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Jugando con los peligros de casa. ¡Qué divertido!

Jugando con los peligros de casa

Mi churumbelito va a ser el segundo de mis hijos en pasar a la posteridad de esta familia, por ignorar bastante los juguetes en general para pasarse el rato jugando con los peligros de casa. Déjate de peluches, de mantas de actividades, mesas de juegos, bloques de construcción o muñecos interactivos, que donde se ponga el aporreo sin compasión del resto de cosas de adultos de su entorno, que se quite el mejor juguete. Con lo bonitos que son, el colorido tan atractivo que tienen, el dinerito que cuestan, la ilusión con la que la gente los regala (la gente, porque nosotros estamos escarmentados y poquísimo hemos invertido en distracciones infantiles) pues a ellos les da lo mismo. Me pasó con mi bichilla, que tenía una afición malsana por abrir el mueble de las conservas y meter en el cubo de la fregona todas las latas, después de haber abrillantado el suelo del pasillo pasando la escobilla del váter mojada, y ahora lo volvemos a vivir con el mochuelo. Ojo, que esto de estar jugando con los peligros de casa varía de una criatura a otra, porque si bien los peligros que tenemos aquí acumulados deben ser más o menos los mismos, cada uno ha escogido sus favoritos de forma muy diferente.

1. El Roomba. Oye, el robot en sí lo veo seguro para el niño porque es el aparato el que sufre sus embestidas, manotazos, babas., abrazos, lanzamientos por los aires y carga con ese cuerpazo encima para llevarlo de paseo de un lado a otro de la casa. No contento con entretenerse con sus luces y sonidos, a mi churumbelito le encanta meter los dedos en los bajos de la aspiradora, pero no puede quedar atrapado ahí. Así es que el peligro está en que saca bolas de pelusas y pelos que se mete en la boca a puñados (muy higiénico todo, pero oye, ya podemos saber que asmático no nos ha salido) y… ¡el enchufe del cargador! A fuerza de perseguir al Roomba por toda la casa, acabó deduciendo que esa base, con ese cable que se metía en unos agujeritos de la pared, también tendrían su diversión. Así es que ahora el peligro está en esa fijación por desconectar todos los cables de la base del robot y chupar cada extremo, además de intentar acertar de nuevo con la clavija de la pared. En definitiva: se le ha acabado el juego con el Roomba. Perseguirlo por la casa sí, pero en cuanto el cacharro se aparca procedemos a cerrar la puerta de esa habitación para evitar esos juegos con la electricidad. Como consecuencia, se pone de pie en la puerta y la aporrea a gritos reclamando su liberación. Tengo un futuro manifestante en potencia.

2. Las patatas y cebollas. Sí, todo esto se come y cuando digo que mi churumbelito se deleita jugando con los peligros de la casa me refiero a varias cosas. Descubrió que tenemos una caja de cartón con las mallas de patatas y cebollar en un mueble de la cocina, como cualquier familia estándar vamos. Al principio, se hizo daño porque lo que quería era meter los deditos en la malla y rascar la piel de las patatas y como esa malla de nylon queda tan tirante, sin llegar a cortarse, más de una presión excesiva ha sufrido. Con el tiempo, decidió que meter la lengua por la malla para chupar el tubérculo crudo era mucho mejor plan. Vamos, si fuera mujer no tendría que temer por la toxoplasmosis en un futuro embarazo, porque este debe estar ya inmunizado. Mi madre se pone mala cuando le cuento estas cosas porque “chupar las patatas crudas y sucias no puede ser bueno”. Esto ya lo entiendo yo, pero al menor descuido allá que se lanza. Y casi lo prefiero, porque cuando topa con las cebollas me lía una en el suelo al despelucharles las capas secas….

3. El váter. Todos los niños quedan fascinados con el váter cuando descubren que le das al botón y sale agua, que se traga todo lo que le eches… Pero mi mochuelo aún no ha descubierto estas diversiones, por lo que no comprendo qué le ve al hecho de arrimarse al váter y rodearlo caminando y agarrado a la tapa. Lo trae loco. No sé si es porque lo nota fresquito, por el color blanco… Pero no sabe hacer nada más. No intenta levantar la tapa, ni tirar cosas dentro, y a la cisterna no llega ni por casualidad, sin embargo, a la menor oportunidad, allí que se mete a apoyar el moflete sobre la tapa y chupar el borde.

4. El cubo de la fregona. Con esto puedo estar orgullosa de que sólo he tenido 2 despistes en un año, pero ¡qué chapuzones se ha dado! Su hermana era aficionada a meterlo todo en el agua y verlo hundirse o flotar, pero el niño prefiere la higiene, así es que se pone de pie y mete los brazos hasta la axila o hasta donde pueda antes de que lo pillemos. Yo creo que en un descuido sería capaz de meter hasta la cabeza. Le da igual el invierno, el frío y tener que pasar luego por sus odiados cambios de ropa: como vea el cubo a tiro no se lo piensa más.

Al que me vuelva a decir que cuando los niños empiezan a gatear y a andar la crianza se hace más fácil, le pienso retirar la palabra de por vida. Un bebé panza arriba es demandante y cansadito, pero al menos no se te pone en riesgo de muerte cada vez que tardas mucho en parpadear. ¿Los vuestros también han sido pequeños kamikazes?

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2 Comentarios

  • Responder
    Taisa
    9 marzo, 2018 at 13:05

    xDDDDD Es que son la leche. El mayor mío la verdad es que de bebé fue todo un santo, no recordamos ni mi marido ni yo ninguna “liada gorda”, más allá de vaciar cajones, revolver ropa o cosas así. Mi hija me está poniendo a prueba de lo lindo, no me puedo despistar un pelo. Si que ya se animó a tirarme algún juguete al wc. Y lo de la fregona… No sólo se puso a “lavarse” las manos… ¡¡Sino que me volcó el cubo!! Ya te dije, estoy ultimando los detalles… Mañana sale mi super entrada sobre seguridad en el hogar… 😉

  • Responder
    Sonia
    9 marzo, 2018 at 16:30

    Totalmente!!!!! Mi pequeño kamikaze chupa todos los cables e interruptores… también tiene fijación por los mandos y las lámparas… y no veas como corre gateando…

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