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Mi médico me trata como si fuera tonta

Mi médico me trata como si fuera tonta

El pediatra de los niños, mi médico de cabecera, la matrona, el personal sanitario de pediatría y ginecología durante el parto… No es que me quiera quejar de todos los profesionales con los que me he topado (sólo faltaría, porque experiencias terribles de verdad sólo he tenido una) pero por pequeñas cosas, me da la sensación de que en más de una ocasión el médico me trata como si fuera tonta. No entendida en medicina, de acuerdo, porque ni soy médico ni aspiro a serlo, pero una cosa es que no esté capacitada para llevar a cabo una operación a corazón abierto con éxito, y otra que no vaya a entender la descripción, el tratamiento o las consecuencias de términos más básicos que afectan a mi salud o a la de mis hijos. Ojo, que lo mismo me puede pasar con el mecánico o con el funcionario de hacienda, pero a mí lo que más me molesta es la actitud de los médicos, porque la salud es lo más importante, sobre todo cuando se tienen churumbeles. Aunque lo de entenderme con hacienda… ¡tampoco estaría de más! El caso es que si hago memoria de las veces en la que los médicos nos han tratado como a niños, infantilizando nuestros miedos y preocupaciones, y haciéndome salir de la consulta con esa sensación de que mi médico me trata como si fuera tonta, me doy cuenta de que voy acumulando ya demasiadas experiencias. Os cuento unas pocas que creo que hubieran tenido fácil solución.

1. El pediatra, los jarabes y los antibióticos. Creo que soy bastante empática y tengo facilidad para ponerme en la piel del pediatra, que a saber el tipo de fauna parental con la que se habrá topado durante su vida laboral. Por eso, puedo comprender que su forma de darnos las indicaciones sea algo raruna, dando la impresión de que nos deja elegir a nosotros el tratamiento que queremos para mi bichilla (el nuevo, por suerte, aún no se nos ha enfermado). Cuando acudimos por primera vez a verlo por una serie de resfriados encadenados al iniciar la etapa escolar, con sus toses infinitas e infernales que le impedían dormir de noche, nuestro pediatra estaba claramente en contra de recetar jarabes a los niños menores de 6 años. Y yo también de medicarla porque sí. Con lo cual, aquí paz y después gloria. Pero hasta que conseguí que me dijera que no los recomendaba porque no hay estudios concluyentes acerca de su efectividad, el hombre le dio 40 vueltas al asunto, insinuando que si lo queríamos, él nos haría la receta de los 2 tipos que se solían dar a los niños de 3 años. ¡Si yo no quiero recetas! Quiero consejo médico. Pero resulta que la mayoría de padres se quedan más tranquilo dándoles el jarabe y nos meten a todos en el mismo saco. Con el antibiótico, cuando mi bichilla cogió la gripe, fue más tajante. No se dan antibióticos para resfriados ni gripes, porque estos sirven para tratar infecciones bacterianas y estos dos males están provocados por virus. Pero en lugar de darme esta explicación, mi médico me trata como si fuera tonta y me dice que no se dan antibióticos “porque no”. Y claro, una respuesta más elaborada tampoco hubiera estado de más. ¡Si al final pensamos los dos igual! Pero, ay, lo que me cuesta llegar a la raíz de su pensamiento.

2. La matrona de la maniobra de Hamilton. Dentro de mis episodios de “mi médico me trata como si fuera tonta” lo de esta no tiene nombre, pero al ser yo una embarazada primeriza e indocumentada en este aspecto por aquel entonces ¡me la lió! Además de practicarme una maniobra de Hamilton sin mi consentimiento (imaginaos un tacto vaginal hecho a lo bruto y retorciendo la mano por dentro como si estuvieran rebuscando para sacaros las entrañas de cuajo) me lo justificó diciendo literalmente “te voy a hacer una cosa y así te vas a poner de parto tú sola”. Resultado: un trozo del tapón mucoso extraído a la fuerza, una pequeña pérdida de sangre, llanto y más llanto por mi parte tras la maniobra, impotencia al pensar que nunca pariría de una forma ni medio normal, y pánico porque si esta burra me había hecho ese daño para evitar una inducción ¿cómo sería de doloroso un parto inducido? Si me hubiera explicado mínimamente que pensaba trastocarme los interiores con una técnica desaconsejada por la OMS y de dudosa fiabilidad ¿creéis que hubiera sido tan tonta como para darle permiso? Os aseguro que no.

3. La enfermera de la hipoacusia. Hubiéramos agradecido mucho que en lugar de decirnos simplemente que había que repetir la prueba de la hipoacusia de mi churumbelito, como ya os conté el año pasado, y dejarnos ir a casa pensando que el niño pudiera ser sordo de un oído, nos hubiera explicado que los fallos en esta prueba son bastante frecuentes, a causa de ruidos, de que el bebé no se queda quieto, o llora, o aún es demasiado pequeño para que se le pueda realizar, o que existen muchos factores que llevan a su repetición. Y así, el niño será sordo, o no lo será, pero al menos evitamos preocupar innecesariamente tanto a padres de hijos sanos, como de hijos con defectos auditivos, hasta que se haya constatado que realmente padecen una dificultad. Esto es fácil de explicar y por muy cortos de sesera que nos consideren todos podríamos entenderlo sin pasar por la facultad de medicina.

