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La bicicleta con ruedines y pedales. ¡Vuelta atrás!

bicicleta con ruedines y pedales

En una de las últimas salidas ciclistas de mi bichilla en Instagram, os la enseñaba con su estilismo de bicicleta con ruedines y pedales, acompañada de falda de volantes, botas australianas, un exceso de rosa por todos lados… Lo del color de princesa es lo de menos. Lo que salió a relucir aquel día es si de verdad a esta niña le ha servido de algo el haber conducido una bicicleta sin pedales desde que empezó a andar. No tuvo correpasillos de ir sentada (bueno, sí tuvo uno 2 días, a destiempo, porque ya era demasiado grande para él, se cayó de boca, se le quedó un diente negro y su padre lo hizo desaparecer de su vida para siempre) así es que pasó a las motos correpasillos de rueda ancha y después a la bicicleta sin pedales más básica que encontramos. Todo el pueblo tenía la misma, así es que debía ser un invento genial y como primerizos no estábamos para cuestionar diseños de ciclismo porque no entendemos nada. El caso es que se ha pasado más de 2 años con ese vehículo, en el que iba muy bien, se lanzaba, sabía subir las piernas y coger velocidad, mantenía el equilibrio estupendamente. Y todo pese a que ella es muy alta y la bicicleta parecía quedársele bastante pequeña, por lo mucho que le arrastraban los pies por el suelo. Nosotros teníamos muchas aspiraciones respecto a la inversión de tiempo en este modelo, pero resulta que a día de hoy la niña usa una bicicleta con ruedines y pedales de las que hemos conocido siempre. ¿Qué nos ha pasado para retroceder en nuestros planes?

1. La niña quería una bicicleta de mayores. Y no me extraña, porque la sin pedales le quedaba realmente pequeña. Para su cumpleaños, estuvimos mirando modelos y ella sólo insistía en que quería una bicicleta con ruedines y pedales. Lo de los pedales era imprescindible claro, pero ¿y los ruedines? Seguramente, ella los pedía sólo por estética, y porque había probado la bicicleta de alguna amiga, descubriendo que se podía pasear en plan señorona con ella, sin tener que mantener el equilibrio, pudiéndose despistar en su ruta y haciendo el mínimo esfuerzo. Ya sea por pereza o por gusto, el caso es que se empeñó en el tema de los ruedines. No podía ser que los pidiese porque se viera incapaz de manejar la bicicleta grande, porque ella nunca los había tenido anteriormente y la otra la gestionaba a toda velocidad. Así es que como el pack no era caro, accedimos a ponerle los ruedines.

bicicleta con ruedines y pedales niña

2. Primeros intentos con la bicicleta a secas. En el mismo local del cumpleaños hicimos algún intento de subirla, sujetándole sólo el sillín, para que ella pedaleara y comprobar si el hecho de haberse criado con una bicicleta sin pedales había obrado el milagro y ya sabía montar en bici casi por ciencia infusa. Efectivamente: no sabía. Pedaleaba y no tenía miedo a caerse, pero si la soltábamos se iba al suelo de cabeza. No había que dramatizar, ya que eran los primeros minutos de contacto con la nueva bici y tenía toda la vida por delante para practicar. Aunque si al final íbamos a acabar aprendiendo desde cero con una bicicleta con ruedines y pedales ¿de qué nos había servido la anterior?

3. Meses después. La niña sigue viajando con sus ruedines y no hay quien le mencione la posibilidad de quitarlos. Dice que aún no es mayor y que sin las ruedecitas se caerá y se hará daño. Claro, lo ideal sería convencerla para al menos probar a ir sin ellas, pero lógicamente no podemos engañarle prometiéndole que no se caerá, porque lo lógico es que se caiga y ya no se fiaría de nosotros. Al no querer hacer pruebas sin los ruedines voluntariamente, estamos atascados en este punto, porque no vamos a obligarla a hacerlo. Como padres, nos sentimos frustrados respecto a las promesas que se nos hicieron con la anterior bicicleta. Hemos intentado decirle que sin esas ruedecitas irá más deprisa, a donde quiera, no se estancará en las esquinas, será una niña grande… Pero todo le rae sin cuidado. Ella va divinamente sin hacer esfuerzos innecesarios sobre su nueva bici ¡con lo mucho que tuvo que trabajar para avanzar con la otra en su más tierna infancia!

