Crianza

Mi bebé tiene bronquitis y no le recetan antibióticos ¿es normal?

Mi bebé tiene bronquitis y no le recetan antibióticos ¿es normal?

Mucha suerte hemos tenido durante el primer año de vida de mi churumbelito, ya que uno de los riesgos de haber sido prematuro tardío era precisamente en de contraer enfermedades respiratorias con facilidad: bronquiolitis, bronquitis, ingresos por baja saturación de oxígeno. Pero ¡nos libramos! Hasta que cumplió 14 meses y nos encontramos en esta primera situación que refieren otras familias: mi bebé tiene bronquitis y no le recetan antibióticos. Y no se los han recetado. Y la ha superado. Con mucha paciencia y tras casi 3 semanas de proceso natural desde que pisamos la consulta del pediatra por primera vez. Una bronquitis en más de un año, teniendo esos puntos en contra por su nacimiento y con una hermana en edad escolar, en una clase en la que cada día se detectan una o varias enfermedades infecciosas de los más variopinto ¡me parece todo un récord de superviviencia! Aún así, en esta casa no estamos acostumbrados a que los niños estén enfermos. No nos asustamos, ni dramatizamos, ni salimos corriendo a urgencias ante el primer síntoma, pero nos desesperamos mucho, muuuuucho, cuando nos impiden descansar de noche. En mi caso, 3 semanas de mal dormir, después de 14 meses de pésimo descanso, ya ni me iban ni me venían, pero ¡ay, este hombre! Cuando quiso compartir las noches malas del convaleciente, un poco más y no lo cuenta por el agotamiento.

Lo primero que te dice el entorno (tu madre, las otras madres del colegio, la señora de la sala de espera) es que pidas antibióticos ya. Al primer moco o a la primera tos. Nosotros no somos de automedicarnos, y no tenemos en casa más que los típicos paracetamoles, ibuprofenos, tiritas, árnica para los golpes. Vamos, que no tenemos un botiquín con el que salvar al mundo. Pero los días fueron pasando y el hecho de que no le recetaran antibiótico al niño, que cada día iba a peor, acabó por hacernos dudar muchísimo de nuestros médicos.

1. Empezamos con una laringitis sencillita. Digo sencillita porque como mi bichilla es propensa a ellas la tenemos más que clara: sabemos los síntomas, qué hacer y la medicación que le van a recetar. En cuanto este lanzó esa primera tos de señor mayor de madrugada, me faltó tiempo para lanzarme al móvil a ver si su pediatra tenía cita libres para el día siguiente. ¡Golpe de suerte! Cita a mediodía y salimos con nuestra receta de Estilsona para 3 días. Como no había pasado de 38 de fiebre, no había más que pensar ni que recetar. Y justo cuando finalizamos ese tratamiento…

2. Nos vamos al hospital. La noche del tercer día el niño no es que no hubiera mejorado nada ¡es que había empeorado mucho! Habíamos pasado de tener un bebé con tos de perro pachón a uno que cogía aire con dificultad, que estaba de un irritable y que era incapaz de conciliar el sueño más de 15 minutos seguidos. Con este panorama, este hombre se lo llevó a urgencias por la noche, y allí dijeron que sí, que el niño tenía principios de bronquitis. Pero sólo principios (en esta casa nunca vemos ni el medio ni el final de las enfermedades, porque todo lo que nos diagnostican está en fase inicial). Así es que le recetan muchas dosis de salbutamol durante 48 horas y que siga controlado por el médico de cabecera si no mejora. El salbutamol hay que dárselo con un nebulizador, porque él no iba a aspirar del envase, y aquello era como estar torturándole ¡qué gritos y qué forma de retorcerse! Por cierto, que ese salbutamol era el mismo por el que tengo interpuesta una queja contra el médico de cabecera que me atendió este verano: cómo son las cosas, que al niño le hemos podido dar 4 inhalaciones 3 veces al día durante 48 horas, y según este hombre si yo quería tomar una al día durante 3 días debería destetarlo. ¡Qué poder amplificador del efecto de un medicamento puede tener una teta materna, oigan!

