Crianza

Todo el vocabulario de mi hija ¡es mío!

vocabulario de mi hija de 4 años

¡He parido un monstruo! A mi imane y semejanza. Curiosamente, este hombre quería tener un niño en nuestro segundo intento de paternidad, porque veía en mi bichilla ciertos ramalazos demasiado similares a mi propia persona, y por lo visto, le daba miedito. Físicamente debo ser la única madre del mundo que no ve parecidos en sus hijos. A mí no se parecen, pero es que a su padre tampoco. Sin embargo, la mala leche reconcentrada de mi primogénita ¡eso es todo mío! Y no sólo eso, sino que ahora, con esos casi 4 años de verborrea infantil inagotable, creo que todo el vocabulario de mi hija es mío. O el 90%. Porque claro que tiene expresiones en catalán que yo no uso, y otras mega dramáticas que ha extraído del canal de telenovelas, que curiosamente tenemos ubicado cerca del Clan Tv, de Disney Channel y de los demás infantiles en nuestra televisión. Eso tenemos que arreglarlo, porque si no mi bichilla va a ser un chiste con patas, cuando se refiera a cualquier desgracia como “¡eso es terrible!”. Y además es que no deja de llamar a mi churumbelito “mi amol”. ¡Si en esta casa no usamos esas frases tan cariñosas!

1. El pasotismo y las amenazas. Como mala madre que soy, yo intento controlarme en el tema de los enfados, aunque a veces no lo parezca. Lo que llevo mega bien es lo de no dar gritos ¡ole yo! Pero lo que se me resiste es no sacar mi rabia a relucir mediante expresiones dichas por lo bajini para poder desahogarme de alguna forma, porque de lo contrario ¡habría reventado hace tiempo! Por eso, soy muy pasota cuando la niña entra en fase de rabietas incontrolables y suelo decirle esas típicas cosas de “me da igual que llores”, “se acabó el llorar por nada”, o “te vas a enterar como sigas así”. Y claro, ella lo copia todo, todo, todo. Hasta el punto de que cree que puede dar por zanjado cualquier tema polémico o cualquier enfrentamiento espetando alguna de estas cosas. Y así va por el mundo, lanzando un “me da igual” si le digo que tiene que recoger sus juguetes, o hecha una loca con el “se acabó” cuando niños de su clase gritan o pelean. Al churumbelito lo amenaza con el “te vas a enterar” cada vez que regurgita sin miramientos pringando el sofá, el suelo y todo lo que encuentre al alcance del chorro.

2. El racionamiento. Sí, mi criatura ha descubierto las chucherías, la bollería y todos esos dulces del mal que no debería comer nunca. Pero ahí están, en su vida y cada día más arraigados. Como no queríamos prohibirle que los comiera, ya que el resto de cosas también se las come divinamente (con las frutas me pasa como con los dulces, que ya me planteo no dejarlas a su alcance porque se atiborra) intentamos racionar y negociar las cantidades. Por ejemplo: un chupa chups, pues se comerá uno, porque no voy a romperlo (aunque su papá encontró unos en miniatura, que antes le pasaban desapercibidos pero ahora distingue el tamaño y ya no cuela el trato) pero gominolas pues una o dos y el resto las guardamos. Y claro esto de “una sola y la guardamos” ya vale para gominolas, para juegos, para todo lo que sea tangible y susceptible de ser usado en ese mismo momento y guardado después. Vamos, que es una excusa para poder hacer lo que le dé la gana al menos una sola vez, así sea darme una patada en la espinilla u subirse una vez en un columpio. Así es que hemos pasado a no tener nada de azúcar en casa. Pero esta historia os la contaré otro día.

