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Peligros en la cuna del bebé. ¡Para perder el sueño!

peligros en la cuna del bebé

Antes de ser madre primeriza creo que ya sabía todo lo que debía saber acerca de los peligros en la cuna del bebé. Había leído sobre accidentes y hasta muertes de niños mientras supuestamente debían estar durmiendo plácidamente en sus cunitas. Al nacer y crecer mi bichilla, todas aquellas precauciones me parecieron una exageración ¡si esta niña no se movía un milímetro en la cuna! De recién nacida se quedaba tal cual la habíamos depositado y, además, tenía el detalle de ir girando solo la cabeza de un lado a otro para evitar por sí misma la plagiocefalia, pero el cuerpo lo mantenía inmóvil. Y de tirar de la chichonera, o enredarse en las sábanas, o en el nórdico, ni hablar. Es fácil decir eso de que no pongamos abrigo en las cunas de los niños, pero los míos son ambos de otoño e invierno y sinceramente no es igual de simple cumplir esta recomendación en esta época que en primavera o verano. Y 3 años después, cuando supuestamente yo ya era una experta y conocedora de todos los peligros en la cuna del bebé ¡me nace el prematurito y decide ponerse en riesgo a diario! Cosa que no había hecho nunca su hermana. Desde entonces, comprendo por qué existen todas estas recomendaciones para que ellos duerman tranquilos sin que nosotros perdamos el sueño. Y eso que el mío la cuna la pisa en cómodos formatos de escasos minutos.

1. La separación de los barrotes de la cuna. Esto me preocupó bastante poco, porque mi madre me regaló una cuna de marca, con tradición en España, fiable, de empresa seria y respetable, con todos sus certificados en orden y no pensé que el tema de los barrotes pudiera ser un obstáculo. Lo principal es que tengan poca separación (no más de 6 centímetros), para que los cafres que estamos criando no atasquen la cabeza. Y esto no lo ha hecho ninguno de mis mochuelos, pero ¿qué pasa cuando crecen y ganan movilidad? Pues los míos, que son de piernas hermosas, sobre todo el nuevo, han hecho muchos intentos por partírselas sacándolas por los barrotes y no pudiéndolas recoger. Esas carnes se les quedan apretadas contra las maderitas, y tú los oyes con quejidos desde otra habitación. Sólo piensas en que estarán ideando la forma de escaparse, pero no en que andan aprisionados y haciéndose daño hasta que no pueden liberarse y se echan a llorar. Mi churumbelito es de carnes blandas y aún puedo extraerlo con facilidad, pero la niña, ya con más edad, las tenía muy prietas y madre de Dios lo que costaba sacarla de allí. Como intentar quitarte el anillo de boda 10 años después sin ayuda de agua ni jabón. En un caso desesperado ¡poned jabón en los barrotes!

2. La chichonera. Con la niña, yo no veía necesidad de chichonera porque como no se movía ¿cuándo iba a golpearse contra los barrotes? Pero la tuvo colocada desde el día en que nació, porque hacía la cuna más mona, y por si acaso se producía el primer golpe. La chichonera iba atada con lazos a la parte superior de los laterales de la cuna y a algunos barrotes. Cuando creció, tiraba de ella con tal fuerza que arrancó de cuajo algunos lazos. Ahora que mi churumbelito usa la misma, noto que se ha deformado tras lavarla y por el uso. Le cambié los lazos para que quedara tan tensa como hace años, pero no lo consigo y para colmo, mi mochuelo tiene la afición de separar la parte baja de la chichonera, meter la cabeza y quedarse atrapado entre ella y los barrotes. No corre peligro, porque allí corre el aire divinamente y no hay presión, pero claro, se agobia al verse tanta tela encima que no es capaz de apartar y ya se desata el llanto.

