Crianza

No soy una mamá molona ¿qué le vamos a hacer?

no soy una mamá molona

Tipos de madres hay muchos. Creo que casi tantos como madres existen, y todas cojeamos de algo. Ni las madres perfectas pueden presumir realmente de no cometer errores, ni las malas madres somos tan desastrosas como para no tener ni siquiera una virtud. Si me observo a mí misma como madre, creo que no soy el tipo de madre que hubiera aspirado a ser, y desde luego no soy una mamá molona. Si tengo alguna cosa positiva es que no soy alarmista y ando casi siempre bastante desahogada, dejando que los niños hagan casi todo lo que quieren: ¿Que mi bichilla quiere trepar al cabecero del sofá y saltar hasta el suelo? ¡Que lo haga! Con lo chochona que es para algunas cosas eso lo tiene dominado. ¿Que planta los dedos en la tele porque tiene que tocar a todos los personajes de los dibujos? ¡Que lo haga! Lo mismo nos da sacar una huella y un pedazo de galleta repellado contra la pantalla que sacar cien mil. ¿Que quiere cocinarse su propia cena empantanándolo todo y tardando 4 veces más? ¡Que lo haga! Que esta es mi particular inversión de futuro, en la que he depositado mis esperanzas, para que saque la afición a la cocina que yo no tengo y en unos años poder delegar esta tarea en ella, por lo menos hasta que se me independice. Pero así, de forma general, no soy la madre que todos los niños pequeños desearían tener. No molo nada y lo peor es ¡que no me esfuerzo por molar! Veréis.

1. No me gustan los juegos infantiles. Y no juego. Puedo sentarme con la niña para enseñarle a hacer un puzzle, o si quiere ayuda para colorear, o para explicarle un juego de mesa, pero en cuanto atisbo que ya ha comprendido el mecanismo, me escaqueo como puedo. Un día, así de forma aislada, y sin que se convierta en costumbre, puedo proponer yo un juego y sentarme pacientemente a disfrutarlo. Y soy la que más se emociona en casa cada vez que estrenamos juguetes. Sin embargo, suerte de la existencia de internet como inspirador de nuevas actividades y hasta de manualidades de esas que no hacemos nunca en casa, porque llego a nacer en una época sin YouTube y nos morimos del asco. Pero a diario no lo hago ni loca. Y en este apartado incluyo el parque, por supuesto, que ahora que mi bichilla ya se gestiona sola con los columpios, ve venir los riesgos sin que tenga que intervenir la madre salvadora y hace amistades con otros congéneres en miniatura, hasta es una actividad que está sumando puntos. Pero hasta hace nada ¡era una tortura! Eso sí, a mí dejadme planear fines de semana con actividades para ella, para mi churumbelito nada, que aún está en fase de bebé soso y no disfrutón, que ahí sí que lo doy todo.

2. No hago payasadas ni me revuelco por el suelo. Menos mal que este hombre se nos ha revelado como todo un descubrimiento en estas materias: Desde imitar las voces de los personajes de dibujos animados de la niña, hasta hacerse pasar por ellos, o por perrito, o por tortuga, o por cualquier ser que mi mochuela le demande. Para esto tampoco soy una mamá molona, porque me resisto a andar por ahí tirada y las imitaciones no son lo mío. Ay, describiéndome así ¡qué sosa soy, por favor! En ocasiones me toca ser Anna, la hermana de Elsa, la madre de Vaiana o una de las genios de Shimmer y Shine. ¿Sabéis como actúo? Cambio una mijita la voz y andando. Así no me van a dar el Oscar nunca, claro. Sí me ofrezco voluntaria para jugar a los médicos (hago de paciente y de profesional ¡lo domino todo), a las peluquerías, a las maquilladoras (maldito color azul, que no sale ni con desmaquillante fuerte), los masajes, quiero jugar a juegos de mesa de los que la niña pasa por completo… Vamos, que algún intento hago, pero cuando miro las vidas de los demás, todo me parece insuficiente.

3. A veces estoy muy ocupada. Sí, yo trato de trabajar cuando ella está en el colegio, pero mi churumbelito ya no se conforma tampoco con la teta y el porteo a jornada completa, por lo que cuando ella vuelve del cole, hay días en los que me queda algún fleco de faena por aquí y por allá, y si no las tareas domésticas que ya no pueden aplazarse más y claro, son minutos que voy restando al tiempo que debería pasar con ella. Que luego me arrepiento de no haberlo dejado todo y dedicarme a la juntera familiar en exclusiva, pero en ese momento me siento desbordada por otras responsabilidades y la rehuyo. Luego me siento mala madre total, pero no escarmiento, y la siguiente vez en la que me vea en la misma tesitura volveré a pecar porque no soy una mamá molona. Como si lo viera.

Cuando pienso en los recuerdos que mi bichilla tendrá de mí, aspiro a que no pesen más estos ratos en los que no lo doy todo como madre, que los buenos recuerdos que seguramente también tendrá. Espero que no esté guardando en su memoria solo mis debilidades y que alguno de los planes chulos que sí hacemos la vaya calando. Pero en el día a día ¿de dónde saca la gente la fuerza, los ánimos y los minutos para darlo todo en el juego de los niños? ¿Dónde se compra ese famoso tiempo de calidad que en mi casa no ha existido nunca? ¿Vuestros hijos viven una fiesta constante cuando estáis con ellos en casa?

Foto slide vía Shutterstock.

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4 Comentarios

  • Responder
    amordesmadre
    20 marzo, 2018 at 10:12

    molona eres un rato que yo te he visto en los MBDay y molas! ademas para tus peques seguro que eres lo más!

  • Responder
    Carolina mamá ríe
    20 marzo, 2018 at 11:18

    Pero quién ha dicho que no molas, a ver, que me lo diga a la cara. Yo te definiría, o mejor dicho, eres lo que mi rubio definiría como una “mamá sosa” así define a su padre y adivina qué, yo soy la parte divertida de la historia. Sí, yo que siempre he sido un cardo borriquero, se ve que esto de la maternidad ha despertado esa faceta mía.
    Tu molas, igual en otras cosas que son son estas, pero molas.

  • Responder
    mamagnomo
    20 marzo, 2018 at 13:21

    Jajajajajajajaja Lucía por Dios. Qué locura de reír. Yo estoy harta de que mis hijas vivan en un Disneyland perpetuo, en serio. A veces pienso y digo: Joe se lo pasan pipa toooodos los dias. El tener congéneres en casa hace que me libre de pringar, ése ha sido mi asidero para no currelar de más y es verdad que los días que mejor se lo pasan son aquellos en los que hacemos planes juntos que ya son la repera.
    La clave es ser felices con poco. No hay que darles demasiado ni eslomarte a jugar. Ellos se bastan.

  • Responder
    Maihum
    20 marzo, 2018 at 21:12

    Pues entonces yo tampoco soy muy molona que digamos, que lo de jugar lo hago porque sé que es bueno bueno, pero si lo puedo aplazar lo hago; te puedo asegurar aún así que que para ellos molamos mil

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