4. La ginecóloga de la posible preclampsia. Ojo, que ella nunca mencionó esta palabra, pero ya era mi segundo embarazo y sabía de sobras a qué se estaba refiriendo. Fase final del embarazo. 2 mediciones de tensión en 2 visitas con la matrona y la ginecóloga en la que el resultado estaba dentro de la normalidad, pero acercándose al límite de lo saludable. Recomendación de tomarme la tensión en casa durante unos días y anotar los resultados para entregarlos en la próxima consulta. ¿Y por qué motivo? Pues porque sí, para asegurarnos de que no había algo más allá de una simple tensión algo alta. Pues no estaría de más que si sospechan que puedo padecer preclampsia (que no la he padecido finalmente, pero bueno) nos den algo más de información, porque habrá quien se altere cuando le pidan reunir estos datos sin un motivo sólido. Y luego, nos vamos a internet a autodiagnosticarnos, y allí sólo encontramos muerte y destrucción.

Ya no sé si estos profesionales nos infantilizan por humanidad, nos ocultan información porque no confían en nuestra capacidad para procesarla y entenderla o porque creen que así seremos más felices y nos preocuparemos menos. Pero casi preferiría que me hicieran un examen y me preguntaran qué sé de cada tema y, a partir de ahí, que pudiéramos hablar con más o menos hondura de la enfermedad que fuese. ¿Vosotros os habéis sentido alguna vez tratados como inútiles por vuestro personal médico? ¿Cuál es el caso más sorprendente que recordáis?

Foto slide vía Shutterstock.

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6 Comentarios

  • Responder
    mamapuede
    18 enero, 2018 at 07:18

    Pues yo tendría que hacer memoria pero así al que más visito es a la pediatra y por suerte cada vez menos, de hecho han cambiado hace meses y a la nueva no la conozco, siempre me han explicado las cosas con su razonamiento lógico, no usando palabras técnicas, cosa que agradezco pero siempre bien.

    Ahora ya me voy a quedar pensando en todos los médicos que me han atendido… jaja

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    Susana Dam
    18 enero, 2018 at 09:07

    A mí al principio del embarazo (estando de baja por una amenaza de aborto), me sentó mal una sopa que comí y estuve vomitando todo el día, tanto, que debí lastimarme internamente y ya sólo echaba bilis pero rojiza, con lo cual me alarmé y decidí ir a urgencias. Pues allí lo primero que me dice la médica es que es normal vomitar en mi estado, y yo: ya, pero no vengo porque esté vomitando (que no además no lo había hecho en esas 7 semanas, ni me ha pasado en las 19 siguientes), vengo porque además de no parar, estoy vomitando sangre.
    Me sentó muy mal en ese momento.😅

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    Marina (Trucos de Familia)
    18 enero, 2018 at 10:21

    Pues imagínaye si llegar a ser extranjera y qie no “domines” el idioma…ni el dialecto. Conste que nuestro pediatra es casi perfecto pero con otros sanitarios he tenido cada aventurilla.
    Aquí también se mezcla lo de tratarnos como a ganado, a la antigua, más alguna gente que quiere su antibiótico y punto.
    Pero yo creo que la tendencia es a mejorar. Veremos.
    😘

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    dulcematernidad
    18 enero, 2018 at 13:22

    Te entiendo perfectamente, a mi me paso con el primer parto, no sabia que me estaban haciendo y cuando preguntaba algo me decian tu tranquila, relájate y ya verás que todo ira bien y mientras veía todo ese material quirurgico que me acercaban para dis que comenzar a dilatar… y yo allá bien quieta sin decir ni pio, pero de todo se aprende y más cuando te conviertes en mamá, ahora si, que no se anden por las ramas y al grano! A cada pregunta quiero una respuesta clara y si no entiendo les digo: repitalo!

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    Madre Entrópica
    19 enero, 2018 at 02:26

    A mi una ginecóloga de urgencias me dijo que a mis seis semanas de embarazo tenía a mi peque medio descolgada (exactamente mismo diagnóstico que mi primer embarazo que acabó en aborto, dato que ella sabía) y que tenía 50-50% de quedarse o abortar “Pero que para tonterías como esta no viniera más” (con tono de regañina maternal). Entiendo que para ella, seis semanas no era casi ni embarazo, pero no tenía porque reñirme. Qué mal día tenía que tener esa mujer como para poder justificar que me soltara eso y encima de mala leche.

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    Esta casa es la comedia
    25 enero, 2018 at 18:29

    Pues es curioso, pero las dos únicas veces que recuerde en las que me trataron así, como si fuese imbécil, fueron las matronas de planta en mis dos partos. Hospitales diferentes, años diferentes, pero la misma infantilización, ausencia de explicaciones y los mismos aires de suficiencia. Claro que en el segundo parto venía yo ya “escocidita” de la experiencia anterior, que fue de traca, y puse freno al tema en cuanto asomaba la patita…Vino a hablar conmigo una responsable, no recuerdo qué era, sí jefa de enfermeras, médico o qué. Lo que sé es q se identificó, se explicó, me escuchó y vamos, fenomenal todo. Y el personal se espabiló vaya que sí. Desde esa charla, conmigo, de usted y de doña mínimo! Jajaja

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