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Sola ante el peligro: las catástrofes caseras y la ayuda de tu seguro

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¡Qué cosas! Te pasas la vida pagando por algo que deseas no tener que utilizar nunca, pero al menos yo tengo la aspiración de que si ocurre un accidente, una llamada de teléfono me lo solventará todo de una forma sencilla, nada traumática, sin poner pegas… En fin, como en todo, en esto del seguro de hogar hay compañías y compañías y en esta casa ya estamos muy entrenados. A base de mini percances hemos descubierto que lo muy barato puede salinos muy caro. A ver, no es que seamos unos gafes que estemos todo el día dando partes al seguro, pero entre nuestra experiencia y la de la gente de alrededor (más concretamente mi madre) ¡la de catástrofes caseras que hemos afrontado con resultados dispares! Para empezar, nosotros llevamos año y medio con una poliza de la que no tenemos copia ¿cómo se explica eso? Resulta que al comprar el piso, como le pasa a tanta otra gente, te hacen creer que tu hipoteca es hermana siamesa de tu seguro del hogar y que no puede existir una sin la otra. Bueno, pues nos dejamos liar por el banco, porque a fin de cuentas el precio que nos ofrecían era similar al de otras compañías pero ¿cuáles son las coberturas? A día de hoy, tengo un folio y medio con un resumen resumidísimo y he solicitado 5 veces que me remitieran la documentación completa ¡y aquí sigo esperando! El día que tenga que dar un parte es que voy a tener que consultar sí o sí con ellos, porque yo pago pero no tengo ni idea de qué es lo que estoy pagando. Últimamente tenemos experiencias con seguros para dar y regalar.

1. Éramos jóvenes y vivíamos de alquiler. Y la inmobiliaria nos dijo que nuestra obligación era contratar un seguro de hogar de responsabilidad civil y del contenido, o sea, de nuestras pertenencias, porque al ser un piso no amueblado el continente corría a cargo del propietario. Encontramos una ganga por la que pagábamos 60 euros anuales ¿con qué coberturas? Pues seguramente con las mínimas, porque sólo tuvimos que dar parte una vez, cuando estando yo preñadita de 8 meses de mi bichilla, mes y medio después de mudarnos a aquel piso, el mueble del salón que estaba colgado en la pared se vino abajo una noche, mientras veíamos la tele. ¡No sé cómo no rompí aguas allí mismo con el susto! El resultado: una pared arañada por los tornillos al caer y absolutamente toda la cristalería de Ikea (no nos engañemos, de bohemia no era) destrozada junto con los juegos de café y alguna que otra figurita. Nuestro seguro no lo cubría, pero al menos nos ofreció enviarnos un especialista con desplazamiento gratuito, para que nos ayudara a recolocar el mueble en la pared y sólo pagásemos la mano de obra. Una ayudita muy bien recibida.

2. Las goteras de mi madre. Vivir debajo de un ático con terraza es un quebradero de cabeza constante por las humedades. Mi madre se encuentra cada panorama en cuanto llega la temporada de lluvias que es para coger palomitas y sentarse a ver el espectáculo. Este último invierno, poco después del nacimiento de mi churumbelito prematuro, se topó con que le salieron 2 señores agujeros en el techo. No es que fueran 2 goteras, una en medio de la cocina y otra en el dormitorio de invitados, sino más bien un grifo abierto por el que se colaba el agua a chorro. Su compañía de seguros le comentó que estaba muy bien la cosa, pero que habría que esperar a que pasara la época de lluvia para poder acometer las reparaciones pertinentes. Fueron a echarle un ojito al asunto, pero la mayor complicación no fue que el seguro corriera con los gastos de la reparación ¡sino que la vecina de arriba estuviera disponible para poder hacerla! Ojo, la de gente que no pasa por su domicilio habitual para hacer vida normal. Que sí, que los del seguro de hogar estaban predispuestos a analizar el caso, pero más allá de los techos de mi madre no podían ver si la otra señora no les abría la puerta. El caso de mi madre es aún más sangrante si tenemos en cuenta que mi abuela, con un nivel de dependencia absoluto, vive con ella, y no están para perder el tiempo cuando ocurre un imprevisto de este tipo. Y encima, no es que el seguro no les hiciera caso, sino que la vecina estuvo dando largas durante meses al tema. Los trabajadores llegaban y no había nadie para recibirlos. ¿A quién culpar entonces?

En este terreno, sí suele ser cierto el dicho de que lo barato sale caro. Por eso, la campaña de AXA Hogar me ha tocado la sensibilidad y me ha dado tranquilidad al saber que podemos contar con alguien al otro lado que se pondrá manos a la obra para atender nuestro desaguisados domésticos. ¿Os habéis visto desamparados en situaciones como estas? ¿Creéis que es una buena inversión elegir un seguro completo? ¿O preferís pagar los desastres de vuestro bolsillo cuando ocurran?

Foto slide vía Shutterstock.




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