Alimentación complementaria

Mis trucos para que los niños coman menos azúcar. ¡Y funcionan!

trucos para que los niños coman menos azúcar

Como madre gorda, y no por cuestiones genéticas (o eso creo yo) sino por el sedentarismo y la mala alimentación, cada vez que veo las cifras de sobrepeso y obesidad de los niños españoles se me ponen los pelos como escarpias. No estoy tan loca como para querer poner a dieta a mi bebé, pues mi churumbelito sigue siento lactante y la alimentación complementaria que le estamos introduciendo, como en su día lo fue la de mi bichilla, no puede ser más sana: frutas, verduras, carnes magras, todo al vapor, ni hablar de los dulces, ni de la comida precocinada, ni los fritos… Con mi bichilla, fuimos bastante estrictos con el tema y teníamos en mente que no probara los dulces, las chucherías y los demás pecados capitales hasta los 3 años, pero sólo lo logramos hasta los 2. El entorno es poderoso e intentará hundirte tus planes de guiar a tus hijos por la senda de la alimentación saludable: que si las galletas infantiles repletitas de azúcar, que si un zumito envasado, que es natural, que si un huevo de chocolate (esto ya no tiene nombre, ni excusa para intentar taparlo y hacerlo parecer sano ¡y por no tener no tiene ni chocolate de verdad!). En fin, que era una batalla perdida. En septiembre, justo antes de la vuelta al cole, decidí intentar enmendar los derroteros que la comida estaba adoptando en esta casa. Por mi culpa. Porque sí, soy yo la que peor come y la encargada de comprar y cocinar. ¡Un peligro en los fogones! Así es que después de leer tanto sobre lo determinante que es adquirir buenos hábitos alimenticios en la infancia, estos son los pequeños trucos para que los niños tomen menos azúcar que estamos poniendo en práctica ¡y que funcionan de verdad!

1. Imitación. Por suerte, este hombre se harta de frutas y verduras sin problema y mi bichilla siempre ha imitado a su padre en este sentido. Tenemos el lujo de que en el colegio están concienciados con este asunto y los niños sólo pueden llevar frutas o frutos secos para el desayuno. Los menús del comedor también son para ponerles un monumento, así es que la única piedra en el camino de mi mochuela hacia la alimentación sana ¡era yo! Y esto no podía ser. De pequeña, aún disimulaba delante de ella, comiendo porquerías a escondidas, pero ella ya sabe abrir todos los muebles y no hay quien esconda nada ni en las alturas. Vamos, que más que ser yo un ejemplo a imitar para los niños ¡lo están siendo ellos para mí! Ahora todos comemos lo mismo y ya no se puede desear el plato perjudicial ajeno.

2. No tener nada insano en casa. O casi nada, porque aún nos estamos deshaciendo de algunas cosillas que teníamos acumuladas. Esto ha solucionado enormemente la papeleta. Hasta el principio del verano, teníamos zumos sin azúcares añadidos (que no sustituían a la fruta, pero al menos no eran una bomba calórica), galletas sin azúcares añadidos, sin grasas de palma, algunas gominolas, o chupa chups… No las comíamos a diario (bueno, yo sí, para qué nos vamos a engañar) pero a lo tonto, mi bichilla ya conocía su presencia y después de comer su comida sana y normal, acababa por reclamar algo de esto como complemento. Pues se acabó. En septiembre me fui a hacer la compra y volví con el carro lleno de cosas crudas (verdura, carne, pescado) y lo más procesado que tenemos ahora son los yogures desnatados y sin azúcares, el jamón cocido y el queso. Vamos poco a poco, que un cambio de esta magnitud cuesta una barbaridad. Creo que es el mejor de los trucos para que los niños coman menos azúcar en casa: no tener cosas con azúcar. Mi bichilla ya no pide galletas desde hace meses, porque sabe que no hay. Ni zumos, ni helados. Si se queda con hambre, se come todas las piezas de fruta que quiere (a veces hasta 3 para merendar, porque no tiene fondo) y sigue igual de feliz. O un trozo de pan seco y sin nada, al que tampoco le hace ascos.

