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Tópicos de diferencias entre niños y niñas que son reales con mis hijos

Tópicos de diferencias entre niños y niñas que son reales con mis hijos

No puedo asegurar que sea por cuestión de género o de personalidad, pero tras algo más de 1 año como bimadre, hay mucha sabiduría popular y muchos tópicos de diferencias entre niños y niñas que en esta casa se cumplen a pies juntillas. Cuando voy diciendo por la calle que la niña esto lo hacía así, o que el niño en esto hace tal cosa completamente diferente a cómo lo hacía mi bichilla a su edad, muchas veces dudo de si las diferencias se deben a la prematuridad tardía del segundo. Pero no, a la gente de a pie las semanas de adelanto del parto le importan poco, porque todo el mundo asegura que el hecho de que la niña parezca siempre más espabilada, más rápida y más de todo se debe precisamente a eso, al hecho de que es mujer. Mientras que mi churumbelito vive de forma pausada por ser hombre. Os pongo algunos ejemplos, ya que las comparaciones son odiosas, sí ¡pero inevitables!

1. La niña tuvo más destrezas para comer ¡y para todo en general! Por ejemplo, con 9 meses sorbía de la pajita, cosa que este aún no ha logrado descifrar con 15. Ambos han sido ansiosos para el Baby Led Weaning, pero ella con 8 meses hacía las cosas que este comienza a hacer con 15: gestionarse trozos de comida solo, que no se le salga todo de la boca, no meterse una cantidad excesiva que lo atragante. Para beber de vasos adaptados con boquilla, botellitas, o vasos normales, la cantidad de veces que se atraganta mi churumbelito es infinita. Mientras que ella engullía el líquido con total normalidad. El niño parece un aspersor: es echar un buche de agua y que la mayor parte salga disparada hasta por la nariz. Al segundo buche ya se centra y mejora la técnica. La niña lo hacía todo bien a la primera.

2. Ay, los andares. Mi mochuelo empieza a soltarse ahora, con 15 meses, y es capaz de recorrer una habitación conocida, si bien en la calle y en sitios nuevos se queda más parado. Más allá de que cada uno tenga su propio ritmo de desarrollo, y que a él haya que corregirle sus 5 semanas de prematuridad para estos menesteres, la niña tenía este asunto completamente dominado entre los 12 y los 13 meses. Vamos, con 13 corría como corre ahora con 4 años, prácticamente. Sin embargo, la mayor diferencia que veo es la vagancia. Este niño parece perezoso. Tiene la capacidad de ponerse de pie y dar pasos, porque lo hemos visto muchas veces, pero no es la primera idea que le cruza por la mente. Y si lo es, lo normal es que avance 1 o 2 pasitos y pegue un rodillazo en el suelo para seguir gateando. Yo digo que será porque está cogiendo confianza y no está preparado para lanzarse a la máxima velocidad, pero la gente piensa que es porque es niño y es un señorón de cuidado. Que por ser hombre ya se es de natural más vago.

3. En el pediatra. Antes de saber voltearse, mi bichilla trataba de huir de la camilla de las revisiones del médico. No lloraba (hasta que no fue algo mayor y empezó a tener conciencia de que allí ponían vacunas y esas cosas) pero se retorcía y trataba de escabullirse lejos de todos. El niño ha llorado desde su primera revisión. No se fía ni del pediatra ni de la enfermera, pero en lugar de buscarse las habichuelas, me trepa a mí encima como un koala enganchado a su rama y hala, se queda ahí gritando y esperando a que yo lo defienda. Que lo hago claro, pero la niña ya me nació con la autodefensa aprendida. Pocas veces nos ha reclamado para que la liberemos de las cosas que le asustaban, mientras que este no concibe la posibilidad de hacer frente a lo que le perturbe.

