problema!

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