3. Mamá no tiene dinero. Es un truco que se me ocurrió un día que me sentí inspirada para evitar las tentaciones en la calle. En casa, el tema está controlado porque en no habiendo, ella no pide nada. Pero claro, si me acompaña de paseo, pasamos por escaparates, entramos en tiendas con artículos del mal… No nos hemos vuelto unos extremistas en este asunto, pero de forma general, si pide alguna chuchería le digo que mamá no tiene dinero. Si insiste en que tiene hambre, compro una barra de pan para el camino. Si se puede aguantar el hambre hasta casa, allí ya estaremos a salvo y podrá comer de lo que quiera. Supongo que cuando crezca y entienda mejor lo que hay en mi monedero, esta estrategia no me servirá. Pero con suerte, para entonces ya tendrá nuevos patrones y no verá raro que no compremos chucherías a diario.

4. Malos hábitos aprendidos. Al tomar la decisión de que teníamos que hacer algo para que los niños coman menos azúcar, nos dio un bajonazo pensando en la pena de vida que iban a tener: sin chucherías, sin bollería, sin refrescos… Pero fue mi mochuela la que nos abrió los ojos y nos mostró que estas ideas nuestras no eran las suyas. Si le decíamos que había pan con tomate para desayunar, gritaba de contenta como si a otro niño le hubieras dicho que tiene un croissant de chocolate. Y para la merienda (la comida más complicada y tentadora para meter la pata con el azúcar en esta casa) le anunciabas que le ibas a dar una rodaja grande de melón o una sandía hecha trocitos en un plato ¡y salía disparada gritando y haciendo fiestas! Entonces ¿quién estaba sufriendo por no darle una galletas o un batido de chocolate? Acabáramos, si la niña nos lo ponía tan fácil ¿íbamos a ser tan burros de no aprovechar la oportunidad? Y ahí sigue, sin acordarse de esas cosas que hace unos meses pululaban por los muebles de la cocina. Sin embargo, le encantan. Hasta el punto de que casi llora de emoción cuando le ofrecen algo dulce en cualquier sitio y hasta nos pide permiso para comerlo.

5. La familia y el entorno. De lunes a viernes, tenemos el tema bajo control porque siempre comemos en casa o en el comedor del colegio. El fin de semana damos algo de margen sólo en la comida de mediodía, porque solemos comer con las abuelas. El día que anunciamos nuestro propósito de poner en práctica estos trucos para que los niños coman menos azúcar ¡casi llaman para que nos quiten la custodia! Al menos de la niña, que ya no es lactante. ¡Qué difícil es hacerse entender! Sabemos que no va a morir nadie por comerse un helado un sábado, o un trozo de bizcocho un domingo. Al menos hemos evitado que en nuestra presencia le den galletas, chucherías, dulces… Y no será porque no piden permiso a este hombre y luego a mí, para ver si alguno flaquea en la decisión y deja el campo libre. Si la niña está comiendo normal y luego jugando sin pensar en más comida ¿qué necesidad hay de ponerle una chuchería por delante? Otra cosa serán los cumpleaños, celebraciones, eventos de todo tipo, en los que nos encontraremos con estas golosinas. Pues bueno, si quiere comerá, como había hecho hasta ahora. No la vamos a marginar en un rincón para que todo esto quede fuera de su alcance. Pero no es igual comerlo una vez al mes que 5 veces al día. La diferencia es evidente.

Por ahora, lo estamos llevando con muchísima dignidad (creo yo). Al principio, perdía mucho tiempo en el supermercado, buscando azúcares ocultos en las etiquetas de la comida. Sin embargo, ahorraba mucho tiempo saltándome pasillos enteros como el de las galletas, los cereales del desayuno, la bollería, los postres lácteos, los congelados precocinados… Más de una vez me he traído a casa cosas de las que jamás hubiera sospechado que tienen azúcar entre sus ingredientes (jamón cocido, pimientos rojos enlatados). Si llegan por error a casa nos los comemos, que no vamos a tirar comida, pero en pocas semanas te haces una experta en discriminar. Por cierto, la regla del “todo lo que tenga envase de plástico suele esconder azúcar” funciona bastante bien. Hay otras familias que han probado con libros y vídeos para que el mensaje cale en los niños. Os dejo también la experiencia con el azúcar de La nave del bebé (yo he visto a V en acción y ella sí que está mentalizada). ¿Vosotros tratáis de hacer algo para reducir el consumo de azúcar en casa?

Foto slide vía Shutterstock.