3. Las sábanas, edredones, mantas y nórdicos. Toda esta ropa de cama recomiendan no usarla, pero ahí está y se vende desde siempre. Entre los peligros en la cuna de un bebé, el hecho de que puedan quedarse atrapados en los textiles y se asfixien es de los más temidos. Yo los he usado, porque debía tapar a los niños en invierno, pero tanto la sábana como el nórdico estaban atrapados bajo los pies del colchón y era imposible que hicieran la fuerza necesaria para sacarlos de allí. Pero imposible del todo, porque el colchón queda tan justo en la cuna que hasta a mí me cuesta trabajo cambiar las sábanas. Esto y no dejar dobleces en la parte superior de la ropa de cama, me parecía de lo más seguro. Además, como hemos colechado tanto, me asustaba más el taparles la cabeza sin querer cuando dormían en nuestra cama (se tiene que acostumbrar una a estar desnuda de cintura para arriba en cualquier época del año, y sin mantita que te cobije) que el riesgo de su ropa de cuna.

4. Las almohadas. Esto sí me ha dado respeto y nunca las hemos utilizado. Tan blandas, tan mullidas, tan dispuestas a tapar orificios nasales… Además de que con el minicuello que tienen los bebes, seguro que duermen divinamente completamente estirados sobre el colchón. Incluso cuando se han resfriado y nos venía bien que estuvieran un poco más elevados por la zona de la cabeza, para respirar mejor, usábamos el método tan barato de doblar una toalla o manta y meterla entre el somier y el colchón de la cuna. Hala, inclinación segura sin ningún tipo de peligro. Pero ojo, que a veces se nos va la mano con lo que metemos ahí debajo y acaban los mochuelos desequilibrados y rodando a los pies de la cuna.

5. Los gira-gira. No me lo hubiera esperado, pero en la actualidad creo que no debemos preocuparnos, porque ya casi no veo modelos de gira-gira de cuna con aquellas cuerdas largas, en los que tú estirabas para poner el mecanismo y la música en funcionamiento. A fin de cuentas, era una cuerda larga y riesgosa suspendida sobre tu mochuelo. A un recién nacido no le pasaría nada, pero en cuanto se sostienen de pie y la alcanzan ¡ay! Susto al cuerpo por la que pueden liar enrollándose con el cordoncito. Hoy en día, los proyectores y entretenimientos de cuna son más modernos, funcionan con pila y las cuerdas andan desaparecidas. Pero por si acaso encontráis algún modelo vintage ¡ojito con ellos!

6. Chupetes, baberos y todo lo que vaya alrededor del cuello. Todo fuera. Con esto no he tenido problemas porque hasta que no empezaron la alimentación complementaria nunca usaron baberos, y una vez iniciada ¿cómo los iba a acostar con ellos puestos, con lo que guarrean? Chupetes no han querido nunca, así es que los pocos intentos que hemos hecho por ofrecérselos fueron sin chupetero y sin nada, con un chupete suelto que rechazaban una y otra vez hasta que desistimos. Pero si sois usuarios de este tipo de súper inventos ¡huid de ellos a la hora de dormir! Porque todas las cuerdecitas largas se convierten en peligros en la cuna del bebé.

¿Habíais pensado alguna vez en todas las películas de terror que se pueden vivir en una dulce cuna? ¿Os habéis llevado algún susto así con vuestros hijos?




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3 Comentarios

  • Responder
    Madre Agua
    21 noviembre, 2017 at 07:52

    Nosotros no hemos usado cuna por lo que todos esos peligros es que ni se me han pasado por la cabeza. Lo único que me quitaba el sueño era, como a ti, lo de arroparles la cabeza mientras colechabamos y asfixiarlos. Además que yo soy muy friolera y me tapo hasta las orejas, pues con Jorge, q nació en otoño, no he pasado más frío en lo días de mi vida. Ese niño toda la noche en el pecho y yo desarropada de cintura para arriba.

  • Responder
    nosoyunadramamama
    21 noviembre, 2017 at 10:52

    Aquí alguna vez se les ha quedado alguna pierna enganchada entre los barrotes, sin que supusiera ningún percance.. Bueno, eso y los cabezazos que se daban pero se siguen dando en la cama contra la pared 😉

  • Responder
    miren | deLunaresyLunas
    21 noviembre, 2017 at 11:23

    qué barbaridad, ¡cómo he podido dormir tranquila estos años! 🙂 la mía no es tan movida como los tuyos, y no le ha dado por arrancar chichoneras.. almohadas cero, y como ropa de abrigo, los saquitos, gran invento, y así nada de sábanas ni colchas.. cuna reglamentaria, con piernas atrapadas como debe ser, claro 😉

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