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¿Le dices a tu hijo que lo quieres? ¡Verás lo que consigues!

dices a tu hijo que lo quieres

En esta casa no somos nada ñoños, ni empalagosos, ni tenemos la necesidad de estar mostrando a diario si nos queremos o no. No damos excesivos besos, ni abrazos, ni entre los adultos, ni tampoco a los niños. No me parecía que fuera una mala forma de actuar, porque a fin de cuentas, mi bichilla es la primera que rehuye este tipo de contacto, e igual qu e no la queremos obligar a dar besos y abrazos a todo el que se lo pida, si no sale de ella no vamos a forzarla a que actúe así con nosotros. Ella siempre ha sido bastante independiente y poco cariñosa. Yo soy así, su padre también y oye, no pasa nada por no ir cagando corazones por la vida. Pero este verano, la supervivencia a las primeras vacaciones escolares ha sido relativamente fácil al descubrir las ventajas que se obtienen cuando le dices a tu hijo que lo quieres. Sí, porque una pare y cría y todo lo hace como por inercia, por lo que no se albergan dudas acerca de la posibilidad de no querer a los hijos, pese a que el instinto maternal te surja años después. Tú los quieres, harías cualquier cosa por ellos pero ¿ellos lo saben? ¡Ayy, amigo! Que son criaturas recién estrenadas en este mundo, y mucha de las cosas que los adultos damos por sentadas, no están asimiladas en su pequeño universo. Así es como descubrí que al decirle estas cosas al bebé, las típicas cursiladas de te voy a comer, gordito precioso, mi niño bonito, te quiero yo más… etc., etc., mi bichilla miraba desde su segundo plano de hermana mayor, y entonces me cruzó la idea por la cabeza.

1. ¿Y si piensa que no la quiero? Claro, desde que nació mi churumbelito básicamente todas estas cursiladas (muy necesarias de vez en cuando) se las hemos dicho a él. Y pensé que igual la niña, en su papel de hermana mayor con un pie en P4, pensaba que ya estaba vieja para esos cariños. Si no le dices a tu hijo que lo quieres ¿cómo lo sabe? Entiendo que algo deducen: los tratamos bien, los alimentamos, jugamos con ellos, les comprendemos, solucionamos los dilemas de su vida diaria… Pero con el bebé, hacemos todo eso y además vamos soltando comentarios de padres con la baba caída a cada gesto que hace. Así es que allá que me puse a preguntarle si ella me quería a mí y a confesarle que yo sí la quiero mucho a ella. Y de repente ¡se hizo la magia!

2. Ha mejorado su comportamiento. Tras la fase de rabietas horribilis del año pasado, ya no creemos que podamos vivir algo peor. Aún así, tiene enfados monumentales por muchas cosas, pero ya no son diarios y tienen su fundamento: quiere jugar más, o que se le compre algo, o ver en la tele lo que ella quiera… No sé si funcionará igual para todos los niños, pero he comprobado que cuando le dices a tu hijo que lo quieres el cambio en su actitud es importante. Para empezar, ahora jugamos a ser amigas ¿cómo se te queda el cuerpo? Esto consiste en sentarnos juntas, o ir de la mano por la calle, y darnos un abrazo de vez en cuando, y hablar de nuestras cosas, o burlarnos de su padre o su hermano y crear un entorno propio en el que ella está la mar de relajada ¡y hasta quieta! Que con lo movida que es, es mucho decir. Incluso con lo largo que ha sido el encierro de todo el verano en casa, hemos vivido estos días con más alegría, con menos malos humores, poquísimos llantos y enfados.

3. El contacto físico. Siempre he creído que la niña era una mijita arisca y desapegada, pero ahora pienso en si no se debería precisamente a que no hemos mostrado este tipo de comportamientos en casa, con lo cual ¿cómo iba a saber que son conductas deseables y que está bien que las quiera imitar? Desde este verano, somos fans del abrazo fuerte al estilo de los Teletubbies, a hacer abrazos de cariño en los que ella viene corriendo y se tira en plancha para que la coja al vuelo, mientras juntamos las mejillas y decimos ¡ayyyyy! Al unísono… Me leo, y me parezco mega cursi, pero veo los efectos positivos que está teniendo en casa ¡y me da igual todo lo demás! También le gustan las cosquillas, hacer chequeos médicos, dar masajes y otras actividades que implican cercanía, contacto físico y no carreras a lo loco de un lado a otro.

Con tan poca cosa, con solo unas palabras y unos minutos para las dos (ni siquiera a solas, porque el mochuelo siempre está presente), hemos logrado que incluso cuando no puedo dedicarme a ella y le toca quedarse jugando sola o aburriéndose, tenga más paciencia y pasen más minutos hasta que vuelve a reclamar mi atención. Que vuelve, claro, porque esto no es un método de alejamiento definitivo, pero la forma de pedir las cosas la paciencia que ha ido desarrollando poco a poco y ese dejar de lado el vivir en una frustración constante ¡merecen mucho la pena!