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5 Comentarios

  • Responder
    Adriana
    12 diciembre, 2017 at 09:26

    Uy, nosotros es que, como en casi todo en esto de la crianza, somos un término medio. Comemos sano, nunca hemos comido precocinados, y apenas tomamos dulces, de hecho a los peques no les gustan nada los dulces o tartas, ¡ni un mísero croissant o bizcocho se comen! No sé si es porque son así, o porque al no haberlo comido de pequeñas, no han desarrollado el gusto por eso. Ni colacao han tomado nunca, vamos, solo leche sola. Zumos tampoco quieren.

    Pero eso no quita que no me pesa darles un yogur de fresa normal y corriente, o que un día puntual merienden un vaso de leche con galletas. Estamos todos sanos y delgados, y comemos lo que consideramos que es razonablemente bien, así es que no veo el problema. ¡Tampoco veo problema en que en Navidad coman turrón! Que también hay que disfrutar de vez en cuando de las cosas que nos gustan. Además, muchos productos sin azúcar llevan edulcorantes artificiales, que a nosotros tampoco nos gustan, así es que en vez de buscar productos sin azúcar, que llevan edulcorantes, pues limitamos los productos que llevan azúcar y listo.

    A nosotros lo que nos ha dicho alguna vez la pediatra es que no tengamos solo en cuenta los azúcares añadidos de los productos, sino también los naturalmente presentes. Que por ejemplo un zumo de tres piezas de fruta tiene de por si muchísima fructosa, que no deja de ser azúcar, aunque no sea añadida. Siempre nos ha dicho que pongamos cabeza la alimentación, y que merendar una pieza de fruta entera está más que bien.

    Y luego, el deporte, que ponemos mucho foco en la alimentación hoy en día, pero luego todo el mundo metido en casa todo el día, padres e hijos. Nuestra pediatra tambien dice siempre que correr por el salon no es deporte para un niño, jajaja. Que tienen que hacer como mínimo una hora de actividad física intensa al día, ya sea hacer un deporte, montar en bici, patinar…lo que nos guste, pero deporte de verdad. ¡Y eso lo cumplimos con creces en esta casa!

  • Responder
    Carolina mamá ríe
    12 diciembre, 2017 at 09:43

    Lo estás haciendo muy bien, si señor! Nosotros la verdad es que creo que comemos bastante bien, la que a veces saca os pies del tiesto soy yo, pero bueno…Mi rubio no es un niño de chuches, ni dulces, ni zumos…pero si un día encarta tampoco creo que pase nada. Como dice Adriana, todo en su justa medida y compensado.

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    Chitin
    12 diciembre, 2017 at 11:47

    Creo que como para casi todo, en el medio está la virtud, yo no atiborro a mis hijos de dulces y trato de llevar en casa una alimentación sana, pero no creo que el azúcar sea pecado, ni el origen de todos los males.

    Siempre he sido muy delgada, tenía poco apetito y me podía permitir comer todo lo que quisiera; a mis hijos les pasa algo parecido, son de poco comer, de hecho, tengo que reinvertarme cada día para conseguir que coman.

    Mi marido por el contrario es de buen comer, de pequeño su madre era vegetariana y consideraba todo aquello que no fuera natural, casi casi como veneno, como consecuencia de ello, cada vez que iba a un cumpleaños se empachaba, algo así como que aprovechaba la ocasión de poder comer chucherías y beber refrescos, porque no sabía cuando podría volver a comerlos. Ahora de mayor, se controla, pero sigue teniendo aún esa “necesidad” de comer las chuches que le prohibieron.

    Yo no quiero que les ocurra eso a mis hijos, creo que es mucho peor el efecto rebote, si te lo prohiben, te va a apetecer más, sin embargo si se permite comer, tampoco tiene tanto atractivo. Yo soy de hacer dulces caseros, bizcochos, magdalenas… y mis hijos prefieren mis tartas en los cumpleaños.

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    miren | deLunaresyLunas
    12 diciembre, 2017 at 11:49

    pues por aquí comemos de todo, incluyendo galletas y chocolate, del mismo modo que legumbres, verduras, fruta, carne y pescado, pero intentando evitar las chuches que me parecen más plástico azucarado que otra cosa. cierto es que cuando la familia toma el control, el tema se complica.. 🙂

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    anitasuperstarr
    12 diciembre, 2017 at 13:29

    Bravo bravo bravo! Os felicito y quiero imitar al 100% pero los míos no dan saltos de alegría con la fruta…al menos de momento! Queda un largo recorrido por hacer…

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