Alimentación complementaria

Caldo para niños. Comer sano sin saber cocinar

sopa para niños aneto bajo en sal

Mi bichilla quiere ser “chefa” desde hace unos meses y estamos haciendo lo posible por no frustrar esa incipiente vocación por la cocina, que no sabemos de dónde ha sacado. Mi arte en la cocina es inexistente. El de este hombre está aún varios escalones por debajo del mío y lo peor ya no es que no tengamos maña, es que generalmente tampoco ponemos interés y el tiempo… Pues eso, que mi madre siempre dice que las recetas están para seguirlas: para ella todo es súper fácil si cumples con las instrucciones y si le dedicas tiempo. Ese que a nadie le sobra y que cuando se tienen hijos aún escasea más. Desde agosto, empezamos a concienciarnos en familia para comer mejor, reduciendo los azúcares añadidos de nuestra dieta. Meses después, nos va muy bien, y el principal truco ha sido no tener en casa alimentos procesados, bollería, zumos, repostería industrial… Siempre digo que la niña nos ha sorprendido por lo bien que ha acatado la decisión. El pequeño aún no está en riesgo de tener una alimentación insana, porque sigue siendo básicamente lactante y come sus purés y sus cositas al vapor, sin cereales industriales, sin acceso al azúcar… Vamos, que seré muy mala cocinera, pero estoy intentando enmendar nuestros hábitos para ejercer de madre consciente en cuanto a la alimentación de mis mochuelos. Durante este otoño-invierno, nos hemos dado bastante al caldo para niños, sobre todo en las cenas, que es lo que más nos cuesta idear. A día de hoy, comer sano sin saber cocinar nos supone algunos problemas que estamos intentando solucionar de la mejor forma posible.

1. El tiempo que se necesita para comer sano. Es muy difícil cambiar la idea preconcebida de que los precocinados nos ahorran todo el tiempo del mundo. A ver, es innegable que echar una croquetas y unas patatas a una freidora suponen 3-4 minutos de preparación y para de contar. Con los años ya veremos si el ahorro de tiempo nos ha pasado una factura tremenda en cuanto a salud (que nos la pasará) pero para salir del paso… Normal que la gente se dé a ellos ,pero en casa siempre hemos evitado los fritos. Ojo, que nos cuesta, porque es que esas cosas entran tan bien, están tan bien diseñadas y fabricadas, tan gustosas… En fin, que en 3-4 minutos yo no logro ni hacer una ensalada sola. Sólo para preparar los ingredientes y ponérmelos a mano ¡ya tardo más! Así es que es cierto que comer sano nos cuesta una inversión de tiempo mayor, y hay tardes en las que me vuelvo muy loca improvisando croquetas de coliflor hechas al horno, sin grasas y sin nada, y empanadillas de atún artesanales y se me va hora y media entre el trajín en la cocina y los niños que se me cruzan a cada paso. Esto me llevó al descubrimiento del plato único.

caldo para niños aneto bajo en sal

¡Sí! Esta obra de arte con zanahorias gigantes que flotan ¡es mía!

2. Caldo para niños y nada más. Las cantidades que come el bebé son de risa, así es que no me voy a calentar la cabeza con lo que ingiere, pero las de la niña son muy variables. Tiende a merendar muchísima fruta y las cenas las hace más ligeras, incluso aunque haya un menú que le guste mucho, como hamburguesas o pizza. Tras tomar las riendas de nuestras vidas con el azúcar, la reducción de sal vino detrás. Sobre todo para poder cocinar lo mismo para los 4 y no tener que andar apartando la comida del niño. Este hombre es muy poco delicado para lo que está soso o salado, la niña tampoco se queja y la única gran aficionada a la sal sabrosa era yo. Sin embargo, muchas marcas de caldos envasados me resultaban súper desagradables ¡sólo sabían a sal! Así, descubrí las variedades de Aneto bajo en sal: de pollo, pescado, verduras, puchero, zanahorias ecológicas, alcachofa. De esta marca me gusta que la sopa sabe como si la hubiera hecho mi madre (no diré como si lo hubiera cocinado a fuego lento yo misma, porque está mucho mejor que si lo hubiera hecho yo) e incluso los caldos que solo llevan verduras de base parecen espesos, con sustancia, no son un aguachirri clarucho, sin nada. Oye, pues hasta los niños se han dado cuenta de la diferencia. Para asegurarme de que son tan sanos y naturales, me he ofrecido gustosa a visitar próximamente su fábrica de calditos Aneto, en Artés. ¡Ayyy! Me visualizo con el cucharón en la mano, pasando de una olla a otra y poniéndome tibia a la hora de comer. No sé si habrán medido bien la invitación ¡que yo tengo mucho fondo! Menos mal que el caldo tiene pocas calorías y este cuerpazo se lo puede permitir. Esta experiencia os la contaré otro día.

3. ¿Confiar en un caldo envasado como alternativa saludable? Mira, pues sí. Siempre me había preguntado por la diferencia de precio de Aneto respecto a otros caldos del supermercado. Pero oye, es una solución con ingredientes 100% naturales, baja en sal, sana, que me ahorra el tiempo que me llevaría hacer el caldo yo misma (con sus horas de cocción ¡horas! Que se dice pronto) y me aseguro de que va a estar bueno siempre, sin depender de que ese día tenga la vena cocinera mala o peor de lo habitual. Ojo, que también he metido la pata con los caldos para niños. Por ejemplo, le suelo poner trozos de pollo, una patata, una zanahoria, para que sea la cena completa y tengamos un plato único con sustancia. Y ¡estrellitas! A mi bichilla le encantan, pero un día me quedé sin ellas y por tal de que viera algo más flotando en el caldo ¡recurrí al cuscús! ¡Horror! En un minuto esas bolas se habían inflado y chupado todo nuestro litro completo de caldo. Oye, el cuscús tenía un sabor riquísimo, pero acabamos comiendo cuscús con pollo, patatas y zanahorias en lugar de caldo. Lección aprendida: primero hiervo la pasta aparte y cuando se haya hidratado añado el caldo. Y fin de la cena. Plato único que podemos comer todos.

Al final, voy buscando alternativas de cocina con niños muy sencillas, porque mi mochuela quiere intervenir en todas las preparaciones y no puedo complicarme mucho. Además de que lo que se cocina ella misma ¡se lo come mejor! ¿Vuestros niños son de caldo y cuchara?

Foto slide vía Shutterstock.

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2 Comentarios

  • Responder
    Mamá en Bulgaria
    1 marzo, 2018 at 16:09

    En casa somos muy fans de las sopitas, mi marido se puede ventilar un litro él solo, y el pequeño un par de bols bien llenos.
    Por desgracia aquí no se venden calditos hechos, ¡ojalá! Pero si quiero caldo tengo que hacermelo yo, y me lleva más de dos horas, de modo que cuando hago, hago muchísimo y congelo.

  • Responder
    Elena Riberas Pérez
    5 marzo, 2018 at 17:59

    Están muy buenos y sacan de un apuro, todo hay que decirlo

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