¿Vosotros lograsteis cambiar el comportamiento de vuestros hijos con una pequeña modificación de vuestras costumbres? ¿Les demostráis este cariño a diario o sois más distantes? ¡Qué os funciona mejor?

Foto vía Shutterstock.




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7 Comentarios

  • Responder
    Madre Agua
    2 octubre, 2017 at 07:29

    Uyyy, en casa somos mega cursis. Bueno, soy mega cursis. Y Álvaro y yo estamos todo el día dándonos mimitos. Hasta me canta canciones inventadas diciendome que soy la que más quiere del reino, jajaj. Con el otro me está costando más porque va más por libre y rehuye más el contacto físico, no le gustan los besos excepto cuando está en la teta, etc.
    Lo gordo es que de puertas para fuera son al contrario. El mayor rechaza los besos y el chico le da besos a todo el mundo.

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    Una mama mas
    2 octubre, 2017 at 08:41

    En casa somos constantemente cariñosos! Y yo vengo de una familia igual! Besos y abrazos! Aunque discutamos a muerte besos abrazos y caricias! Muy afectuosos! Mi marido es menos afectuoso, porque en su familia son ariscos. Pero con los niños esta encantado! Yo no hay día que pase que les recuerde lo mucho que los quiero! Algo sirve, porque cuando viajó mi familia política se encarga, como gracia -que no tiene ninguna- en decirles que me voy porque no los quiero! Y mi hijo le contesta que me voy por trabajo y que yo a el si lo quiero muchísimo! En fin… Los besos y abrazos siempre a monton! Que son baratos y ayidan mucho!
    Un beso y un abrazo!

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    María MiviMamá
    2 octubre, 2017 at 10:00

    Mira tú, al final lo más “sencillo” es lo que da resultado…. Yo me declaro totalmente cursi, me encanta dar abrazos y que me los den, dar besos. Imagina como tengo a la enana, como diría su padre “la vas a desgastar!” Jajaja. Pero es cierto que ella si da muchos abrazos, para los besos es más reservada y si acaso te pone la cara o te los lanza desde la distancia jajaja

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    mamapuede
    2 octubre, 2017 at 10:50

    Mira, yo no puedo ser más despegada. Mi pareja ya esta acostumbrada, no le ha quedado otra después de 18 años juntos, pero al principio se quejaba de lo poco cariñosa que soy. Y soy así con todos los adultos sin excepción, pero los niños… ay los niños… (ojo, los míos), todo lo contrario.
    Tampoco es que esté todo el día con los besos a cuestas pero si que para ellos siempre tengo un abrazo, un beso, un “te quiero”… y los niños lo agradecen.
    Ellos tampoco es que sean muy cariñosos y por supuesto lo respeto, cuándo no quieren dar besos lo solucionan con un “se me han acabado, ya te aviso cuándo los fabrique” y se quedan tan panchos, pero si que creo que es fundamental que ellos sepan que les queremos y la manera más clara de hacerlo es diciendoselo.

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    Adriana
    2 octubre, 2017 at 11:04

    En casa hemos sido siempre de besos, abrazos y achuchones, cosquillitas…y nos decimos a diario lo que nos queremos. Todos, entre nosotros como pareja y con los peques. Y como lo han vivido así desde el principio, lo viven naturalmente.

    Es que nos sale solo, y como lo han visto desde siempre, pues es ya un “modo familiar”. jajaja.

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    Chitin
    2 octubre, 2017 at 12:55

    Nosotros en casa somos muy pegajosos, mi marido y yo somos así desde novios, pero ¡ojo! sólo con los de casa, a mí eso de tener q dar 2 besos a alguien cuando te lo presentan no lo veo.
    Así q con los peques igual, no se necesita excusa para un beso, un abrazo, un “te quiero”, aunque mi hija ha salido más “tipo gato”, es decir, q si no quiere mimos, no quiere mimos, y no te deja q la des un achuchón, ahora, si la apetecen mimos, pues se te agarra y no hay manera de despegártela. Hay días q para echarse la siesta, si no estoy, se enreda mi bata y así “es un abrazo de mamá”.

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    miren | de lunares y lunas
    2 octubre, 2017 at 15:03

    ¡hola! pues yo le digo que le quiero un montón de veces al día, y soy pesada de besucona, lo reconozco.. pero creo que gracias a eso, he conseguido que ella me abrace y achuche y me diga “mamá, te quiero muchisimo” que se me caen las lágrimas! :)… ojo, como siempre, los niños no son tontos.. y también ha aprendido a decírmelo si vaticina bronca por algo… 😉 xxx

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