3. 48 horas horas de nebulizador después. El niño no había empeorado, pero tampoco había mejorado y ya íbamos a plantarnos en su primera semana completa de enfermedad. Volvimos al pediatra, que nos dijo que nada de suprimir el salbutalmol de golpe, sino que debíamos ir bajando la dosis progresivamente durante los siguientes 4 días. ¡Y vuelta a la consulta! En esos 4 días la mejoría ya era evidente: nada de fiebre, menos ataques de tos, mejor descanso, respiración normal, y unos mocos verdes colgando a cada segundo que tiraban de espaldas. Como nos íbamos de vacaciones de Semana santa, consultamos si en caso de empeoramiento repentino podríamos volver al salbutamol, o la Estilsona dependiendo de los síntomas. El nuevo médico que nos atendió nos dijo que sí, sin problemas, siempre y cuando a la vuelta llevásemos al niño para valorarlo. Ese empeoramiento no se produjo, pero sí nos mando a recorrer Europa con uno nuevo, unas gotas llamadas Fluidasa que supuestamente debían ayudarle a disolver el moco que tenía agarrado en los interiores y que tan difícilmente podría expulsar. Oye ¡lo más efectivo de todas estas semanas! A la segunda dosis se acabó el moqueo, los ataques de tos de muchos minutos seguidos y las noches sin dormir. Eso sí, 16 gotas en cada toma que era una aventura, porque el niño no las quería en cuchara y lanzadas en la boca una a una las espurreaba muy graciosamente. Creo que nunca llegó a tomarse las 16 en ninguno de nuestros intentos.

Y así ¡vencimos a la bronquitis! Mucha espera, mucha hidratación, muchas noches sin dormir, y cero antibióticos, porque no era necesarios. Sin embargo, en este periplo, muchos padres nos recomendaron ir a una consulta de un pediatra privado para que nos lo recetaran. E incluso topamos en la sala de espera con un niño de la misma edad de mi mochuelo que llevaba con su bronquitis agarrada un mes completo, había perdido ya un kilo, se negaba a comer, ni siquiera el pecho, y tampoco había antibióticos para él. Según nos dijeron ¡la clave es la ausencia de fiebres altas!

¿Alguna vez habéis desconfiado cuando los médicos no so recetan antibióticos para algo que parece empeorar por momentos? ¿Pedís muchas segundas opiniones en especialistas de pago para obtener recetas?

Foto slide de niña con inhalador de silentalex88 vía Shutterstock.

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3 Comentarios

  • Responder
    Carolina mamá ríe
    10 abril, 2018 at 10:30

    Pues no, no es normal. Aquí ocurre lo contrario, vayas por lo que vayas al pediatra le encasquetan antibiótico, así que en ese sentido no he desconfiado, más bien ha sido al contrario y ha sido nuestra pediatra del privado la que siempre nos ha dicho que antibiotico no. Así que si la superó sin antibióticos no estaría mal encaminado el pediatra, no?

  • Responder
    marigem
    10 abril, 2018 at 12:48

    Pues no sabría qué decirte. Mi hijo también fue prematuro pero tuve mucha suerte y nunca tuvo bronquitis, solo algún catarro que traía la hermana del cole, y nunca antes de los dos años.

    No conocía los medicamentos que has nombrado(ahora quedo de ignorante total) pero he mirado y la estilsona es un corticoide, y a mí eso sí que no me convence, huyo de las cortisonas como de la peste, aunque para mí he tenido que usar por temas de alergia

    Yo sí los he llevado muchas veces al pediatra privado pero no a por recetas, al contrario, para valorar otras opciones en cosas leves, si podemos evitar los antibióticos, mejor, de hecho apenas han tomado.

    Me alegra que el peque ya esté de maravilla, está claro que no necesitaba antibióticos.

  • Responder
    La mama fa el que pot
    10 abril, 2018 at 15:56

    Mis dos hijos han tenido tendencia a bronquitis. Mi enano además toma una medicación de base por temas respiratorios por una bronquitis complicada pero casi nunca nos dan antibioticos para la bronquitis. Suele ser la última opción si se les complica demasiado.

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