Alimentación complementaria

¿De verdad el caldo Aneto es tan natural? De excursión a la fábrica y a Alimentaria

¿De verdad el caldo Aneto es tan natural? De excursión a la fábrica y a Alimentaria

La semana pasada estuve de feria en Alimentaria, un evento internacional gigantesco destinado a la industria de la alimentación y la hostelería que se celebra en Barcelona. ¿Qué pintaba yo allí? Poca cosa, la verdad, porque con mi poco arte en este territorio estaba súper perdida. Pero ha sido una experiencia impresionante, a la que he acudido para seguir familiarizándome con los productos de Aneto, que desde hace unos meses tanto consumimos en casa. También, para aprovechar y confraternizar con otras bloggers madresféricas, además de para catar cada cosa ¡de las que ni siquiera sabía de su existencia! Lo más importante es haber afianzado mi confianza en los caldos Aneto, aunque este nivel ya lo había alcanzado casi hasta el máximo tras visitar su fábrica en Artés hace un mes. Sinceramente, tal y como les he dicho a los responsables de la marca, hasta estas navidades no había probado su producto, porque me parecía caro y no había tenido buenas experiencias con caldos envasados de otras marcas y marcas blancas, que me sabían súper salados, sin cuerpo y que no me aportaban nada. En navidad probé el caldo de pollo Aneto por casualidad ¡y, oh, qué maravilla! Parecía casero del todo y una vez visitada la fábrica ya he comprendido que no es sólo que lo parezca, sino que básicamente lo es. Hasta ese momento, me preguntaba si era cierto que el caldo Aneto es tan natural como su publicidad deja entrever. Y esto es lo que he ido averiguando en estos meses.

gama caldos aneto

1. Es sano, con ingredientes de cocina tradicional y nada más. El proceso de fabricación es exactamente igual que el que tendríamos nosotros, a mucha menor escala, en la cocina de casa. Si yo pongo una olla con 5 litros de agua ellos ponen una con 2.000 litros de agua y 1.000 kilos de ingredientes, en función del sabor del caldo que se vaya a preparar. Y a partir de aquí, se cierra la olla, se cuece durante 3 horas ¡y se acabó! En casa, sacaremos el caldo y lo serviremos, congelaremos, usaremos como complemento para otros platos que hayamos pensado… En la fábrica, el caldo Aneto es tan natural como los nuestros, pero en lugar de irse directo al plato o a la nevera, se van a enfriar por una tubería para llegar a un tetra brick, al almacén y a las tiendas. No tienen colorantes ni conservantes, y duran tantos meses envasados por el proceso UHT (parecido al de la leche) al que se los somete. No hay nada más que ver allí. La fábrica es sorprendentemente sencilla y pequeña para la cantidad de litros de caldo que comercializan.

huerta ecológica Aneto

2. Productos de proximidad y responsabilidad social. En Aneto se surten de hortalizas, verduras, pollo, pescado, marisco de varios lugares, pero parte de su gama ecológica está a pocos kilómetros de la fábrica, en una pequeña huerta gestionada por una cooperativa que emplea a jóvenes en riesgo de exclusión social, ofreciéndoles formación práctica y teórica. El día de mi visita, junto a las compañeras bloggers Babytribu y Saquito de canela, vimos cómo acababan de recoger el sembrado de puerros, cómo llegaron al momento a la fábrica y cómo dos trabajadores empezaban a lavarlos y prepararlos ¡a mano! Quitarles la tierra, las raíces, dejar lo comestible, como hacemos en casa, y comenzar a preparar un sofrito para hacer caldo de verduras en una especie de cacerola gigante que tenían allí al lado. Es que es impresionante que sea todo tan artesanal, tan de andar por casa y que los productos frescos tuvieran esa pinta tan sensacional. No es sólo que no se use materia prima con mal aspecto, que no serviría para vender al público en el mercado, sino que tienen mejor pinta que las verduras que encuentro en las tiendas de mi pueblo. Para gente con intolerancias y alergias, no hay riesgo de encontrar ni trazas de huevo, gluten o lactosa, sencillamente porque la materia prima con la que se cocinan las recetas no los tienen en su composición.

visita a la fábrica de caldos Aneto

3. Facilitándonos la vida cada día. De acuerdo, en nuestro caso la cocina se convierte diariamente en una odisea por nuestro desinterés hacia ella, nuestra falta de aprendizaje ¡y la falta de tiempo! Tardé 2 años en descubrir por qué otras familias daban tanta sopa a los niños pequeños, cuando la mía ni la había probado hasta esa edad. He hecho mis pinitos con sopas, cocidos y demás platos de la misma familia, pero requieren tantas horas de preparación… Sí, una vez que los echas a la olla, ya sólo hay que esperar a que todo se haga, pero en muchas ocasiones llegamos a media hora de la cena sin nada claro en mente y no estamos en disposición de ponernos a hacer semejante guiso. Así es como al descubrir que el caldo Aneto es tan natural, nos hemos envalentonado y tenemos tantos bricks en casa ¡tantos! Que lo mismo improvisamos una sopa súper sencilla, o le damos un poco de alegría a una de mis sosísimas cremas de verdura, o de pronto echamos unas patatas y un poco de bacalao o merluza a la fuente del horno, lo regamos con el caldo Aneto de pescado, y sin sal, ni aceite aquello queda jugoso y de un gustoso que las criaturas me devoran el plato. Eso sí ¡gasto más! Porque antes todo me quedaba seco y se comían 3 centímetros de pescado y ahora engullen por kilos. En Alimentaria, hicieron arroz negro, paella, fideuá y el resultado para tantísimas personas haciendo cola fue riquísimo.

sopa de navidad aneto

Creo que he tenido una suerte enorme de poder conocer todo el proceso de primera mano, porque tal y como estamos hoy en día, alarmados por los alimentos procesados, las grasas saturadas, el exceso de azúcares libres ocultos en tantísimos productos, como se comentó en la charla de Marta Rivas Rius en el stand de Aneto en Alimentaria, es un alivio saber que si optamos por Aneto, compraremos caldo y nada más. Tal y como se detalla en su envase, con tanto de agua, de aceite, de verduras, o de carne y pescado, pero sin letras y códigos extraños. Ahora que conozco todo lo que hay detrás de cada brick de caldo, y el trabajo que me ahorra al tener simplemente que abrirlo, calentarlo y servirlo en mi cocina ¡veo ese precio con otros ojos! Es una pena no poder indagar en los entresijos de tantas otras cosas que comemos. ¿Vosotros habéis empezado a mirar muchas etiquetas en el supermercado?

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1 Comentario

  • Responder
    Mamá en Bulgaria
    4 mayo, 2018 at 08:41

    Yo lo probé en navidad en españa y ahora me hunde en la miseria que no se vendan en bulgaria, porque en casa tomamos sopas cada día.

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