Nos han dicho que los beneficios de haber crecido con una bici sin pedales ni ruedecitas los notaremos cuando por fin se decida a probar sin los ruedines: que es de esperar que sepa mantener el equilibrio sobre las dos ruedas con más facilidad, que se caiga menos veces, que entienda fácilmente la mecánica del ciclismo y que aprenda en un abrir y cerrar de ojos. A día de hoy, no es esa la impresión que tenemos, pero bueno, no perdemos nada por sentarnos a esperar y confiar. Antes, estábamos convencidos de que el pasar de una bici sin pedales a la definitiva se produciría de forma automática, sin ruedines de por medio Ahora, no sabemos si es que no entendimos el sistema desde un inicio, o si es que no a todos los niños les rinden igual las prácticas previas.

¿Tenéis experiencia en este terreno? ¿Apostasteis por las bicis sin pedales y no resultó ser un avance tan prometedor como habíais imaginado?

Foto slide vía Shutterstock.

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8 Comentarios

  • Responder
    mamagnomo
    20 febrero, 2018 at 08:45

    Yo me niego pero mi segunda está en este plan. Quema la bici sin pedales porque va veloz como el rayo pero le motiva poco la nueva con pedales y sin ruedines. A ver qué pasa…

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    Carolina mamá ríe
    20 febrero, 2018 at 09:53

    Nosotros estamos igual, le encanta su bici rosa sin pedales y la otra ahí la tiene con sus ruedines y que le da hasta miedo porque dice que pierde el equilibrio. Yo es que creo que los ruedines son malos muy malos para este quehacer.

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    María E.
    20 febrero, 2018 at 10:18

    A nosotros nos pasó casi lo mismo: moto de rueda gorda, bici sin pedales que la llevaba de maravilla y al pasar a la bici de mayores, tenía que ir con ruedines. Hemos tardado casi un año en quitárselos y sí que es verdad que cogió enseguida el truco a mantener el equilibrio y ya va muy bien

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    Laura
    20 febrero, 2018 at 10:54

    Mi hijo tuvo dos bicis de equilibrio, la segunda del mismo tamaño que la de pedales (de hecho, idéntica, excepto en pedales y cadena, claro). Durante un mes o así le fui aguantando la bici hasta que arrancaba, pero ahora ya va solo y no se ha caído nunca. Creo que las ruedas de apoyo pueden ser contraproducentes. Por suerte, el mío no sabía ni que eso existía y aunque yo acabé de los riñones, esta primavera me veo de excursión cada uno con su bici.

  • Responder
    La mama fa el que pot
    20 febrero, 2018 at 11:42

    Pues en mi caso mi hija ni con ruedines ni sin ellos porque para ella el drama es pedalear…
    Así que se ha quedado la bici muerta de asco y creo que si ahora quisiera subir ya se le habría quedado pequeña.

  • Responder
    Ananas
    20 febrero, 2018 at 11:53

    Anda, qué curioso… Yo también hubiera dicho que pasarían directamente a la bici grande sin ruedines. Bueno…de todas maneras aunque al principio le den seguridad, ya verás como pronto irá sin ellos tan ricamente.

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    laura valle molinuevo
    20 febrero, 2018 at 12:29

    Pues mi hijo cuando cumplió tres años se empeñó en que quería bici con pedales, y la abuela que ya tenía comprada la de sin pedales la devolvió y le cogió una con pedales y ruedines… pero oh sorpresa el pobre no sabía ni dar pedales, y le costó unos meses cogerle el tranquillo… Fue ya con cinco años y algún mes cuando en tres o cuatro tardes con su padre (y tras otros intentos en verano con cuatro años y medio, infructuosos totalmente), cuando ya consiguió soltarse y pedalear sin ruedines ni ayuda de ningún tipo. Esto es como lo de andar, no hay milagros, y al final todos aprenden…

  • Responder
    Sandra
    20 febrero, 2018 at 23:20

    Pues en mi casa sí hubo milagro. Después de 2 bicis sin pedales (pasamos de la de Chicco a otra más grande) con 3 años y medio cogió una con pedales de la vecina y solo hubo que sujetarlo para arrancar. Nos obligó a comprársela esa semana porque estaba obsesionado con “robar” toda bicicleta de mayores que veía!! Eso sí, lo de frenar y echar pie a tierra aún lo lleva regular jejeje

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