4. Los niños son de las madres y las niñas de sus padres. Este es un mega tópico acerca de las diferencias entre niños y niñas, pero en mi casa es así. Siempre he dicho que si no hubiera sido por el vínculo de los 3 años y medio de lactancia, esta niña podría haber crecido divinamente solo con su padre. Nunca me ha extrañado, no ha tenido mamitis, ni un apego excesivo, ni nada de nada. El mochuelo es la otra cara de la moneda. Es un niño adosado a su madre. Desde que se tiró al mundo antes de tiempo (quién le mandaría) vive pegado a mí, día y noche. Necesita una cantidad de contacto físico que no es ni medio normal, y ya empieza a desconfiar de otra gente, conocida o no, a la hora de dejarse coger en brazos o de jugar. Esta dependencia no me gusta, porque así no puedo estar tranquila en caso de tener que separarnos forzosamente. Aunque por otra parte ¡qué gusto saber que al menos uno de mis hijos me quiere! Porque la niña no me lo deja nada claro.

5. La forma de jugar. Con todo lo movida y torbellino que ha sido mi bichilla, cuando me decían que las niñas eran más tranquilas, que jugaban de forma diferente no daba crédito. Tranquila no lo ha sido nunca, pero es cierto que de bebé, con la edad de mi churumbelito, se entretenía muchísimo sola, con la mesa de actividades, ojeando libros del derecho y del revés. En esa fase sí que era menos movida y sobre todo ¡más silenciosa! Porque el niño parece que se haya propuesto destruir el universo que lo rodea. Su mayor disfrute es aporrear. Así, en general. Lo que sea. Lo mismo le da a los radiadores con un juguete de madera que con un cucharón de la sopa. Aporrea el parquet con todo lo susceptible de hacer ruido. Gatea dando palmadas con la mano abierta sobre el suelo, que parece que venga una manada de elefantes en lugar de un mini niño. Para redondear esta pose, coge una pelotita rígida que tiene en una de las manos, y gatea mientras la va estampando contra el suelo a la vez que avanza. Agarra todo lo que se le ocurre y lo estrella contra la bañera, que es la superficie de contacto más ruidosa que ha conocido hasta el momento. Y así con todo. Resumiendo, que con todo lo bruta que yo pudiera decir que era ella ¡este lo es mucho más!

¿Y ahora qué? ¿Serán cuestiones de género, de las diferencias en las fechas del parto, o de que simplemente son así y crecen con ritmos e intereses muy dispares?

Foto slide niños felices vía Dima Sidelnikov en Shutterstock.

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5 Comentarios

  • Responder
    mamá puede
    16 abril, 2018 at 07:42

    Yo no sé si será por diferencia de sexo o porque simplemente cada niño es un mundo.

    Yo tengo dos niños y cada uno ha evolucionado de una manera muy distinta al otro

  • Responder
    Marta | La agenda de mamá
    16 abril, 2018 at 09:55

    En mi caso como en el tuyo niña primero y niño después y si es verdad que el niño es más bruto, pero por lo demás -salvo en hablar- ha sido más precoz que su hermana. Yo creo que porque se piensa que es grande y trata de seguir el ritmo.

  • Responder
    Vidas pixeladas Carla
    16 abril, 2018 at 11:17

    No puedo comparar solo tengo un niño pero es igualito a tu hija, así que ni idea.

  • Responder
    La mama fa el que pot
    16 abril, 2018 at 11:37

    Tengo un post en borrador sobre este mismo tema, y es que en mi caso se cumple lo de los tópicos y te puedo asegurar que con mi hija si algo hice es fomentar que fuera más activa y menos princesa y en cambio con mi hijo he pasado bastante y por ejemplo que jugase con lo que tenía en casa sin preocuparme de sus preferencias hasta que ha empezado a robar juguetes en el parque….

  • Responder
    Marina - Tallat amb cor
    16 abril, 2018 at 15:18

    ¡Hola!
    Muy interesante la visión que das. Yo también tengo niña (3 años y medio) y niño (15 meses) y en algunas cosas como lo de trepar cual koala o el tardar más en andar, igual que los tuyos, pero en otras no.
    El peque es más silencioso y más inpedendiente que su hermana a esta edad, está muy apegado a su padre (es un drama cada vez que se va al trabajo) y en el comer están a la par en destrezas, la diferencia es que la mayor comía muchísimo y el peque pasa bastante de los sólidos, come cual pajarito.
    Yo creo que cada uno es un mundo y que las diferencias de género están más en los ojos del que mira. Por ejemplo, me decían que él andaría antes y hablaría más tarde, y de momento ni habla ni anda y su hermana ya hacía las dos cosas a los 15 meses 😅

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