3. Con la Iglesia hemos topado. Para un padre nada creyente, y ateo-agnóstico y todo lo que sea renegar de la religión, el que yo vaya inculcando este tipo de expresiones a la niña lo trae de cabeza. Pero lo siento, bastante tengo con intentar controlar todas las palabrotas que saldrían por mi boca en mi forma natural de no madre, como para no poder exclamar mi ¡Ay, por Dios! De vez en cuando. Lo que viene a ser mucha veces cada día. Y así, cuando mi bichilla sale de casa y en entorno ajenos se sorprende por algo mal hecho, entona el “Ay, por Dios, por Dios, por Dios” con una ligereza pasmosa. Lo que en estos días aconfesionales en los que vivimos suele hacerle mucha gracia a la gente.

4. Hagamos tratamiento. Con este semi tecnicismo, mi bichilla se refiere por igual a los tratamientos de belleza (cremas, limpiezas faciales, exfoliaciones en cualquier parte del tiempo, lima de asperezas en pedicuras, etc.) como a los tratamientos médicos para resfriados, que es lo máximo que ha llegado a padecer ella. Así es que según le da la ventolera, o si nota que ha tosido un par de veces seguidas, o se le empieza a caer un moco aguado de esos transparentes, va pidiendo un poquito de tratamiento, por favor.

También innova con palabras de otros orígenes: por ejemplo, la cuidadora colombiana de mi abuela le ha dicho que la iglesia es la casa del papá Dios y esto ya ha rizado el rizo en su vocabulario. Además de estar haciendo averiguaciones ahora sobre el funcionamiento de la electricidad, por lo que va hablando de descargas eléctricas, tensiones y otras cosas extrañísimas para su edad. Vuestros mochuelos ¿a quién imitan más cuando hablan?

Foto vía Shutterstock.




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7 Comentarios

  • Responder
    mamá puede
    13 octubre, 2017 at 07:55

    Totalmente! Los niños nos copian en todo y la forma de hablar no iba a ser menos!

    Ahora por ejemplo Leo ya ha empezado a usar ironías y me parto con él jaja

  • Responder
    Marta | La agenda de mamá
    13 octubre, 2017 at 09:32

    El “ay por Dios” de tu hija, mi pequeño lo sustituye por un “mae miaa” y se lleva las manos a la cabeza y todo. Si ya espezamos así cuando tenía 17-18 meses, no se la que nos espera cuando sea más grande. Eso sí, se ve que ha heredado la facilidad de palabra de la hermana, porque hasta la pediatra se sorprendió en la revisión de los 18 meses de todo lo que es capaz de decir. ¡y encima se le entiende! :__D

  • Responder
    dulcematernidad
    13 octubre, 2017 at 13:53

    Hola!! pues sí, yo a veces me reconozco en mi hija, sobretodo cuando se enfada, la verdad no me agrada , porque me veo reflejada en ella, y es que aunque no me de cuenta, me observa continuamente y pienso que es mi punto de inflexión que aún no puedo controlar, porque como toda madre a veces también pierdo los papeles y grito!
    Intento antes de gritar respirar y contar hasta diez! pero no siempre lo consigo 🙁

    Un beso!

  • Responder
    miren | deLunares y Lunas
    13 octubre, 2017 at 20:23

    la mia me imita a mi siempre, ¡¡y me divierte y me horroriza a partes iguales!!

  • Responder
    Ananas
    14 octubre, 2017 at 19:27

    Ay pero qué graciosa por favor!
    Lo de “Ay Dios mío, Dios mío” me ha matado, tiene que ser pa verla…

  • Responder
    Madre Agua
    15 octubre, 2017 at 22:35

    Jorge cuando se enfada dice “y punto pelota”. A que no sabes de quién es? Y también “ayyy, Dios mío…” Que es verdad que a la gente le hace mucha gracia 😉

  • Responder
    María MiviMamá
    19 octubre, 2017 at 00:05

    Mi marido es muy de decirle a la enana “a ver, ¿que quieres?” Y ella ahora se lo repite igual a él y a cualquiera jajaja! Hace un par de días la pillé abrazando a un peluche de Mickey diciéndole “ya ta, ya ta” como le digo yo cuando ella llora o se asusta. Son esponjas!!

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